Raúl Alfonsín y el progresismo que no fue (LID)


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El 30 de octubre de 1983 la formula presidencial de la Unión Cívica Radical encabezada por Raúl Alfonsín y Víctor Martinez se imponía sobre la formula del Partido Justicialista de Italo Luder y Deolindo Felipe Bittel, por 51.75% de los votos contra el 40.16%. En tercer lugar quedaba el Partido Intransigente que llevaba como candidatos al “Bisonte” Oscar Alende y Lisandro Viale con un lejanísimo 2.33%. El MAS y el PO, hicieron débiles elecciones en su debut como partidos legales a pesar de que esperaban el derrumbe definitivo del peronismo por la vía de una corriente socialdemócrata (MAS) o el pase de la base peronista al clasismo (PO). Las elecciones del ’83 consagraran el retorno a la democracia burguesa y el bipartidismo que se mantendrá hasta iniciados los ’90.

Las elecciones de octubre de 1983 habían sido convocadas frente al derrumbe de la dictadura producto de la derrota militar en la guerra de Malvinas. Para evitar que la movilización popular contra los militares ajustara cuentas con los genocidas y derrocara su gobierno, la Junta Militar encabezada por el presidente de facto Reinaldo Bignone acepta el pedido de la Multipartidaria (integrada por el PJ, la UCR, el PI, el PDC y el MID) de que se le entregue el poder a un civil en octubre del ’83. El 16 de diciembre de 1982, la Multipartidaria junto a la CGT, las organizaciones de derechos humanos y estudiantiles, y los demás partidos políticos, organizó una marcha masiva con este objetivo, en la que fue asesinado desde un automóvil Ford Falcón verde, Dalmiro Flores.

Los partidos patronales en Argentina llegaron a la campaña electoral arrastrando una activa colaboración con la dictadura. El dirigente radical Ricardo Balbín fue uno de los primeros en golpear las puertas de los cuarteles, según una expresión de época, pero no fue el único. Según denuncio el Serpaj durante el Proceso de Reorganización Nacional, la Unión Cívica Radical colaboro con 310 intendentes, el Justicialismo con 169 intendentes, la DemocraciaProgresista con 109 intendentes, el Movimiento de Integración y Desarrollo con 94 intendentes, el PI con 4 intendentes y el Partido Socialista Democrático, que hoy es parte del Partido Socialista de Hermes Binner colaboro no solo con intendentes, sino que permitió que una de sus principales figuras, Américo Ghioldi fuera embajador en Portugal. Sin embargo, por la envergadura del genocidio y la profunda crisis que dejaron los militares, la dictadura preservó a los partidos tradicionales de la burguesía argentina como fuerza de recambio para salvar al conjunto del régimen burgués.

Alfonsín se impuso en las internas de la UCR como cabeza del Movimiento de Renovación y Cambio, contra la balbinista Línea Nacional que encabezaba Fernando De la Rua. Mientras que con Alfonsín el radicalismo lograba un maquillaje progresista, el peronismo tenia al frente a una burocracia sindical que fue activa en la Triple A y los políticos del lopezrreguismo. Luder fue el autor de los decretos de aniquilación de la guerrilla en 1975 y Herminio Iglesias, candidato a gobernador bonaerense, un matón de la UOM y de las bandas de la derecha peronista en los setenta. sus lazos con el pasado eran demasiado evidentes.

Alfonsín logro concitar el apoyo de un grupo de ex militantes guerrilleros reconvertidos en intelectuales académicos que levantaron la idea de que la democracia era un valor universal y elaboraron la teoría de los dos demonios que va a convertirse en doctrina de Estado de la nueva democracia argentina. Así Alfonsín denuncio un supuesto Pacto militar-sindical, por el cual el peronismo garantizaba a los militares una Ley de Amnistía en caso de obtener la victoria en las urnas, mientras el hombre del radicalismo prometía el juicio a los militares. E hizo del slogan con “la democracia se come, se educa y se cura” uno de sus ejes de campaña. De esta manera el radicalismo logro aparecer como la oposición contra la dictadura y garante de la paz social frente a un peronismo que aparecía como comprometido con la impunidad a los militares genocidas. El telón de fondo de la campaña era una extraordinaria primavera democrática que movilizaba a miles en las calles y nutria las filas de los partidos políticos de militantes.

Los actos de cierre de campaña de la UCR y el PJ fueron coronados con gigantescas movilizaciones de adherentes. Mientras Herminio Iglesias quemaba en el palco un ataúd con la bandera de la UCR, Alfonsín recitaba el Preámbulo de la Constitución de 1853. Su asunción en diciembre del ’83, fue acompañada por una movilización gigantesca.

La victoria de octubre de 1983 alentó en el radicalismo la expectativa de poder superar definitivamente al peronismo y poco después Alfonsín lanzara la idea de un Tercer Movimiento Histórico de tintes socialdemócratas. pero poco tardó el alfonsinismo en abandonar sus promesas progresistas y desilusionar a las clases medias que masivamente le habían dado su apoyo poniendo fin a la primavera democrática que lo había coronado. Lejos de combatir a las corporaciones les cedió en todo.

El Juicio a las Juntas que solo condeno a las cabezas visibles de la dictadura y las leyes del perdón dejaron impunes a la mayoría de los genocidas, su política frente a la miseria social fue alentar un clientelismo que se mostró además inútil y corrompido con las famosas cajas PAN, entrego la educación a los curas en el Congreso Pedagógico y el Plan Austral significo un terrible ajuste contra los salarios de los trabajadores argentinos con la finalidad de cerrar las cuentas para pagar la deuda externa.
El 30 de octubre de 1983, los grandes grupos económicos capitalistas que se habían erigido como dominantes durante la dictadura genocida, no se preocuparon, sino que celebraron el retorno a la democracia que iniciara la fase de gobiernos civiles que seguirán garantizando su poder de mando en la sociedad argentina.

El vino premium de Marcelo y anda a cantarle a Montoto (LID)


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¿Un cabernet al oso Arturo?

Marcelo Tinelli presentó el vino “Fede” en un salón de la Mansión Four Seasons. El producto de la vid es parte de un emprendimiento llamado Lorenzo de Agrelo que contempla la fusión entre una bodega, un hotel de lujo y un restaurante comandado por el chef Mauro Colagreco. Sus socios en la empresa son Hernán de Laurente y el coreano Young Woo.

La intención sería competir en el mercado de los vinos de alta gama. El emprendimiento busca transformar a Santa María de Los Andes, Pueblo de Viñas, como una conjunción de viñedos propios, bodega boutique con hotel y una villa de lujo que atraiga inversores norteamericanos. La sociedad de Tinelli, con Young Woo, un desarrollador inmobiliario coreano-estadounidense, busca estimular la venta de selectas parcelas de una superficie cercana a las 600 hectáreas de viñedos a capitalistas de Estados Unidos, ofreciéndoles la posibilidad de ser parte de una exclusiva villa vitivinícola y tener su propio vino. Lo que se dice empresarios “nacionales”.

El otro socio de Tinelli es Hernán de Laurente, director de Quintesentially que se dedica a elaborar productos y proyectos para un mercado de vida lujoso: desde viajes, pasando por propiedades, hasta vinos y publicaciones. Daniel Mautone también es de la partida junto a nada más y nada menos que Daniel Awada (cuñado de Mauricio Macri y dueño de las marcas Cheeky y Awada, entre otras). Quizás en este dato se encuentre uno de los porque el conductor de Showmatch fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura, por el gobierno porteño.

El conductor televisivo señalo en una entrevista que brindo al diario La Nación “A mí me encanta el malbec argentino, me parece que es un vino de exportación y me encanta cuando veo que está en el mundo metido en todos lados. Queríamos hacer un buen malbec y creo que salió un buen malbec”. El vino lleva el nombre Fede en homenaje a su fallecido amigo Federico Ribero.

Según algunas voces off the record, tuvieron que convencerlo de que la etiqueta de la noble bebida no fuera ilustrada con un culo.

Andá a cantarle a Montoto

En la edición de Infobae del 29 de octubre se puede leer una entrevista a Mario Montoto, presidente de la Fundación Tadea. El empresario entrevistado afirma que hace falta combatir al narcotráfico: “No es un asunto más de la discusión politiquera. Es una necesidad tener una mirada de Estado, que trascienda los gobiernos circunstanciales y que pueda resolverse de forma profunda y en términos integrales”.

Las palabras de Montoto no deberían llamar la atención si no fuera por dos motivos. Uno, que el empresario está fuertemente vinculado a los negocios de la seguridad y la fabricación de armamentos. Según informaba el diario La Nación en una nota del 14 de mayo de 2006, Montoto brindaba servicios a Codesur (Corporación para la Defensa del Sur), realizó el mantenimiento del submarino Salta y, en sociedad con la firma israelí IAI, se ocupó del mantenimiento estructural del Tango 01. Su empresa reparó los motores de los helicópteros Bell del Ejército y en su plantel directivo cuenta con un general de división, un brigadier y un vicealmirante, todos retirados.

El segundo motivo por el que llama la atención el hombre del apellido mentado, es porque Montoto fue militante montonero llegando a ser secretario y apoderado legal de Mario Firmenich y padrino de su hija. Miguel Bonasso escribió en Recuerdos de la muerte que Montoto fue decisivo en 1989 para que el Peronismo Revolucionario aportara económicamente a la campaña presidencial de Carlos Menem a cambio de los indultos que pondrían en libertad a los dirigentes montoneros encarcelados Firmenich, Vaca Narvaja y Perdia. Montoto lo reconoció a medias: “Es cierto que trabajé para los indultos, pero lo del dinero no es verdad. Y se lo dije a Bonasso”, según declaró en la citada nota de La Nación. Como empresario en la era K Montoto fue además socio de Sergio Taselli.

La reconversión de Montoto es notoria porque se enriqueció durante el menemismo y se ubica en la senda del “loco” Rodolfo Galimberti, que se convirtió en empresario del show-business y de la seguridad, trabajando entre otros, con Susana Giménez y los hermanos Born. Montoto es también socio de Daniel Hadad.

Llama la atención la transformación de Montoto porque es todavía más descarada y obscena,que la de la antigua militancia de la “Jotapé” en administradores del Estado capitalista, con su obligado peregrinaje por el menemismo donde compartieron negocios y acompañaron las privatizaciones.

Seropositivo (versión La Izquierda Diario)


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Me contagié HIV en diciembre de 1999 y me lo detectaron para enero del año siguiente. Recuerdo estar parado frente a un espejo observando dos ganglios inflamados detrás de las orejas con la seguridad de haberme contagiado el “bicho” tal cual lo llamaba -y llamo- coloquialmente. Mi hermana se contagió HIV en el año 1986 y los ganglios fueron una de sus manifestaciones, así que rápidamente asocié mis propios ganglios inflamados con la infección de HIV. Los primeros estudios me los hice en el Hospital Durand, donde unos burócratas sin ningún tipo de sensibilidad me entregaron un papel escrito en birome donde indicaba el resultado del primer Elisa: positivo. Recuerdo que estaban frente a mí el infectólogo –un personaje extraño- y dos psicólogas a las que no di posibilidad de pronunciar palabras. Fui a mi casa y unos compañeros que vivían conmigo me sometieron a un interrogatorio sobre mi situación sin darse cuenta del shock que me conmovía.

A la semana entrante ya había comenzado mi relación con el servicio de infectología del Hospital Ramos Mejía, donde me atendí por 13 años hasta que comencé a hacerlo en el Sanatorio Anchorena, gracias a mi flamante obra social. Debo decir que si bien ciertamente en este último lado la atención medica y los estudios se me brindan casi sin dificultades, es en el Ramos Mejía donde encontré un equipo médico de excelencia que supo entenderme y contenerme aunque sin los recursos necesarios para una atención eficiente, sobre todo Leonardo y Guillermo, mis médicos en la odisea del Hospital publico. También debo reconocer que mi actual infectólogo, el doctor Javier Actlas, es un capo en lo suyo y un tipo que me tira la mejor onda cada vez que lo tengo que consultar. Pero institucionalmente se nota la diferencia entre la lógica privada de la facturación y la lógica pública de un equipo que además realiza investigación pese a la escasez de recursos y los vicios burocráticos. Producto de mi experiencia clínica -para llamarlo de alguna manera- también hice carne la denuncia de Michel Foucault señalando que la medicina es uno de los poderes seculares, un mecanismo de control social y de patologización de las conductas humanas que alimenta una mirada social condenatoria.

Cuando me entere del HIV encontré las más diversas respuestas humanas. Desde la pena a la indiferencia, desde la comprensión y el cariño más profundo, hasta la hipocresía, la sobreactuación y críticas de mala leche que sonaban a pase de facturas. Mis sentimientos iban desde la sensación de que la vida se me escapaba hasta la desolación más absoluta, una sensación de abandono y derrota que fue cediendo poco a poco hasta transformarse en un replanteamiento del proyecto de vida que llevaba adelante. En esos días encontré camaradas y amigos que me bancaron y amores que se jugaron a los cuales debo el haberme mantenido lúcido y en pie. Así como dejé de lado y me dejaron de lado personas que aprovecharon la volteada para enlodarme de la peor manera. Tardé poco en comprender que se trataba de un traspié. En ese sentido la militancia política revolucionaria fue un punto de apoyo fundamental, ya que a partir de allí pude reorganizar mis pensamientos y prioridades.

¿Por qué me contagié HIV viniendo de una familia donde existía tal antecedente? Supongo que por la represión sexual y cultural, por las pulsiones de muerte que contiene la cultura, que me empujaba a la promiscuidad clandestina de las teteras y las fiestas sexuales con desconocidos y al uso excesivo de las drogas como vía de supresión de la represión.

Con respecto a los prejuicios sociales siempre encontré en la mirada del otro esa mezcla de pena y castigo del prejuicio que asocia al HIV con el descontrol y las formas de vida y sexualidad normativas. Siempre choqué, aun en los ámbitos de la militancia revolucionaria, con el deber de informar sobre mi situación como seropositivo a cualquier persona con quien quisiera tener una relación, el explicar los peligros reales y supuestos de la transmisión de la enfermedad y las crisis ajenas con respecto a la misma. Tardé en comprender que la portación del HIV no solo niega derechos en el ámbito laboral –donde generalmente es necesario ocultar una enfermedad de esta naturaleza- sino que coloca al seropositivo en la situación de ciudadano marcado por una invisible estrella de David que determina la mirada ajena y su comportamiento frente a uno. Hoy simplemente lo rechazo. Mi obligación es cuidarme y la de quienes quieren tener relaciones conmigo es cuidarse. No acepto ningún tipo de responsabilidad por los prejuicios ajenos (algo difícil, aun personas que me quieren o quisieron tuvieron alguna vez el temor de estar amenazados por mi salud y desde ahí ponían una frontera invisible que solo el tiempo y la explicación propia y científica pudo disipar). Hago valer mi derecho al goce como cualquier mortal. Pero además, exijo el reconocimiento de mi derecho a trabajar y vivir dignamente y en caso de que la salud me lo impidiera exijo el derecho de las personas seropositivas a recibir un subsidio digno y atención médica gratuita para poder vivir.

Me parece que uno de los peores daños al portador de HIV reside en que la pena ajena y la marginalización empujan al mismo a desubjetivarse y utilizar el virus como una forma de disculparse y abrirse puertas, o de explicar cualquier conducta, así como hacen los adictos culpando a las drogas de sus actos.

Una de las cuestiones más difíciles para el seropositivo, por lo menos desde mi experiencia, es el apego al tratamiento. Los antirretrovirales son verdaderas bombas en el organismo que te enferman y te hacen sentir mal. Recuerdo que cuando comencé el tratamiento y tomaba aproximadamente 20 pastillas diarias sudaba químicos, y eso me ponía de mal humor. Yo sinceramente soy un paciente problemático. No tolero las medicaciones, mis estados de ánimo influyen siempre en el deseo o no de tratarme y la dependencia de los médicos me rebelan continuamente. Esta actitud ha puesto en riesgo mi salud y permitió que el virus avanzara el organismo hasta dar lugar al SIDA, que es la fase de enfermedad del sistema inmunológico. Llegado a ese punto es que reacciono apegándome nuevamente a aquello que me mantenga vivo. El año 2013 estuve tres veces internado producto de infecciones oportunistas y la pasé mal anímica y físicamente, tirado en una cama, con agotamiento permanente, asustado de lo que podría pasar. Fue el amor de mis compañeros de vida, mi hija y los amigos lo que me permitió pasar el chubasco e intentar retomar una vida plena.

Siempre hay un beneficio secundario del sintoma que nos ofrece un punto de apoyo para seguir adelante. El HIV me ayudó, en su momento, a reorientar mi vida en profundizar los proyectos que podían potenciar mi eros, la pulsión de vida. En mi experiencia fue la militancia revolucionaria el elemento dinamizador. Un déficit fue que nunca busqué vincular mi enfermedad a una política y práctica para combatir los prejuicios, la falta de derechos y la marginalidad que las personas viviendo con HIV padecemos y sentimos. No lo considero un error, porque siempre pensé la política en términos de proyectos de emancipación y no solamente como articulación de prácticas reivindicativas; pero sí una falencia. Haber puesto el HIV y la lucha contra las inequidades que sufrimos los seropositivos podría haber permitido en mis ámbitos de militancia abrir la reflexión teórica y a una práctica política parcial, pero nueva. Fue a partir de mi decisión de salir completamente del closset hace unos pocos años que empecé a pensar y discutir más abiertamente desde la defensa y apoyo a las políticas de la igualdad y emancipación sexual, del derecho de los consumidores de drogas y las políticas sanitarias para los portadores de HIV.

La política llevó a reafirmarme en la idea de que en el capitalismo, en una sociedad dividida en clases, en una cultura alimentada por el fetichismo de la mercancía y la obediencia ciega a los mandatos que imparte, solo la militancia revolucionaria vincula la problemática de los oprimidos y desheredados a un proyecto emancipador que restituya a los seres humanos el control de los medios de producción y la responsabilidad sobre sus actos.

 

Izquierda nacional y Patria Grande: calco y copia del pensamiento menchevique y europeizante


Leyendo un articulo sobre la figura de Roca, que aparecera hoy en La Izquierda Diario, de la camarada Claudia Ferri, se retrata muy bien como desde una optica diferente, la reivindicación de una matríz federalista y de populismo criollo, los ideológos de la llamada “izquierda nacional” como el Colorado Ramos, defienden a un prócer de la Argentina terrateniente y el mitrismo liberal como el genocida de la conquista del desierto.

Sacar a relucir viejos debates teóricos con una corriente más que testimonial no tendría ningún sentido sino fuera porque hay sectores que retoman a Mariategui y su formula “ni calco, ni copia, creación heroica de los pueblos” para llegar a la misma conclusión política que la llamada izquierda nacional: apoyar -critica o acriticamente, según el caso- a los gobiernos nacionalistas o que tienen roces con el imperialismo como pasos adelante del movimiento de masas.

La idea fuerza de la llamada “izquierda nacional” reside en un reconocimiento correcto sobre las izquierdas argentinas de la primera mitad del siglo XX que se pensaron por fuera de la cuestión nacional. Correcto si exceptuamos a los grupos de segunda generación del trotskismo, de donde proviene Ramos, que si encararon seriamente la discusión sobre la cuestión nacional. El error esta en su matriz extranjerizante, en ello reside la critica de Ramos a Juan B justo y su PS: “este socialismo de tendero que nos tocó fue precisamente todo lo contrario: europeizante, porteño, antinacional y reformista”, aplicable también al Partido Comunista: “El Partido Comunista arrastró malamente su vida, con las pupilas clavadas en el centro moscovita, desarraigado como una planta esteparia en la tierra del ombú y sujeto a las dramáticas alternativas internas de la Rusia revolucionaria” todo esto se vera agravado para Ramos por la imposición del stalinismo.

Para la ideología de Ramos la cuestión nacional es el parte-aguas al punto que define dos campos: “el campo nacional y el campo de los intereses vinculados a la factoría agraria y al imperialismo”.

A partir de este esquema es que la “izquierda nacional” desarrolla el concepto de Revolución Nacional y su instrumento político, los movimientos nacionalistas burgueses. “El Peronismo fue creado por la irrupción de la clase obrera en los asuntos públicos en 1945, y fue organizado y controlado por un grupo de jefes del ejército de tendencia nacional, a cuyo frente se encontraba el coronel Perón. Nunca se propuso establecer ni el fascismo ni el socialismo, sino desarrollar el capitalismo nacional contra la pretensión imperialista de inmovilizar a la Argentina como factoría agraria. Por eso otorgó grandes concesiones de todo orden a la clase obrera y a las masas populares al mismo tiempo que protegió a la naciente burguesía industrial, aunque recibió la obvia ingratitud de esta última. Nosotros somos socialistas revolucionarios y apoyamos a ese movimiento en tanto dé pasos adelante en la defensa de la Patria y del interés popular”.

El concepto de Revolución Nacional, como sinónimo de la revolución democrático burguesa, es una traslación casi mecánica de lo que se critica al reformismo de aquellos años, de la traslación de un pensamiento menchevique y gradualista de la dinámica de las revoluciones que se detiene en las revoluciones europeas de 1848. La revolución nacional es esgrimida como una fase históricamente necesaria del desarrollo nacional y la lucha de clases para los países semicoloniales. Es por esto que Ramos ubica al peronismo como parte de un fenómeno internacional: “el peronismo no es solamente un fenómeno político argentino, sino más bien la expresión local del movimiento mundial de las revoluciones nacionales que se propaga al concluir la última guerra”.

El razonamiento de Ramos es el siguiente: a revoluciones nacionales, le corresponde la dirección de movimientos nacionales, el proletariado solo puede apoyar esas revoluciones y a esas direcciones en nombre del Frente Nacional necesario para enfrentar al imperialismo y resignar su perspectiva hasta nuevo aviso. De esta manera Ramos borra de un plumazo la teoría de la revolución permanente como guía estratégica para influir en el devenir de la revolución democrático burguesa. Para la teoría de León Trotski, la revolución demo-burguesa, por la debilidad estructural de las burguesías criollas, sus relaciones intimas con el imperialismo y las clases terratenientes y su temor conservador al proletariado, solo pueden realizarse bajo la dirección de la clase obrera y su partido revolucionario, mediante una alianza con la nación oprimida.

Como el Colorado provenía del trotskismo necesito matizar su ideología reconociendo que la burguesía nacional tenia una debilidad estructural que le impedía enfrentar al imperialismo y como el proletariado no podía superar el Frente Nacional a riesgo de quedar en el campo de la antipatria, Ramos descubre en el bonapartismo las caracteristicas políticas particulares que sustituyen el rol de dirección de la burguesía y que singulariza la forma de conducción de los movimientos nacionales como el peronismo: “el bonapartismo es el poder personal que se ejerce «por encima» de las clases en pugna; hace el papel de árbitro entre ellas. Pero en un país semicolonial como la Argentina, la lucha fundamental no se plantea solamente entre las clases sociales del país, sino que asume un doble carácter: el imperialismo extranjero interviene decisivamente en la política interior y tiene a su servicio a partidos políticos nativos y a clases interesadas en la colonización nacional. De esta manera, el bonapartismo (Perón) se elevó por encima de la sociedad y gobernó con ayuda de la policía, el Ejército y la burocracia.” Como toma nota Hernandez Arregui para Ramos: “Tal bonapartismo, en su contenido particular, no fue reaccionario sino revolucionario, conciliador a medias por su recostamiento en la clase trabajadora y no en las clases altas –oligarquía terrateniente, burguesía industrial naciente, campesinado chacarero- fuerzas que, en definitiva, nunca le prestaron su apoyo, y en última instancia, resistieron al sistema en tanto el proletariado permanecía fiel al mismo”.

No contento con esta definición Ramos apunta más allá e intenta retomar un hilo histórico que unifique revolución nacional y bonapartismo que es el que explica su adhesión al revisionismo: “Las masas populares nucleadas después de Rosas en el alsinismo bonaerense y luego en el autonomismo nacional roquista, se ensamblaron más tarde con el yrigoyenismo, síntesis de la inmigración y del criollaje, para transferirse luego al torrente peronista del 43.Discutir a esta altura de las circunstancias el carácter popular del peronismo y sus vinculaciones históricas con el yrigoyenismo es cosa que sólo puede ocurrírsele al charlatanismo radical”.

Como explica un apologista del Colorado: “Ramos es un antimitrista por excelencia que desnuda la falacia de la historia oficial. Agudo defensor del federalismo mediterráneo, responsabiliza a los rivadavianos del sometimiento a Gran Bretaña y a los políticos portuarios del proceso de balcanización. Presenta a Rosas como un ganadero que cuidó los privilegios de su clase y de su provincia, desplazó a la burguesía comercial del poder politico pero le permitió seguir lucrando con la aduana. Mitre queda presentado en la cúspide contrarrevolucionaria y Roca como un conductor nacional (no como el jefe de la oligarquía) que logró construir el estado. Perón fue un gobernante bonapartista, elevado por sobre las disputas clasistas, que desplegó una política antimimperialista y democratizadora de la sociedad. En los límites de su transformación encuentra las causas de su derrota”.(http://www.izquierdanacional.org/soclat/articulos/jorge_abelardo_ramos/)

La concepción del bonapartismo de la “izquierda nacional” es opuesta a la definición del bonapartismo sui generis en las semicolonias con la cual León Trotski intento definir el fenómeno de Lazaro Cardenas en México y al nacionalismo burgués en general: “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política (del gobierno mexicano, N. del T.) se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las compañías petroleras”.

La conclusión política de Trotksi es opuesta a la de Ramos, lejos de llamar a formar parte del Frente Nacional, subordinándose a la dirección burguesa, Trotski plantea competir con la burguesía nacional la influencia sobre las masas campesinas. “La clase obrera de México participa y no puede más que participar en el movimiento, en la lucha por la independencia del país, por la democratización de las relaciones agrarias, etc. De este modo, el proletariado puede llegar al poder antes que la independencia de México esté asegurada y las relaciones agrarias reorganizadas. Entonces, el gobierno obrero podrá volverse un instrumento de resolución de estas cuestiones (…). En este sentido, durante el curso de la lucha por las tareas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía. La independencia del proletariado, incluso en el comienzo de este movimiento, es absolutamente necesaria, y oponemos particularmente el proletariado a la burguesía en la cuestión agraria, porque la clase que gobernará, en México como en todos los demás países latinoamericanos, será la que atraiga hacia ella a los campesinos”. La definición del revolucionario bolchevique sirve para entender el fenómeno del bonapartismo sui generis en su justa medida, y no ilusionarse con el carácter revolucionario del bonapartismo y el populismo en las semicolonias; lo cual puede complementarse con la definición gramsciana de las revoluciones pasivas que cambian la agenda de la clase dominante, incorporan a las figuras e instituciones de los explotados con el fin de restaurar el orden burgués en nuevas coordenadas.

Una primera conclusión es que Ramos y la “izquierda nacional” son victimas de un esquema teórico menchevique y europeizante, que por la vía de la capitulación al nacionalismo burgués, los hace seguir la misma estrategia política de sus rivales reformistas, la conciliación de clases y la revolución por etapas. Mientras los reformistas esperan que sea la burguesía liberal y terrateniente el sujeto del avance demo-burgués, Ramos lo espera de las manos del peronismo y sus formas bonapartistas. Niega que el bloqueo de la independencia de clase al costo de subordinar sus organizaciones, implica debilitar las conquistas progresivas del bonapartismo que en tiempos de crisis termina expulsado del poder por una alianza entre la burguesía que defendía y el imperialismo. En segundo lugar, la teoría trotskista contempla las singularidades de la cuestión nacional, mejor que cualquier esquema menchevique europeizante, señalando una dinamica donde es el proletariado el llamado a desarrollar las tareas estructurales de la revolución democrático burguesa en lucha política con la burguesía y no en alianza con ella. Decididamente esta fue la dinámica que se impuso en América Latina, Cuba avanzó en el sentido de la revolución cuando el M26 obligado por la presión simultanea del imperialismo y las masas rompe con la burguesía y expropia. La vía de la radicalización del nacionalismo burgués fue un fracaso rotundo y el conjunto de los movimientos nacionales de otrora fueron las fuerzas del neoliberalismo en los ’90.

Patria Grande y los chavistas argentinos repiten el error de Ramos, llaman a apoyar al bonapartismo de Maduro, como antes de Chavez, porque son supuesta expresión de los movimientos sociales y no intentos de restauración del orden burgués en las nuevas condiciones dadas por la lucha de clases, que implica, también, el desplazamiento de una camarilla burguesa por otra. En el caso de estos últimos sus llamados a la organización popular, no son más que retoricas puestas al servicio de integrarse a los mecanismos de gestión del Estado capitalista semicolonial.

Una gripe y el fantasma del ebola


En la entrada de la guardia de un sanatorio que lleva por apellido a una familia de la oligarquía (y que contradictoriamente pertenece a un sindicato publico “nacional y popular”), hay un pequeño puesto de enfermería que direcciona a las personas que se dirigen hacia admisión. En el pequeño mostrador un cartel escrito en riguroso castellano anuncia que las personas provenientes de Guinea, Sierra Leona, Senegal o Liberia que presentan un cuadro de fiebre debían hacerse ver por un medico. El fantasma del ebola preocupa a las autoridades medicas argentinas. Sin embargo, me pregunte al instante, que si yo fuera ciudadano de cualquiera de esos lugares del Africa, dificilmente accediera a aquel sanatorio y que si accediera no estoy seguro que fuera buen lector del castellano como para poder descifrar que se me esta pidiendo en aquel pequeño puesto de enfermería.

Para mi sorpresa tres personas de origen africano, muy bien vestidas, se encontraban en la sala de espera de la guardia y alrededor de ellos una incomoda cercanía. Evidentemente es el fantasma del ebola, aunque también una buena excusa para el racismo.

La mujer africana era joven de muy lindos rasgos. La acompañaban dos muchachos jóvenes, uno de los cuales, rapado, era un dios de ébano negro violáceo que daban ganas de devorarlo como a un buen pedazo de lujurioso chocolate. No exagero, pregúntenle a mi novio que babeaba tanto como yo, haciendo que la confluencia de nuestras salivas formaran una laguna escandalosa para el ojo ajeno, donde se sucedía una orgía gigantesca de germenes y bacterias. Supongo que la mirada racista veía a Shaka Zulu empalando blancos en estacas infectadas de ebola, nosotros queríamos que nos empalara Shaka Zulu y no precisamente en estacas de ebola.

En un momento los tres africanos ingresaron a un consultorio de guardia y no se si fue que al buen rato yo ingrese a un consultorio y en ese momento egresaron ellos, pero nunca los vi salir de aquella consulta, como si hubieran sido abducidos por la guardia.

Se me ocurrió pensar si Argentina estaba preparada para manejar un brote de ebola. Si más allá de los cartelitos y la información el sistema sanitario local se bancaria una epidemia que mata sobre todo a los más pobres. La española Teresa Romero logro salir del ebola, y me alegro inmensamente por ella, pero los miles de africanos pobres que caen como moscas por la epidemia no tienen la más mínima oportunidad. ¿Y la tendrían nuestros pobres con el vaciamiento del hospital publico y el mercantilismo desenfrenado de los negociantes de la salud?

Me pregunte también si el ebola no dará excusa para que surja en Europa un nuevo racismo mata negros, así como el SIDA fue la “peste rosa” que justificó la homofobía del reaganismo. Si los nazis y racistas que pululan en las intituciones del buen Occidente no utilizan una epidemia, evitable y tratable como lo demuestra la cura de la enfermera española Teresa Romero, para resucitar el discurso sobre defender la superioridad del Occidente frente a las amenazas de terrorismo y las epidemias. Si el ebola no sera usado para justificar ideológicamente intervenciones humanitarias que comienzan con médicos y ayuda y luego tropas para garantizar que los médicos y las ayudas lleguen a destino y de paso ocupar esos destinos.

Me hice una pregunta por el racismo argentino a raíz de lo que veía en una una sala de sanatorio, lejisimos del epicentro de la pandemia, donde la gente reacciono así. Recordé que la especificidad del racismo criollo, aún no se expresa de lleno contra los africanos (en nuestra santa tierra fueron muriendo como moscas en el siglo XIX y entonces no hay descendientes de africanos a los que humillar) y que gusta mucho más del desprecio hacia el morocho del norte argentino, los bolivianos, paraguayos o los peruanos. La tradición oligárquica-liberal genero una masa de clase media que adora manifestar su tolerancia hacia lo diferente, excepto hacia el pobre. Un sentido común que seguramente le importó tres carajos donde estaba Luciano Arruga y tiene sueños eróticos con la mano dura de Ivo Kutzarida.

Esperemos que no haya un caso de ebola local porque al terror masivo lo va a acompañar el coro de fachos de varieté que hablen contra el peligro del pibe chorro y la inmigración africana.

Por suerte lo mío, simplemente fue una gripe.

“Un día de la lealtad, 364 días de traiciones” (LID)


Hay un dicho que se le endilga al ex Presidente Eduardo Duhalde que dice que el peronismo tiene un Día de la Lealtad y 364 días de traiciones. Algo que se confirma con las celebraciones justicialistas del nuevo aniversario del 17 de octubre.

Ex k devenidos opositores, ex menemistas devenidos K, y toda la fauna de dirigentes del PJ y el FpV celebraron múltiples actos por el Día de la Lealtad. Desde el gobierno nacional prefirieron dejar pasar la fecha sin pena ni gloria.

El acto kirchnerista más importante se realizaba en el partido de Moreno organizado por el intendente de La Matanza y presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza. Allí se harían presentes varios precandidatos presidenciales del oficialismo, entre ellos, los gobernadores Daniel Scioli y Sergio Urribarri y los ministros Agustín Rossi y Florencio Randazzo. En el acto Espinoza planteó que “este 17 de octubre, más que nunca, se va a conmemorar el Día de la Lealtad, que es un mandamiento que algunos supuestos dirigentes que se dicen peronistas han olvidado”. A media tarde el acto kirchnerista bonaerense se encontraba empañado por la aparición del cadáver de Luciano Arruga, asesinado brutalmente por la policía bonaerense en territorio de La Matanza y encubierto por el gobierno provincial de Daniel Scioli.

Grabiel Marioto por su parte iba a realizar un acto haciendo rancho aparte del sciolismo, en Lomas de Zamora. Y el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich lo recordaría en Campo Largo, a 210 kilómetros de Resistencia, junto al gobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff. El “Coqui” que llego con sueños presidenciales se tendrá que conformar con candidatearse a intendente de Resistencia.

El acto del peronismo opositor más importante lo realizó Sergio Massa en la Isla Martín García, donde Perón estaba detenido cuando estallo el 17 de octubre. De la partida massista fueron Darío Giustozzi, y los intendentes Julio Zamora (Tigre), Joaquín De la Torre (San Miguel), Humberto Zúccaro (Pilar), Daniel Bolettieri (Almirante Brown), Fernando Carballo (Magdalena), entre otros. tratando de subrayar la división el hombre del frente Renovador los llamo “El día de las lealtades”, quizás con la ilusión de que sus pares del peronismo se definan a saltar el charco hacia su fuerza.

Una muchacha peronista


Mi nombre es Zulema Rubio y yo estuve en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945.

¿Quien soy yo? Quizás nadie, una peronista de la primera hora, la madre del que esto escribe que a mi pesar salio trosko y sin gratitud hacia el movimiento nacional. Se ríe el muy turro cuando le hablo de movimiento nacional y me recuerda que Perón huyó en una cañonera cuando las fuerzas de la antipatria, y me subraya antipatria para que sepa de la poca fidelidad entre el lenguaje y los actos peronistas, y el imperialismo lo volteaban y que fue el peronismo quien en los ’90 entrego el país.

Me recuerda el muy turro, porque los troskos son muy turros al momento de recordarle a una vieja peronista como yo que revive en su recuerdo, que prefirió confiar en los generales antes que armar a los trabajadores. Y yo le digo que sí, que tiene razón, pero los peronistas somos así; puteamos a los milicos pero porque queremos un ejército nacional y no esta manga de sanguinarios oligarcones; puteamos a los curas, pero creemos firmemente en Dios como esperanza de los pobres; puteamos a la oligarquía pero nos gusta verla a Evita -y porque no a Cristina- enfundada en las mejores ropas con esa soberbia de la mujer de pueblo que las cogotudas no pueden siquiera imitar.

Que le voy a hacer hijo, soy peronista y leal, gracias a Evita tuve mi primer muñeca, gracias a Perón conocí Mar del Plata y estudié en la Universidad.
Pero la verdad es que no fue por eso que me hice peronista, sino porque el 17 de octubre de 1945 me enamoré del pueblo en la calle, me identifiqué con él, fui una de las cabecitas negras que invadió la ciudad fui parte del llamado aluvión zoológico por el oligarcón de Sanmartino.

Yo vivía en Floresta por la calle Moctezuma en una casa de conventillo con mi mamá, la Pepa Jagich y mi viejo Luis Rubio que, no se si te acordás Facundo, era comunista y gorila -además de burrero de alma, capaz de jugarse la quincena en una trifecta, de eso no me olvido-. También era obrero metalúrgico y trabajaba en un taller con mi tío el Tata que supo jugar al fútbol en la primera de Newel’s. A mi viejo no le caía nada bien Perón. Para él era un milico facho al estilo Mussolini. Yo hasta entonces ni idea, tan solo, vagamente, sabía que Perón salía con una actriz y nada más y eso era el comentario de todas las señoras del barrio.

- Mira a este tipo con la atorranta que sale y cosas por el estilo era lo que yo escuchaba.
Pero a mi viejo, Luis, ese día lo hipnotizó la marea humana que bajaba desde los mataderos y La Matanza y nos llevó como excusa hasta las mismísima Plaza de Mayo al Chenzo, mi amigo, y a mi que en ese entonces no teníamos más de 7 años. Recuerdo que el día era soleado y caluroso, un glorioso día peronista, pero que la gente marchaba como podía, se colgaban de los troles y los tranvías, así viajamos nosotros, iban apiñados en camiones, caminaban como en procesión. Mi viejo confundido no sabía que hacer, que diría su partido, pero la verdad es que creo que lo entusiasmaba la idea de que el pueblo estuviera en la calle, porque eso Facundo era pueblo, morochaje, mamelucos y trajes de domingo, ropas raídas, perfume a jabón federal y a catinga, porque el calor de aquel día te hacia transpirar de lo lindo. Me acuerdo que en la medida que nos acercábamos al centro, que para mí y para Chenzo siempre había sido el lugar paradisíaco donde habitaban los cogotudos, las ventanas se cerraban y se sentía el cagazo del alma de todos esos ricachones.

Me acuerdo que tu viejo Alfredo, que vos sabés era de una familia aristocrática, me contaba que en su casa de Belgrano su familia destilaba odio contra la chusma, la cabaretera y el demagogo, porque asi era como llamaban al pueblo, a Evita y a Perón. Nos tenían miedo a nosotros, a mi, a Chenzo, a mi viejo el comunista, a los obreros de los frigoríficos y los talleres que bajaban a la Plaza para pedir la libertad del coronel Perón. Me acuerdo que los botones nos miraban complices, porque en aquella época los botones eran peronistas. Y las empleadas domésticas nos espiaban de las puertas de los edificios con una sonrisa de simpatía. Cuando llegue a la Plaza de Mayo te juro que no lo podía creer. Eran miles y miles que nunca paraban de llegar, por donde vieras venía gente, del sur, del oeste, de los barrios periféricos de la ciudad, se decía que habían cruzado a nado el Riachuelo porque les habían levantado el puente.

Se decía que Evita había ido a las puertas de las fábricas y los frigoríficos a arengar para que los obreros salieran a la calle. Que Cipriano Reyes había sublevado a Berisso. Se decía que los milicos se preparaban para disparar contra la multitud, que a Perón lo tenían en el Hospital Militar, en la Isla Martín García, que no se sabia donde estaba. Había tantos rumores como gente en la Plaza. Yo estaba como loca era la primera vez en mi vida que estaba en medio de una movilización así. Chenzo y yo agarrados fuertes de la mano de mi viejo por miedo a perdernos saltábamos y gritábamos ’yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P, Perón’ y mi viejo nos miraba con bronca pero sin saber que hacer porque aquello era el pueblo pidiendo por él.

Me acuerdo la imagen de los hombres cansados poniendo los pies en la fuente de la Plaza para refrescarse, más tarde los oligarcones y años después los gorilas dirán las patas en la fuente como si fuéramos animales, aunque nosotros mismos decíamos las patas pero para decir algo completamente distinto a ellos. Me acuerdo que en un momento era tanta la gente que sentía que el aire se me iba y mi viejo me sacó de allí con enorme dificultad a mi y a Chenzo que le hacía imposible la salida a mi viejo porque quería quedarse, pero ya oscurecía y no sabia que iba a pasar y le subió de golpe su culpa comunista, o vaya a saber de una que le paso, pero se fue rezongando porque los obreros seguían a un milico facho y a los gritos Chenzo le preguntaba que era un facho y mi viejo que no sabia donde meterse en medio de aquella multitud que coreaba el nombre de Perón para responder esa pregunta.

Y mientras nos alejábamos por la noche ya, rumbo a nuestro hogar en el conventillo de Floresta más y más gente llegaba y nos enterábamos que Perón estaba a punto de hablar y cuando llegamos a casa, la Pepa le dio una filipica a mi viejo por habernos llevado a la Plaza, inconsciente, como vas a llevar a los chicos, que pudo haber pasado cualquier cosa, que como vas a hacer eso, pero nosotros estábamos felices y nos preparo un plato de sopa y unos churrascos y los que habitaban el conventillo alrededor de la radio escuchaban el discurso de Perón desde el balcón de la Rosada invitando al pueblo trabajador a volver a su casa cuando, pienso yo, podría haber hecho suya la Casa Rosada, porque nada ni nadie podía contra esa fuerza desplegada en la calle y en la Plaza aquel día.

Y a partir de aquel día me hice peronista con mi amigo Chenzo, quien más tarde fue herrero como su papá y peronista por siempre. Y yo más tarde milite en la UES y junto a Chenzo fuimos a la Plaza a defender a Perón cuando en junio de 1955 la aviación naval la bombardeaba y veíamos a los obreros en los camiones de recolección ir con ganchos, palos y cuchillos a defender a Perón de los milicos y caer como moscas por la metralla gritando la vida por Perón. Y nos escondimos en el subte linea A del costado del Cabildo para que no nos maten las bombas y nuestros padres nos fajaron a cintazos cuando se enteraron de aquello. Y me acuerdo de Perón hablando por radio llamando a confiar en los milicos en lugar del pueblo en la calle que fue quien lo liberó el 17 de octubre y lo llevó al poder y nunca pensé que 60 años después un hijo trosko, muy turro, me recordaría que siempre fuimos los que trabajamos los que pusimos el cuerpo y otros los que se llevaron la gloria y las ganancias.

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