Izquierda nacional y Patria Grande: calco y copia del pensamiento menchevique y europeizante


Leyendo un articulo sobre la figura de Roca, que aparecera hoy en La Izquierda Diario, de la camarada Claudia Ferri, se retrata muy bien como desde una optica diferente, la reivindicación de una matríz federalista y de populismo criollo, los ideológos de la llamada “izquierda nacional” como el Colorado Ramos, defienden a un prócer de la Argentina terrateniente y el mitrismo liberal como el genocida de la conquista del desierto.

Sacar a relucir viejos debates teóricos con una corriente más que testimonial no tendría ningún sentido sino fuera porque hay sectores que retoman a Mariategui y su formula “ni calco, ni copia, creación heroica de los pueblos” para llegar a la misma conclusión política que la llamada izquierda nacional: apoyar -critica o acriticamente, según el caso- a los gobiernos nacionalistas o que tienen roces con el imperialismo como pasos adelante del movimiento de masas.

La idea fuerza de la llamada “izquierda nacional” reside en un reconocimiento correcto sobre las izquierdas argentinas de la primera mitad del siglo XX que se pensaron por fuera de la cuestión nacional. Correcto si exceptuamos a los grupos de segunda generación del trotskismo, de donde proviene Ramos, que si encararon seriamente la discusión sobre la cuestión nacional. El error esta en su matriz extranjerizante, en ello reside la critica de Ramos a Juan B justo y su PS: “este socialismo de tendero que nos tocó fue precisamente todo lo contrario: europeizante, porteño, antinacional y reformista”, aplicable también al Partido Comunista: “El Partido Comunista arrastró malamente su vida, con las pupilas clavadas en el centro moscovita, desarraigado como una planta esteparia en la tierra del ombú y sujeto a las dramáticas alternativas internas de la Rusia revolucionaria” todo esto se vera agravado para Ramos por la imposición del stalinismo.

Para la ideología de Ramos la cuestión nacional es el parte-aguas al punto que define dos campos: “el campo nacional y el campo de los intereses vinculados a la factoría agraria y al imperialismo”.

A partir de este esquema es que la “izquierda nacional” desarrolla el concepto de Revolución Nacional y su instrumento político, los movimientos nacionalistas burgueses. “El Peronismo fue creado por la irrupción de la clase obrera en los asuntos públicos en 1945, y fue organizado y controlado por un grupo de jefes del ejército de tendencia nacional, a cuyo frente se encontraba el coronel Perón. Nunca se propuso establecer ni el fascismo ni el socialismo, sino desarrollar el capitalismo nacional contra la pretensión imperialista de inmovilizar a la Argentina como factoría agraria. Por eso otorgó grandes concesiones de todo orden a la clase obrera y a las masas populares al mismo tiempo que protegió a la naciente burguesía industrial, aunque recibió la obvia ingratitud de esta última. Nosotros somos socialistas revolucionarios y apoyamos a ese movimiento en tanto dé pasos adelante en la defensa de la Patria y del interés popular”.

El concepto de Revolución Nacional, como sinónimo de la revolución democrático burguesa, es una traslación casi mecánica de lo que se critica al reformismo de aquellos años, de la traslación de un pensamiento menchevique y gradualista de la dinámica de las revoluciones que se detiene en las revoluciones europeas de 1848. La revolución nacional es esgrimida como una fase históricamente necesaria del desarrollo nacional y la lucha de clases para los países semicoloniales. Es por esto que Ramos ubica al peronismo como parte de un fenómeno internacional: “el peronismo no es solamente un fenómeno político argentino, sino más bien la expresión local del movimiento mundial de las revoluciones nacionales que se propaga al concluir la última guerra”.

El razonamiento de Ramos es el siguiente: a revoluciones nacionales, le corresponde la dirección de movimientos nacionales, el proletariado solo puede apoyar esas revoluciones y a esas direcciones en nombre del Frente Nacional necesario para enfrentar al imperialismo y resignar su perspectiva hasta nuevo aviso. De esta manera Ramos borra de un plumazo la teoría de la revolución permanente como guía estratégica para influir en el devenir de la revolución democrático burguesa. Para la teoría de León Trotski, la revolución demo-burguesa, por la debilidad estructural de las burguesías criollas, sus relaciones intimas con el imperialismo y las clases terratenientes y su temor conservador al proletariado, solo pueden realizarse bajo la dirección de la clase obrera y su partido revolucionario, mediante una alianza con la nación oprimida.

Como el Colorado provenía del trotskismo necesito matizar su ideología reconociendo que la burguesía nacional tenia una debilidad estructural que le impedía enfrentar al imperialismo y como el proletariado no podía superar el Frente Nacional a riesgo de quedar en el campo de la antipatria, Ramos descubre en el bonapartismo las caracteristicas políticas particulares que sustituyen el rol de dirección de la burguesía y que singulariza la forma de conducción de los movimientos nacionales como el peronismo: “el bonapartismo es el poder personal que se ejerce «por encima» de las clases en pugna; hace el papel de árbitro entre ellas. Pero en un país semicolonial como la Argentina, la lucha fundamental no se plantea solamente entre las clases sociales del país, sino que asume un doble carácter: el imperialismo extranjero interviene decisivamente en la política interior y tiene a su servicio a partidos políticos nativos y a clases interesadas en la colonización nacional. De esta manera, el bonapartismo (Perón) se elevó por encima de la sociedad y gobernó con ayuda de la policía, el Ejército y la burocracia.” Como toma nota Hernandez Arregui para Ramos: “Tal bonapartismo, en su contenido particular, no fue reaccionario sino revolucionario, conciliador a medias por su recostamiento en la clase trabajadora y no en las clases altas –oligarquía terrateniente, burguesía industrial naciente, campesinado chacarero- fuerzas que, en definitiva, nunca le prestaron su apoyo, y en última instancia, resistieron al sistema en tanto el proletariado permanecía fiel al mismo”.

No contento con esta definición Ramos apunta más allá e intenta retomar un hilo histórico que unifique revolución nacional y bonapartismo que es el que explica su adhesión al revisionismo: “Las masas populares nucleadas después de Rosas en el alsinismo bonaerense y luego en el autonomismo nacional roquista, se ensamblaron más tarde con el yrigoyenismo, síntesis de la inmigración y del criollaje, para transferirse luego al torrente peronista del 43.Discutir a esta altura de las circunstancias el carácter popular del peronismo y sus vinculaciones históricas con el yrigoyenismo es cosa que sólo puede ocurrírsele al charlatanismo radical”.

Como explica un apologista del Colorado: “Ramos es un antimitrista por excelencia que desnuda la falacia de la historia oficial. Agudo defensor del federalismo mediterráneo, responsabiliza a los rivadavianos del sometimiento a Gran Bretaña y a los políticos portuarios del proceso de balcanización. Presenta a Rosas como un ganadero que cuidó los privilegios de su clase y de su provincia, desplazó a la burguesía comercial del poder politico pero le permitió seguir lucrando con la aduana. Mitre queda presentado en la cúspide contrarrevolucionaria y Roca como un conductor nacional (no como el jefe de la oligarquía) que logró construir el estado. Perón fue un gobernante bonapartista, elevado por sobre las disputas clasistas, que desplegó una política antimimperialista y democratizadora de la sociedad. En los límites de su transformación encuentra las causas de su derrota”.(http://www.izquierdanacional.org/soclat/articulos/jorge_abelardo_ramos/)

La concepción del bonapartismo de la “izquierda nacional” es opuesta a la definición del bonapartismo sui generis en las semicolonias con la cual León Trotski intento definir el fenómeno de Lazaro Cardenas en México y al nacionalismo burgués en general: “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política (del gobierno mexicano, N. del T.) se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las compañías petroleras”.

La conclusión política de Trotksi es opuesta a la de Ramos, lejos de llamar a formar parte del Frente Nacional, subordinándose a la dirección burguesa, Trotski plantea competir con la burguesía nacional la influencia sobre las masas campesinas. “La clase obrera de México participa y no puede más que participar en el movimiento, en la lucha por la independencia del país, por la democratización de las relaciones agrarias, etc. De este modo, el proletariado puede llegar al poder antes que la independencia de México esté asegurada y las relaciones agrarias reorganizadas. Entonces, el gobierno obrero podrá volverse un instrumento de resolución de estas cuestiones (…). En este sentido, durante el curso de la lucha por las tareas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía. La independencia del proletariado, incluso en el comienzo de este movimiento, es absolutamente necesaria, y oponemos particularmente el proletariado a la burguesía en la cuestión agraria, porque la clase que gobernará, en México como en todos los demás países latinoamericanos, será la que atraiga hacia ella a los campesinos”. La definición del revolucionario bolchevique sirve para entender el fenómeno del bonapartismo sui generis en su justa medida, y no ilusionarse con el carácter revolucionario del bonapartismo y el populismo en las semicolonias; lo cual puede complementarse con la definición gramsciana de las revoluciones pasivas que cambian la agenda de la clase dominante, incorporan a las figuras e instituciones de los explotados con el fin de restaurar el orden burgués en nuevas coordenadas.

Una primera conclusión es que Ramos y la “izquierda nacional” son victimas de un esquema teórico menchevique y europeizante, que por la vía de la capitulación al nacionalismo burgués, los hace seguir la misma estrategia política de sus rivales reformistas, la conciliación de clases y la revolución por etapas. Mientras los reformistas esperan que sea la burguesía liberal y terrateniente el sujeto del avance demo-burgués, Ramos lo espera de las manos del peronismo y sus formas bonapartistas. Niega que el bloqueo de la independencia de clase al costo de subordinar sus organizaciones, implica debilitar las conquistas progresivas del bonapartismo que en tiempos de crisis termina expulsado del poder por una alianza entre la burguesía que defendía y el imperialismo. En segundo lugar, la teoría trotskista contempla las singularidades de la cuestión nacional, mejor que cualquier esquema menchevique europeizante, señalando una dinamica donde es el proletariado el llamado a desarrollar las tareas estructurales de la revolución democrático burguesa en lucha política con la burguesía y no en alianza con ella. Decididamente esta fue la dinámica que se impuso en América Latina, Cuba avanzó en el sentido de la revolución cuando el M26 obligado por la presión simultanea del imperialismo y las masas rompe con la burguesía y expropia. La vía de la radicalización del nacionalismo burgués fue un fracaso rotundo y el conjunto de los movimientos nacionales de otrora fueron las fuerzas del neoliberalismo en los ’90.

Patria Grande y los chavistas argentinos repiten el error de Ramos, llaman a apoyar al bonapartismo de Maduro, como antes de Chavez, porque son supuesta expresión de los movimientos sociales y no intentos de restauración del orden burgués en las nuevas condiciones dadas por la lucha de clases, que implica, también, el desplazamiento de una camarilla burguesa por otra. En el caso de estos últimos sus llamados a la organización popular, no son más que retoricas puestas al servicio de integrarse a los mecanismos de gestión del Estado capitalista semicolonial.

Una gripe y el fantasma del ebola


En la entrada de la guardia de un sanatorio que lleva por apellido a una familia de la oligarquía (y que contradictoriamente pertenece a un sindicato publico “nacional y popular”), hay un pequeño puesto de enfermería que direcciona a las personas que se dirigen hacia admisión. En el pequeño mostrador un cartel escrito en riguroso castellano anuncia que las personas provenientes de Guinea, Sierra Leona, Senegal o Liberia que presentan un cuadro de fiebre debían hacerse ver por un medico. El fantasma del ebola preocupa a las autoridades medicas argentinas. Sin embargo, me pregunte al instante, que si yo fuera ciudadano de cualquiera de esos lugares del Africa, dificilmente accediera a aquel sanatorio y que si accediera no estoy seguro que fuera buen lector del castellano como para poder descifrar que se me esta pidiendo en aquel pequeño puesto de enfermería.

Para mi sorpresa tres personas de origen africano, muy bien vestidas, se encontraban en la sala de espera de la guardia y alrededor de ellos una incomoda cercanía. Evidentemente es el fantasma del ebola, aunque también una buena excusa para el racismo.

La mujer africana era joven de muy lindos rasgos. La acompañaban dos muchachos jóvenes, uno de los cuales, rapado, era un dios de ébano negro violáceo que daban ganas de devorarlo como a un buen pedazo de lujurioso chocolate. No exagero, pregúntenle a mi novio que babeaba tanto como yo, haciendo que la confluencia de nuestras salivas formaran una laguna escandalosa para el ojo ajeno, donde se sucedía una orgía gigantesca de germenes y bacterias. Supongo que la mirada racista veía a Shaka Zulu empalando blancos en estacas infectadas de ebola, nosotros queríamos que nos empalara Shaka Zulu y no precisamente en estacas de ebola.

En un momento los tres africanos ingresaron a un consultorio de guardia y no se si fue que al buen rato yo ingrese a un consultorio y en ese momento egresaron ellos, pero nunca los vi salir de aquella consulta, como si hubieran sido abducidos por la guardia.

Se me ocurrió pensar si Argentina estaba preparada para manejar un brote de ebola. Si más allá de los cartelitos y la información el sistema sanitario local se bancaria una epidemia que mata sobre todo a los más pobres. La española Teresa Romero logro salir del ebola, y me alegro inmensamente por ella, pero los miles de africanos pobres que caen como moscas por la epidemia no tienen la más mínima oportunidad. ¿Y la tendrían nuestros pobres con el vaciamiento del hospital publico y el mercantilismo desenfrenado de los negociantes de la salud?

Me pregunte también si el ebola no dará excusa para que surja en Europa un nuevo racismo mata negros, así como el SIDA fue la “peste rosa” que justificó la homofobía del reaganismo. Si los nazis y racistas que pululan en las intituciones del buen Occidente no utilizan una epidemia, evitable y tratable como lo demuestra la cura de la enfermera española Teresa Romero, para resucitar el discurso sobre defender la superioridad del Occidente frente a las amenazas de terrorismo y las epidemias. Si el ebola no sera usado para justificar ideológicamente intervenciones humanitarias que comienzan con médicos y ayuda y luego tropas para garantizar que los médicos y las ayudas lleguen a destino y de paso ocupar esos destinos.

Me hice una pregunta por el racismo argentino a raíz de lo que veía en una una sala de sanatorio, lejisimos del epicentro de la pandemia, donde la gente reacciono así. Recordé que la especificidad del racismo criollo, aún no se expresa de lleno contra los africanos (en nuestra santa tierra fueron muriendo como moscas en el siglo XIX y entonces no hay descendientes de africanos a los que humillar) y que gusta mucho más del desprecio hacia el morocho del norte argentino, los bolivianos, paraguayos o los peruanos. La tradición oligárquica-liberal genero una masa de clase media que adora manifestar su tolerancia hacia lo diferente, excepto hacia el pobre. Un sentido común que seguramente le importó tres carajos donde estaba Luciano Arruga y tiene sueños eróticos con la mano dura de Ivo Kutzarida.

Esperemos que no haya un caso de ebola local porque al terror masivo lo va a acompañar el coro de fachos de varieté que hablen contra el peligro del pibe chorro y la inmigración africana.

Por suerte lo mío, simplemente fue una gripe.

“Un día de la lealtad, 364 días de traiciones” (LID)


Hay un dicho que se le endilga al ex Presidente Eduardo Duhalde que dice que el peronismo tiene un Día de la Lealtad y 364 días de traiciones. Algo que se confirma con las celebraciones justicialistas del nuevo aniversario del 17 de octubre.

Ex k devenidos opositores, ex menemistas devenidos K, y toda la fauna de dirigentes del PJ y el FpV celebraron múltiples actos por el Día de la Lealtad. Desde el gobierno nacional prefirieron dejar pasar la fecha sin pena ni gloria.

El acto kirchnerista más importante se realizaba en el partido de Moreno organizado por el intendente de La Matanza y presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza. Allí se harían presentes varios precandidatos presidenciales del oficialismo, entre ellos, los gobernadores Daniel Scioli y Sergio Urribarri y los ministros Agustín Rossi y Florencio Randazzo. En el acto Espinoza planteó que “este 17 de octubre, más que nunca, se va a conmemorar el Día de la Lealtad, que es un mandamiento que algunos supuestos dirigentes que se dicen peronistas han olvidado”. A media tarde el acto kirchnerista bonaerense se encontraba empañado por la aparición del cadáver de Luciano Arruga, asesinado brutalmente por la policía bonaerense en territorio de La Matanza y encubierto por el gobierno provincial de Daniel Scioli.

Grabiel Marioto por su parte iba a realizar un acto haciendo rancho aparte del sciolismo, en Lomas de Zamora. Y el Jefe de Gabinete Jorge Capitanich lo recordaría en Campo Largo, a 210 kilómetros de Resistencia, junto al gobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff. El “Coqui” que llego con sueños presidenciales se tendrá que conformar con candidatearse a intendente de Resistencia.

El acto del peronismo opositor más importante lo realizó Sergio Massa en la Isla Martín García, donde Perón estaba detenido cuando estallo el 17 de octubre. De la partida massista fueron Darío Giustozzi, y los intendentes Julio Zamora (Tigre), Joaquín De la Torre (San Miguel), Humberto Zúccaro (Pilar), Daniel Bolettieri (Almirante Brown), Fernando Carballo (Magdalena), entre otros. tratando de subrayar la división el hombre del frente Renovador los llamo “El día de las lealtades”, quizás con la ilusión de que sus pares del peronismo se definan a saltar el charco hacia su fuerza.

Una muchacha peronista


Mi nombre es Zulema Rubio y yo estuve en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945.

¿Quien soy yo? Quizás nadie, una peronista de la primera hora, la madre del que esto escribe que a mi pesar salio trosko y sin gratitud hacia el movimiento nacional. Se ríe el muy turro cuando le hablo de movimiento nacional y me recuerda que Perón huyó en una cañonera cuando las fuerzas de la antipatria, y me subraya antipatria para que sepa de la poca fidelidad entre el lenguaje y los actos peronistas, y el imperialismo lo volteaban y que fue el peronismo quien en los ’90 entrego el país.

Me recuerda el muy turro, porque los troskos son muy turros al momento de recordarle a una vieja peronista como yo que revive en su recuerdo, que prefirió confiar en los generales antes que armar a los trabajadores. Y yo le digo que sí, que tiene razón, pero los peronistas somos así; puteamos a los milicos pero porque queremos un ejército nacional y no esta manga de sanguinarios oligarcones; puteamos a los curas, pero creemos firmemente en Dios como esperanza de los pobres; puteamos a la oligarquía pero nos gusta verla a Evita -y porque no a Cristina- enfundada en las mejores ropas con esa soberbia de la mujer de pueblo que las cogotudas no pueden siquiera imitar.

Que le voy a hacer hijo, soy peronista y leal, gracias a Evita tuve mi primer muñeca, gracias a Perón conocí Mar del Plata y estudié en la Universidad.
Pero la verdad es que no fue por eso que me hice peronista, sino porque el 17 de octubre de 1945 me enamoré del pueblo en la calle, me identifiqué con él, fui una de las cabecitas negras que invadió la ciudad fui parte del llamado aluvión zoológico por el oligarcón de Sanmartino.

Yo vivía en Floresta por la calle Moctezuma en una casa de conventillo con mi mamá, la Pepa Jagich y mi viejo Luis Rubio que, no se si te acordás Facundo, era comunista y gorila -además de burrero de alma, capaz de jugarse la quincena en una trifecta, de eso no me olvido-. También era obrero metalúrgico y trabajaba en un taller con mi tío el Tata que supo jugar al fútbol en la primera de Newel’s. A mi viejo no le caía nada bien Perón. Para él era un milico facho al estilo Mussolini. Yo hasta entonces ni idea, tan solo, vagamente, sabía que Perón salía con una actriz y nada más y eso era el comentario de todas las señoras del barrio.

- Mira a este tipo con la atorranta que sale y cosas por el estilo era lo que yo escuchaba.
Pero a mi viejo, Luis, ese día lo hipnotizó la marea humana que bajaba desde los mataderos y La Matanza y nos llevó como excusa hasta las mismísima Plaza de Mayo al Chenzo, mi amigo, y a mi que en ese entonces no teníamos más de 7 años. Recuerdo que el día era soleado y caluroso, un glorioso día peronista, pero que la gente marchaba como podía, se colgaban de los troles y los tranvías, así viajamos nosotros, iban apiñados en camiones, caminaban como en procesión. Mi viejo confundido no sabía que hacer, que diría su partido, pero la verdad es que creo que lo entusiasmaba la idea de que el pueblo estuviera en la calle, porque eso Facundo era pueblo, morochaje, mamelucos y trajes de domingo, ropas raídas, perfume a jabón federal y a catinga, porque el calor de aquel día te hacia transpirar de lo lindo. Me acuerdo que en la medida que nos acercábamos al centro, que para mí y para Chenzo siempre había sido el lugar paradisíaco donde habitaban los cogotudos, las ventanas se cerraban y se sentía el cagazo del alma de todos esos ricachones.

Me acuerdo que tu viejo Alfredo, que vos sabés era de una familia aristocrática, me contaba que en su casa de Belgrano su familia destilaba odio contra la chusma, la cabaretera y el demagogo, porque asi era como llamaban al pueblo, a Evita y a Perón. Nos tenían miedo a nosotros, a mi, a Chenzo, a mi viejo el comunista, a los obreros de los frigoríficos y los talleres que bajaban a la Plaza para pedir la libertad del coronel Perón. Me acuerdo que los botones nos miraban complices, porque en aquella época los botones eran peronistas. Y las empleadas domésticas nos espiaban de las puertas de los edificios con una sonrisa de simpatía. Cuando llegue a la Plaza de Mayo te juro que no lo podía creer. Eran miles y miles que nunca paraban de llegar, por donde vieras venía gente, del sur, del oeste, de los barrios periféricos de la ciudad, se decía que habían cruzado a nado el Riachuelo porque les habían levantado el puente.

Se decía que Evita había ido a las puertas de las fábricas y los frigoríficos a arengar para que los obreros salieran a la calle. Que Cipriano Reyes había sublevado a Berisso. Se decía que los milicos se preparaban para disparar contra la multitud, que a Perón lo tenían en el Hospital Militar, en la Isla Martín García, que no se sabia donde estaba. Había tantos rumores como gente en la Plaza. Yo estaba como loca era la primera vez en mi vida que estaba en medio de una movilización así. Chenzo y yo agarrados fuertes de la mano de mi viejo por miedo a perdernos saltábamos y gritábamos ’yo te daré, te daré patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P, Perón’ y mi viejo nos miraba con bronca pero sin saber que hacer porque aquello era el pueblo pidiendo por él.

Me acuerdo la imagen de los hombres cansados poniendo los pies en la fuente de la Plaza para refrescarse, más tarde los oligarcones y años después los gorilas dirán las patas en la fuente como si fuéramos animales, aunque nosotros mismos decíamos las patas pero para decir algo completamente distinto a ellos. Me acuerdo que en un momento era tanta la gente que sentía que el aire se me iba y mi viejo me sacó de allí con enorme dificultad a mi y a Chenzo que le hacía imposible la salida a mi viejo porque quería quedarse, pero ya oscurecía y no sabia que iba a pasar y le subió de golpe su culpa comunista, o vaya a saber de una que le paso, pero se fue rezongando porque los obreros seguían a un milico facho y a los gritos Chenzo le preguntaba que era un facho y mi viejo que no sabia donde meterse en medio de aquella multitud que coreaba el nombre de Perón para responder esa pregunta.

Y mientras nos alejábamos por la noche ya, rumbo a nuestro hogar en el conventillo de Floresta más y más gente llegaba y nos enterábamos que Perón estaba a punto de hablar y cuando llegamos a casa, la Pepa le dio una filipica a mi viejo por habernos llevado a la Plaza, inconsciente, como vas a llevar a los chicos, que pudo haber pasado cualquier cosa, que como vas a hacer eso, pero nosotros estábamos felices y nos preparo un plato de sopa y unos churrascos y los que habitaban el conventillo alrededor de la radio escuchaban el discurso de Perón desde el balcón de la Rosada invitando al pueblo trabajador a volver a su casa cuando, pienso yo, podría haber hecho suya la Casa Rosada, porque nada ni nadie podía contra esa fuerza desplegada en la calle y en la Plaza aquel día.

Y a partir de aquel día me hice peronista con mi amigo Chenzo, quien más tarde fue herrero como su papá y peronista por siempre. Y yo más tarde milite en la UES y junto a Chenzo fuimos a la Plaza a defender a Perón cuando en junio de 1955 la aviación naval la bombardeaba y veíamos a los obreros en los camiones de recolección ir con ganchos, palos y cuchillos a defender a Perón de los milicos y caer como moscas por la metralla gritando la vida por Perón. Y nos escondimos en el subte linea A del costado del Cabildo para que no nos maten las bombas y nuestros padres nos fajaron a cintazos cuando se enteraron de aquello. Y me acuerdo de Perón hablando por radio llamando a confiar en los milicos en lugar del pueblo en la calle que fue quien lo liberó el 17 de octubre y lo llevó al poder y nunca pensé que 60 años después un hijo trosko, muy turro, me recordaría que siempre fuimos los que trabajamos los que pusimos el cuerpo y otros los que se llevaron la gloria y las ganancias.

http://laizquierdadiario.com/Una-muchacha-peronista

Escandalosas declaraciones de Freyre. Banalizando el HIV/SIDA. (LID)


http://laizquierdadiario.com/Escandalosas-declaraciones-de-Freyre

Alex Freyre, un referente kirchnerista dentro de la comunidad LGTBI, expresó que si ganaban Massa o Macri iban a morir un montón de personas seropositivas. Sus declaraciones fueron una respuesta al mediático Aníbal Pachano, que defendió políticamente a Sergio Massa.

Freyre lanzó unos tweets contra una de las figuras del Bailando que conduce Marcelo Tinelli: “Aníbal Pachano, no hagas planes para el verano 2017 porque vas a estar muerto. Una pena pero si Massa o Macri ganan así será, chantún”. Otro de los mensajes repetía: “En 2016 morirá Aníbal Pachano, en las peores condiciones, él lo decreta. Otra muerte más para la estadística del Sida”.

Entrevistado por radio La Red para que explique sus mensajes Freyre profundizó: “Massa se expresó sobre las decisiones económicas que tomaría, que va a pagarle a los fondos buitres. La consecuencia es que no va a haber medicamentos. No es algo que quiero ni lo digo con alegría. ¿Cómo voy a desear que alguien muera? No, van a morir un montón de amigos míos. Yo también puedo morir. También tengo HIV”. Freyre concluyó: “Será una pena y es que así será, así será si ganan Macri o Massa y no porque yo le desee la muerte. Sino porque él no está siendo consciente de que está apoyando a un político que no nos va a cubrir los medicamentos. Y que se va a morir él, yo y todos. Las personas con SIDA, cuando dejamos de tomar los medicamentos si el Estado no nos lo da, nos morimos”.El mencionado militante K, es presidente del Archivo de la Memoria de la Diversidad Sexual. Como tal recibe fondos del Estado y las fundaciones internacionales. Semejantes declaraciones sólo sirven para generar terror en la población seropositiva y por esa vía imponer la idea de que el kirchnerismo es el mal menor para ellos.

Las declaraciones de Freyre banalizan el tema del HIV y el SIDA eligiendo a Pachano como rival. Transforma los peligros de una pandemía en un cuento terrorífico que desprestigia la lucha contra el HIV/SIDA victimizando a una figura mediática que seguramente poco le importa la suerte de las personas seropositivas y mucho el rating y la exposición pública que va a lograr a partir de ser señalado como enemigo político del kirchnerismo.

Es además una falacia, la idea de Freyre de que el kirchnerismo es la garantía de una atención gratuita para las personas infectadas con HIV. Si bien el HIV se ha transformado en una enfermedad crónica, los pactos del gobierno con la Iglesia impiden que una educación sexual de calidad y un sistema de prevención efectivo permitan erradicar definitivamente todos los riesgos de transmisión. Bajo el kirchnerismo sigue la discriminación laboral a los seropositivos y los subsidios que se otorgan son de miseria. Si se ha avanzado en el sentido de la lucha contra la pandemia ha sido por la movilización de la comunidad LGTBI y de los movimientos interesados en combatir el HIV/SIDA.

Gustavo Pecoraro, reconocido militante LGTBI y por los derechos de las personas seropositivas repudió las declaraciones del funcionario: “Mientras miles de jóvenes y adolescentes siguen siendo víctimas de la transmisión del HIV en la Argentina, Alex Freyre siembra el terror sobre una supuesta falta de medicación si en 2015 ganaran las elecciones algún sector de la oposición política al gobierno (…) la lucha por la asistencia médica a las personas viviendo con HIV ha sido una lucha de años (de la que incluso él fue parte) y que no es tan endeble como para que la ponga en peligro el sólo hecho de un posible cambio de gobierno. (…)”.

Si para Freyre están en peligro los fondos que financian el reparto de medicamentos, en lugar de sembrar terror, hay que exigir el control público por parte de los trabajadores de la salud, organizaciones que se dediquen a la prevención del HIV y pacientes, que neutralicen cualquier intento de utilización indebida por los gobiernos de turno.

La garantía contra cualquier recorte presupuestario es la de oponerle un extendido movimiento que exija al Estado nacional y a las Obras Sociales la continuidad de los planes existentes y la defensa de los derechos adquiridos por las personas seropositivas. Por último es una cortina de humo que intenta distraer del pacto entre el Vaticano y el gobierno nacional en un momento en que la Iglesia insiste en desconocer el matrimonio igualitario.

Freyre en lugar de advertir que hay que prepararse para defender derechos adquiridos, le hace un flaco favor a la derecha que dice combatir transformando a Pachano en una pobre víctima.

Cuando Perón gobernó con las Tres A (ID)


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El 12 de octubre de 1973, Juan Domingo Perón recibía la banda presidencial de Raúl Lastiri (yerno de López Rega) iniciando su tercer gobierno acompañado en la vicepresidencia por su esposa María Estela Martinez de Perón, conocida como Isabel.

La formula electoral Perón- Isabel Perón, había arrasado en las elecciones del 23 de septiembre, convocada a raíz de la renuncia de Hector Campora- Vicente Solano Lima, obligado por un golpe de palacio de la derecha sindical y peronista. Campora fue acusado de conciliar con los Montoneros y de no frenar el proceso social que se expresaba en un extendido movimiento de tomas y ocupaciones de empresas y reparticiones publicas.

El signo del nuevo gobierno de Perón venia preanunciado. Luego de la masacre de Ezeiza, el General acuso a los Montoneros y la izquierda del peronismo por los incidentes, claramente provocados por los matones de la derecha peronista encabezados por Jorge Osinde, que poco más tarde formaran las bandas de las Tres A. En tono de amenaza Perón declaró “Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua” concluyendo “deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal. Así aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro- deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables”.

El retorno de Perón al poder se dio en condiciones muy distintas a las de 1945-55, aunque su función fue la misma, salvar al, orden burgués de la amenaza obrera. El país era un hervidero social. El Cordobazo de mayo de 1969 había abierto las compuertas de un ascenso de la lucha de clases de los obreros y el pueblo pobre. La emergencia del clasismo y la radicalización de la juventud ponían en cuestión a la burocracia sindical y a los políticos tradicionales de la burguesía. Mientras tanto el panorama regional hacia fines de 1973, mostraba un retroceso del movimiento de masas y se asentaban dictaduras militares proimperialistas allende las fronteras. Poco después de su victoria electoral, un supuesto comando montonero ajusticio a José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT y hombre muy cercano a Perón.

En este marco Perón intento dos políticas que se complementaban para estabilizar al capitalismo argentino y alejar el peligro revolucionario. Por un lado continuar con el Pacto Social, que había diseñado el Ministro de Economía José Bel Gelbard (afiliado secreto del Partido Comunista) que buscaba aumentar la rentabilidad de la burguesía nacional firmando un acuerdo entre el Estado, la CGT y la CGE, que tenía por fundamento contener las expectativas de los obreros, fijando un aumento de 20 % del salario y la suspensión por dos años de las paritarias; el congelamiento del precio de bienes y servicios y la imposición de un estricto sistema de control de precios. Dicho plan fue cuestionado desde el principio por los sectores más combativos de los trabajadores que nunca abandonaron sus luchas.

El segundo punto de su plan de gobierno fue el de endurecer las políticas represivas del Estado, primero mediante la modificación de la ley de Asociaciones Profesionales que fortalecía a la burocracia sindical frente a las comisiones internas combativas; más tarde luego del copamiento del cuartel de Azul por el ERP, en enero del 1974, mediante la reforma del Código Penal. Pero fundamentalmente la clave de la política represiva del nuevo gobierno peronista fue el de constituir bajo el amparo del Estado y dar vía libre, al accionar de las bandas parapoliciales de la derecha peronista que acuitaban coordinadamente como Triple A. José López Rega, Ministro de Bienestar Social, fue el jefe político de dicha organización y ministro estrella de esta fase del peronismo. Los comisarios Villar, Margaride y Morales, nombrados por Perón parte de su jefatura operativa. El criminal de guerra ustacha, el croata Milo de Bogatich, amigo personal del caudillo uno de sus cerebros. El bonapartismo del tercer gobierno peronista tuvo como voz de mando imponer el Pacto Social y la disciplina fabril a los tiros. De la decisión política de Perón, salio la orden de aniquilar a la vanguardia militante de los trabajadores y la juventud.

La Juventud Peronista encabezada por Montoneros, paso de ser calificada como “juventud maravillosa” a “imberbes y estúpidos” el 1 de mayo de 1974. Aún así apoyaron a Perón hasta el final. Públicamente nunca llamaron a enfrentar el Pacto Social, para no romper “con el gobierno popular”. Cuando la derecha peronista volteó a Campora (quien era quien más cobijo les había dado, no ofrecieron resistencia alguna, con la consecuente perdidas de posiciones dentro del gobierno y el peronismo.A poco tiempo de asumir, en enero de 1974,los diputados de la juventud van a ser expulsados por Perón acusándolos de infiltrados en una reunión televisada. A partir de enero Perón dio su bendición los golpes de estado provinciales que derrocaron a los gobernadores amigos de la Tendencia en Córdoba, Buenos Aires, Santa Cruz y Mendoza. En Cordoba intervino los sindicatos combativos en manos de la izquierda como Luz y Fuerza dirigido por Agustín Tosco o el SMATA encabezado por René Salamanca. En mayo de 1974 Perón recibió con todos los honores al dictador Augusto Pinochet, dando un espaldarazo a la dictadura chilena. De todo, los Montoneros,nunca dejaron de apoyar a Perón, recurriendo a distintas teorías explicativas que casi siempre libraban de culpa al General, hasta que se tuvieron que rendir a la evidencia y aún en esa circunstancia, se negaron a romper con Perón y su política del Frente Nacional y la conciliación de clases.

El 1 de julio de 1974, Perón morirá dejando el poder en manos de Isabel y López Rega, que dieron lugar al desembozado accionar de la Triple A.

Es curioso que el kirchnerismo, quien ancla su relato en la épica de la “jotapé” y el supuesto respeto a los derechos humanos, suele autocriticarse de los enfrentamientos con el General en su tercer mandato, reivindicando la subordinación al bonapartismo y silenciando la complicidad de Perón con los crímenes de las Tres A. Mientras agita el espantajo de la derecha destituyente. Incapaces de aprender de su propia historia convive con burócratas macartistas al estilo Triple A como Pignarelli y represores carapintadas como Sergio Berni.

Cafiero: el muchacho que se quedaba con los vueltos (ID)


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Hay una famosa sentencia de Juan Domingo Perón que es lapidaria con Antonio Cafiero: “Cafierito, es un buen muchacho, lástima que tenga por costumbre quedarse con los vueltos”.

Antonio Cafiero: el muchacho que se quedaba con los vueltos

Nacido en 1922, Antonio Cafiero se sumó al peronismo en la primera hora, aunque tiempo antes -en 1938- fue militante de la Acción Católica. La identificación del peronismo con la doctrina social de la Iglesia fue un discurso que siempre acompañó a Cafiero en su carrera política.

Fue funcionario de Perón en 1951, ocupando un cargo directivo en Cancillería, y entre 1952 y 1955 como ministro de Comercio Exterior. Años más tarde fue ministro de Economía de Isabel Perón, entre 1975 y 1976, siendo desplazado en febrero de ese año por Mondelli. En 1987, como líder de la llamada Renovación Peronista, ganó la gobernación de la provincia de Buenos Aires, y un año más tarde perderá la interna frente a Carlos Menem, sepultando los sueños de socialdemocratización del peronismo que un sector de la Renovación alentaba. En 1990 impulsará un plebiscito para conseguir su reelección como gobernador bonaerense del que saldrá derrotado, empezando la debacle de su carrera política. A partir de entonces, Cafiero jugara el papel de peronista testimonial.

Cafiero, como peronista de los orígenes, dejó tela para cortar. Renunció a su cargo de ministro en 1955, poco antes del golpe, para no chocar con la Iglesia católica, que era una de las impulsoras, junto a la embajada norteamericana, del golpe gorila. De ahí, quizás, la dureza de Perón. Su papel durante la llamada resistencia, como el de todas las figuras del peronismo oficial, fue casi nulo. El papel central de la Resistencia peronista fue jugado por la clase obrera y no por los dirigentes.

En el año 1972, Cafiero fue el hombre que impulsarán la derecha peronista y la burocracia sindical como candidato presidencial en oposición a Héctor Cámpora, a quien veían muy cercano a la juventud. El congreso que se resolvió a los tiros. Entonces se hablo de un famoso parlamento donde Juan Manuel Abal Medina, hombre de la juventud, es amenazado por un dirigente sindical diciéndole que tenían el congreso copado y estaban todos enfierrados, a lo que Abal Medina respondió: “Nosotros también y somos más”. Lo cierto es que Perón no lo quería a Cafiero porque se entrevistó en secreto con el dictador Agustín Lanusse y bancó a Cámpora por cálculo político. Por eso cuando Perón asumió lo designó en el gris cargo de presidente de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

Los homenajes hablan del carácter democrático de Cafiero, pero la realidad lo mostró participando de la intervención de Mendoza, donde un golpe de la derecha peronista derrocó al gobernador afín a la Tendencia Alberto Martinez Vaca. Y más tarde como ministro de Isabel, donde acompañó con su firma el decreto de aniquilación de la guerrilla redactado por el presidente interino Ítalo Argentino Luder.

Después del 83, Cafiero fue el referente indiscutido de un peronismo que dejó de lado el discurso de los descamisados y se ponía el saco y la corbata para intentar una suerte de modernización que lo alejara de los fantasmas de las Tres A y lo pusiera a tono con la ola democrática que el alfonsinismo en el poder todavía surfeaba. Gracias a la Renovación el peronismo logró oxigenarse y crecer a la par que el Gobierno radical se iba derrumbando. Chacho Álvarez y los intelectuales de la revista Unidos se ilusionaban con que llevando en andas a Cafiero podían transformar al peronismo en una fuerza de centroizquierda. Derrotados por Carlos Menem y Eduardo Duhalde en 1988, abandonaron el peronismo para dar origen al Grupo de los Ocho, el Frente Grande y el Frepaso. Cafiero, como buen peronista, nunca sacó los pies del plato.

En 1987 Cafiero será de la partida de políticos patronales que acompañaron a Alfonsín a Campo de Mayo para capitular frente a la rebelión carapintada encabezada por Aldo Rico y que pedía impunidad para los partícipes del genocidio. Se mostró junto a Raúl Alfonsín en el balcón cuando pronunciaba su famoso Felices Pascuas y firmó el Acta de Compromiso Democrático que habilitaba a discutir las leyes que pedían los sublevados. Como gobernador de la Provincia fue quien envió a la Bonaerense a sumarse al operativo represivo contra los militantes del MTP en el cuartel de La Tablada en 1989.

Muchos recordarán que el fallecido dirigente peronista fue quien hizo saltar en el Senado la causa de las coimas por la flexibilización laboral, conocida como ley Banelco. Y olvidarán seguramente cuando el 18 de octubre del 2006 justificó los enfrentamientos entre camioneros y la UOCRA La Plata en la quinta de San Vicente donde serian sepultados los restos de Perón y Evita: “No me aflijo tanto por estas cosas porque es inevitable cuando se juntan quinientas mil personas”.

Consultado sobre los incidentes con armas de fuego, Cafiero se limitó a contestar: “¿Y? ¿Mató a alguno?”.