los lunes al sol












› EL FISCAL MARCELO GARCIA BERRO HABLA DE LA REPRESION DE LA DICTADURA EN EL NORTE DEL CONURBANO

“El obrero fue transformado en enemigo”

Esta semana empezó el undécimo juicio en la megacausa de Campo de Mayo, enfocado en delitos de lesa humanidad de los que fueron víctimas trabajadores. García Berro participa en ese debate y advierte sobre el papel que jugaron las empresas.

Por Ailín Bullentini

El fiscal Marcelo García Berro participó de todos los juicios orales que analizaron los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en el norte del Gran Buenos Aires, bajo la jurisdicción de Campo de Mayo, y aduce una “memoria traicionera” al inicio de la entrevista. Sin embargo, cuando es consultado por la particularidad del debate que comenzó esta semana en los tribunales de San Martín, el undécimo de la megacausa conocida con ese mismo nombre no duda: “Son varias causas en las que particularmente se investiga la represión durante la última dictadura en contra de obreros de la zona norte del Gran Buenos Aires”, resume al inicio de un análisis en el que también lamenta que la causa de Ford haya quedado afuera. “Es el caso más emblemático de persecución a obreros”, remarcó.

–¿Qué posibilita la unificación de las causas en base a los roles de las víctimas?

–Puestas en conjunto exhiben cómo todo el aparato represivo del terrorismo de Estado estuvo puesto a reprimir a la clase trabajadora. Era gente que reclamaba por mayores beneficios, más seguridad en el trabajo, por mayores salarios y fue perseguida por eso. El análisis en conjunto de estas causas nos ofrece una comprensión más clara y ordenada de cómo, en definitiva, el obrero también fue transformado en enemigo. No siempre porque para las autoridades militares lo fuera, sino porque lo eran de sus patrones. A mi modo de ver, hay causas en las que está investigado y probado de manera acabada, como en los casos de Ford o Mercedes Benz, que claramente a la patronal le convenía que estas personas fueran sacadas, en la mayoría de los casos brutalmente, fuera de las fábricas porque sus reclamos molestaban. La represión era funcional tanto al gobierno militar como a los dueños de estas grandes empresas.

–¿Considera que el juicio aportará al avance de la Justicia en la vía de la responsabilidad civil en los crímenes de la última dictadura?

–La Fiscalía entiende que sí, que puede haber aportes. Durante la instrucción de los casos no se ha puesto demasiado el ojo sobre esta pata civil en los secuestros, en las entregas. Hay testimonios que no dejan dudas, pero no se ha continuado en esa línea en todas las causas. A partir del juicio oral tenemos la esperanza de encontrar puntas que permitan efectivamente mandar a investigar eventualmente y luego someter a juicio a las personas que formaron parte de esta pata civil.

–Antes mencionó a las patronales. ¿Y el sector señalado como “la burocracia sindical”?

–Sobre la burocracia sindical lo que ha surgido directamente en las primeras audiencias es que en definitiva muchas de las víctimas formaban parte de agrupaciones gremiales que estaban enemistadas con el sindicato oficial, con lo cual, todo el aporte que permita una investigación más seria y profunda va a ser bienvenido para efectivamente determinar si hubo colaboración o complicidad de directivos de gremios oficiales en los secuestros, desapariciones, muertes.

–La causa Ford finalmente quedó afuera de este debate. ¿Su ausencia tiene alguna implicancia?

–No le quita fuerza al juicio, pero lastima, sí. Todas las causas que se ventilarán en el debate han venido a ser una especie de muestra de cómo se ha reprimido a los obreros de la zona norte del Gran Buenos Aires. En ese sentido, la que estudió los delitos sufridos por empleados de la planta de Pacheco de la Ford es la más emblemática por la envergadura de la empresa y porque hay civiles indagados y procesados.

–El juicio es emblemático porque sus víctimas fueron obreros: ¿qué características tienen los testigos de cada causa?

–Muchas personas que podrían haber participado del juicio han fallecido, con lo cual la única posibilidad que tenemos de recuperar su versión es a partir de la lectura, siempre y cuando se haya tomado su declaración en instrucción. Hay gente que le cuesta más hablar y recordar, hay que gente a la que le cuesta menos, que está muy dispuesta a dar su testimonio. Pero lo principal es que son causas que no tienen demasiados sobrevivientes: la gran mayoría de víctimas permanecen desaparecidas, hay muy pocos casos en los que los cuerpos fueron recuperados, por tal motivo hay acusaciones de homicidios, y menos que han logrado sobrevivir. En el caso de Ford, la mayoría de las víctimas están vivas, pero en los astilleros, la represión fue brutal. Cuesta encontrar personas allí que hayan sobrevivido a la represión del Estado.




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No se puede ser muy objetivo. Argentina finalista nada más y nada menos que en el Maracana. Para Brasil un golpe moral terrible: quien los goleo 7 a 1 y su archirival histórico compitiendo por dar la vuelta en Río. Fracaso rotundo de Dilma. Invirtió 15000 millones de U$S, tuvo que enfrentar un movimiento obrero y popular de oposición, reprimir, ceder a los huelguistas, que se le derrumben las rutas y perder una semifinal históricamente humillante en el Mineirao, con el correlato de saqueos y furia que demostró la bronca contenida del pueblo brasilero. Para el gobierno K, sea cual sea el resultado final, un regalo en bandeja del “compañero” Sabella, que le permite montar el circo donde se licuen sus crisis políticas por el caso Boudou, los fondos buitres y la política represiva contra los trabajadores de EMFER y Lear. Más la consiguiente carga de chauvinismo y homofobia de todo gran evento deportivo.
Para los amantes del buen fútbol una pena por ver como Argentina sacrifica calidad por sufrimiento, aunque haya que reconocer el crecimiento de una generación futbolistica, de jugadores multimillonarios y no gente con hambre como la de 1986, pero con mucho corazón. Si para Diego y los suyos ganar la Copa del Mundo era conquistar la gloria eterna, para esta generación del genial Messi y ese monstruo extraordinario que es Mascherano su consagración final en el firmamento de las estrellas futbolisticas. Para el pueblo pobre y trabajador una fiesta entre tanta explotación y despojo. El sueño de un maracanazo. Para mis ojos la alegría de ver los cuerpos semidesnudos y sudados de esos gladiadores festejando.




El 1º de julio, al cumplirse el 40º aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón, Cristina Kirchner, lo homenajeó junto a Hipólito Yrigoyen (fallecido el 3 de julio de 1933), como “dos grandes líderes populares” que encabezaron “movimientos nacionales” y defendieron el “interés popular”.

Yrigoyen y Perón fueron dos figuras fundamentales de la política nacional durante el siglo XX. El primero a la cabeza de la UCR, constituyó el primer gobierno elegido por sufragio universal y expresó el ascenso de los sectores medios que exigían reconocimiento en la vida política. Por su parte, Perón fue el líder de un movimiento nacional burgués que concentró la adhesión de la mayoría de la clase trabajadora. Sin embargo pese al apoyo de las mayorías populares, ambos mantuvieron intactos los cimientos del país burgués y terrateniente.

Yrigoyen encabezó un gobierno tibiamente nacionalista que se encargó de reprimir a la clase obrera en la Semana Trágica de enero de 1919 (se calculan alrededor de 800 muertos y 1.500 obreros detenidos) para salvar los intereses de la aristocrática familia Vasena; mientras que otros 1.500 obreros fueron fusilados por el Ejército al mando del nefasto Coronel Varela, enviado a reprimir en Santa Cruz por Yirigoyen, entre 1920 y 1921, en los sucesos conocidos como la Patagonia Trágica, a pedido de los estancieros británicos.

Perón apareció en la escena política como uno de los cabecillas e ideólogos del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que harán la llamada Revolución de 1943, poniendo fin al gobierno conservador de Ramón Castillo. A la cabeza de la Secretaria de Trabajo y Previsión, Perón estableció lazos con los sindicatos reformistas de aquellos años de origen socialista y sindicalista e impulsó leyes progresistas que le permitieron ganar el apoyo de los trabajadores. Expulsado del gobierno del Gral. Edelmiro Farrell por presión de la oligarquía, las masas obreras protagonizaron una histórica huelga general y desde las grandes barriadas del Gran Buenos Aires se avanzó hasta ocupar la capital, hasta entonces inmaculado centro político de la oligarquía, obligando a su liberación y dando lugar al mito fundador del peronismo: el 17 de octubre de 1945. Vale aclarar que el peronismo siempre buscó evitar que este tipo de acontecimientos se repitiera. Perón se enfrentó a un frente burgués pro-imperialista auspiciado por el embajador norteamericano Spruille Braden, que integraban conservadores, radicales, socialistas y el Partido Comunista. El peronismo constituyó un movimiento nacionalista burgués que, a diferencia del yrigoyenismo, logró la adhesión obrera. Integrando los sindicatos al Estado burgués, alentó la formación de una burocracia dirigente, reprimió toda disidencia por izquierda e impuso la idea de que el objetivo central del Estado burgués debía ser lograr la armonía entre obreros y patrones. Perón logro liquidar la independencia política e ideológica de los trabajadores. Ese fue su principal contribución a la perpetuación del orden capitalista en Argentina. Su nacionalismo consistió en aprovechar la retirada del imperialismo británico para negociar el status semicolonial del país ante el imperialismo yanqui. Pero en septiembre de 1955, cuando el imperialismo norteamericano impulsa el golpe contra su gobierno, Perón es derrocado sin luchar. La única resistencia a la Revolución Libertadora fue la de la clase obrera que enfrentó a los golpistas sin directivas y sin armas debido a la defección de la burocracia dirigente de los sindicatos.

Perón retorna del exilio en 1973, convocado como tabla de salvación por las FF.AA y la burguesía, para poner fin a la insurgencia obrera y popular que desde la semiinsurrección del 29 de mayo de 1969 en Córdoba, el Cordobazo, había herido de muerte a la dictadura de la Revolución Argentina. Perón vuelve para desviar ese poderoso movimiento de masas que tuvo a la clase obrera como protagonista y que cuestionó al conjunto del país burgués. Para ello utilizó a las organizaciones guerrilleras del peronismo como Montoneros a fin de contener por izquierda a la juventud, alentándolas como “formaciones especiales” para luchar por el “socialismo nacional” mientras se apoyaba en la burocracia sindical para contener a la clase obrera.

Perón se propuso restaurar la autoridad y el mando de la burguesía estableciendo un Pacto Social que favorecía a las patronales y buscaba restaurar la disciplina en las fábricas. Para ello se valió primero del engaño de tinte frentepopulista con Héctor Cámpora (25 de mayo-13 de junio de 1973) primero, y tras el golpe de palacio que dio la derecha peronista luego de la Masacre de Ezeiza (20 de junio de 1973), de las bandas armadas de las Tres A, que organizara su secretario privado y Ministro de Bienestar Social, José López Rega.

El burócrata sindical y líder de las bandas armadas de la derecha peronista José Ignacio Rucci supo decir que Perón se había ido del país para evitar un baño de sangre, y que su retorno tenía el mismo sentido, evitar otro baño de sangre. Pero ni en 1955 evitó que la sangre de los trabajadores y el pueblo cayera como lo demostraron los fusilamientos del Gral. Valle y de decenas de militantes peronistas en los basurales de José León Suárez según relata Rodolfo Walsh en Operación Masacre (el recuerdo de Walsh fue recientemente censurada en el Congreso Nacional por la diputada K Diana Conti, que impidió que el diputado del FIT Nicolás del Caño lo citara), ni en su retorno, cuando las Tres A primero y el golpe genocida después, tuvieron como blanco privilegiado de sus crímenes a los militantes de la clase obrera y la izquierda. El peronismo tampoco evitó el avance del imperialismo sino que fue bajo el menemismo –que los Kirchner apoyaban- el artífice de la mayor entrega nacional de la historia. Su función histórica ha sido salvar al país burgués de la acción independiente de la clase obrera y el pueblo pobre.




El Mundial de fútbol es un espectaculo fascinante en todo sentido.Por la positiva, por las pasiones que concentra, los talentos que muestra, la belleza del deporte más bonito; por la negativa, por la carga de chauvinismo, homofobia e ideología burguesa de unidad policlasista que conlleva. Me aclaro. No soy anti-futbol ni anti-mundial, aunque comparta y haga propias las denuncias por los negocias capitalistas multimillonarios que se tejen a su alrededor, así como el rechazo popular de los brasileros al servilismo del gobierno del PT a la FIFA y los grandes capitalistas que lucran con la pelota. Ciertamente, toda gran manifestación cultural moderna esta regida por la ganacia capitalista y el fetichismo de la mercancía. Pero eso no me impide disfrutar ver el espectaculo deportivo, la competencia entre equipos, el arte y a veces la genialidad del talento de algunos jugadores y la creatividad de las hinchadas. Soy ajeno y ataco al chauvinismo y el discurso de unidad nacional que usa la propaganda gubernamental y burguesa. No por ello me voy a negar al goce futbolistico y estetico. A contemplar hasta la calentura los cuerpos y los movimientos de los jugadores (sobre todo de los equipos africanos con esas piernas negras y gruesas y esos cuerpos fibrosos que llevan mis fantasias hasta el paroxismo). A desear orgias con ellos y a putearlos cuando fallan en la defensa o en sus pases y ofensivas.

Por pertenencia cultural hincho por Argentina y me enojo por su pobreza futbolistica (que tiene mucho del bilardismo tardio de Sabella) y celebro la magia de Messi cuando se decide a sacar conejos de la galera. Muero de deseo por Agüero y Lavezzi (¡¡¡que lindos son!!!)Y por oposición deseo la derrota de Brasil (aunque goce de a ratos con su juego y la belleza de algunos jugadores como Marcelo y Hulk), Alemania y Uruguay, rivales futbolisticos de Argentina.

Lo digo para delimitarme de los fanaticos del futbol descerebrados que consideran que la “patria” (concepto ajeno a mí) se juega en la cancha, como de los freak que rechazan el futbol o el mundial y miran el andar de los pajaros o leen trabajos cesudos ajenos a una emoción social que aprovecha la burguesía pero que también usan las multitudes para manifestarse colectivamente. Se trata de pensar como seria eso con una dirección distinta.

Mientras tanto a gozar mi amor, de la pelota y los cuerpos en movimiento.

PD: tiene razón mi amiga y camarada Nunu Carol. En este Mundial celebramos como potencias económicas y futbolisticas como Italia (lastima que no nos mojemos más por Balotelli), España e Inglaterra quedan fuera del Mundial y clasifican. Y como otras potencias como Francia juegan bien y con brillo gracias a aquellos inmigrantes que esos mismos países rechazan con xenofobia y racismo. Deporte plebeyo por excelencia, el deporte más bonito.

 

 




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Es indignante tanto servilismo frente a un simbolo de la opresión imperialista. CFK se lamenta de la abdicación de Don Juan Carlos I en nombre de la democracia. Inconcebible.

Uno de sus argumentos fue que en la noche negra de la dictadura el recientemente adbicado monarca español abrio las puertas de la penisnula iberica a los exiliados argentinos. Pero la historia cuenta otra cosa y el 26 de noviembre de 1978, cuando el rey Juan Carlos I de España viajó a Argentina y el lunes 27, cuando se encontró con el presidente argentino de facto Rafael Videla, desaparecieron Alfredo Antonio Giorgi y Calos Santiago Mires sin que la monarquía pronunciara una sola palabra al respecto. Durante su estadia desaparecieron además Hernando (Tito) Deria, Gertrudis Marta (Lucy) Laczik de Poblete, Hugo Alberto Merolo, Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Jose Liborio (Pepe) Poblete Roa y Marta Inés Vaccaro de Deria. Lejos de la falsificación sobre el Estado Español y su monarca recibiendo “con notable sensibilidad, a miles de compatriotas que lograban escapar del terror” (como dicta la misiva presidencial) Juan Carlos legitimó a una dictadura genocida con la sola queja porque la paquetisima señora Julia Sundblad de Beccar-Varela, esposa del jefe de la ultraderechista Tradición, Familia y Propiedad, manoteara en un acto de cleptomania la capa de la señora reina doña Sofia.

CFK recuerda que Juan Carlos se opuso al golpe franquista de Antonio Tejero, el 23 de febrero de 1981, dando, en palabras de la mandataria “coraje a quienes (…) combatían” las dictaduras latinoamericanas. Pero ciertamente la monarquía es el producto directo del franquismo, su sucesora y continuidad en el aparato del Estado Español, garante de la opresión de las nacionalidades de la penisula Iberica y de la impunidad para los representantes del regimen que se impuso a sangre y fuego contra la Republica durante la guerra civil. Tal es el grado de impunidad que alcanzo el franquismo y sus crimenes que cuando un juez que supo defender al Estado Español de los militantes independentistas del País Vasco, Baltazar Garzón, se atrevio a reabrir las causas de la guerra civil, fue inmediatamente separado de su cargo. El que hasta no hace mucho se autodenominara “gobierno de los derechos humanos” aplaude al continuador de quienes asesinaron entre 150.000 y 200.000 personas y mandaran a prisión a otro millón para que los pueblos de España siguieran siendo sojuzgados, por capitalistas, aristocratas, terratenientes y curas oscurantistas y cuyo simbolo es esa Abadia nefasta del Valle de los Caidos, construido por el trabajo esclavo de los prisioneros republicanos , donde yacen los restos del Generalisimo Francisco Franco y el dirigente de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. Juan Carlos I es el producto del Pacto de la Moncloa (1977) donde los principales partidos civiles (incluidos el PCE y el PSOE) aceptaron la continuidad de la monarquía bajo formas parlamentarias, renunciando a la reivindicación democratica elemental de la Republica y la autodeterminación para el conjunto de las nacionalidades sojuzgadas por el Estado Español.

Un Rey que mientras los trabajadores y el pueblo pobre de toda la peninsula sufren un ajuste brutal y destrucción de puestos de trabajo para preservar las ganancias de los banqueros, se pasea por Africa con sus amantes cazando elefantes, despilfarrando obscenamente los ingresos publicos. Un Rey que intento callar como un ofendido amo colonialista al presidente venezolano Hugo Chavez, en una cumbre de la ONU, cuando este acusaba de fascista a Aznar. Un Rey que representó los intereses de los monopolios españoles que saquearon los recursos de Argentina y de Amercia Latina a través de Repsol, Telefonica y tantas otras empresas que como Gestamp hoy en Escobar avasallan a los trabajadores (y que son defendidas a capa y espada por este gobierno y los burocratas serviles del SMATA).

Por favor, no en nombre del pueblo argentino, que poco tiene que agradecerle a la monarquía española, no en nuestro nombre Cristina.

La unica posición democrática digna es la de acompañar el reclamo de los miles y miles que en las calles se han manifestado a favor de la Republica y de los que reclaman la autodeterminación nacional. Es estar del lado de los trabajadores de Gestamp contra los capitalistas españoles que tienen en el Estado monarquico hijo del franquismo a su representante de clase.

 

 




 El 29 de mayo de 1969, la clase obrera, los estudiantes y el pueblo pobre de Córdoba llevaron a cabo una semi-insurrección obrera y popular que hirió de muerte a la dictadura de Juan Carlos Onganía y puso en vilo a la sociedad burguesa. Ese día, en que la clase obrera se alzó como caudillo del pueblo oprimido, se abrió un proceso revolucionario que solo podrá ser cerrado con el golpe genocida de 1976.
 
Liberales y oscurantistas

Onganía ponía fin al gobierno del radical Arturo Illia el 28 de junio de 1966 e iniciaba la llamada Revolución Argentina. El golpe contó con el apoyo del establishment, la adhesión entusiasta de la CGT encabezada por el peronista Augusto Timoteo Vandor (quien asistió a la asunción de Onganía luciendo por primera vez una corbata) y hasta con el silencio cómplice de Perón, que desde el exilio, ordenaba “desensillar hasta que aclare”.

El nuevo gobierno fue una alianza entre el nacionalismo integrista y el liberalismo económico que hicieron de esta dictadura una mezcla insoportable de represión social, oscurantismo intelectual y cultural y un plan de ajuste al servicio del gran capital. Su Ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena llevó a cabo un plan económico que devaluó la moneda un 40%, congeló salarios por dos años, suspendió los convenios colectivos de trabajo, y dio lugar a una Ley de Hidrocarburos, que permitía a las empresas privadas participar de la explotación petrolera y una ley de alquileres a favor de la especulación inmobiliaria.
 
La unidad obrera-estudiantil

El Cordobazo fue precedido por una serie de movilizaciones estudiantiles y obreras cuyos puntos más altos son las manifestaciones de los estudiantes en Corrientes donde cae asesinado Juan José Cabral, y en Rosario los jóvenes Bello y Blanco lo que provoca el levantamiento obrero conocido como el primer Rosariazo.

El 29 de Mayo la ciudad amanece con un paro general convocado por la CGT, que en Córdoba se lleva a cabo por 36 horas y mediante una movilización hacia el centro de la ciudad. La eliminación del sábado inglés incentiva la oposición obrera. La movilización estuvo claramente encabezada por las columnas de los sindicatos (SMATA, Luz y Fuerza, UOM, UTA) que avanzan hacia el centro de la ciudad. Se movilizan de 3.000 a 4.000 obreros de IKA a la que se suman 1.000 metalúrgicos. También marchan los obreros de combativas fábricas como Perdriel, ILASA, y Perkins, así como de IME y la Fiat (aunque no organizados) también participaron. En el caso de Luz y Fuerza la columna había reunido a 1.000 trabajadores mientras que los empleados públicos, bancarios, judiciales, municipales y de comercio también fueron de la partida.

Junto a los obreros industriales, la otra fuerza social movilizada en importancia es la de los estudiantes universitarios que resisten en el Barrio Clínicas. La unidad obrera estudiantil fue una de las claves de la jornada y un signo de la época.
 
Lucha de calles

La dictadura intentó frenar el avance de las columnas y la represión provocó la muerte del joven obrero Máximo Mena que integraba la columna de la planta Santa Isabel de la firma IKA. La noticia corrió como reguero de pólvora y la ciudad fue ocupada por los obreros y estudiantes que derrotaron a la policía y ocuparon 150 manzanas alrededor del centro, que en una verdadera escena de batallas callejeras y guerra de guerrillas urbana se cubrieron de barricadas, comenzando a coordinarse entre sí para frenar la represión.

Para retomar el control, la dictadura debió apelar al Ejército que por la noche del 29 y la madrugada del 30 se enfrentó a nidos de francotiradores que cubrían el repliegue de los manifestantes.

El Gral. Elidoro Sánchez Lahoz, del III Cuerpo del Ejército, uno de los encargados de la represión del levantamiento, dejó una imagen patente de la situación de enfrentamiento: “Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las invasiones inglesas. La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas”.
 
Acción histórica independiente de las masas

El Cordobazo fue lo que los marxistas denominamos una acción histórica independiente de las masas. La clase obrera acaudilló a los estudiantes y el pueblo pobre, transformando el paro general en una huelga general, política que exigía el fin de la dictadura y, yendo más allá de la voluntad de los dirigentes sindicales, se transforma en una semi-insurrección.

El movimiento ocupó la ciudad y derrotó a las fuerzas policiales pero fue insuficiente para frenar al Ejército que obliga a la retirada hacia los barrios. Los obreros y estudiantes carecieron de armamento popular y de organizaciones capaces de plasmar la unidad combatiente en las calles. No contaron a su frente con un partido revolucionario de clase que fijara el objetivo de derrotar al Ejército y la dictadura.

El Cordobazo fue un golpe para Perón y la burocracia sindical vandorista que desmovilizaban a los trabajadores para negociar con el régimen proscriptivo. Marcó un salto en la conciencia de vastos sectores obreros y juveniles que indicaba el surgimiento de una vanguardia militante que se planteaba la superación de la dirección política de los trabajadores argentinos, el peronismo.

La consigna de los manifestantes cordobeses: “Luche, luche, luche, no deje de luchar por un gobierno obrero, obrero y popular” expresaba una declaración de objetivos propia. El Cordobazo abonó el terreno para el surgimiento del clasismo, de Agustín Tosco como figura y explica el auge de las guerrillas de Montoneros y ERP que hasta entonces eran marginales en la política nacional. Estas dos últimas fuerzas trabajaron contra la perspectiva de la insurrección construyendo sus ejércitos particulares que llevaban a cabo una guerra de aparatos ajena a las masas contra el Estado burgués. En el caso de Montoneros se suma su subordinación a Perón y la política de desviar el proceso mediante la conciliación de clase. Tosco por su parte se negó a luchar contra la política de desvío del peronismo y opuso al clasismo el sindicalismo de liberación que predicaba un frente común con una supuesta burguesía antiimperialista.

El Cordobazo abrió un proceso revolucionario cuyo principal protagonista fue la clase obrera y que obligó a los militares y la burguesía poner fin a la proscripción del peronismo para desviar ese ascenso (reflotando su discurso de armonía entre las clases) y debiendo apelar a las bandas de las Tres A y el terrorismo de estado para aniquilar a una generación que se planteó la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.


Claves:

-29 de julio de 1966. En la Noche de los Bastones Largos, los militares intervinieron las universidades a la fuerza y provocaron el exilio de científicos e intelectuales.

-El Cordobazo marcó el inicio de una serie de levantamientos, segundo Rosariazo, Tucumanazo, Mendosazo, Viborazo, que quebraron al régimen de la llamada Revolución Argentina.

-El Cordobazo permitió el surgimiento del clasismo del Sitrac-Sitram y de Agustin Tosco de Luz y Fuerza Cordoba como referente del sindicalismo de liberación.

 
 


{24 abril, 2014}   Imberbe ayer, gorila hoy

Este 1º de Mayo se cumplen 40 años de la expulsión de la Plaza de Mayo de la JP y los Montoneros por Juan Domingo Perón. Un símbolo del cisma entre el gobierno que formara las bandas fascistas de las Tres A, y la corriente que pretendía encabezar el proceso de liberación nacional y la “Patria Socialista” bajo la conducción de Perón.

Poco tiempo antes, el 22 de enero de 1974, Perón había recibido a una delegación de dirigentes y diputados de la JP, entre ellos Carlos Kunkel, autor intelectual de la Ley antipiquetes del kirchnerismo, a los que vapuleó, acusó de infiltrados e invitó a retirarse del peronismo por su oposición a una Reforma del Código Penal para reprimir a la guerrilla y a la lucha de clases. Los Montoneros denunciaban que la reforma creaba “varias figuras en blanco para que los jueces pudieran fallar sobre actos de guerrilla”. “Nosotros decíamos que eso era un peligro para el funcionamiento de las organizaciones políticas y sociales, y que cercenaban las libertades políticas y civiles” declaraba el ex diputado de la JP Santiago Díaz Ortíz. El 24 de enero los 8 diputados de la juventud renunciaron a sus bancas.
Tiempo después el nuevo código será usado contra los conflictos en Gatic y Matarazzo. Repitiendo la lógica, pero peor aún porque el piquete es parte del derecho de protesta, hoy la ley de Kunkel deja en manos de las autoridades judiciales la definición de manifestaciones legítimas e ilegítimas.

Ese 1º de mayo de 1974 Perón planeaba dirigirse a la multitud ratificando su apoyo a la burocracia sindical y el Pacto Social. Los Montoneros entraron a la Plaza al canto de “¡Qué pasa, qué pasa, qué pasa general, está lleno de gorilas el gobierno popular!”. Perón respondió defendiendo a los dirigentes “sabios y prudentes” de la burocracia sindical y acusó a la juventud de “imberbes y estúpidos” advirtiéndoles que llegaría la hora de hacer tronar el escarmiento contra los infiltrados. La respuesta fue el retiro espontáneo, contra la voluntad de los dirigentes de Montoneros, de las columnas juveniles que dejaron vacía más de la mitad de la Plaza.

El 1º de mayo de 1974 fue un golpe furibundo a la estrategia política de Montoneros. Perón no había retornado al país para encabezar el proceso de liberación nacional, sino para poner fin a la insurgencia obrera y popular iniciada con el Cordobazo. La JP y Montoneros habían sido funcionales a la política de Perón de evitar nuevas acciones independientes de masas mediante el guerrillerismo que separaba a la vanguardia de la lucha de clases real y predicaba la conciliación de clases bajo la idea de un frente nacional común de los obreros y la burguesía nacional, es decir, asumiendo la estrategia del nacionalismo burgués. El gobierno respondió a las expectativas de su juventud dándole poder a la ultraderecha e impulsando las bandas terroristas de la Triple A. Los Montoneros elaboraron entonces la “teoría del cerco”, según la cual Perón estaba rodeado de burócratas y había que hacerle sentir la voz del pueblo. El 1º de mayo esa teoría se derrumbó y quedó claro que agotada la función de Montoneros de contener a la juventud radicalizada, iba a imponer el orden con la derecha fascista y la burocracia sindical, que luego de la muerte del General, bajo el mando de Isabel y López Rega, se hizo del poder e intentó aplicar un plan de ajuste liberal (el Rodrigazo) contra la clase obrera.

40 años después son aquellos que se dicen hijos de la JP, los que intentan aplicar un ajuste y repiten gestos represivos típicos de la derecha peronista. Hoy como ayer sigue estando planteado conquistar la independencia política de los trabajadores.




El paro del 10A es un soplo de aire fresco para todos los militantes de la izquierda revolucionaria que consideran que la política marxista tiene como fundamento la lucha de clases. Para no extenderme demasiado ya que no es el objetivo del comentario, esto es así porque muestra la verdadera relación de fuerzas existentes entre las clases, es un golpe al gobierno en su giro ajustador, es una contratendencia al giro reaccionario de la superestructura política, pone de manifiesto el enorme poder social de la clase obrera, la potencia del frente unico y las posibilidades de la izquierda cuando inteviene con una linea de combate e independencia política de las direcciones burocraticas. Evidentemente, dentro del FIT hay dos políticas y sensibilidades diferenciadas. Por un lado, el PO que centra su actividad en una -desabrida por el momento- en la intervención parlamentaria y en los acuerdos superestructurales con la burocracia michelista(dicho sea de paso sojero y de centroizquierda), bajo la concepción de que el problema político de la clase obrera, la dirección peronista, solo se lo supera desde la agitación publica y en la superestructura política. Por otro lado el PTS, donde entendemos que hay que unir la agitación política y la lucha de clases generando militancia obrera y autoorganización de los trabajadores con el objetivo de recuperar sus organizaciones y conquistar su independencia política. Estas dos sensibilidades se manifestaron frente al paro: para el PO la burocracia estaba superada y no era necesario el frente unico obrero; para el PTS el frente unico obrero, del cual el Encuentro Sindical Combativo de Atlanta que el PO rechazó fue un paso adelante, constituyó el medio que permitio legitimar los piquetes obreros que enfrentaron la coacción estatal y patronal. Como bien tomaron nota la inmensa mayoría de los medios burgueses, el gobierno y la propia burocracia sindical peronista, los piquetes fueron una de las claves del paro. Se llevo adelante la linea del frente unico y de la intervención activa en la huelga que planteamos desde el PTS y el Encuentro de Atlanta, lo que resulto en una victoria política de la izquierda de conjunto y del FIT en particular. Dejando una gran lección: El terreno más fertíl de desarrollo de la izquierda revolucionaria esta en la participàción activa en la lucha de clases y la organización obrera y no tanto en el terreno de ser el ala izquierda de la opinión publica. La discusión es clave porque lo que esta en cuestión son las vías para la construcción de una dirección clasista que sea la superación del peronismo y las alternativas burguesas como dirección de la clase obrera, condición necesaria para la reorganización del movimiento obrero y la perspectiva de una revolución social en Argentina. Ciertamente la clase obrera hoy no es peronista en el sentido histórico y afectivo del termino. Me explico, vota al peronismo, tal o cual cual trabajador puede ser peronista, pero ya no funciona el “peronista somos todos” y “la vida por Perón” que identificaron a la clase obrera y el peronismo desde 1945. Sin embargo, la ideologia del peronismo, la conciliación de clases y la idea del progreso social dentro del sistema así como algunas ideas francamente reaccionarias, siguen siendo sentido común entre los trabajadores argentinos. Además los dirigentes peronistas son quienes dirigen los sindicatos, ahogando su vida interna, liquidando su independencia, por ende su poder, poniendolos al servicio de los políticos patronales (la CTA michelista es la versión centroizquierdista sojera de la misma logica dirigente de los Moyano y Barrionuevo). En este sentido, el resultado del paro general del 10A va a estar en disputa entre una burocracia reaccionaria y derechista, que quiere fortalecer al massismo y el peronismo de derecha, y la vanguardia obrera y la izquierda. Obviamente un paro general no pone en jaque la predominancia de la burocracia peronista y la ideologia de la conciliación de clases dentro de la clase obrera; para ello es necesario retomar el camino de las huelgas generales de masas y las insurrecciones sociales como en los ’70, cuando los trabajadores enfrentaron al regimen libertador y posteriormente el gobierno de Isabel. En 1975 luego de la huelga general que volteó el plan Rodrigo, la clase obrera fue contenida por una parte por la burocracia miguelista y por otra parte por la izquierda del peronismo y el guerrillerismo impidiendo que un partido de clase y organismos de doble poder se materializaran como expresión de su independencia política.Pero el paro del 10A permitio que una vanguardia independiente se proyectara como alternativa de acción y hace más permeable la conciencia de los trabajadores para la agitación política de los socialistas revolucionarios. Afortunadamente el FIT revalido sus pergaminos en los piquetes siguiendo la linea de la lucha de clases.



{6 abril, 2014}   linche y vuelven

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Antes que el Sargento Pepper, antes que Timothy Leary, antes que Ken Kesey y los Grateful Dead, vino Al “Cappy” Hubbard, mejor conocido como el Capitán Trip. Hablo de los días posteriores a la caza de brujas macartista, los años de Doris Day y la pesadilla con aire acondicionado, según la inmortal definición de Henry Miller, los tiempos en que las amas de casa de Hollywood y Beverly Hills descubrieron la depresión (“¿Se puede saber qué quieres, mujer?”; “no lo sé, cariño, creí que tú lo sabías, y que me lo ibas a dar”) y encontraron una inesperada cura para sus males gracias al Capitán Trip. La leyenda dice que Cary Grant puso de moda el LSD en Hollywood, pero el asunto empezó con su esposa, Betsy Drake. Supuestamente eran la pareja perfecta: ella había dejado la actuación para dedicarse al hogar, cocinaba como los dioses, incluso aprendió hipnosis para combatir el insomnio de Grant y ayudarlo a dejar los tres paquetes de cigarrillos que fumaba por día. Logró ambas cosas, pero no logró apartar al actor de su íntimo amigo Randolph Scott. Abrumada por el pacto de silencio y por el alcoholismo en que ahogaba sus penas, desembocó en el Beverly Hills Institute, donde oyó decir que ofrecían una terapia experimental que hacía milagros. El director y único profesional del instituto era el psiquiatra Oscar Janiger y su mentor y proveedor era Cappy Hubbard, el Capitán Trip.

Cappy tenía montada toda una operación en Canadá: en el Hospital New Westminster de Vancouver había logrado tasas de recuperación inéditas sometiendo a alcohólicos crónicos a viajes de LSD. Pero no estaba en Hollywood para eso: Janiger le había reunido un grupo selecto de voluntarios de alto coeficiente intelectual para experimentar las ampliaciones de la mente que prometía la sustancia (Cappy haría lo mismo en la Costa Este dos años después, así conoció a Timothy Leary, con las consecuencias universalmente conocidas). Entre los voluntarios californianos estaban Aldous Huxley y el estudioso del zen Alan Watts. Betsy logró colarse en el grupo. Cary Grant fue al Instituto fingiendo interés en el proyecto. En realidad quería asegurarse de lo que Betsy hablara en terapia: entró con el propósito de preservar sus secretos y salió convertido en apóstol. Porque en cuanto oyó hablar a Janiger, y éste hizo pasar a Cappy y lo sumó a la charla, Grant sintió que estaba en el lugar indicado. Esa misma tarde de 1958 hizo su primer viaje (haría cien más en los años siguientes), poco después la prensa hablaba de su segunda juventud (tenía 55 años en ese momento) y él declaraba a los cuatro vientos que se lo debía a aquella terapia experimental con LSD. Recuerden su famosa frase: “Todo el mundo quiere ser Cary Grant; hasta yo quiero ser Cary Grant”. Lo que Hollywood pensó cuando vio su asombroso cambio fue: lo que es bueno para Cary Grant tiene que ser bueno para mí también. Las oficinas de Janiger se llenaron de famosos, interesados en aquella terapia experimental. No iban a drogarse, no buscaban el trip; lo que les interesaba eran las consecuencias del trip: querían sentirse como Cary Grant.

Para que se entienda: el único fabricante de LSD en el mundo en ese entonces era el laboratorio suizo Sandoz. El químico Albert Hoffman había encontrado la sustancia por accidente y estaban todavía investigando los alcances de su efecto: entregaban gratuitamente la droga a investigadores que les dieran a cambio el resultado de sus trabajos de campo. Hubbard fue el primer norteamericano que volvió de Ginebra con un gramo de LSD (diez mil dosis), cortesía de Sandoz. Se fue a Canadá y no a su país porque allí había probado el ácido por primera vez, en el hospital para veteranos de guerra de Saskatchewan, donde lo estaban usando experimentalmente en víctimas de trastorno de guerra. Cappy era un hombre con contactos: durante la Ley Seca contrabandeaba alcohol de Vancouver a Seattle; cuando lo agarraron, se pasó al otro bando y comenzó a patrullar las mismas costas por las que antes contrabandeaba; por esas mismas costas volvió a contrabandear, esta vez llevando armas y haciendo el recorrido inverso, cuando Canadá entró en la Segunda Guerra y Estados Unidos le mandaba armamento bajo cuerda. Después de Pearl Harbor, Cappy se sumó al ejército de su país como oficial de inteligencia. Por esos contactos supo después de la guerra que estaban tratando a veteranos con una droga experimental, logró probar la sustancia en Saskatchewan, descubrió el santo grial y partió a Suiza a proveerse de más. Estuvo rápido de reflejos: poco después la CIA (que la estaba usando como “droga de la verdad” en su célebre experimento MK-Ultra) consiguió que Sandoz les informara el destino de cada partida de LSD que salía de los laboratorios.

Cappy entendió rápido que su idea del LSD y la de la CIA iban por caminos separados y se abrió. Convenció al director del New Westminster de Vancouver, que le permitió tratar casos de alcoholismo bajo su supervisión. Le acondicionaron una sala según su pedido: un sofá confortable, luces bajas y la mayor discreción. Los psiquiatras estaban a cargo, Cappy era el guía nomás, el chamán. Los resultados fueron tan asombrosos que hasta Bill Wilson, uno de los fundadores de Alcohólicos Anónimos, le dio su aval y un arzobispo de la iglesia canadiense redactó una plegaria para ser recitada por los fieles antes de cada viaje. Pero el objetivo de Cappy estaba del otro lado de la frontera: llegar hasta los líderes de la sociedad norteamericana, ofrecerles la experiencia del LSD y cambiar el curso del futuro. Así llegó a Hollywood con su valijita, y luego a Washington y a Nueva York, donde embarcó a Timothy Leary en su cruzada y se arrepintió el resto de su vida.

Entre los eméritos iniciados por Cappy en Washington estaba el dueño de Time Inc., el editor Henry Luce, que después de su viaje dijo que se lo había pasado hablando con Dios en una cancha de golf, y su señora, Claire Booth Luce, que dijo: “No se puede poner algo tan bueno al alcance de todo el mundo”. Lo decía con fundamento: no se registraban casos de malos viajes (los propios archivos de Sandoz, que por supuesto se pusieron a disposición del señor Luce y su señora, lo garantizaban) hasta que el LSD se empezó a vender por las calles como droga ilegal. El mal trip nació por la degradación del producto (las famosas “bañaderas de ácido”) sumado a la paranoia de hacer algo prohibido y a los rumores de que ya para entonces corrían por las calles sobre los tipos que se tiraban por la ventana en pleno trip, las únicas víctimas fatales del LSD durante su fase experimental: las que produjo la CIA con su proyecto MK-Ultra. Cuando el LSD se prohibió en 1966 no fue porque hacía mal, sino porque podía hacer demasiado bien. Pero Cappy Hubbard se pasó el resto de su vida culpando a Leary y a sus melenudos de echarlo todo a perder. Se recluyó en una isla frente a Vancouver, dedicado obsesivamente a su jardín, y nunca más salió. Le gustaba especialmente cortar el pasto en calzoncillos, bajo los efectos de un LSD de alta pureza que dicen que él mismo fabricaba para su uso personal, en un alambique en el sótano de su casa.



et cetera
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