La histórica causa patronal contra los convenios colectivos


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El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, ratificó frente a 500 empresarios el pedido de liquidar los convenios colectivos de trabajo realizado por Mauricio Macri. El recuerdo del Rodrigazo.

Los empresarios, reunidos en el complejo Golden Center de Parque Norte, durante la 22° Conferencia Industrial de la UIA, sintieron un estallido de éxtasis al escuchar la afirmación de Jorge Triaca: “El presidente Mauricio Macri fue muy claro, tenemos que dar debate sobre los convenios y esto no va en detrimento de los derechos adquiridos de los trabajadores ni mucho menos”.

Para el ministro “hay convenios firmados 40 años atrás. Reflejan otros procesos, no los actuales. Hay actividades y categorías que son vetustas, que no tienen ningún sentido, que no son reflejo de la realidad” dijo así, refiriéndose al impacto de la tecnología.

Anteriormente había sido Mauricio Macri quien diera la consigna de liquidar los CCT al afirmar que “no podemos salir al mundo, aceptar los desafíos del Siglo XXI con convenios laborales del Siglo XX y algunos de la primera parte de ese siglo. Tenemos que sentarnos en la mesa y discutir todos los convenios laborales de vuelta, para defender los trabajos y crear nuevos, con coraje”.

Los dichos del presidente y del titular de la cartera laboral buscan concitar el apoyo de las patronales, quienes históricamente han querido liquidar los convenios colectivos de trabajo, flexibilizar la relación laboral y por esa vía aumentar los niveles de explotación sobre la clase trabajadora. El gobierno y las patronales usan el argumento del avance de la tecnología como una amenaza contra los puestos de trabajo, para quebrar la resistencia del trabajador y poder disponer de él de la forma que quiera, sin que el trabajador pueda oponer a las pretensiones patronales derechos adquiridos por más de un siglo de luchas obreras.

La pretensión patronal de liquidar los convenios fue el programa de todas las dictaduras que hubo en Argentina desde 1955 en adelante. Incluso un poco antes, en 1952, fue el mismo Juan Domingo Perón quien intentó limitar sus alcances en el Congreso de la Productividad. Su fracaso en este terreno fue una de las causas que decidió a la burguesía por la Revolución Libertadora.

El ministro Triaca señaló los convenios de 40 años atrás, que expresan lo conquistado por la clase trabajadora durante el período de ascenso de la lucha de clases signado por el Cordobazo en mayo de 1969 y las jornadas de junio y julio de 1975, cuando una extraordinaria huelga general política puso fin al llamado Rodrigazo. En aquella ocasión, el gobierno de Isabel Perón y el jefe político de las Tres A, el Ministro de Bienestar Social José López Rega, llevaban adelante un brutal plan de ajuste contra el pueblo trabajador diseñado por su Ministro de Economía, Celestino Rodrigo.

En medio de una catástrofe económica internacional y con los mercados cerrados a las exportaciones argentinas debido al proteccionismo de las grandes potencias, el gobierno peronista se decidió a atacar a los trabajadores, negándose a homologar los convenios colectivos de trabajo.

La respuesta proletaria no se hizo esperar y en poco menos de un mes el país se encontró prácticamente paralizado, las grandes fábricas fueron ocupadas por sus trabajadores y las comisiones internas recuperadas de manos de la burocracia, organizando las Coordinadoras Interfabriles que alcanzaban la Capital, La Plata y Gran Buenos Aires y agrupaban a más de 120.000 trabajadores. En aquel entonces, esta situación y el estado de movilización y deliberación de la clase obrera obligó a la burocracia sindical que integraba las bandas de las Tres A a ponerse a la cabeza del movimiento, a riesgo de ser superada.

El 7 y 8 de julio de 1975, luego de un paro nacional previo del 28 de junio y de una movilización extraordinaria de las coordinadoras, que el 3 de julio cercó Buenos Aires, una extraordinaria huelga general puso fin al intento de ajuste y logró que se homologaran los convenios así como también impuso la expulsión del gobierno de Rodrigo y López Rega. Este fracaso del peronismo de llevar a cabo un ajuste contra el pueblo trabajador fue fundamental para que la burguesía nuevamente se decidiera por la salida de fuerza que resultó en el genocidio y el intento de los militares de avanzar nuevamente sobre los convenios colectivos de la clase obrera.

El ministro Triaca, que suele ir a misas de homenaje a genocidas y junto a genocidas, es hijo de otro ex ministro de Trabajo: Jorge Triacca padre. El mismo, además de haber negado la existencia de desaparecidos durante el Juicio a las Juntas, fue parte del gobierno menemista que llevó a cabo la mayor ofensiva sobre el movimiento obrero, retomando el núcleo del plan Rodrigo, imponiendo la flexibilización laboral y la división de la fuerza laboral entre efectivos, precarios y en negro. Bajo el gobierno de la Alianza, de la cual muchas de sus figuras participan del staff del gobierno de Cambiemos, se dio una nueva vuelta flexibilizadora con la famosa “ley Banelco” del entonces ministro Alberto Flamarique.

El argumento sobre la obsolescencia de los convenios cuenta con un importante hándicap: durante el kirchnerismo, la recuperación de derechos por parte de un sector de los trabajadores, se hizo manteniendo los cambios estructurales del período anterior, manteniendo como una de las columnas vertebrales de su modelo la precarización laboral.

La defensa de los convenios colectivos no es en detrimento de la generación de empleo sino una limitación a la sed de ganancia y la explotación de las patronales. La utilización de las nuevas tecnologías con que se pretende reducir la fuerza de trabajo, debería estar puesta en función de reducir la jornada para los trabajadores y repartir las horas disponibles entre el conjunto de la población laboriosa.