Otro negro jodido por un blanco (Juan Forn)


Joe Louis parecía una fuerza incontenible de la naturaleza, más que un boxeador. “No he visto máquina más extraordinaria de tirar y esquivar golpes”, dijo de él Ernest Hemingway. Pero su entrenador (Jack Blackburn, que literalmente moldeó a Louis como boxeador) dudó mucho antes de aceptarlo como pupilo. Joe era un dotado, aprendía sin esfuerzo todo lo que había para aprender en un ring, pero carecía de instinto asesino. No era un natural killer: hubo que construirlo. Y sus dos peleas con el alemán Max Schmeling fueron decisivas en esa construcción.

Louis venía en ascenso meteórico cuando le pusieron a Schmeling enfrente en 1936: veinticinco peleas ganadas al hilo, todas por nocaut. En cuanto al alemán, venía de ser campeón de Europa, luego campeón mundial, coronado en Nueva York en una pelea fea, que ganó por descalificación. La gente no lo quería cuando se coronó pero empezó a quererlo cuando perdió la corona en la revancha, en una pelea que le robaron después de dar una lección de hidalguía y box honesto ante un rival mañoso.

El buen Max había sido un personaje muy querido en los tiempos de Weimar: Marlene Dietrich y Von Sternberg, Grosz, Brecht y Heinrich Mann iban a sus peleas, en las páginas del libro de visitas del Roxy Bar de Berlín escribió: “Queridos artistas, el boxeo también es un arte”. Pero su porte y manera de boxear tenían mucho menos de arte que de disciplina prusiana, y precisamente esa estampa y esa dedicación encarnaban a la perfección el ideal de virilidad aria para los nazis, cuando subieron al poder, de manera que el nuevo régimen reformuló al buen Max como símbolo viviente de excelencia racial. Por eso la pelea Louis-Schmeling se promocionó como un doble enfrentamiento: entre la fuerza bruta negra y la pureza racial europea y entre la democracia americana y el fascismo nazi. Ni siquiera estaba en juego el título, pero la escucharon millones: era la pelea del siglo.

Para sorpresa de incluso sus propios seguidores, Schmeling ganó por demolición. Louis bajaba la mano izquierda una fracción de segundo cuando tiraba su fulminante derecha; Schmeling lo había estudiado al detalle y lo aprovechó toda la pelea. Louis deambulaba por el ring como un chico preguntándose de dónde venían esos jabs que lo atontaban y enceguecían cada vez que supuestamente debía estar golpeando él. Fue nocaut en el doce; pudo haber sido en el quinto o en el octavo. Lena Horne, cuando subió a cantar esa noche en una escenario de Harlem, lo resumió así: “Otro negro jodido por un blanco, ¿cuál es la novedad?” Los cines del sur norteamericano, donde estaba prohibido pasar peleas en que ganaran boxeadores negros, se cansaron de proyectar la victoria de Schmeling en cada pueblo.

Joe Louis entendió rápido la lección. Corrigió su punto débil, siguió su racha de triunfos, obtuvo el título, le dijeron que podía elegir al rival que quisiera, eligió volver a enfrentar a Schmeling. “No me reconoceré campeón hasta que termine esa pelea”, declaró con inesperada fiereza. Estábamos en 1938, para entonces: el Reich alemán ya anunciaba descaradamente al mundo sus planes. El entrenador Blackburn le quemó la cabeza a Joe pasándole filmaciones de propaganda nazi. De nada servía que el buen Max declarara a la prensa que él era un deportista y que no le hicieran preguntas de política: bajo cuerda se sabía que Hitler no había dejado viajar a Nueva York a la esposa de Schmeling, la actriz Hannah Ondra, que escuchó la pelea en casa de Goebbels, sentada junto a la radio frente al mariscal y la esposa, un enorme ramo de rosas enviado por el Führer y un equipo de filmación y fotógrafos registrando la escena.

La pelea duró nada más que 124 segundos. A Louis le sobró un round para liquidar a Schmeling. Ya lo había tumbado dos veces en menos de dos minutos cuando tiraron la toalla desde el rincón alemán. Pero como en el estado de Nueva York no corría esa regla, Louis debió voltearlo por tercera vez y recién ahí el réferi cortó la pelea. Había setenta mil personas en el Yankee Stadium: nunca se vio a tantos blancos abrazarse con negros. En esos dos minutos, Louis había tirado 41 golpes, de los cuales 31 hicieron blanco; Schmeling tiró sólo dos. Después de la pelea estuvo diez días en el hospital. En su autobiografía contó que, cuando se lo llevaban del estadio, veía por las ventanas de la ambulancia que las calles estaban llenas de gente tocando música y bailando, “como si todos los bares y night clubes de la ciudad hubieran expulsado al mismo tiempo a la calle a su audiencia, a su número vivo e incluso a los camareros”.

El triunfo de Louis no sirvió de mucho para detener a los nazis. Un año después había guerra. Joe se enroló en el ejército, y Schmeling también: después de su derrota había perdido los favores del régimen; lo enrolaron como paracaidista, a pesar de tener cuarenta y un años. Mientras del lado aliado Joe iba de campamento en campamento haciendo exhibiciones, Schmeling (según partes nazis) fue herido en las costillas “combatiendo bravíamente en el frente de Creta”. El inefable Curzio Malaparte, que ya se estaba pasando de bando en esa época, reveló que era una mentira de Goebbels para ocultar lo sucedido en realidad: Schmeling se había quebrado las costillas en su primer lanzamiento, no llegó a pisar siquiera el campo de batalla; lo encontraron y recogieron los camilleros, perdido entre las piedras de una ladera, después del combate.

El mismo Schmeling lo reconoció después de la guerra: “Si decía algo antes, me hubieran fusilado”. Con el mismo don para el trato social que le había servido para brillar en los tiempos de Weimar y en los primeros tiempos del Reich, el buen Max logró convertirse en uno de los pilares de la nueva Alemania en la posguerra. Se encargó de que los diarios recordaran al mundo que nunca se había afiliado al partido nazi, que tuvo la temeridad de rechazarle una daga de plata a Hitler y que, durante la Noche de los Cristales Rotos, salvó a dos niños judíos hijos de un amigo, escondiéndolos en su cuarto de hotel, y luego ayudándolos a salir del país (uno de ellos terminaría sus días como dueño del elefantiásico casino Sands de Las Vegas). En 1946 logró conseguir la franquicia de la CocaCola para toda Alemania. Moriría millonario a los noventa y nueve años.

Desde su mansión en Hamburgo asistió a la extraordinaria continuación de la carrera pugilística de su rival al otro lado del Atlántico. Hasta la fecha de su primer retiro en 1949, Joe Louis ganó 60 peleas, 51 de ellas por nocaut, hizo veinticinco defensas triunfales de su corona (un récord hasta el día de hoy) y sólo perdió una vez, con Schmeling, hasta que tuvo la mala idea de volver al ring en 1951 y sufrir el otro nocaut de su carrera, contra Rocky Marciano. De ahí en adelante fue todo barranca abajo para él: estafas, persecución del fisco (aunque en tiempos de guerra había donado al gobierno la bolsa completa de dos de sus defensas del título), drogas, alcohol, problemas de salud, triste final como portero en el Caesars de Las Vegas.

El mito dice que Schmeling y Joe Louis se mantuvieron amigos toda la vida. Es cierto que el alemán pagó las cuentas del hospital y del sepelio de su colega, pero hay quien dice que los pasaba después como gastos de promoción. Se ve que había aprendido de sus patrones de la Coca-Cola, que lo habían elegido como portavoz por encima del hombre que lo había vencido y que, ya retirado, no era el símbolo que querían que se identificara con su producto.

Nisman: homenaje en Palermo Chico para erigirlo mártir


En Plaza Alemania ubicada entre las avenidas Del Libertador y Casares entre las calles Cavia y Castex; en el coquetísimo barrio de Palermo Chico, se realizó el homenaje Velas por Nisman. Por su parte, el presidente Mauricio Macri recibió a las hijas de Alberto Nisman en su quinta Los Abrojos.

Los oradores del acto fueron el periodista Joaquín Morales Solá (que cimentó su carrera como hombre de la dictadura), el fiscal Ricardo Sáenz y el presidente de la DAIA, Ariel Cohen Sabban.

Entre los presentes se podía ver a la vicepresidenta Gabriela Michetti, a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y a la titular de la Oficina Anticorrupción Laura Alonso, así como el exdiputado peronista Miguel Ángel Toma, exjefe de la SIDE duhaldista, quien fue señalado como uno de los responsables del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

También estaban el ministro de Medio Ambiente y rabino Sergio Bergman, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo; el exvicepresidente Julio Cobos y Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. También hubo familiares de los muertos en la AMIA y se vio a los embajadores de EE. UU. y Francia. Todos acompañaron a la madre de Nisman, Sara Garfunkel (denunciada por lavado de dinero junto a su fallecido hijo).

Por otro lado, la antigua secretaria del fiscal Nisman, Soledad Castro, declaró ante la jueza Palmaghini que el exfiscal temía ser despedido por la procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó: “El tenía información de que Gils Carbó retomaba sus funciones el 12 de enero y que a partir de esa fecha aumentaban las chances de ser removido porque consideraba que esa decisión no iba a ser delegada en otro”.

En los discursos frente a un público que se movía a sus anchas en el barrio que acobija a una élite social de ricachones y perqueñoburgueses acomodados, se dejo claro explícitamente que Alberto Nisman había sido asesinado en el marco de su denuncia contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y contra el Memorándum de entendimiento con la república islámica de Irán.

El pase de la investigación a manos de la jueza Fabiana Palmaghini y la fuerte presencia de funcionarios del Gobierno nacional -algunos mentores de Nisman en sus denuncias contra la pasada administración kirchnerista- hablan a las claras de que para Cambiemos se trata de una cuestión de Estado restablecer la credibilidad de las acusaciones del fallecido titular de la Unidad AMIA.

Recordemos sucintamente que la muerte de Nisman dejó abiertas montones de especulaciones con respecto a lo sucedido (suicidio, suicidio inducido o asesinato) y sobre los responsables, que variaban entre agentes kirchneristas, venezolanos, agentes iraníes, la ex-SIDE o la CIA, de acuerdo a de qué lado de la disputa política y judicial burguesa se ubicaban. No olvidemos tampoco que la causa abrió una fenomenal crisis política y obligó al kirchnerismo, que hasta hacía poco sostenía al fiscal y su denuncia contra Irán, a desmarcarse fuertemente de él y denunciar sus argumentos como una operación política contra el kirchnerismo armada por Jaime Stiuso y su fracción de la ex-SIDE.

El 18 de febrero del 2015, a un mes del fallecimiento en una lujosa torre de Puerto Madero, una multitudinaria marcha de paraguas bajo una lluvia torrencial de verano ganó las calles de Buenos Aires en apoyo al “partido judicial”, que reclamaba erigir a Nisman como mártir de la república.

La crisis permitió que aflorara una verdad incómoda para las sacrosantas instituciones republicanas: que en los sótanos de la democracia se escondían las bandas de inteligencia de la dictadura, que en ellas se apoyaron todos los Gobiernos democráticos burgueses desde 1983 al presente y la colonización del poder judicial por la ex-SIDE.

El mismo Nisman era un hombre que reportaba a los servicios de inteligencia locales y a su jefe operativo Jaime Stiuso, a la CIA y al Mossad, quienes tejieron la acusación contra Irán que el kirchnerismo sostuvo a velas desplegadas hasta el acuerdo con Irán. Se reveló además la corrupción del fiscal, que financiaba su disipada y costosa vida privada con el manejo indiscriminado de fondos públicos y dudosos dineros de origen privado.

El acto en Plaza Alemania, con el apoyo explícito de la dirigencia israelí y de la embajada norteamericana, muestra el rumbo que la derecha empresarial en el poder quiere marcarle a la investigación. Volver a centrar las denuncias contra los iraníes, salpicar lo más que se pueda a un kirchnerismo alejado de la sombra del poder y en retroceso y quizás llevar adelante un juicio contra Irán con los acusados en ausencia.

Para ello es necesario limpiar el buen nombre del fiscal y poco importa que haya sido agente de la inteligencia imperialista o un corrupto, y para lograrlo nada mejor que hacerlo alejados de la chusma en un barrio de gente bien que sabe limpiar los trapitos sucios entre cuatro paredes.

Ricardo Ragendorfer: “La fuga fue comprada y la Bonaerense salió a marcar la cancha”


http://www.laizquierdadiario.com/Ricardo-Ragendorfer-La-fuga-fue-comprada-y-la-Bonaerense-salio-a-marcar-la-cancha

“Cronista de criminales”, como se autodefine, el periodista Ricardo Ragendorfer nos concedió una extensa entrevista. En esta primera parte el autor de La Bonaerense y de La secta del gatillo fácil nos da sus hipótesis sobre la fuga de Víctor Schillaci y los hermanos Martín y Cristian Lanatta. Una cruda radiografía de las mafias y su relación con el gran delito que atraviesa, además, a todas las fuerzas políticas patronales. En la edición del sábado publicaremos la segunda parte donde Ragendorfer se refiere al traspaso de sectores de la Policía Federal a la Ciudad de Buenos Aires.
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En otra entrevista dijiste que la responsabilidad en todo este escándalo es del autogobierno policial. ¿A qué te referís específicamente?

– En el aspecto inmediato, a raíz de la fuga se tejen un montón de hipótesis y los investigadores dicen que no descartan ninguna. Cuando dicen eso es porque en realidad no tienen ni idea. Lo primero que se dijo es que fue un pago por los favores prestados; después que fue un intento del Servicio Penitenciario Bonaerense de marcarle la cancha a María Eugenia Vidal; y también que se trató del largo brazo del narcotráfico. Todas estas son hipótesis que, en algún punto, no cierran.

Respecto a la hipótesis que habla de un pago por los favores. ¿Quién le pagó a quién? Dicen por un lado que es una interna del PJ y por el otro que beneficia al macrismo. Es ilógico que el sector del PJ que los llevó al programa de Jorge Lanata, al igual que la actual gobernadora que se benefició electoralmente de dicho programa, los largue 17 días después. Que el Servicio Penitenciario quiera marcarle la cancha a Vidal, cuando ni siquiera nombró reemplazante de la anterior directora del Servicio Penitenciario, significa que la cancha ya estaba marcada. Lo del largo brazo del narcotráfico es poco creíble porque Schillaci y los hermanos Lanatta eran tres sicarios contratados, que se dedicaban a otros delitos, a la venta trucha de armas, a algún negocio de droga pero que no forman parte de ninguna banda del narcotráfico. Creo que eso se usa para tapar cualquier cosa y además con una idea mal configurada de lo que es el narcotráfico en Argentina.

A mí me da la impresión de que pudo haber sido que los Lanatta y Schillaci compraron su fuga. Se dice que le pagaron una guita importante por el reportaje de Periodismo para Todos, se habla de 300 mil dólares. ¿Y qué hace un condenado con eso, invierte en residencias? No. Se compra la fuga y la hacen en verano, porque en verano empieza el operativo Sol y la Policía anda fuera del conurbano. La fuga tiene cosas inverosímiles, fue hecha con una pistola de juguete y un coche que había que empujarlo para arrancar. Lo cierto es que siendo condenados de una causa muy política, ha armado un gran quilombo que repercute en la corporación policial y que a partir de entonces sí sale a marcar la cancha.

Además el macrismo es incompetente. Anuncian una inminente purga en la fuerza, algo que es de manual que no se hace así. Las purgas se hacen para evitar las maniobras defensistas de los exonerados.

¿Qué buscaban Vidal y Ritondo?

– Ritondo es un incompetente y muy limitado. El PRO, Vidal, Ritondo son gente que se manejan con el marketing político, con los focus group y con asesores de imagen. Pero esto es la vida real. No se trata de disciplinar una tropa como si fuera el personal del Teatro Colón. Es una fuerza armada, que es un Estado dentro del Estado. Esta gente ni siquiera suponía que iba a ganar las elecciones, no pensaron en eso, piensan en cómo echar gente y se olvidan de estas cosas. Haciendo un chiste, podemos decir que la vanguardia de la prometida resistencia contra Macri, es la Bonaerense.

¿Quién es el “faraón” Menlick? ¿Cuáles son sus vínculos con el peronismo?

Es un hampón de suburbio que reduce cosas, que mueve droga en pequeñas cantidades, financia achacos y ese tipo de delitos. Conozco decenas de estos tipos, laburan con los punteros. Ritondo mismo tiene gente así en la hinchada de Nueva Chicago. Esta relación entre policías, criminales, caudillos y punteros viene de década infame, de la época de Ruggierito y Barceló [1].

Ritondo fue señalado como mandante de la patota que enfrentó a los ocupantes del Parque Indoamericano. ¿Qué papel específico jugó?

– Ritondo no encabezaba la patota del Sutecba, pero todos los barrabravas que actuaron allí responden a él y también a otros punteros. Son gente muy lumpen que de lunes a viernes están con uno y sábado y domingo con otro.

Al frente de la Bonaerense fue nombrado Pablo Bressi, sindicado por tener vínculos con la DEA (la agencia norteamericana para el control de drogas)

– Bressi no es un hombre de la DEA, sino que es aceptado por la DEA. Hay que entender que la DEA trata de controlar todas las jefaturas policiales de la región. Todos los canas que se dedican al narcotráfico responden a la DEA porque ellos le responden con sobres bajo la mesa. Bressi es el negociador de la masacre de Ramallo y tuvo un rol en el desenlace que no fue menor.

¿Qué papel jugó en esa masacre?

– El robo al Banco Nación de Ramallo fue mandado a hacer por la Policía. Ellos mandaron a los chorros al banco. Recordemos que sucedió en 1999, cuando gana Carlos Ruckauf las elecciones prometiendo “meter bala”. Ruckauf le pide a Eduardo Duhalde que lo saque a León Arslanian y nombre a un juez de Zárate, el doctor Lorenzo, un hombre metido en los negocios sucios de la Policía. Lorenzo asume y nombra como su segundo al doctor Lufrano, un saca presos que fue abogado del “Gordo” Valor. Ellos reúnen a la cúpula y le dicen que por tres meses no podía haber nada de asaltos a bancos. A las pocas semanas lo hacen renunciar a Lufrano porque saltó a la luz que fue abogado de Valor y no daba con el target que Ruckauf buscaba. No había ni un asalto, hasta que luego de la renuncia empezaron a haberlos. Uno de ellos fue el de Ramallo.

Los chorros enviados por la policía entran al banco antes del horario y agarran a cada empleado para reducirlo, esperando al tesorero. Pero se equivocan y en vez de meter al tesorero meten a otro tipo que lo esperaba un amigo enfrente que ve lo que sucede y da aviso a la Policía. Entonces la Policía debe intervenir en el asalto, un asalto cuyos chorros habían sido enviados por la misma Policía. Bressi fue el encargado de la negociación oficial, pero había otra negociación que se llevaba a cabo paralelamente. En esta última deciden que nadie debía salir vivo de allí, esa es la historia. Bressi dio la orden. Ramallo fue políticamente la tumba de las aspiraciones de Duhalde.

¿Los fugados del penal de Alvear corren peligro ahora?

– Los prófugos muertos generarían una gran crisis que no le conviene a nadie. Les conviene que se entreguen. Hay tres posibilidades: entregarse, que los maten o que los maten al entregarse. También es posible que jamás aparezcan

Ritondo había anunciado que los tenían acorralados. ¿Por qué “se fue de boca”?

– Ritondo salió a boquear porque se lo dijeron y compró el pescado podrido. Ritondo no es uno de ellos, no es parte de la fuerza. La Policía no tiene pruritos ideológicos y no se bancan a Ritondo. La Policía es recaudadora y responde a una línea. Evidentemente la Bonaerense está tensa y su animosidad corporativa está en peligro. Es una mafia que se quiere enfrentar a Ritondo. Para mí la Federal es más prusiana y la Bonaerense es una ironía de las mafias italianas.

¿Cuáles son las vinculaciones de Aníbal Fernández con las mafias policiales y el narcotráfico?

– Cuando Fernández era ministro de Interior impulsó la reforma del código aduanero que tapó el bache para el negocio de la efedrina. Yo no creo que tenga vínculos. Pero como intendente, concejal y puntero de Quilmes tiene contactos, como todo político con el submundo. Que conozca a las runflas del barrio no lo convierte en Al Capone. De hecho, muchos de ellos les sirven para tareas políticas o para recaudar, pero eso es parte de la política, salvo que decidas hacer política en Villa la Angostura.

Vos también decís que la definición del narcotráfico en Argentina está hecha sobre una idea falsa. ¿A qué te referís?

– Porque hablamos del narcotráfico como si existieran organizaciones como el Cartel de Cali o Medellín que inundan con sus productos el mercado norteamericano y europeo. Acá no es así, esto no es un país productor y a nivel internacional es un país de tránsito. Lo que hay acá, como en Rosario, son pequeñas pero crecientes organizaciones abocadas al menudeo que tienen un volumen de venta y de ingreso incomparable a la guita que mueve el Chapo Guzmán. Tienen cierto dominio territorial pero nada más que eso. Lo que sí pasó en los últimos tiempos es que esas organizaciones han crecido exponencialmente y dejaron de tener un rol de subordinación con la Policía para pasar a conversar de igual a igual. Antes tenían que pagar para existir, antes la Policía gerenciaba esas organizaciones. Ahora a veces los policías terminan siendo sus empleados como sucede en Santa Fe o en Córdoba. Lo que sí es cierto es que Argentina es un santuario para el lavado de dinero. Y eso son los amigos banqueros de Macri.

Entrevistaron: Facundo Aguirre, Alejandrina Barry y Tomás Máscolo

[1] Juan Nicolás Ruggiero, alias “Ruggierito” fue el guardaespaldas y hombre de confianza del caudillo conservador de Avellaneda, Alberto Barceló.

París: imperialismo y oscurantismo ¿la guerra civil en Francia?


leyendo para aclarar la mente con respecto al escenario mundial después de los atentados en parís y reconociéndome como un aficionado en el analisís político internacional quisiera tirar algunas ideas sueltas.
Isis es un producto directo de la intervención imperialista en afganistan e irak, desprendimiento de al quaeda creado por la cia para combatir a la urss en afganistan. isis es financiado por arabia saudita y emiratos de la península multimillonarios para combatir a irán y utilizado por eeuu que los bombardea quirurgícamente pero los deja hacer contra Rusia e irán. es responsabilidad de la política imperialista en siria.
isis es el producto más genuino de la contrarrevolución que el imperialismo llevo a cabo para derrotar la primavera árabe.
isis es un peligro oscurantista para las masas oprimidas del mundo más que una política para derrotar al imperialismo a quien lo une su papel de fuerza contrarrevolucionaria.
el problema del imperialismo francés es que isis es un polo de atracción para una porción de los 5 millones de árabes que viven en su territorio y son tratados por el estado de derecho galo como basura. Esta es la base material e ideologica del crecimiento del isis.
el ataque en parís que no fue detectado por su inteligencia muestra que el isis tiene una extendida red europea y suponemos francesa capaz de devolver los golpes a la retaliación imperialista dentro del suelo de la nación europea. Me pregunto si seria exagerado hablar de una guerra civil en Francia que divida a los trabajadores y el pueblo pobre sobre bases religiosas y raciales.
Una política de guerra civil es la declaración del estado de excepción por el palacio del elíseo que liquida los derechos democráticos y da rienda suelta a las fuerzas represivas del Estado contra la población civil.
La izquierda revolucionaria tiene que resistir planteando la unidad de la clase obrera internacional y los pueblos oprimidos contra el imperialismo y combatir al oscurantismo reaccionario del isis con la organización socialista de los trabajadores y la juventud.

París sangra


París sangra y el mundo señala su dedo acusador sobre la barbarie del ISIS. Cierto. Su barbarie es una demostración del peligro oscurantista que representan. Pero escarbando uno ve que la mano que lo armo, lo forjo y a pesar de que dice combatirlo, lo sustenta por sus intereses geo-políticos, es la del imperialismo.
París sangra y el mundo lo siente como un golpe propio. Comprensible. El horror de los crímenes terroristas se vuelve intolerable. Pero llama la atención como el horror de los crímenes imperialistas se naturalizan. Como Beirut, Siria, Irak, Palestina, no duelen. Como la vida de un niño refugiado vale menos que la de las victimas parisinas.
París sangra y Hollande promete que Francia sera implacable. Pero olvida decir como fue de implacable financiando la contrarrevolución en Medio Oriente. Y los árabes y africanos que habitan los suburbios de la sangrante París y de cada una de las ciudades y pueblos de Francia ya sienten la furia racista y revanchista de un Estado imperialista que ha sido golpeado.
París arde como arden las ciudades del Levante.
Solo la derrota del imperialismo puede cerrar su herida.

Atilio Boron y el closet de los argumentos estalinistas (Facundo Aguirre-Hernan Aragon)


Atilio Boron vuelve a hacer campaña por Daniel Scioli, militando contra la izquierda y el voto en blanco.

En un articulo anterior criticábamos su postura de llamar a votar al “mal menor”. En esta ocasión Atilio Borón sostiene que votar en blanco es “votar al imperialismo”.

Recurriendo a un viejo método estalinista, ahora resulta que los trotskistas pasamos de no comprender las diferencias entre ambos candidatos a ser agentes del enemigo. No es de extrañar. Borón es un hombre vinculado al Partido Comunista Argentino, partido que tiene en su haber el apoyo a la dictadura del genocida Videla como “mal menor” frente al peligro “pinochetista”.

Para el politicologo, el voto a Daniel Scioli es “desafortunadamente, el único instrumento con el que contamos para impedir un resultado que sería catastrófico para nuestro país, para las perspectivas de la izquierda en la Argentina y para la continuidad de las luchas antiimperialistas en América Latina”.

Borón nos trata de convencer de un supuesto proceso antiimperialista en curso en América Latina y, en esa construcción artificial, donde los capitanes de este proceso son Dilma Russeff, Rafael Correa entre otros, Scioli entraría como el candidato que vendría a liderar la lucha contra el candidato directo de la Embajada Norteamericana.

Un argumento curioso que lleva a Boron a recrear la antinomia “Braden o Perón”, modelo 2015. Pero a diferencia del gorilismo comunista del 45, ahora el llamado es a alistarse en el bando “del conservadorismo popular de viejo arraigo en la Argentina”, como define al Sciolismo.

Boron no solo toma del PC su método sino también su concepción política. A lo largo de su historia el PCA siempre optó por un campo burgués contra otro. Así en el 45 se alineó con Braden y en el 55 con los Comandos Libertadores contra Perón. En 1973, dejando atrás su antiguo gorilismo, el PC llamó a votar a la fórmula Perón-Perón (que gobernó con las bandas fascistas de las Tres A), como expresión del “proceso antiimperialista”. Estamos tentados a jugar con las semejanzas. Scioli hace eje en un Pacto Social cuyo contenido es un ajuste consensuado y sostenido por un fuerte brazo represivo, para lo cual alistó al carapintada Sergio Berni, el manodurista menemista y dueño de “El Mangrullo”, Alejandro Granados y Mario Casal.

Para justificar su opción, Borón acusa al FIT de no ver diferencias entre Scioli y Macri. Este es otro burdo argumento extraído de un manual de falsificaciones editado por la extinta Editorial Anteo del PCA.

Los socialistas no usamos las diferencias que existen entre los distintos partidos burgueses para establecer alianzas que liquiden la política independiente de los trabajadores y la izquierda. Por el contrario, las tenemos en cuenta para establecer el contenido de la denuncia especifica de cada fracción y buscar el diálogo con su base obrera y popular. Nos sirve para definir una táctica de unidad de acción en caso de que recurra a la movilización de las masas con el fin de enfrentar a la reacción o al imperialismo. Nada de eso sucede en este balotaje, donde las diferencias son insustanciales y lo que prima es el acuerdo burgués en torno al ajuste y la represión y si algo se discute, es como llevar a cabo la exigencia de los capitalistas de descargar la crisis sobre los trabajadores y el pueblo pobre.

Boron tiene que seguir falseando y decir que es obvio que Scioli no podrá gobernar sin atender los reclamos de la base social que lo votó. Se puede tomar el mismo caso que cita Boron, el de Alfonsín que no era lo mismo que Italo Luder, pero al igual que el antiguo candidato del PJ, traicionó sus promesas electorales y se dedicó a rescatar a las FFAA y otorgarle un manto de impunidad a los genocidas. Lo mismo sucedió con la Alianza que continuó con las políticas del menemismo y todo indica que Daniel Scioli se situará claramente a la derecha de un kirchnerismo ya de por sí bastante derechizado, como el mismo autor reconoce en sus balances.

La izquierda advierte esta trampa y por eso es catalogada de “sectaria y abstencionista”. Seguramente es mucho más redituable ser un izquierdista “amplio y heterogéneo” como propone Boron, para poder colaborar directamente con la burguesía y sus instituciones como siempre predico el Partido Comunista. No olvidemos que Borón supo acompañar durante algún tiempo a Oscar Shuberoff como vice rector de la UBA en tiempos de dominio y corruptela universitaria de la UCR y Franja Morada.

Para continuar con el desarrollo de su posición, Borón tiene que insistir con la amalgama y la falsificación. Pero en este caso, se trata de una falsificación más que risueña.

Primero nos dice que no denunciamos ni nombramos al imperialismo, cuando fue el FIT la única fuerza que denunció la entrega de Vaca Muerta a Chevron, la colaboración de las FFAA argentinas en la ocupación imperialista de Haíti y la intención del candidato del FpV de pagarle a los fondos buitres, tal como sostuviera su vocero Uturbey.

Después Borón nos dice que con Macri se viene el ajuste y la represión salvaje y que “los incidentes del Borda o el violento desalojo del Parque Indoamericano son botones de muestra de ello”. No podemos más que estar de acuerdo con esta afirmación. ¿Y con Scioli?

Borón nos responde: “es muy probable que Scioli seguirá con la política kirchnerista de no reprimir la protesta social”. ¡Pero el mismo candidato del FpV le cierra la boca cuando afirma que se ocupará de poner “orden en las calles” para “no joderle más la vida a la gente”! Scioli ha dedicado un spot entero de su campaña a asegurar que él tiene la misma agenda que Sergio Massa en materia de seguridad.

Borón ya desbarranco lo suficiente, pero así y todo no puede parar. Ahora acusa al votoblanquismo de pasivo, y pone el ejemplo de los radicales de inicios del siglo XX que se levantaban en armas contra el régimen oligárquico que, entre otras cosas, le impedía a la UCR presentarse a elecciones. “La consigna del voto en blanco es estéril, porque no va acompañada por alguna acción de masas de repudio a la trampa de Macri-Scioli: no hay convocatoria a ocupar fábricas, a cortar rutas, invadir campos, organizar acampes, bloquear puertos o algo por el estilo”, nos dice.

El académico está encendidísimo, y revuelve los placares estalinistas para vestirse con todo argumento que encuentra: “Posa de ultraizquierdista y así podrás justificar tu política derechista”.

¿Qué más le podemos decir? Si es ridículo “levantarse en armas” contra un balotaje, más ridículo aún es pensar que se puede enfrentar el ajuste y a la derecha con la papeleta electoral de “Scioli presidente”.

El FIT, que es un agrupamiento ni ultraizquierdista ni sectario, está haciendo una campaña pública explicando porque votar en blanco es la única forma de enfrentar a la derecha. Cientos de intelectuales y artistas se han pronunciado por ella.

Nicolás del Caño, hizo las peticiones correspondientes para que la “tercera posición” del voto en blanco pueda tener el derecho de expresarse en los espacios propios de una campaña electoral como tiene Scioli y Macri. Cualquier demócrata o “marxista” como asimismo se titula Boron, debería apoyar una demanda democrática tan elemental.

Añoranzas de Codovilla

En su nota Atilio Boron acusa a los trotskistas de profesar “un profundo rechazo hacia las “revoluciones realmente existentes”.

“Nunca aceptó a la Revolución Cubana y experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana han sido permanente objeto de sus enojosas diatribas, solo comparables a las que disparan los agentes de la derecha. Cultivan la malsana ficción de una revolución que sólo existe en su imaginación; una revolución tan clara y límpida, y ausente de toda contradicción, que más que un tumultuoso proceso histórico se parece a un teorema de la trigonometría. Por eso son implacables críticos de la Revolución Rusa, la China, la Vietnamita, la sandinista, aparte de las arriba mencionadas”.

Los trotskistas, a diferencia de los estalinistas argentinos, militamos desde el primer día en defensa de la Revolución Cubana. Simple y sencillamente discutimos su dirección, enfrentamos la burocratización y la subordinación del castrismo con la política del Kremlin, que entre otras cosas llevo al régimen cubano a silenciar sus criticas contra la dictadura genocida en Argentina. En la actualidad denunciamos el carácter restauracionista de la política de la burocracia castrista. Nosotros defendemos la revolución, Borón al castrismo. Por otra parte, el chavismo, Evo Morales y la revolución ciudadana de Correa los caracterizamos por su política de clase, sin engaños, como gobiernos de tipo nacionalista burgués que han reorganizado el Estado capitalista en sus países impidiendo revoluciones sociales que expresen el poder de la clase obrera y el pueblo pobre.

Pero fundamentalmente el trotskismo se caracteriza por ser un implacable crítico de las dictaduras burocráticas estalinistas que hundieron y enlodaron las grandes revoluciones del siglo XX y la causa del socialismo internacional. Los trotskistas nos opusimos, y pagamos con nuestras vidas dicha oposición, al estalinismo, los gulags y el estrangulamiento de la revolución mundial en nombre de la colaboración con la burguesía.

Es precisamente eso lo que molesta profundamente a Borón y al Partido Comunista. Lejanos los tiempos en que la critica trotskista podía ser acallada con los métodos de don Vitorio Codovilla, el académico izquierdista defensor del carácter progresista del menemista Scioli apela a los métodos literarios de sus predecesores.