Ricardo Ragendorfer: “Lo que me atraía de esta historia era el tema de la traición”


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Facundo Aguirre y Tom Mascolo

Los Doblados, editado por Sudamericana-Planeta, trata de la infiltración del Batallón 601 en la izquierda en general y las organizaciones guerrilleras en los ’70.

Fotos: Martín Alberto Cossarini / Enfoque Rojo

El periodista enciende un cigarrillo tras otro mientras relata buscando la palabra precisa, la fascinante trama, los móviles y los entretelones que lo llevaron a publicar su último libro. Antes de comenzar Ragendorfer nos cuenta que el libro ha tenido un enorme éxito de ventas como efecto no buscado. Toma como un eje el ataque al Regimiento de Infantería del Monte 29 en Formosa, se ha transformado en una especie de libro anti-Ceferino Reato, que gusta ser interprete de los intereses de la derecha peronista y militar en el relato de los años setenta.

Puesto a describir el tema de la traición, Ragendorfer recuerda que Marx sostenía que “la historia de la traición atraviesa la historia de la humanidad como un fantasma apenas disimulado”.

A la altura de sus antecedentes como periodista y escritor, Ragendorfer nos ofrece en Los Doblados, al ritmo de un policial negro espeluznante, una trama imprescindible para conocer la infiltración de la inteligencia militar y los mecanismos represivos del terrorismo de Estado.

Los doblados trata el tema de la infiltración a las organizaciones guerrilleras y de izquierda y la traición. ¿Cómo fue concebido el libro?

La idea surgió específicamente a raíz de una serie de entrevistas que tuve con un represor del Batallón 601, el mayor Carlos Antonio Es panadero, que ahora está condenado a 15 años de prisión por delitos de lesa humanidad. Este personaje me interesaba por la historia del Oso Rainer. A raíz de la entrevista publiqué un artículo sobre esta historia en la revista Caras y Caretas, lo que de algún modo fue el germen del libro. Comencé a investigar en profundidad esta historia y también sentí la necesidad de perfeccionar el conocimiento que yo tenía sobre el ejercicio y las estructuras que tuvo el terrorismo de estado en nuestro país.

Lo que me atraía de esta historia era el tema de la traición, un tema no muy explorado por la profusa bibliografía que hay sobre la dictadura. Me interesaba fundamentalmente porque de algún modo como diría Marx “la historia de la traición atraviesa la historia de la humanidad como un fantasma apenas disimulado”, en ese sentido es una figura universal y que por otra parte marca uno de los aspectos más oscuros de la condición humana.

El libro se centra fundamentalmente en un espacio temporal preciso, desde octubre de 1975 cuando los Montoneros copan el cuartel de Formosa, hasta el copamiento de Monte Chingolo por el ERP. ¿Por qué elegiste ese momento preciso de la historia?

La hipótesis es que fue a partir de la firma de los decretos de aniquilamiento en octubre de 1975 cuando los militares tomaron el control operacional del país, fue a partir de ese momento cuando el poder real pasó de la Casa Rosada al edificio Libertador. Yo pienso que justamente en ese momento empezó el Golpe de Estado, y lo del 24 de marzo fue apenas una mudanza. Esta hipótesis también me lanzó a desmenuzar la parte fáctica del asunto y marcar la diferencia con lo que sostienen algunos autores sobre que el ataque de Montoneros a Formosa fue lo que decidió hacer el golpe, en una versión tipo Billiken de la historia. Pude encontrar testimonios y documentos que demostraban que los decretos que se firmaron a raíz de lo de Formosa estaban redactados desde antes, o sea todo indica que esos decretos fueron redactados con el propósito de oficial izarse ni bien la guerrilla cometiera un hecho de envergadura y resultó que ese hecho fue Formosa.

Vos describís la estructura de mando del 601. ¿Quiénes la integraban y que papel cumplían?

Carlos Alberto Martínez era el jefe de la Jefatura 2 de la inteligencia, era la inteligencia del Estado Mayor y el Batallón 601 era el órgano operativo. En ese sentido, Carlos Alberto Martínez era un tipo muy importante que recién fue descubierto por la justicia hace poco años, poco tiempo antes de morir, y fue uno de los arquitectos del golpe de estado. Era un tipo que había sido entrenado en la Escuela de las Américas, con relaciones con el ejército y la inteligencia norteamericana, que logró sobrevivir a varios comandantes en jefe sin que eso escaldara su carrera. Martínez desayunaba con Videla todas las mañanas en la cuales les resumía las novedades en el marco de la inteligencia.
El Coronel José Osvaldo Ribeiro era el Segundo Jefe del Batallón 601, sobre él estaba el Coronel Valín. Balita (tal era el apodo de Ribeiro) fue uno de los propulsores del Plan Cóndor a nivel continental. Ribeiro participó en el secuestro y los interrogatorios en Paraguay, de uno de los hermanos de Santucho y de Fuentes Alarcón, alias el Trosko, que era un alto dirigente del MIR que habían sido capturados en las afueras de Asunción, el último de ellos fue llevado a Chile para ser interrogado y el otro Santucho, no se supo más del él.
El mayor Carlos Antonio Españadero, alias Peirano, pese a su baja jerarquía, era una especie de cerebro en la sombras, el oficial pensante del Batallón 601. Estaba a cargo de la Sala de Situación, pero en realidad era el estratega de lo que al Batallón 601 le competía en el ejercicio del terrorismo de Estado en Argentina, y sus evaluaciones y recomendaciones eran muy influyentes en relación a los pasos a seguir. Por otra parte, el tipo tenía a su cargo una red de soplones e infiltrados en diferentes organizaciones políticas armadas o no, que el mismo había reclutado y entrenado.

¿El asesinato del General Prats, donde colabora Ribeiro, es la primera acción del Plan Cóndor en Argentina?

El asesinato de Prats y su mujer sucede en 1974. En realidad fue una operación efectuada por la DINA con el visto bueno tanto del batallón 601 como de la policía que liberó la zona. Pero digamos que fue un operativo chileno que contó con el apoyo solidario de los represores argentinos. Yo no lo describiría taxativamente como un antecedente oficial del Plan Cóndor, más que en la medida de que actuó una fuerza de un país limítrofe con el visto bueno de fuerzas locales. Yo estoy inclinado a creer que el primer operativo del plan Cóndor en Argentina fue el secuestro de Jean Claude Fernández, militante del MIR chileno, el primer acto del Plan Cóndor. En ambos hechos, en el de Prats y Claudet, hay un denominador común que es Enrique Arancibia Clavel, el agente de la DINA que era enlace entre la dictadura pinochetista y el Batallón 601.

¿Cuál es la responsabilidad del gobierno de Isabel Perón en los hechos narrados?

Es difícil determinar con exactitud cuál era su grado de responsabilidad. De hecho era un gobierno que hacía uso de ciertas formas primarias del terrorismo de Estado. Digo primarias, porque es constatable que en la instancia previa a un golpe militar o en la instancia previa a la represión militar es usual la profusión de grupos parapoliciales, como la Triple A o Comando Libertadores de América. En se sentido haciendo una analogía roquera, podemos decir que la Triple A fueron teloneros del terrorismo de estado.

Y hay relación concreta entre la Triple A y el Batallón 601

Había determinados cuadros del Batallón 601 que tenían relación o participación en la Triple A, pero la Triple A era una especie de copyright. Se juntaban 4 fachos, mataban a alguien, firmaba la Triple A y estaba permitido. Pero digamos que la Triple A tenía más bien una pata policial con Villar, Margaride, Almirón Sena y el comisario Morales. Había una pata militar y una pata de la ultraderecha peronista. La Triple A era una cosa bastante lumpen y los métodos eras distintos a los de los militares.

La llave del terror para la Triple A era secuestrar gente y acribillarlos de 100 balazos puesto que el resorte escénico del terror que querían inyectar estaban depositados en la exhibición de la víctima, en cambio la estética del terrorismo de Estado que vino después estaba situado en la desaparición de la víctima.

La figura del Oso Rainer juega un papel central en tu libro. Resulto una de las piezas fundamentales de Españadero

El Oso Rainer era un tipo que se movía en la zona sur del Gran Buenos Aires y merodeaba las Fuerzas Armadas Peronistas, pero mantenía también muchos contactos con la ultraderecha sindical. El tipo era un lumpen. En tres ellos el general Miguel Ángel Iñiguez, que era un conspirador de opereta. Cuando Rainer le cuenta a Iñiguez que su grupo de la disuelta FAP de 17 de Octubre va a ingresar al ERP, Iñiguez le dice que quizás no es mala idea que ingrese al ERP a condición que le permita presentarle una persona, Españadero quien lo reclutara en su escuadrón de soplones. Ahí Rainer se suma por dinero.
El Oso era un tipo harto limitado, pero entrenado en ver, oír y contar. En el ERP estaba destinado al área de logística como chofer y eso le permitía tener acceso a mucha información sobre lugares y escuchar conversaciones, que luego informaba a Españadero que lo utilizaba para orientar a los grupos de tareas del Batallón. A pesar de sus limitaciones el Oso Rainer fue funesto, a él se le atribuyen casi cien caídas de militantes del ERP.

Según narras, el ex presidente Eduardo Duhalde tuvo posibilidad de conocer el objetivo del ERP en el cuartel de Chingolo.

Efectivamente era así. En vísperas del ataque a Monte Chingolo, mientras el Oso llevaba en su camioneta armas de un lugar a otro, hacia escalas en un taller tomado por los milicos donde boicoteaban y saboteaban las armas. En esos lapsos el Oso tenía lo que podíamos llamar una hora libre, entonces visita a un puntero sindical ligado a Duhalde que era intendente de Lomas de Zamora, llamado Illescas. Ahí el Oso se va de boca y le cuenta el plan del ERP. Illescas se lo transmite a Duhalde y le dice: jefe, estuve con fulano y me contó esto. Duhalde le dice que le contara personalmente al Gobernador, entonces Illescas le pide que lo mencione a Calabró. Duhalde frente a Calabró en lugar de mencionar su fuente le dijo “un muchacho que anda en la joda me contó esto”, mandado al muere a Illescas. Entonces Calabró se lo comunica al coronel Valin y Duhalde le pide, “no se olvide de decirle que le di yo la información”.

En los últimos años sobre todo con la asunción de Cesar Milani hubo un intento de reconstrucción de la inteligencia militar para uso interno, como el Proyecto X. ¿Existen hilos de continuidad?

Mira hay muchos hilos de continuidad, uno por ejemplo es el personaje de Stiusso. Porque Stiusso es un tipo que entra en la SIDE a principios de la década del setenta bajo el manto protector del Coronel Martínez. Stiusso ahora es una especie de figura intocable de la inteligencia argentina. Es un ejemplo de la continuidad porque ninguna de las Fuerzas Armadas, de seguridad o de espionaje que intervino en la dictadura ha sido debidamente democratizada. La SIDE es el único organismo intacto, ninguna unidad de investigaciones estatal sobre terrorismo de Estado pudo obtener jamás un solo documento de la dictadura.
Por otro lado, Milani fue entrenado en el Batallón 601. Pero la inteligencia que se intentó montar es un experimento nuevo, un proyecto más amoldado a los requerimientos de las hipótesis de conflicto del presente que en cierto modo, desde luego, siempre se asemejan a las del pasado.

¿Consideras que existen aún los archivos de inteligencia que aporten nuevas revelaciones sobre el genocidio?

De la SIDE no sé si existen pero los que si existen son los del Batallón 601. Hace unos años salto el tema de los archivos y el capitán Héctor Vergez declaró a la prensa que los archivos los había comprado Carlos Menem por 250 mil dólares, pero todo indicaría que es un verso.

¿Que opinión te merece la política de derechos humanos del macrismo?

Es un retroceso en todo sentido. Desarticuló determinadas estructuras que tienen que ver con la política de Memoria, Verdad y Justicia. Freno de cuajo el avance de las causas sobre la complicidad civil con la dictadura. Es atemorizante la idea de restaurarles ciertas atribuciones que fueran imprescindibles para que en el pasado fueran una especie de partido militar. Incluso meterse con los desaparecidos. La concepción que tiene Macri del terrorismo de Estado es que no existió y hubo una guerra sucia. Para él y su clase social hubo un solo demonio.

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