Apunte sobre Rodolfo Walsh y su balance de Montoneros


Revisando cosas por un pedido de información de la camarada Claudia Ferri que va a publicar un articulo sobre el aniversario de la desaparición de Rodolfo Walsh, me encontré con este viejo articulo escrito por mí sobre el periodista y militante autor de Operación Masacre, con la intención de ir más allá de la justa reivindicación de una figura combatiente y contra la corriente de la construcción de un mito.  Se trataba de discutir con el balance kirchnerista y de cierto sector del peronismo que toma el balance de Walsh de Montoneros para justificar la subordinación lisa y llana al liderazgo bonapartista y la reivindicación del peronismo como instrumento de una política “popular”.

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Rodolfo Walsh presento poco antes de caer asesinado en manos de un grupo de tareas de la marina, un documento al interior de Montoneros, donde se cuestiona el creciente militarismo de la organización y sus caracterizaciones con respecto al peronismo. No es nuestra intención poner en duda la nobleza, el brillo y la valentía de la figura de Rodolfo Walsh. Sino intentar comprender los límites del pensamiento de la izquierda peronista frente a ese gran ascenso revolucionario de la clase obrera argentina que tuvo su pico en las jornadas de junio y julio de 1975, y que es la razón ultima, junto a la extraordinaria crisis capitalista, del golpe militar de 1976.

Rodolfo Walsh va a criticar a la dirección montonera por su incomprensión del peronismo. “El punto principal de la autocrítica es, como dice el informe, “la insuficiencia de nuestra política de poder para las masas” y efectivamente ella se refleja, ante todo, en nuestra actitud frente al peronismo. Mi opinión (…) es que se ha hecho un pronunciamiento prematuro sobre el agotamiento del peronismo y que de ese pronunciamiento derivaron decisiones de importancia capital que hoy están sometidas a prueba”. Recordemos que las decisiones de importancia capital que Walsh le achaca a la dirección montonera consisten en la ruptura de la orga con el PJ y el intento de reemplazarlo por dos instrumentos alternativos, el Partido Autentico y el Partido Montonero. El primero expresaba la política de superficie y legal de la orga de disputar con figuras caídas del peronismo, como los camporistas, su espacio de representación política y formular una estrategia frentista de conciliación con la burguesía. El segundo era concebido como el instrumento político-militar de la vanguardia revolucionaria.

Sin embargo, esta lectura de Walsh pasa por alto que los esfuerzos de Montoneros -sobre todo entre 1972 y junio de 1974- estuvieron centrados en evitar el enfrentamiento y la ruptura con Perón y en particular con su política de Pacto Social.

La tesis del agotamiento del peronismo por parte de montoneros es “tardía” e incompleta. Tardía, en el sentido de que su política anterior había colaborado para desviar la corriente de protesta revolucionaria de la clase obrera y la juventud después del cordobazo. Incompleta porque no se trato de una ruptura con el nudo estratégico de la política de Perón, sino que se intento reemplazar la política de colaboración de clases de Perón y el peronismo oficial, por una interpretación más izquierdista de la misma estrategia. La función del peronismo autentico y del partido montonero fue buscar sellar la alianza entre la clase obrera y la burguesía nacional que es la doctrina oficial del movimiento. En este sentido, como diría el general, nunca sacaron los pies del plato. Rodolfo Walsh al considerar prematuras las tesis del agotamiento del peronismo se sitúa en el campo de la defensa del peronismo como fuerza política de la conciliación de clases, entre la clase obrera y la burguesía nacional, a preservar.

Para Walsh “El punto crítico a partir del cual se decretó el agotamiento del peronismo fueron las movilizaciones obreras de junio- julio del 75 contra el “Rodrigazo”. Allí pareció efectivamente que la clase obrera, al combatir contra un gobierno peronista, firmaba el acta de defunción del movimiento peronista”. En este punto se sintetiza el drama de la estrategia montonera y de la crítica de RW. Para el periodista y militante montonero “Este análisis omitía dos cosas: una, que sectores de vanguardia de la clase obrera estaban dispuestos a rebozar (sic) el peronismo siempre y cuando se diera una dirección de avance contra un gobierno vacilante como el de Isabel Martínez, pero que dentro de esa misma dinámica la clase trabajadora en conjunto, incluyendo las vanguardias, iba a retroceder hacia el peronismo cuando la marea se invirtiese por la presencia militar; otra, el peso efectivo que en tales movilizaciones tuvo la burocracia sindical peronista”. Precisamente en junio y julio de 1975 la clase obrera comienza un proceso de enfrentamiento contra el peronismo y contra la burguesía nacional en un movimiento generalizado de subversión fabril, planteando la perspectiva de su superación. Para eso el movimiento obrero tenia que avanzar en dirección opuesta a la del peronismo, ajustar cuentas con el gobierno de Isabel. Pero la burocracia sindical miguelista, en el plano de las direcciones oficiales de la clase trabajadora y la de los mismos montoneros, como fuerza hegemónica de la vanguardia obrera atentó contra ello en un mismo punto. Una política de subordinación a la burguesía, Miguel sosteniendo al débil gobierno isabeliano ya sin Lopecito, la orga sosteniendo una salida electoral para recomponer el “frente nacional” que ya había fracasado. La política de Perón de evitar el baño de sangre, fue reemplazada por el baño de sangre de las Tres A. La política de intentar subordinar a los trabajadores a mejorar las posibilidades del país burgués mediante el pacto social hizo agua por dos vías, la de la resistencia obrera y la del propio boicot patronal. Choco contra la realidad de la emergencia de una crisis capitalista catastrófica, dando lugar a un plan de ajuste liberal como el de Celestino Rodrigo.  Junio y julio de 1975 no fueron el fin del ciclo histórico del peronismo, pero expreso su agotamiento como fuerza de contención de las masas. De ahí la necesidad del golpe militar. La tragedia de junio y julio de 1975 es la de la dirección política de las masas y la vanguardia.

Rodolfo Walsh no comprende el carácter catastrófico de la crisis capitalista y el fracaso de cualquier política de conciliación de clases, como la del peronismo, que intente mantener vivo al capitalismo para enfrentarla. Por eso para Walsh la crisis fue una crisis más, otra crisis del montón. “Otra línea de análisis que concurrió para decretar el agotamiento del peronismo es la que, también a priori, ha resuelto que en la Argentina asistimos a la “crisis definitiva del capitalismo”. Afirmaciones desmesuradas de este tipo proceden, a mi juicio, de una falta de formación histórica. El capitalismo en decenas de países ha sobrevivido a crisis más graves que la actual crisis argentina. (…) Naturalmente si nosotros pensamos que la crisis del capitalismo es definitiva, no nos queda otra propuesta política que no sea el socialismo más o menos inmediato, acolchado en un período de transición, y esa propuesta contribuye a relegar el peronismo al museo”. La crisis de la economía capitalista mundial del año ’75 fue el gran acicate de la contrarrevolución en el marco del duro golpe recibido por el imperialismo norteamericano en Vietnam. Para la burguesía argentina la salida a su crisis se planteo en términos de todo o nada. En estas cirscuntancias la clase obrera tenia que oponer una salida anticapitalista y revolucionaria que lograra articular la alianza popular para disputarle el poder a la burguesía. Tiene razón Walsh en el error, pues es precisamente en la determinación de una política socialista por parte de la dirección de las masas donde se plantea la posibilidad de una salida a la crisis capitalista. Y efectivamente, como reconoce RW, eso es enviar al peronismo al museo de la historia.

Por otra parte fue en la iniciativa de la propia clase obrera, que empujo y fue empujada por el entusiasmo militante de miles de activistas y militantes de todas las organizaciones de izquierda –y sobre todo de la JTP-, la que planteo un medio para la ruptura con el peronismo, la propia sociedad burguesa y la conquista de una posición política independiente: las coordinadoras ínterfabriles, verdaderos embriones presovieticos del doble poder fabril, base para plantear el frente único de las masas en lucha.

Fue la incomprensión de la dinámica subversiva de este movimiento de clase lo que marco la política de montoneros y del resto de la izquierda militante. Fue precisamente la política de montoneros la que bloqueo en todo el periodo anterior al rodrigazo las tendencias a la lucha política de la clase obrera contra el peronismo. Fue precisamente el papel de montoneros revitalizando al peronismo como “movimiento de liberación” uno de los factores que bloqueo la posibilidad del surgimiento de un partido de clase independiente que anticipara programática mente y preparara la lucha política contra el peronismo desde antes del estallido de la crisis.

El llamado de Walsh a replegarse en el peronismo no es más que un desesperado e impotente intento por quebrar la lógica militarista de una organización que carente de una política independiente de la burguesía decidió reemplazarla por el tronar de las bombas y las balas y el sacrificio de sus militantes. El llamado de Walsh expresa el fracaso de la izquierda peronista de transformar desde adentro al nacionalismo burgués y solo podía resultar en la capitulación sin pena ni gloria de los montoneros dentro del peronismo. Cosa que, paradojas de la historia, finalmente sucedió.

Sarmiento sobre Urquiza como político y militar


Del general Domingo F. Sarmiento

Urquiza como político y militar

En tiempo de la presidencia de mi hermano Nicolás, nos encontrábamos reunidos una noche en su casa particular, varias personas, entre las que estaba el general Sarmiento.

Se hablaba del talento militar del general Paz, y dirigiéndose mi hermano a Sarmiento, le dice. ¿Cuál de los militares que Ud. ha conocido tenía más talento?

“Urquiza –contestó sin trepidar- y ante la exclamación de sorpresa con que fue recibida su respuesta, agregó: ¡Sí! Urquiza tenía genio militar y también genio político.

”Yo lo he tratado en la campaña contra Rosas, nos dijo. Voy a referirles algunos rasgos suyos en apoyo de mi opinión.

”Desde que atravesamos el Paraná, el general Urquiza principió a preocuparse del militar a quien Rosas confiara el mando de su ejército. Recorría los nombres de todos los que a éste acompañaban y se detenía siempre en el del general Pacheco. Era el único que le inspiraba recelos, y se propuso anularlo.

”He aquí el medio de que se valió. Le escribió cartas en términos amistosos, casi confidenciales. Leí una de ellas en la que le anunciaba que su primer acto, después de vencer a Rosas, sería nombrarlo gobernador de Buenos Aires, conteniendo además, frases como éstas, ‘como Ud. sabe’, ‘de conformidad a lo que le comuniqué’, que indicaban que procedía de acuerdo con él. La correspondencia era conducida por chasque a puntos en donde debían ser tomados por agentes de Rosas. Tres o cuatro gauchos fueron degollados, pero logró su objeto. Pacheco fue separado del ejército de Rosas. En el combate entre las vanguardias que tuvo lugar el 31 de enero, las tropas de Urquiza entraron a la pelea vivando a Pacheco.”

En seguida Sarmiento se refirió a los siguientes hechos: “El día de la batalla de Caseros, el general Urquiza al frente de su ejército, recorría con su anteojo de campaña la línea enemiga, hasta que llamó a un joven oficial de su escolta, diciéndole: ‘ayúdame a buscar las tropas del jefe N. que derrotamos el día 31’. Una vez que fueron encontradas, inició el combate llevando un ataque contra ellas, que dio por resultado la completa dispersión de esas fuerzas, que desmoralizadas ya por la derrota anterior, ni siquiera intentaron resistir.

”Pocos momentos antes de principiar la batalla, se acerca a gran galope un ayudante del general Virasoro, que le dice: ‘El jefe del Estado Mayor manda prevenir a V.E. que ha olvidado indicarle cuál será el punto de reunión en caso de un contraste’. ‘Contéstele Ud. que no hay más punto de reunión que el campo de batalla’.

“Estas palabras, continuó Sarmiento, habían sido pronunciadas cuarenta años antes por Napoleón; pero estoy seguro de que Urquiza no las conocía, porque no era hombre para plagiar a Napoleón ni a nadie.

”Lo que he referido me basta para pensar que el general Urquiza tenía genio miliar, y creo que también tenía genio político.

”Su programa de fusión, de olvido del pasado; su llamamiento a los federales de posición social que no se habían manchado con crímenes, como los Anchorena, los Carreras, don Lorenzo Torres, etc. no tenía por objeto, como se ha creído vulgarmente, ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones de partido, sino que, por el contrario, eran el fruto de un hábil y bien meditado plan político, porque creyó, con razón, que no era posible fundar un gobierno solamente con nosotros, los unitarios, que éramos llamados advenedizos, porque no teníamos ni fortuna, ni familia, ni relaciones, ni vinculaciones de ningún género con la sociedad de nuestro país. Pero en lo que demostró más habilidad política fue en convocar a los gobernadores al acuerdo de San Nicolás.

”Derrotado Rosas no dejaba ninguna institución, ningún poder, nada quedaba en pie sino esos gobernadores de provincia, semibárbaros todos, y asesinos y ladrones en su mayor parte. Eso era lo único que podía servirle para formar un congreso que constituyera al país. Ahora estoy perfectamente convencido de ello.

”¿Qué habría sucedido si Urquiza deja que las provincias derrocasen a sus gobernadores, antes de que se reuniese el congreso constituyente, lo que significa decir que se encendiese la guerra civil, porque no hay que olvidar que muchos de ellos tenían elementos para defenderse? Si pensamos en el asilamiento en que vivían los pueblos, en el desierto que los rodeaba, en las dificultades casi insuperables de comunicación, lo probable es que hubiéramos vuelto al año 20, y que habrían transcurridos largos años sin constituirse la nación.”

Mucho tiempo después de oír esta conversación que me causó sorpresa por las opiniones anteriores de Sarmiento sobre Urquiza, se la refería a Pedro Goyena, quien me manifestó que le habían asegurado que el general Mitre pensaba ahora como Sarmiento respecto al acuerdo de San Nicolás.

Marco Avellaneda.

Leo Norniella y el hilo rojo


Quisiera decir que morir es estúpido, mucho más si se muere estúpidamente o por decisiones desesperadas. Pero no es cierto. Nadie elige morir y la desesperación no es movida por la estupidez, sino por el agobio y el desencanto.

Quisiera decir que la vida es bella, pero muchas veces los densos nubarrones del dolor, la fatiga, la desesperanza, la explotación y la miseria, las derrotas acumuladas y las batallas no dadas te dejan en la boca el sabor amargo de una perra vida.

Quisiera poder vivir una vida libre, sin sentir culpa ni temor por la embriaguez que se busca para desarticular la realidad y reconstruirla sobre los parámetros del deseo y la imaginación. Pero muchas veces el precio a pagar por el atrevimiento es la soledad, la destrucción del vínculo afectivo, la angustia por la libertad negada, el hacer equilibrio en la delgada cuerda de la tristeza. Pero el peor precio es el de domesticarse y mecerse anestesiado.

Es duro ser consciente de vivir, a decir de Charles Baudellaire, entre oasis de horror y desiertos de aburrimiento. Y el horror no siempre es la imagen espeluznante de la barbarie, sino las trampas enloquecedoras de una cotidianeidad aberrante, donde todo lo que esclaviza y oprime se naturaliza, se convierte en ley a-histórica, se reproduce como sentido común y forma de vida. Pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad, sentenciaba Antonio Gramsci. Pero no es tan sencillo, la fuerza de las cosas y los hechos que mueven a la sociedad alimentan las fuentes del pesimismo y obstruyen la fuerza y la alegría de la voluntad. Hay que saber sobreponerse y tener una mirada histórica estimulada por el optimismo pasional de que la fuerza de la rebelión de las y los explotados cambiara la faz de la tierra. Deseamos tanto las revoluciones que nos hagan mujeres y hombres libres, hermanos y no enemigos, amantes y no seres cargados de un odio venenoso. Pero cuando la realidad nos niega el gozo del programa cumplido, cuando la rebelión es subterránea y silenciosa, cuando el tiempo medido de la burguesía se impone tiránico contra nuestra voluntad vital o combatiente, le da a uno ganas de mandar todo al carajo, hasta que se recompone y aprende a ver en las pequeñas historias de resistencia, en las experiencias de las que los medios no hablan, en las construcciones silenciadas de la cultura, y más aún en las gestas protagonizadas por obreras y obreros, en la comprensión de que el mundo no es obra de Dios sino de los albañiles, vamos recuperando la alegria viendo pequeñas dosis del nuevo mundo que como predicaba el líder anarquista español Buenaventrua Durruti, va pariendo nuestros corazones.

Leo Norniella era un militante obrero y revolucionario, un marxista convencido. Somos militantes del partido de la vida, por eso me da bronca y no puedo dejar de pensar que las decisiones estupidas y desesperadas puedan terminar con una vida lucida e inteligente entregada a una causa gigante. Cada camarada caido nos duele y con el tiempo nos damos cuenta la falta que nos hace su presencia. Prefeririamos siempre que esten a nuestro lado y no solo reivindicarlos como bandera. Los martires son obra del enemigo nosotros queremos a nuestros camaradas vivos codo a codo en el combate y en el banquete de la vida. Su error no estuvo en la vida revolucionaria que eligió, ni en su voracidad por sentirla plena. No me queda la menor duda de que es el mundo el que vive equivocado. La oscuridad del tiempo, la angustia o no medir las consecuencias le gano una pulseada pero eso no inhibe su obra militante, su papel como precursor de una generación obrera combatiente y como un constructor del partido. Leo Norniella ya es parte del invisible hilo rojo que une el pasado heroico y el presente combatiente de los destacamentos de nuestra clase con la causa del socialismo.

Camarada Norniella: Hasta el socialismo, siempre!

Un precursor de los Tinelli


Tuve un novio, muy lindo él, que me contó alguna vez la siguiente historia.

De jovén mi ex novio, pongamosle J., a los veintitantos años era muy amigo del hijo de una figura del espectáculo recientemente fallecida . Su hijo, pongamosle Hugo para darle un aire familiar, y J. solían salir días enteros de gira tomando cocaína, y cuando hablamos de tomar no estamos diciendo unos toquecitos sutiles para mantenerse alertas sino uno lagartos rellenos que dejarían como una flaccida vieja a la mismísima Venus de Milo. Hete aquí que en una ocasión, cuando constataron que la bolsa se terminaba luego de varios días de gira, mi ex novio j. fue encomendado por Hugo a la empresa de ir a su hogar a buscar dinero para seguir embriagados bajos los efectos del clorhidrato. Le presto las llaves del auto y le remarco lo siguiente: -si ves que cuando llegas aparecen dos tipos vestidos de blanco, no te austes son enfermeros de una clinica de rehabilitación que contrato mi viejo para internarme cada vez que me vean llegar.

J. llego al hogar de Hugo y en cuanto vieron el auto, los enfermeros se abalanzaron sobre él, a lo que mi ex, J, re-puesto y paranoico respondió huyendo en el auto hacia donde estaban sus compañeros de juerga.

J. me contaba que su hijo describía como el padre lo internaba a la fuerza, así como se desentendía de todo y se jugaba la recaudación de una semana de alguna obra en un casino de Las Vegas. Todo esto, en los años del pizza con champagne donde lacras sociales se daban la gran vida a costa del literal hambre del pueblo trabajador. La figura fallecida del mundo del espectáculo, que según su hijo relatara a J tenia tabique de platino, además, internaba a su hijo a la fuerza, de la misma manera que lo usaba o se asociaba con él para desfalcar una empresa publica. Es decir su hijo era el complemento de una sociedad económica con el cual hacia y deshacía lo que quería. Pareciera que más que la salud de su hijo le preocupaban los intereses en juego.

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Falleció Gerardo Sofovich y sinceramente, más allá del comprensible dolor de sus familiares, toda la farándula que vomita sus miserias y su falta absoluta de talento o virtudes artísticas como caldo de consumo de los televidentes, salio a rendirle homenaje y ponderar sus virtudes humanas. Los mismos que cuando vivía decían que era un déspota.

En particular Sofovich, siempre me pareció un personaje despreciable. No es que no haya otros, pero él sintetizaba mucho del mundillo de los personajes mediáticos en su persona y fue una de las usinas de la decadente y nauseabunda producción “cultural” del noventismo. Un precursor de los Tinelli.

Todo en él era un despreciable producto de lo más berreta de la cultura menemista que pario la servil burguesía argentina. Su machismo desbocado, su desprecio por la mujer, su posición política-ideológica ultrareaccionaria, su papel como militante del menemismo, por sus productos televisivos, por ser un ladrón que vacío las cajas de ATC, por su apología del maltrato a quien trabajaba con él, por su patética egolatría, por el yenga y corte de las manzanas, pero sobre todo por ser comparsa del Tigre Acosta y los Grupos de Tareas animando fiestas para los genocidas en la ESMA. Sofovich entra en la galería del enemigo a vencer. Ese era el icono fallecido de la sociedad del espectáculo. Por eso festeje cuando mi compañera de trabajo, la referente trans Marlene Wayar, lo humillo en Los 8 escalones, siguiendo sus propias reglas de la trituradora televisiva.

No me gusta festejar la muerte, pero tampoco soy de los que creen que toda vida es sagrada y haya que erradicar la violencia como forma de resolver la lucha de clases. A veces el conflicto es extremo, o la ofensa a vengar es tan terrible que se resume en un ellos o nosotros.

La muerte de Sofovich en particular me dio pie a un chiste negro que seguramente va a caer mal en algunos, pero no puedo con mis ganas: su deceso fue su aporte más genuino a la cultura argentina.

Julio César Strassera: hombre de hojalata con un traje gris


http://www.laizquierdadiario.com/Julio-Cesar-Strassera-hombre-de-hojalata-con-un-traje-gris

Murió Julio Cesár Strassera, y toda la batería mediática de la burguesía argentina y de la fracasada Unión Cívica Radical ya está canonizándolo como un héroe de la democracia. Poco importa que Strassera haya asumido como fiscal en los tiempos del genocidio y jurado su lealtad a los ideales de la Justicia por las Actas del Proceso de Reorganización Nacional.

Strassera va a ser reivindicado como el fiscal del Juicio a las Juntas, el Nüremberg argentino, que al igual que el original europeo fue una de las grandes farsas argentinas, donde nueve de los cabecillas de la dictadura fueron condenados, dejando libres e impunes a miles de represores y desde ya sin tocar un pelo de sus cómplices civiles. Qué se podía esperar de la UCR, que supo ser golpista de la primera hora, prestó cientos de funcionarios a los militares y que en boca de su líder Ricardo Balbín llamó a aplastar a la guerrilla fabril. Amén de que en base al prólogo del libro Nunca más, redactado por ese camaleón político que era el escritor Ernesto Sábato, el Juicio a las Juntas es la concreción jurídica de la nefasta “teoría de los dos demonios”, que iguala la infantil violencia guerrillera y la legítima autodefensa obrera y popular con el terrorismo de Estado.

Strassera fue la cara judicial del alfonsinismo, que tiene en el Juicio a las Juntas su máxima justificación democrática, olvidando siempre que el más que centenario partido en el poder bajo el mandato de Raúl Alfonsín promulgó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, dejando en las calles a miles de genocidas. Todos estos fueron capítulos de un pacto de impunidad que incluyó al Partido Justicialista y al resto de los partidos del régimen.

Strassera acompañó como la sombra al cuerpo la trayectoria del radicalismo alfonsinista y toda su impotencia y cobardía. En el juicio a los jerarcas militares, cuando el expresidente se presentaba como la versión criolla de la socialdemocracia, el progresismo de entonces, al igual que el de ahora, justificaba su decisión de salvar a la inmensa mayoría de los genocidas por el todavía latente peligro del partido militar, temerosos, como buenos leguleyos, de que fuera la movilización popular la que saldara cuentas con ellos. En la fase del alfonsinismo de apoyatura de los proyectos conservadores, cuyo punto de partida fue el Pacto de Olivos con Menem a fines del 93, Strassera fue como candidato de la UCR en lista a convencional constituyente por la Ciudad de Buenos Aires. En el 2003, Strassera se afilió al partido fundado por Leandro Alem, luego del sangriento final de la Alianza y De la Rúa. En el 2006 fue el abogado defensor de Aníbal Ibarra en el juicio político que terminó con su Gobierno luego de la tragedia de Cromañón.

En síntesis, funcionario judicial procesista, partícipe de un salvataje a los genocidas y sus cómplices, candidato de la UCR pactista con el menemismo, defensor del responsable político de un régimen corrupto que costó la vida de más de ciento noventa jóvenes, charlatán de feria del republicanismo gorila argentino. Hombre de hojalata con un traje gris, un Nisman sin glamour del radicalismo, Strassera tiene todos los pergaminos para ser ungido como un héroe de la democracia burguesa argentina.

Rafecas desmiente a Nisman y da oxígeno a CFK


El juez Daniel Rafecas desestimo la denuncia de de Alberto Nisman y la imputación de Gerardo Pollicitas, por “inexistencia de delito” referido al supuesto encubrimiento del terrorismo irani por Cristina Fernández de Kirchner. El fiscal podría apelar la decisión ante la Cámara Federal.

 

En su dictamen Rafecas desestimó las denuncias contra contra la Presidenta, el canciller Héctor Timerman, el diputado Andrés Larroque, Luis D’Elía , Fernando Esteche, Jorge “Yussuf” Khalil y el ex juez federal Héctor Yrimia. Para el juez “no hay un solo elemento de prueba, siquiera indiciario, que apunte a la actual Jefa de Estado respecto -aunque sea- a una instigación o preparación (no punible) del gravísimo delito de encubrimiento por el cual fuera no sólo denunciada sino también su declaración indagatoria requerida”.

En su resolución Rafecas se pregunta: “¿Cómo puede un instrumento jurídico que nunca cobró vida constituir un favorecimiento real, una ayuda material concreta prestada –en este caso- a prófugos de la justicia argentina?”. La denuncia de Nisman que Pollicitas retomo se basa en dos hipótesis: una es que el Memorándum de entendimiento con Irán que llamaba a constituir una “Comisión de la Verdad” constituía una concesión al Estado iraní acusado de ser la mano detrás del atentado contra la AMIA a cambio de favorecer el intercambio comercial y que como contraparte el gobierno argentino iba a pedir el levantamiento de las circulares rojas de Interpol contra los acusados iraníes (alguno de ellos figuras importantes del régimen teocrático). Frente a esto el juez afirma que: “La primera, [la «Comisión de la Verdad»], porque el presunto delito nunca se cometió. Y la segunda [«baja de las notificaciones rojas»], porque la evidencia reunida, lejos de sostener mínimamente la versión fiscal, la desmiente de un modo rotundo y lapidario, llevando también a la misma conclusión de la inexistencia de un delito”. La otrahipótesiss en que se basa la denuncia Nisman-Pollicitas es la existencia de una diplomacia paralela. En su fallo Rafecas la rechaza bajo el argumento que: “A lo largo de las miles de líneas de conversaciones escrutadas durante varios años, no surge una sola mención, una sola referencia, una sola gestión, una sola participación, ni del Canciller argentino, ni de absolutamente nadie de la cartera que conduce. No hay una sola vez en la que la Cancillería argentina aparezca envuelta en lo que Nisman denominó la ‘diplomacia paralela de facto’”.

Desde La Izquierda Diario, basándonos en los dichos y políticas del oficialismo, desde el apoyo irrestricto a las acusaciones armadas por la CIA y la Mossad de Nisman, hasta los dichos de Ronald Noble jefe de Interpol en defensa de la actitud del Gobierno argentino con respecto a las circulares rojas, sostuvimos que la causa Nisman contra el gobierno era un armado de un sector de la justicia y los servicios de inteligencia locales e imperiales para condicionar el final del gobierno de CFK y al gobierno por venir. El juez nos lo confirma al afirmar que: “Si hay algo que surge del resultado de las escuchas, es que Timerman, y en definitiva, la ‘diplomacia real’, lejos de ser un aliado de estos individuos, eran justamente el rival a vencer, a derrotar, a torcerle el brazo”. Ciertamente lo que para nosotros constituye una muestra del cipayismo del gobierno kirchnerista que hizo suya la hipótesis fabricada por la CIA, para el juez explica la inexistencia de delito.

El fallo de Rafecas es una cuota de oxígeno necesario para un kirchnerismo que a lo largo de la crisis desatada por la denuncia de Nisman y su posterior y aún no develada muerte, venía contra las cuerdas. La resolución del juez deja sin sustento a Pollicitas (un fiscal íntimamente relacionado al PRO, desestima la denuncia de Nisman (como no nos cansaremos de decir un títere, encumbrado por el kirchnerismo, de los espías locales y de la inteligencia norteamericana e israelí) y a los fiscales que organizaron el 18F quienes asocian la muerte del fiscal a su denuncia contra el gobierno. Llegando a alimentar hipótesis de medios imperialistas que se trata de un crimen cuya mano es Irán o sectores de la inteligencia vinculados a Milani y el kirchnerismo. Por último, el fallo le permite al gobierno sostener que era la mano negra del Partido Judicial era la que estaba operando para conspirar contra su continuidad.

Rafecas recordemos es un juez afín al gobierno y su fallo demuestra la división de la casta oligárquico-judicial. Rafecas fue acusado en su momento por la oposición por su actuación el el caso Ciccone donde está imputado Amado Boudou.

La primer respuesta de la oposición al fallo fue de la aliada del PRO, la chaqueña Elisa Carrió: “La designación de Wado De Pedro, actual miembro del Consejo de la Magistratura, seguramente es producto de haber negociado con el juez Rafecas para que no investigue a Cristina y para que desestime la denuncia del fiscal Nisman y de la acusación de Gerardo Pollicita, ya que este estaba acusado ante el Consejo por el gobierno por su actuación en el caso Ciccone”. Para la diputada esto confirma desde el gobierno “están organizando un autogolpe”.

Lo cierto es que la maraña de encubrimiento sobre las verdaderas responsabilidades del atentado a la AMIA y la muerte de Nisman sigue vigente ya que las instituciones represivas, de inteligencia, políticas y judiciales del Estado argentino están colonizadas y dirigidas a defender intereses de clase y antinacionales ajenos a las mayorías populares. Sigue planteado exigir la apertura de los archivos de la ex SIDE y una Comisión investigadora independiente para acceder a la verdad de lo sucedido.

Partido judicial y partido militar


http://www.laizquierdadiario.com/Partido-judicial-y-partido-militar

Desde La Izquierda Diario hemos definido que el 18 de febrero planteo el primer gran desafío de masas del “partido judicial” hacia el kirchnerismo.

Mientras que para nosotros la idea de “partido judicial” está ligada a la de corporación que representa los intereses de clase para erigirse como freno del bonapartismo kirchnerista y un árbitro de la situación, frente a la debilidad de la oposición burguesa. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner también ha apelado a la misma noción para advertir de que se trata de una corporación golpista, asimilándola a la noción de partido militar, para subrayar que se trata de una nueva forma de golpismo de una casta que el gobierno amparó y utilizó en un pasado reciente lleno de complicidades mutuas.

El partido militar

Ciertamente la utilización de la categoría de “partido judicial” obliga a compararla con el antecedente histórico de la intervención política de la casta militar.

El partido militar fue un actor central de la política argentina, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, que se erigió como árbitro de la disputa interburguesa y garante de la proscripción política de la clase obrera (y el peronismo).

El partido militar a partir de la Revolución Libertadora de 1955, fue la avanzada de la ofensiva del imperialismo yanqui en Argentina. Como tal, actuó como árbitro de la situación cada vez que la irrupción de la clase obrera ponía en peligro la estabilidad burguesa frente a la debilidad de los gobierno civiles del régimen que fracasaban en su intento de poner freno a la lucha de clases o amenazaban con poner fin a la proscripción del peronismo, que era la dirección política reconocida por la clase obrera.

El partido militar no era homogéneo y en alguna ocasión dirimía sus disputas en las calles como en abril de 1963 cuando azules y colorados se enfrentaron violentamente para dirimir la disputa por la dirección de las FF.AA. Resumiendo: la clave del partido militar era que cumplía el papel de árbitro, dando golpes de estado que ponían fin a interregnos civiles generalmente con el apoyo de los mismos partidos que participaban del interregno civil. El golpe de Juan Carlos Ongania de 1966 contra el radical Arturo Illia fue el proyecto corporativo más ambicioso del partido militar, ya que se planteaba como un cambio completo de régimen político y no como una suspensión momentánea de la Constitución. El Cordobazo de mayo de 1969 puso fin a los sueños corporativos de Ongania y terminó con el régimen proscriptivo inaugurado por la Revolución Libertadora. Mientras que la dictadura genocida de 1976, que puso final al ascenso obrero y popular del Cordobazo que el peronismo no pudo detener con el accionar de las bandas fascistas de las Tres A, fue el final sangriento de un partido militar que se rindió cobardemente frente al imperialismo en la guerra de Malvinas.

Similitudes y diferencias

Al igual que el partido militar, el partido judicial es la representación política de una casta burocrático-oligárquica que avaló todos los golpes militares desde 1930 y en su composición actual es herencia del genocidio llevado a cabo por la casta militar entre 1976 y 1983. La democracia burguesa argentina restaurada en 1983 jamás intentó seriamente siquiera una reforma de la Justicia. El poder judicial argentino no solo cobijó a funcionarios heredados por la dictadura sino también a jueces y fiscales venales que en los ’90, bajo el imperio del menemismo, eran nombrados en servilletas de papel por el poder político. Fue la casta judicial la que dio legalidad a la entrega nacional, las privatizaciones y la destrucción de los derechos de los trabajadores. Una casta de corruptos millonarios que, como muestra el caso Nisman, fue colonizada por los servicios de inteligencia también herencia directa de la dictadura.

El kirchnerismo pactó con la casta judicial quien le permitió controlar la Corte Suprema de Justicia, lo que fue presentado como la gran reforma judicial, y cuando intentó ir más allá en ella, fracasó abiertamente. Durante años los Kirchner contaron con el beneplácito de los funcionarios de la Justicia, hasta que la ruptura con el campo en el 2008 llevó a la división de la burguesía, al enfrentamiento con Clarín y, más tarde, con los aires del fin de ciclo, empujando a un realineamiento que fraccionó a la casta judicial. Esta es una diferencia sustancial con el partido militar que, por su propia naturaleza verticalista, mantenía una dirección definida, mientras que el partido judicial, por ahora, solo representa a un sector del aparato judicial. Por su lado el kirchnerismo aún cuenta con su propia fracción agrupada en Justicia Legítima, aunque con el agravante de que si se concreta el retiro de Zaffaroni pueda perder su influencia en la Corte Suprema.

Ciertamente, a partir de las denuncias de Alberto Nisman y su muerte aún no aclarada, la seguidilla de causas abiertas contra el gobierno muestra que la fracción opositora del aparato judicial se erige como árbitro frente a la debilidad y atomización de una oposición burguesa incapaz de generar un movimiento social masivo en su apoyo. Más que el aliado golpista de la oposición la casta judicial, se presenta como la abanderada moral de la derecha argentina.

A diferencia de Honduras en el 2009 y Paraguay en el 2012, la corporación judicial no es el instrumento de un golpe blando, como denuncia el kirchnerismo, sino de un intento por desgastar al gobierno para debilitarlo en extremo de cara a las elecciones del 2015, y para condicionar al próximo gobierno que suceda al de CFK.

En síntesis, el partido judicial, al igual que el partido militar, se levanta como representación corporativa de uno de los aparatos del Estado capitalista que frente a la debilidad de los partidos de la burguesía, se plantea como garante último y referente moral del régimen burgués. Al igual que los militares, el partido judicial es la representación de una casta de corruptos millonarios, servicios de inteligencia y agentes del imperialismo, y los intereses particulares de los distintos grupos capitalistas. A diferencia del partido militar, el partido judicial no representa –aún- la voluntad mayoritaria de su casta y como tal no puede ser la cabeza de playa de un golpe blando, pero sí una vanguardia activa en el desgaste del kirchnerismo, marcando la agenda de los gobiernos por venir. Los socialistas debemos advertir que por los intereses de clase que defiende y su programa funcional al encubrimiento en la causa AMIA en consonancia con el imperialismo, el partido judicial es un peligro para los intereses democráticos de la clase obrera y el conjunto de la nación oprimida.

La izquierda es la única fuerza que plantea una política independiente de las fracciones burguesas en pugna. Lo hicimos en nuestros planteos de disolución de los servicios de inteligencia y de Comisión investigadora independiente frente a la crisis abierta por la causa AMIA y la muerte de Nisman. Pero también somos los únicos que tenemos un programa para terminar con la casta corrupta oligárquico judicial, luchando por retomar, mediante la movilización popular independiente, las tradiciones más radicales de la revolución francesa, patrimonio de los movimientos democráticos y socialistas, planteando la elección de jueces y fiscales por sufragio universal, la revocabilidad frente al incumplimiento, el salario igual al de un docente y los juicios por jurados populares. Bajo estas bandera, entre otras, la izquierda va a marchar este 24 de marzo.