PO: catastrofismo y pacifismo contra el PTS


Una berretada teórica y muy vulgar es la critica del PO al PTS sobre la estrategia. Oponer el concepto de política como economía concentrada, al de la guerra como continuación de la política no tiene sustento. Para el PO no son necesarios los estrategas sino los analistas económicos, la propaganda no esta puesta al servicio de preparar los cuadros para la ser combatientes de la lucha de clases que preparen la insurrección sino para predicar la inevitavilidad de la caída del capitalismo. Solo se trata de anunciar catástrofes, señalar todas las tendencias a la catástrofe, limitarse a agitar un programa que en su caso casi siempre es con finalidad electoral, acompañando las luchas tal cual son. Un partido a lo Testigo de Jehova, predicando la catástrofe del capital, que no piensa ni un instante como acumular fuerzas para hacer un partido estratégicamente anclado en los lugares centrales que hacen decisiva la lucha de clases. Es de perogullo decir que son las crisis revolucionarias (concepto que el PO no tiene más que desde un punto de vista economicista), las oportunidades del paso de la defensiva a la ofensiva. Y también es de perogullo decir que una de las condiciones revolucionarias en las crisis nacionales están dadas por las penurias de las masas. Lo que se trata de definir es como preparar el paso hacia una crisis revolucionaria desde las fuerzas combatientes de la vanguardia proletaria. La estrategia es precisamente el nexo entre crisis y revolución. La política del frente único la plantean Lenin y Trotsky, frente a la estabilidad del capitalismo que había sobrevivido a la primer oleada pos revolución rusa; y más tarde Trotsky frente a la amenaza del fascismo contra el catastrofismo stalinista del tercer periodo, cuya consigna era soviets en todas partes.
El PO desdeña un análisis objetivo de la subjetividad y solo acepta hablar de ella tal como un deber ser al señalar que si las tendencias son catastróficas, la subjetividad es revolucionaria y por eso se niegan a combatir al reformismo mediante el frente único. Pero además niegan la preparación teórica de la insurrección como parte de la confirmación de la subjetividad de la vanguardiaproletaria. Este punto es el más patente, el PO renuncia siquiera a pensar teóricamente la insurrección, a organizar la construcción del partido en la hipótesis de prepararse para la contraofensiva, en definir los batallones centrales y las tácticas correspondientes al ascenso y el retroceso. Es decir que PO es solo una fuerza de propaganda y agitación sin objetivos revolucionarios, no un partido de combate. Para el PO delimitarse de las grandes estrategias alternativas al bolchevismo en el siglo XX y del posmodernismo y su pensamiento antiestrategico, es evidentemente una perdida de tiempo.
Ovbiamente la critica a Syriza y Podemos no puede ser más que ninguneada por PO ya que apunta contra su adaptación a la consigna de gobiernos de izquierda, negándose a diferenciar las formas gubernamentales de la ruptura con la burguesía (la consigna de gobierno obrero y campesino).
El PO, y sobre todo la fracción altamirista del PO, esta girando nuevamente hacia el lambertismo originario. La reivindicación de la discusión sobre la Revolución Cubana es una chantada. El PO se divide entre seguidores de la burocracia castrista (Kane) y apologistas de una revolución por etapas al estilo del Nuevo MAS (Altamira). Ambos, desde polos opuestos, reivindicando la potencialidad revolucionaria de la pequeñoburguesía como agente involuntario del socialismo o del logro de conquistas anticapitalistas. Ambos renunciando a la revolución política contra la burocracia y de luchar, por alinearse con la burocracia o por sumarse a un anticastrismo antidefensista; renunciando a luchar por la dictadura revolucionaria del proletariado entendida como el gobierno de los consejos de obreros, campesinos y soldados, dirigidos por un partido marxista revolucionario.
Esto es lo que me surge de la lectura del articulo de Becerra.
Saludos revolucionarios

Comer y descomer trabajadores: la honestidad brutal de un CEO


http://www.laizquierdadiario.com/Comer-y-descomer-trabajadores-la-honestidad-brutal-de-un-CEO

Comer y descomer trabajadores: la honestidad brutal de un CEO

Miguel Ángel Punte, viceministro de Jorge Triacca y hombre de Techint, desbocado declarara el carácter desechable de la clase trabajadora, comparándolo con las funciones del sistema digestivo.

 

“La posibilidad de entrada y salida del mundo laboral es una esencia del sistema laboral. Como en el organismo lo es comer y descomer”. Con estas palabras descarnadas el secretario de Empleo, Miguel Ángel Punte, definió la visión de las grandes patronales sobre la función y el carácter desechable de los individuos que componen la clase trabajadora.

Honestidad brutal. Punte no ha hecho más que manifestar el principio de la clase capitalista que como citara Karl Marx enunció Thomas Hobbes: “El valor o el mérito de un hombre es, como en las demás cosas, su precio, es decir, lo que se daría por el uso de su fuerza”. La fuerza de trabajo no es más que una mercancía que el capital usa y descarta a su antojo. Triturados por la maquinaria capitalista, los cuerpos proletarios pueden ser desechados como población sobrante y de esa manera presionar sobre el obrero empleado a aceptar las condiciones patronales para fijar el precio de la fuerza de trabajo. La condición para lograrlo es mantener desunida a las filas obreras, enfrentadas entre sí, compitiendo de ser posible por el puesto de trabajo. Si en los momentos de crisis y ofensiva patronal, las dirigencias burocráticas renuncian a la lucha de clases y pactan con las patronales, queda una clase desorganizada obligada a ceder derechos y someterse a la más descarnada dictadura del capital. Es esta relación la que se presenta como del orden natural de las cosas.

El hombre que hizo esta definición es filósofo y, según se cuenta en los pasillos de la Secretaria de Empleo, además de maltratar a sus subordinados, se dedica a provocar a los sociólogos dedicados a los estudios laborales en el Ministerio recordando la idea de primacía de la praxis de Karl Marx. Punte reivindica “una gestión de la disciplina laboral y que se respeten las pautas legales, los códigos de comportamiento y los valores de la empresa”, es decir el Gobierno pleno de la dictadura patronal en las unidades de producción y de trabajo.

No extraña, Punte es un cuadro internacional del Grupo Techint, cuyo origen hay que rastrearlo en los años ’30 cuando el fundador del Grupo, Agostino Rocca, encabezaba el Instituto para la Reconstrucción Industrial, en la Italia fascista de Benito Mussolini. Fue salvado de ir a la cárcel o de enfrentar a pelotón de fusilamiento, por los aliados y el stalinismo italiano. El colaborador del Duce y los nazis en la República de Saló, recordara amargamente y autoexculpandose: “Dejé Italia después de la guerra, ofendido y resentido por una expurgación basada en el hecho que, habiendo realizado como técnico cosas serias, había favorecido los valores del fascismo. Y entonces, el disgusto por esa situación me llevó a emigrar al exterior bajo cualquier condición y para siempre”.

Banalidad del mal que, parafraseando a Hannah Arendt, caracteriza a los capitalistas y burócratas beneficiarios de los regímenes totalitarios. Los valores del fascismo de Techint volvieron a hacerse ver durante los tiempos del peronismo de la Triple A: “En enero de 1976 el “Pampa” Delaturi y Carlos Scafide, dirigentes obreros, fueron secuestrados y asesinados por la Concentración Nacional Universitaria (CNU) en el Camino Negro de Punta Lara” y la dictadura: “Los números fríos dicen 275 trabajadores desaparecidos del grupo Techint, en Dalmine/Siderca 60 compañeros fueron marcados, secuestrados y desaparecidos”.

En los corrillos ministeriales sobre las internas entre los funcionarios se comenta que Punte es un paria ya que como representante de Techint no seria del agrado de los funcionarios del PRO, cuyo presidente Mauricio Macri solía ser competidor en los negocios de la obra publica. Techint, además, es quien alienta a Sergio Massa y el Frente Renovador. El acuerdo flexibilizador de Vaca Muerta, donde el Sindicato Petrolero de Guillermo Pereyra entregó a los trabajadores, interesa a Techint no solo por sus expectativas de inversión en el petróleo no convencional, sino porque el acuerdo se presenta como un modelo para todas las ramas.

Punte dice descarnadamente, sin bozal, lo que esta en boca de las grandes patronales; y los enfrentamientos políticos y comerciales de los antiguos rivales de negocios, son dejados de lado en pos de un interés común. Techint, Macri y el gran capital se unen en una declaración de guerra contra la clase trabajadora: flexibilizar las condiciones laborales y el mercado de trabajo, liquidar los convenios colectivos, planchar los salarios y aumentar la productividad y la explotación de la mano de obra, son sus consignas.

Como hombre formado en los manejos de los recursos humanos de una empresa de origen fascista, siente desprecio por los trabajadores, opina, con fundadas razones, que los burócratas sindicales son fáciles de comprar y desdeña de la capacidad de los trabajadores en la lucha de clases. No la ven venir. Punte, que desprecia los estudios sobre conflictividad laboral, no capta que la clase obrera argentina tiene, más allá y a pesar de la burocracia sindical, un nivel de acumulación de lucha, experiencia y organizaciones de base combativas y clasistas, que son la punta de lanza de una fuerza aún mayor. Imaginémonos por un instante el temor visceral que este personaje grotesco va a sentir cuando las fuerzas gigantescas de la clase trabajadora se pongan en movimiento, declare su derecho a emanciparse y toda su prepotencia se esfume en un instante.

El año I de la Revolución Rusa (Victor Serge)


En vísperas del 100 aniversario de la revolución Rusa, la fantástica obra de Victor Serge. Ver a continuación.

Prólogo
He procurado presentar en este libro un cuadro verídico, vivo y razonado, de las primeras
luchas de la revolución socialista rusa. Siendo mi principal deseo el poner de relieve ante los
ojos de los proletarios las enseñanzas de una de las épocas más grandes y decisivas de la
lucha de clases en los tiempos modernos, no me era posible hacer otra cosa que exponer el
punto de vista de los revolucionarios proletarios. Esta actitud mía tendrá para el lector
ajeno a las doctrinas comunistas la ventaja de darle a conocer cómo comprendían y cómo
comprenden la revolución quienes la hicieron.
La pretendida imparcialidad de los historiadores no pasa de ser una leyenda,
destinada a consolidar ciertas convicciones útiles. Bastarían para destruir esta leyenda, si
ello fuese necesario, las obras que se han publicado acerca de la gran guerra. El historiador
pertenece siempre “a su tiempo”, es decir, a su clase social, a su país, a su medio político.
Sólo la no disimulada parcialidad del historiador proletario es hoy compatible con la mayor
preocupación por la verdad. Porque únicamente la clase obrera obtendría toda clase de
ventajas, en toda clase de circunstancias, del conocimiento de la verdad. Nada tiene que
ocultar, en la historia por lo menos. Las mentiras sociales siempre han servido, y sirven
todavía, para engañaría. Ella las refuta para vencer, y vence refutándolas. No han faltado,
sin duda, algunos historiadores proletarios que han acomodado la historia a ciertas
preocupaciones de actualidad política. Al hacerlo se han plegado a tradiciones que no son
las suyas y han sacrificado los intereses superiores y permanentes de su clase a ciertos
intereses parciales y pasajeros. Me he guardado mucho de imitarlos. Si acaso he llegado a
deformar la verdad en algunos puntos, lo que es probable, ha sido sin darme cuenta, por no
disponer de datos suficientes o por error.
Tal cual es este libro resultará, sin duda alguna, muy imperfecto. Absorto en otros
trabajos, entregado a la vida de militante en una época bastante accidentada, no he
dispuesto nunca del ocio tranquilo que es necesario para el estudio de la historia. Por
idénticas razones, no suelen, los que hacen la historia, tener la oportunidad de escribirla.
Por otra parte, tampoco la materia se encuentra a punto. Los hechos son demasiado
recientes, demasiado palpitantes; las cenizas del brasero están calientes todavía, queman si
se acerca a ellas la mano… Existe en Rusia, acerca de la revolución de octubre, una literatura
más abundante que rica. Memorias, relatos, notas, documentos y estudios parciales salen
profusamente a la luz pública. Pero es necesario confesar que no hay nada más difícil que
sacar partido de esta inmensa documentación, demasiado subordinada a propósitos de
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agitación, y en la que faltan casi por completo las obras sistemáticas, de conjunto. La
historia de los partidos, de la guerra civil, del Ejército rojo, del terror, de las organizaciones
obreras, no ha llegado siquiera a esbozarse. No se ha publicado en la URSS -y no hay por
qué sorprenderse de ello- una historia a fondo de la revolución, aparte de algunas obras que
sólo son un compendio de la misma. Los únicos que han abordado a fondo algunos de los
problemas que a ellos les afectan son los escritores militares. En estas condiciones, las
memorias, a las que es indispensable recurrir, presentan grandes fallas. Los revolucionarios
no pasan de ser, en el mejor de los casos, unos medianos cronistas; además, casi siempre
han tomado la pluma con un fin preconcebido, a saber: conmemorar algún aniversario,
rendir homenajes, polemizar y aun deformar la historia de acuerdo con las conveniencias de
determinados intereses del momento. Los trabajos parciales, como, por ejemplo, las
monografías locales, presentan pocas garantías científicas. Trascrito por celula2.
Me he esforzado, pues, por buscar el rasgo característico aprovechando la mayor
parte de esta documentación. Para dar al lector elementos muy concretos de apreciación he
reproducido profusamente detalles y citas. Me he limitado a indicar mis fuentes de
información cuando he aprovechado ciertos trabajos anteriores que ofrecen un valor real, y
cuando he creído útil subrayar la autoridad de un testimonio, y, finalmente, con el
propósito de facilitar al lector el trabajo de investigación. Izquierda Revolucionaria
He de proseguir estos trabajos en cuanto me sea posible. Quedaré muy reconocido a
los lectores que reclamen mi atención sobre los puntos incompletos de esta obra, así como
sobre aquellos temas que crean conveniente esclarecer. Conviene que fijemos aquí lo que
representa el año I en la historia de la revolución.
El año I de la revolución proletaria -o sea, de la República de los Soviets- empieza el
7 de noviembre de 1917 (el 25 de octubre, según el antiguo-calendario) y se cierra, como es
natural, el 7 de noviembre de 1918, en el momento en que estalla la esperada revolución
alemana.
Existe una coincidencia casi perfecta entre el calendario y la primera fase del drama
histórico, que se inicia con la insurrección victoriosa y termina con la extensión de la
revolución a la Europa central. Vemos entonces plantearse, por primera vez, todos los
problemas que está llamada a resolver la dictadura del proletariado: organización de los
abastecimientos, organización de la producción, defensa interior y exterior, actitud hacia las
clases medias, los intelectuales, los campesinos, y vida del partido y de los Soviets.
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Propondríamos que se llamase a esta primera fase las conquistas del proletariado, a saber:
toma del poder, conquista del territorio, conquista de la producción, creación del Estado y
del ejército, conquista del derecho a la vida…
La revolución alemana abre la fase siguiente, la de la lucha internacional (o más
concretamente, la de la defensa armada -defensa agresiva en ciertos momentos- del hogar de la revolución
internacional). En 1919 se forma la primera coalición contra la República de los Soviets.
Pareciendo a los aliados insuficiente el bloqueo, fomentan la formación de Estados
contrarevolucionarios en Siberia, en Arkhangelsk, en el Mediodía, en el Cáucaso. Durante
el mes de octubre de 1919, al finalizar el año II, la República, asaltada por ejércitos blancos,
parece estar a punto de sucumbir. Kolechak avanza sobre el río Volga; Denikin, después de
invadir Ucrania, avanza sobre Moscú; Yudenich avanza sobre Petrogrado, apoyándose en
una escuadra inglesa. Un milagro de energía da la victoria a la revolución. Continúan
reinando el hambre, las agresiones, el terror, el régimen heroico, implacable y ascético del
“comunismo de guerra”. Al año siguiente, en el momento en que acaba de decretarse el fin
del terror, la coalición europea lanza a Polonia contra los Soviets. El Ejército rojo llega al
pie de las murallas de Varsovia, en el momento mismo en que la Internacional Comunista
celebra en Moscú su segundo congreso, y alza sobre Europa la amenaza de una nueva crisis
revolucionara. Termina este período en los meses de noviembre-diciembre de 1920 con la
derrota de Wrangel en Crimea y con la paz con Polonia. Parece haber terminado la guerra
civil, pero el levantamiento de los campesinos y la insurrección de Cronstadt ponen
brutalmente de manifiesto el grave conflicto entre el régimen socialista y las masas del
campo.
En 1921 se abre una tercera fase, que podríamos llamar la de la reconstrucción económica,
que se inicia con la nueva política económica (llamada, en abreviatura, la NEP) y que acaba
en 1925-26 con la vuelta de la producción al nivel de la anteguerra (aunque con una cifra de
población superior). Recordemos en breves palabras en qué consistía la NEP. Después de
las derrotas sufridas por las clases obreras de Europa, la dictadura del proletariado se vio
forzada a realizar determinadas concesiones económicas a la pequeña burguesía rural. Estas
concesiones fueron la abolición del monopolio del trigo, la libertad de comercio y la
tolerancia, dentro de ciertos límites, del capital privado. El Estado socialista conservó todas
las posiciones dominantes en el campo económico y no hizo concesión alguna en el terreno
de la política. Esta importante “retirada” -la palabra es de Lenin-, cuya finalidad fue la de
preparar el avance ulterior hacia el socialismo, pacificó el país e hizo más fácil su
reconstrucción.
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A partir de 1925~26 entra la historia de la revolución proletaria de Rusia en una
cuarta fase. Ha llegado a buen término la reconstrucción económica, lo que constituye un
triunfo admirable cuando apenas han pasado cinco años desde la terminación de la guerra
civil, en un país duramente castigado y abandonado a sus propias fuerzas. De allí en
adelante se hace necesario ampliar la producción, se impone alcanzar el nivel de la
producción de los grandes países capitalistas. Todos los problemas aparecen planteados a la
luz de un nuevo día. Estamos en la fase de la industrialización. Se reanuda, cada día con
mayor aspereza, la lucha de clases. Se agravan los males de una revolución proletaria
contenida dentro de las fronteras nacionales y rodeada de países capitalistas. Pero ése es el
presente, la vida, la lucha. Nada mejor para facilitar su comprensión que el conocimiento de
los comienzos heroicos de la revolución, en el curso de los cuales se templaron los
hombres, se concretaron las ideas y se crearon las instituciones.
Doce años han transcurrido desde que tuvieron lugar los acontecimientos que
estudiamos en este libro. La República proletaria fundada por la insurrección del 7 de
noviembre de 1917 vive aún. La clase obrera ha demostrado en Rusia que es capaz de
ejercer el poder, de organizar la producción, de resistir victoriosamente a los enemigos del
exterior y del interior, y que posee la perseverancia necesaria para el cumplimiento de su
misión histórica -que no es otra que la de construir una sociedad nueva-, y esto en las
condiciones más ingratas. Los tanteos y errores de los hombres, las disensiones y las luchas
políticas, lejos de esfumar ante nuestra mirada esta gran realidad, deben servir para
resaltaría más. La revolución proletaria sigue adelante. Este hecho impone un doble deber a
quienes no tienen intereses de clase opuestos a ella: en el interior -es decir, dentro de la
URSS y del movimiento obrero revolucionario internacional-, el de poner sus fuerzas al
servicio de la revolución, combatiendo los males que padece, aprendiendo a defenderla
contra sus propias faltas, esforzándose por contribuir a la elaboración y a la aplicación
incesante de una política inspirada en los intereses superiores del proletariado mundial; en
el exterior, el de defender a la primera República de los Trabajadores, el de velar por su
seguridad, seguir sus trabajos y sus luchas para extraer de ahí las enseñanzas que han de
iluminar mañana a otros pueblos los caminos que conducen a la transformación del
mundo.
Habiendo escrito la mayor parte de este libro en la URSS, lamento no haber podido
consultar las muchas obras importantes aparecidas recientemente en el extranjero. Me fue
completamente imposible tenerlas a la mano.
Enero de 1930.

Continuar aquí: el20ano20i20de20la20revolucion20rusa

En visperas de los 100 años de la revolución de febrero de 1917 en Rusia


En febrero se van a cumplir 100 años de la revolución obrera y campesina que derroco al Zar de Rusia y abrió el camino para la lucha victoriosa de los bolcheviques por el poder de los soviets. Me vino en mente la definición que hace Pedro Kropotkin sobre la Revolución Francesa, la única comparable por su alcance histórico a la revolución Rusa, sobre la fuerza de las revoluciones:
“Una revolución es infinitamente más que una una serie de insurrecciones en los campos y en las ciudades; es más que una simple lucha de partidos, por sangrienta que esta sea; más que una batalla en las calles y mucho más que un simple cambio de gobierno (…) Una revolución es la ruina rápida en pocos años, de instituciones que tardaron siglos en arraigarse y que parecían tan estables y tan inmutables que incluso los reformadores más fogosos apenas osaban atacarlas en sus escritos; es la caída y pulverización (…)
de todo lo que constituía la esencia de la vida social, religiosa, política y económica de una nación, el abandono de las ideas adquiridas y de las nociones corrientes (…) Es, en fin, la floración de nuevas concepciones igualitarias acerca de las relaciones entre ciudadanos, concepciones que pronto se convierten en realidades, comienzan a irradiar sobre las naciones vecinas, trastornan el mundo y dan al siglo siguiente su orientación, sus problemas, su ciencia, sus líneas de desarrollo económico, político y moral”.
El siglo XX fue marcado a fuego por la Revolución bolchevique, sus consignas, su horizonte, el ideal de una sociedad sin explotadores ni explotados. El proyecto de un Estado basado en los soviets que ha medida que la revolución avanzaba en todos los terrenos se iba extinguiendo. No se pueden entender sino los fenómenos aberrantes del siglo XX como el stalinismo, el fascismo, la Segunda guerra mundial, Auswitchz; o los intentos reformadores como el New Deal y el Estado de bienestar; o la violencia imperialista y las dictaduras genocidas en la periferia capitalista. Fueron distintas respuestas para contrarrestar el efecto de ese gran acto liberador que fue la toma del Palacio de Invierno.
Las gigantescas tareas del proyecto revolucionario bolchevique, su llamamiento libertario, sigue pendiente de resolución en el siglo XXI.
Si ellos se atrevieron, como dijo Rosa Luxemburgo sobre Lenin y Trotsky, nosotros también lo haremos.

Marcelo Benítez: “La existencia del Frente de Liberación Homosexual desmentía que éramos enfermos”


Gran nota. hermosa reconstrucción histórica y política de un luchador y de un movimiento que sento las bases de la lucha por la liberación sexual en Argentina. Me llama la atención que a pesar del papel conservador de la izquierda esta presente en la experiencia y propósitos del FLH. Igual creo que existe una diferencia entre los Montoneros que repudiaron abiertamente al FLH y por ejemplo el PST que prestaba sus locales, pero lo hacia condicionadamente, y aunque abrió las discusiones del feminismo no lo transformo en una actitud política para enfrentar a los prejuicios reaccionarios de la clase obrera. Pero lo que me sale rescatar de esa relación izquierda-FLH es que los militantes del FLH no se concebían solo como militantes de la disidencia sexual sino como parte del proceso político y de lucha de clases que inicio el Cordobazo. El FLH nace de revueltas como Stonwell e insurrecciones populares. Me quede con ganas de saber más como se proceso esa situación en la construcción política y teórica de aquella vanguardia. Queda decir que a pesar de que soy más joven me identifico con Benitez y esa idea de que somos los últimos homosexuales. Basta de buscar ser parte de la sociedad burguesa, busquemos destruirla.

http://www.laizquierdadiario.com/Marcelo-Benitez-La-existencia-del-Frente-de-Liberacion-Homosexual-desmentia-que-eramos-enfermos

Andrés Rivera: El verdugo en el umbral de la literatura argentina


En “La revolución es un sueño eterno”, Andrés Rivera nos muestra a Juan José Castelli como un Oliver Cromwell criollo y sentencia que un hombre solo no va más allá de su propia sombra.

La dura condición de los revolucionarios cuando la revolución abandona el escenario de la historia y sólo quedan las palabras y la memoria; que intentan ser sepultadas bajo la hediondez de una montaña de perros muertos mediante la calumnia y la lógica miserable del sentido común, que afirma su autoridad en el supuesto orden natural de las cosas.

En el mismo libro cita “Kote Tsintsdze, antiguo bolchevique, preso en los campos de concentración de José Stalin, envía a León Davidovich Trotsky, en el papel que utilizaban los detenidos para armar cigarrillos, la siguiente misiva: Muchos, muchísimos de nuestros amigos y de la gente cercana a nosotros, tendrán que terminar sus vidas en la cárcel o la deportación. Con todo, en última instancia, esto sería un enriquecimiento de la historia revolucionaria: una nueva generación aprenderá la lección”. Porque mientras siga viva la lengua de las insurrecciones y su memoria, la revolución sigue vigente, latiendo en los solitarios que se empecinan en enfrentar la derrota y encarnar la resistencia para volver.

Rivera es un escritor imprescindible que dio voz en sus libros, de una manera exquisita, a los combatientes revolucionarios, a los militantes proletarios, a los que se atrevieron a tomar en sus manos la antorcha de Prometeo en el asalto a los cielos. Uniendo en un mismo relato la revolución rusa y la clase obrera argentina, una herejía en un país donde el peronismo le niega a los trabajadores su pertenencia a una clase internacional.

Su Guido Fioravanti, una figura olvidada de nuestra clase, llamo a afiliar al Partido Comunista a un Maquiavelo que afirmaba que quien quisiera fundar una república en un país lleno de nobles sólo podía hacerlo a condición de matarlos a todos. El que reivindicaba a su tío Feiguele, recién torturado por la policía, anunciando con orgullo: no cante, soy trotskista.

Supo también exprimir hasta la última gota de sangre y pasión a la historia argentina y sus personajes. Construir por ejemplo, un Juan Manuel de Rosas amargado por la estafa de sus primos; los de Anchorena y el exilio, indignado por los comuneros de 1871, afirmando brutalmente que él los hubiera empalado en Plaza de Mayo. O al despreciable oligarca que le tira a su empleada un pedazo de carne para tratarla como una perra y considera a Charles Baudelaire su lacayo.

Rivera era un escritor económico, a lo Hemingway. Que renunciaba a las pompas y las destrezas de la descripción de un lenguaje sobrecargado, para concentrarse en andamiaje del relato usando la palabra precisa y las imágenes que desbordan violencia, erotismo y belleza. Amante de William Faulkner, había logrado sintetizar el sonido y la furia de la lengua en la construcción de sus historias.

Junto a Ruth Werner, con quien escribimos el libro “Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976”, lo vimos irse refunfuñando de la librería del IPS Karl Marx cuando salió la primer edición del libro, allá por el 2007. Él se hizo presente en la casona de la palmera de la calle Riobamba 144 en CABA para buscar su ejemplar y se retiró malhumorado por el atraso en la entrega de la imprenta. Un orgullo pensar que leyó nuestro trabajo o al menos se interesó en él.

Participó de la lucha de clases como obrero y de gran parte de la vida de la izquierda argentina, junto a su compañera Susana Fiorito. Hizo de su literatura un campo de batalla. Alguna vez dijo que quería que en su lápida figurara que allí yacía un militante. Que así sea recordado.

Gracias por el sueño eterno de la revolución.

Andrés Rivera


Dijo Monteagudo: la muerte es un sueño eterno.
Se fue un imprescindible de la literatura argentina. Un escritor exquisito que supo hablar de revoluciones, de guardias blancas, de traiciones, de la vejez, del amor, de la muerte. Con el estilo económico de un Hemingway criollo, dio voz a los combatientes revolucionarios en la literatura argentina.
Dijo Andrés Rivera: La revolución es un sueño eterno.
Gracias.

http://www.laizquierdadiario.com/No-hay-revolucion-sin-revolucionarios