ACERCA DE UN ARTICULO DE MARIO TOER EN PAGINA/12 CONTRA EL TROTSKISMO ¿Quién le hace el juego a la derecha? (LVO 408)


El politólogo Mario Toer acaba de publicar en el diario oficial Página/12, (el mismo donde pisa fuerte el ideólogo de la actual política de Seguridad, Horacio Verbitsky), un virulento ataque al trotskismo repitiendo los argumentos de Hannibal Fernández sobre una supuesta funcionalidad de sus acciones con la derecha.

El ataque de Toer se inscribe en la línea del actual funcionario de la Biblioteca Nacional, Horacio González, con quien polemizamos en el número anterior de La Verdad Obrera, quien sostiene que el trotskismo es funcional a la “razón golpista” de una derecha que cuestiona la “razón democrática”. Toer justifica su crítica argumentando contra el corte realizado por militantes del Partido Obrero el 23 de diciembre. Nuestras posiciones con respecto a esta acción son públicas, así como es pública e incondicional nuestra defensa de los compañeros ferroviarios del PO ante los ataques del Estado.

Lo cierto es que Toer repite en su nota un compendio de lugares comunes contra el trotskismo, breviario que tiene su origen “intelectual” en el estalinismo que desde el surgimiento de la oposición de Izquierda a fines de los años ’20 se encargó de calumniar y perseguir al movimiento trotskista en la Unión Soviética y en el resto del mundo, llegando incluso al vil asesinato del dirigente de la revolución bolchevique León Trotsky en su exilio mexicano, para sostener una dictadura totalitaria de una burocracia privilegiada que ejercía el poder mediante el gulag y el crimen político.

Pero centrémonos en este artículo en el lugar común favorito de los K: “el trotskismo le hace el juego a la derecha”. El argumento se nutre de históricas calumnias del estalinismo contra los trotskistas que fueron acusados sucesivamente de agentes de los nazis (cuando quien terminó pactando con Hitler fue Stalin) o de agentes de la CIA (cuando quienes pactaron con el imperialismo yanqui mantener el status quo del mundo de Yalta fueron los burócratas del Kremlin). Recordemos también que durante la Guerra Civil española los estalinistas liquidaron a los sectores a su izquierda como el POUM, los anarquistas y los trotskistas, acusándolos de agentes de Franco. Asociar al trotskismo o a la extrema izquierda con la fuerza reaccionaria de la burguesía siempre ha sido un recurso funcional a una burocracia que con su política permitió la victoria de esos mismos sectores reaccionarios.

Los argumentos de Toer no son originales. Pero quizás no haya que pedirle conocimiento sobre la historia del movimiento comunista y la historia de las revoluciones del siglo XX. Ahora bien, como politólogo y docente de la UBA bien podría cuidarse de acusar falsamente a los trotskistas cuando en la tradición política argentina –sin demasiadas sutilezas- la derecha peronista encarnada por la burocracia sindical se dedicaba a perseguir al activismo obrero acusándolos de trotskistas que querían “hacer flamear el sucio trapo rojo”. Basta leer ¿Quién mato a Rosendo? de Rodolfo Walsh o el Informe a las Bases de John William Cooke para documentarse sobre el asunto.

En el artículo de Toer puede verse una segunda coincidencia con el estalinismo, en este caso de matriz maoísta, cuando dice que “en los países periféricos” los trotskistas “Nunca pretendieron encontrar un enemigo principal o procurar la unidad del pueblo”. Con esta idea que nos recuerda el politólogo toda la izquierda estalinista y pequeñoburguesa de América Latina a lo largo del siglo XX subordinó al movimiento obrero y campesino a la alianza con la “burguesía nacional” (“unidad del pueblo”) para enfrentar al imperialismo yanqui (“enemigo principal”). Sin embargo si hay algo que ha fracasado es esta política. Digamos tan solo, para no abundar en ejemplos, que en Argentina la dirección política de la burguesía nacional sobre el movimiento popular, el peronismo, fue responsable de las sucesivas derrotas de la nación oprimida frente al imperialismo, como cuando se acobardó para enfrentar al “golpe gorila” en 1955.

Contrario a lo que sostiene Toer que vulgariza al trotskismo, la realidad confirmó la concepción del trotskismo de que la liberación de los países oprimidos por el imperialismo es imposible sin romper lanzas con la burguesía nacional, conquistar la independencia política de la clase obrera y establecer la alianza de obreros y campesinos. La burguesía nacional es socia menor de la gran burguesía imperialista, y optará siempre por subordinarse a esta ante el terror que le provoca la organización y movilización independiente del pueblo trabajador. Esto se vio confirmado en parte por la Revolución Cubana de 1959 que para triunfar tuvo que expropiar y enfrentar a esa misma burguesía. El Che Guevara –que no era trotskista- lo sintetizó en su famosa conclusión “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución” .

Respondamos entonces el argumento K ¿quién le hace el juego a la derecha? Tomemos algunos ejemplos: en septiembre de 2009 los obreros y obreras de Kraft tomaron la planta ante el despido de la Comisión Interna y los activistas. Los trotskistas participamos de esta gesta del sindicalismo de base, donde el gobierno ordenó reprimir y desalojar la fábrica a pedido directo de Vilma Martínez, la embajadora de EE.UU. en Argentina. La lucha contra la tercerización laboral en ferroviarios enfrentó no sólo a la patronal sino también a la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria. Los trotskistas somos parte activa de la lucha y la organización de los tercerizados porque su victoria significa conquistar más derechos democráticos y sociales para la clase trabajadora. El asesinato de Mariano Ferreyra se dio días después de que CFK compartiera la tribuna con Hugo Moyano y sectores de la UF en la cancha de River. No sólo eso, la causa contra Merino y Hospital se basa en considerar el corte de vías como una extorsión, es decir, sienta el precedente de que todo corte, huelga u ocupación pueden ser impugnados bajo esta figura. Ante la ocupación del Indoamericano los trotskistas nos movilizamos solidarios con los compañeros sin techo luego del accionar criminal de las patotas fascistas y la militarización de la gendarmería, exigiendo solución al problema de la vivienda. Por su parte el kirchnerismo, a través de Sergio Schoklender de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, primero los denunció judicialmente lo que habilitó el accionar conjunto de la Federal y la Metropolitana de Macri que terminó con el asesinato de Bernardo Salgueiro y Rosmary Chura Puña. Luego, en vez de plantear una respuesta al tema de la vivienda, el gobierno creó un Ministerio de Seguridad dando su propia receta a la demanda de la derecha reaccionaria. ¿Quién le hace entonces el juego a la derecha? ¿Los que luchamos por la organización de los trabajadores y el pueblo pobre para conquistar y ampliar sus derechos, sin detenernos ante las fronteras de la propiedad privada capitalista, o los que atacan la movilización popular y la acción directa en nombre de un orden político y social que excluye y le niega ciudadanía a una gran parte de la sociedad?

Si algo ha demostrado la historia del siglo XX y la primera década del siglo XXI es que la dominación burguesa bajo las formas democráticas es la envoltura de una dictadura del capital y que para derrotar a los sectores reaccionarios y defender las libertades democráticas y las conquistas de los trabajadores, el mejor reaseguro es la movilización y la organización de los explotados. En este sentido el ataque a los trotskistas no es una casualidad ni será una excepción, es una necesidad de la burguesía argentina temerosa de que la acción directa permita el crecimiento de las ideas revolucionarias en la clase trabajadora y la juventud. No creemos que Toer sea un ignorante, el tema es que posiciones como las que sostiene el kirchnerismo son las que le allanan el camino al enemigo que dicen combatir.

1 – Ernesto Che Guevara. Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental

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