Libia, ¿va camino a convertirse en otro Irak? (Marcelo Cantelmi, Clarin)


Buena nota de Cantelmi donde caracteriza la intervención imperialista más motivada por el temor a la insurrección popular -como forma de marcar un limite a la acción de las masas- y una forma de obligar a los regímenes autocráticos a la negociación.

Abajo la intervención imperialista en Libia. Viva la revolución árabe.

 

Libia se encamina a transformarse en otro Irak después de haberse convertido en estos días en el garrote más efectivo para intentar acabar con el despertar democrático en una región atrapada por las más duras dictaduras. La decisión de la ONU de autorizar la intervención armada contra Muammar Kadafi es una acción de guerra que tiene como propósito quitar ese poder de las manos del líder libio. Pero también es una gravísima medida que implica una avanzada occidental para controlar el futuro de este país petrolero abriendo un enorme interrogante sobre el futuro de estas revoluciones republicanas.

No hay que olvidar que esto sucede después de que detrás del modelo represivo libio el reino de Bahréin, dispuso ley marcial y estado de emergencia por tres meses y recibió 1.500 hombres de Arabia Saudita para sumar a la brutal batalla callejera que conmueve a esa pequeña comarca de medio millón de habitantes.

En la misma estela en Yemen, el dictador prooccidental Ali Abdullah Saleh, que hace 32 años retiene el poder, ha rearmado sus fuerzas de seguridad con US$ 250 millones que le entregó EE.UU.

, para aplastar su propio capitulo revolucionario. Hay, sin embargo, al menos dos problemas con estos métodos y que expuso con claridad el caso extremo libio.

Uno es cómo se detiene a estos monstruos después de que se los deja funcionando.

El otro, mucho más complejo y central, es que no importa lo que se haga a ese nivel, no se neutralizan las razones sociales que hicieron posible las rebeliones. Es justo en ese punto donde pretende intervenir ahora EE.UU. y parte de Europa con el acuerdo logrado en la ONU para generar un relevo controlado y canalizar, según sus intereses, la furia popular.

Es interesante observar el conjunto para comprender las alianzas que se están modificando. El levantamiento que desafió a Kadafi no difirió en su génesis de los que voltearon a los regímenes autocráticos de Túnez y Egipto.

Son países que han aplicado severos ajustes económicos con esquemas de privatización y precarización del empleo. Esas medidas, que concentran la riqueza y aumentan la pobreza, sucedieron en momentos de una suba empinada del precio de los alimentos.

Los cereales, que en estos países como en otros del mundo subdesarrollado, implican dos tercios de las calorías que recibe la gente, subieron, según la FAO, el organismo sobre alimentación de la ONU, 57% sólo en el último semestre del año pasado.

La ventaja de las dictaduras, es que este tipo de programas económicos se ejecutancon la gente amputada de cualquier decisión y sin instituciones.

Pero improbablemente exista un barril de pólvora más inestable que el que combina abusos con asfixia económica. Tanto en Túnez, Egipto como Libia, estas rebeliones estallaron por la prepotencia de estos regímenes: la destrucción por la policía de un carrito de un universitario obligado a vender verdura para no morir de hambre en Túnez y que acabó suicidándose; la masacre por los agentes secretos de Hosni Mubarak de un joven empresario en Alejandría o el arresto de un abogado defensor de los derechos humanos en Bengazi.

El aluvión republicano pero esencialmente social de estas protestas, modificó el mapa geopolítico de la región y amenazó con una mudanza radical que es la que ahora comienza a ser bloqueada o filtrada. La intervención militar de Arabia Saudita en Bahréin, transformando un acuerdo de mutua defensa contra enemigos externos, en una herramienta de política interna, tiene el objetivo de curarse en salud de estas protestas que también amenazan a la corona autoritaria de Riad.

En Libia, EE.UU. o Europa no han tenido nunca en claro si el movimiento rebelde tenía poder para triunfar y tampoco, en tal caso, si podrían sostener con la oposición el mismo nivel de negociación que les ha garantizado el tirano de Trípoli. Pero el “buen alumno” Kadafi que ayer, mientras la ONU votaba, prometió que no tendría misericordia con sus adversarios, se tornó incontrolable convirtiendo lo que parecía un triunfo seguro —que Occidente le había dejado claramente construir hasta ahora—, en una profecía de masacre que cancelaba cualquier acuerdo futuro.

No se deben buscar meras buenas intenciones en este movimiento de la ONU. La intervención puede derrumbar a Kadafi, pero contamina y debilita la insurrección , alimentando en Libia y en el resto de los liderazgos árabes la idea intencionada de que no es una rebelión popular lo que vive la región sino una protesta inducida.

Es claro que hay urgencias en el norte mundial para parar estos movimientos libertarios.

El descubrimiento de la vía republicana que fulminó el prejuicio de la imposibilidad democrática de estos pueblos, demolió certezas y disparó un aumento del precio del petróleo, amenazando la ligera recuperación de la economía global.

Esa incertidumbre se volvió explosiva con las consecuencias del terremoto en Japón, tercer comprador mundial de petróleo y que no es un jugador menor detrás de la decisión de la ONU.

El esmerilamiento de la capacidad atómica de esa potencia asiática sumado a las extraordinarias necesidades de la reconstrucción, aumentarán la cuota japonesa de requerimiento de crudo en más de 400 mil barriles diarios , por encima de los 4,25 millones que compra habitualmente. Esa aspiradora volverá a empujar hacia arriba el precio del fluido que saltaría a niveles aún más imprevisibles si la producción, además, se obtura. Libia redujo a menos de la mitad su capacidad de bombeo desde que estalló esta crisis.

Y no es difícil imaginar lo que sucedería si una irrupción democrática acorrala a la corona saudita, el mayor productor mundial.

Ese hilo que une a todos estos factores, es el que movió las piezas de este tablero. Pero en cualquier caso será efímero aún al margen de lo que suceda con el déspota libio. Las contradicciones sociales que hicieron posible estas rebeliones no desaparecerán hasta que sean resueltas, no importa el rostro que se dibuje para intentar contenerlas.

Copyright Clarín, 2011.

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