Quiénes son y de dónde vienen los líderes que buscan echar al dictador (Clarin)


El liderazgo rebelde es la gran incógnita de la crisis en Libia desde que estalló esta rebelión el 17 de febrero. No es una inquietud exagerada dadas las circunstancias. Esta gente que ha logrado un polémico amparo de la comunidad internacional será el próximo gobierno si llega a caer la dictadura de 42 años de Muammar Kadafi. Pero ¿quiénes son? ¿De dónde vienen? Y especialmente ¿con quién y qué hicieron antes? Aunque lo parece, no es tanto, sin embargo, lo que permanece oculto. Buena parte de estos personajes vienen de altos cargos ejecutivos en el régimen , pero lo más interesante es que han sido el rostro de la apertura ultraliberal que el propio déspota eligió y puso en marcha durante la década del 2000 para amplificar sus negocios petroleros y de todo tipo con EE.UU. y Europa. Esa vía aperturista es la que terminó avivando la idea de una mutación hacia un modelo institucional al estilo occidental que tomó vuelo al esparcirse las revoluciones republicanas desde Túnez y Egipto. Lo paradójico fue que esos programas de concentración de la economía fueron los que aceleraron la miseria que acabó alimentando el estallido revolucionario . Por lo tanto es previsible que, si cae la dictadura, improbablemente esta misma gente seguirá en puestos de mando más adelante tal y como ha sucedido en los ejemplos de Túnez o Egipto. Pero veamos qué sucede hoy en Libia.

La dirección de la revolución o Consejo Nacional Provisional basado en Bengazi, la capital rebelde, está integrado por 31 personas . En su mayoría mantienen los nombres ocultos por cuestiones de seguridad. Lo preside el ex ministro de Justicia de Kadafi, Mustafa Abdel Jalil, y su segundo es el abogado especializado en derechos humanos y perseguido, encarcelado y torturado por el régimen, Abdel Hafih Ghoga. También, en esa primera línea se encuentra el general Abdul Younis, quien fue durante años nada menos que el ministro del Interior del régimen y ahora es uno de los referentes militares de los revolucionarios.

El tronco principal de esta administración alternativa lo forman representantes de los distintos estados del país. En su página de internet los revolucionarios refieren a su país como la República de Libia e ignoran el nomenclador de Gran Jamahiriya (estado de las masas) Árabe Libia Popular Socialista que impuso la dictadura.

Por debajo de esta gente no es muy claro lo que hay.

El país es muy creyente, pero no se observa ninguna manifestación ultraislámica, más bien todas de tono libertario. El propio Ghoga le dijo a este enviado que Libia es musulmana pero, “cuando derrotemos a la dictadura, tendremos un gobierno laico con tres poderes e instituciones” como en Occidente.

Para intentar aliviar dudas y sospechas, colocaron a la cabeza de la página de Internet las palabras “Libertad, Justicia y Democracia”. Y hay una declaración con el mismo énfasis de seguridad jurídica apuntando a los inversionistas , en la que aseguran que “respetarán y honrarán todos los acuerdos internacionales y regionales firmados por el gobierno libio”.

Este Consejo surgió de la “Coalición 17 de febrero” que fue el armado inicial, que luego formó el Consejo Nacional y hace poco se convirtió en un gobierno provisorio con el politólogo y economista Mahmoud Jibril como premier interino. Este hombre es central en toda esta historia. Autor de diez libros sobre sistemas de decisión y planificación estratégica y con posgrados en Pittsburgh, ganó notoriedad porque fue quien logró que Francia y la Unión Europea reconocieran al régimen rebelde como el único gobierno de Libia. Y fue quien se reunió con Hillary Clinton en París, antes de que se decidiera el envío de los aviones de la OTAN.

Jalil, de 60 años, fue un funcionario relevante en la dictadura , a cargo de la Oficina Nacional de Desarrollo desde 2007, esto es, unos tres años luego de que Occidente levantara las sanciones que pesaban sobre el régimen por cargos de terrorismo. Aproximadamente para la misma época, el hijo más influyente de Kadafi, Saif al Islam, designó como ministro de Justicia al mencionado Mustafa Abdel Jalil, el actual presidente del Consejo revolucionario, un ex juez de ideas liberales como Jibril y con dos de sus ocho hijos viviendo en Londres. Jibril, el ahora premier interino, fue el arquitecto de la penetración en Libia de las inversiones de EE.UU., Gran Bretaña y del resto de Europa.

La otra personalidad de enorme influencia que saltó de bando es Omar Al Hariri, el jefe de las Fuerzas Armadas rebeldes. Al Hariri era un estrecho amigo de Kadaficuando ambos eran jóvenes oficiales del Ejército. Los dos conspiraron para dar el golpe de 1969 que derrocó al rey Idris. En 1975, cuando era secretario general del gabinete revolucionario, Al Hariri intentó organizar un complot para derrocar a su ex amigo. Fue descubierto y encarcelado 15 años. Hay mucho odio en las venas de ese hombre.

Es interesante observar qué significaba en Libia pertenecer al régimen en el poder. Cuando Occidente levantó las sanciones contra Libia en 2004, un aluvión de empresas de telecomunicaciones y petroleras invadieron el país.

Pero pronto descubrieron que todos los negocios debían ser armados con Kadafi y su familia . El propio dictador supervisaba todos los contratos superiores a US$ 200 millones. Los negociados fueron tales que hasta se exigió a una petrolera canadiense que auspiciara las pinturas de Saif al-Islam que los museos habían rechazado como banales, según la prensa canadiense. Una firma de ese país, SNC–Lavalin, que ganó US$ 1.000 millones en contratos, fue el obligado sponsor de un equipo de fútbol que había contratado como jugador a Saadi, otro hijo del dictador.

La cleptocracia llegó a tales extremos que fue famosa la pelea entre dos de los otros hijos del déspota, Muhammed y Mutasin, por controlar la subsidiaria local de la Coca Cola.

Para que toda esta estructura funcionara, Kadafi modificó su gabinete imponiendo figuras a tono con los nuevos vientos liberales y aceptadas por Occidente aun con este trasfondo de corrupción. Entre ellas resalta Jibril, a quien el embajador de EE.UU. –según cables de Wikileaks– describió como “un interlocutor serio que comprende la perspectiva estadounidense”.

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