Pensando en el programa. Guillermo Lora y el Frente de Izquierda


Había una vez un trotskista boliviano llamado Guillermo Lora que sostenía que el partido era el programa y la dirección la fusión del programa con las masas. Hay que reconocerlo, el POR boliviano -el partido dirigido por Lora- impuso su programa al proletariado minero y el mismo POR fue una organización de combate de la clase obrera del altiplano durante la revolución de 1952. Las Tesis de Pulacayo no eran cualquier programa y constituyen de lejos la expresión más consciente y avanzada de una clase obrera revolucionaria de América latina. Ni siquiera la revolución cubana pudo dar una documento tan extraordinario de clarificación e independencia política de ñla clase obrera. Las Tesis de Pulacayo proclamaban la necesidad de la dictadura del proletariado en Bolivia, la alianza obrera y campesina contra el imperialismo, la oligarquía terrateniente y la burguesía, el armamento general del proletariado y el papel indiscutido del proletariado minero como vanguardia de la revolución social en Bolivia. El problema fue que mientras el POR imponía su programa a la COB, la dirección de la COB, encabezada por el dirigente minero y del ala izquierda del MNR -partido nacionalista burgués que intentaba domar la revolución proletaria mediante el frente popular- usaba el programa para justificar su colaboración con la burguesía en el gobierno -del que participaban como ministros- del MNR. Y el POR se limitaba a aconsejar a los dirigentes de la COB, que hacían suyas las Tesis de Pulacayo, a hacer un gobierno del MNR de izquierda.

La tragedia de la revolución boliviana no fue de falta de programa, ni mucho menos de combatividad y heroísmo de las masas que habían derrotado en batallas a campo abierto a las FFAA de la burguesía. Nada de eso. La tragedia de la revolución boliviana fue de la falta de una dirección política revolucionaria, con una estrategia acorde al programa que se propone, que dirija las organizaciones de combate y poder de las masas autodeterminadas de obreros y campesinos.

El POR repitió un error similar en la década del ’70. Integro junto con el general Torres -un militar nacionalista de izquierda-, el PC y otros grupos el Frente Revolucionario Antiimperialista que se constituyo bajo un programa planteada la dictadura del proletariado como objetivo político. Ni Torres, ni el PC pretendían la dictadura del proletariado sino más bien impedirla, detenerla.

La reflexión viene a razón de lo siguiente, la vanguardia obrera y revolucionaria necesita de un programa pero sobre todo de una dirección política independiente de la burguesía y el reformista. En un partido revolucionario de la clase obrera, el programa sintetiza las tareas de la lucha de clases y la revolución, tiene la función de plasmar la alianza de las clases explotadas y es esencial para forjar una organización con unidad de objetivos. Sin embargo, todo programa exige explicar como se va a realizar, organizar el combate de clases real y tener independencia política del reformismo. Es decir el programa esta unido a una estrategia.

Los compañeros del Partido Obrero son partidarios de la concepción lorista del partido y la dirección. (PO supo ser parte de la corriente internacional del lorismo y reivindicar al FRA del general Torres). Decir que el PO se caracteriza por plantear que la dirección política es la imposición del programa y que toda la actividad esta orientada a ello, no es estar forzando la verdad. Por una alternativa obrera y socialista es el lema del PO. Llamativamente en las discusiones programáticas del Frente de Izquierda es el PO quien ofreció más resistencia al establecimiento de un programa común. Extraño al menos. No hace mucho, en los tiempos del Bloque Piquetero Nacional, luego del 2001, el PO hizo una frente político común con Raul Castells y el Partido Comunista y lo justificaba centralmente por el programa. Ni Castells ni el PC pensaban luchar seriamente por el programa, sino que lo usaban para encubrir su verdadera posición política, en el caso del líder del MIJD su coqueteo con los populismos derechosos y en el del PC para hacer efectiva su histórica predica de la colaboración de clases.

Voy a atajarme un poco. Es complicado llevar las lecciones de una extraordinaria revolución social como la de los mineros bolivianos a una discusión cuyo punto de partida es una campaña electoral. Al menos antipático como argumentación. Pero esa es la función de la critica marxista, extraer conclusiones de la actividad revolucionaria histórica para guiar la lucha política y de clases presente. Es una de las formas de preparar una vanguardia revolucionaria capaz de intervenir audazmente ante la crisis capitalista y en la organización de la lucha de clases real.

En un post anterior explique la insuficiencia del programa del FIT en ciertos aspectos, lo cual le quita profundidad a un planteo de independencia política de clase y lucha por el gobierno de los trabajadores. Sobre todo una deficiencia enorme en el planteo de la lucha por recuperar las organizaciones obreras y en el planteamiento de la dictadura del proletariado (hubo un tiempo que el PO se caracterizaba por reivindicar ser el único partido que luchaba por la dictadura del proletariado en el mundo). Ciertamente son pocas las ocasiones en que un partido socialista puede desplegar en la actividad el conjunto de su programa. Las elecciones, a pesar de que la clave de toda campaña política es la agitación de consignas claras, son una de esas ocasiones donde el programa puede ser explicado y usado como factor de organización política de un movimiento militante. Cierto es que los frentes electorales se establecen sobre una base de acuerdo común para una lucha política precisa. Pero la particularidad en el caso del Frente de Izquierda es que reúne a las organizaciones socialistas revolucionarias del país que tienen una matriz ideológica y programática común, por lo cual la claridad programática es una virtud -y una obligación- frentista que lo distingue de todas las alianzas políticas que se presentan a la lucha electoral. Y que un programa común de los trotskistas podría establecer una base de delimitación extraordinaria con el kirhcnerismo nac and pop, el centroizquierdismo sojero y los populismos de izquierda y ayudaría a dar dirección política e ideológica a la vanguardia militante del sindicalismo de base y la juventud combativa. Pero además plantaría la discusión de las diferencias en los temas profundos, aunque no necesariamente los más al orden del día, de la estrategia y la concepción de la actividad revolucionaria.

La difusión y discusión del programa y la estrategia tiene que articular una parte de la campaña militante de los comités de apoyo del Frente de Izquierda.

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Un comentario en “Pensando en el programa. Guillermo Lora y el Frente de Izquierda

  1. no hay que olvidarse del Amigo Parajon en Tucuman, que el PO colaboro a instalar como figura y hoy es un aliado circunstancial del gobernador….(lño peor llegaron a coquetear con el la ultima vez en 2010!!! para hacer un acto del 1 de Mayo en común, aunque los desbanco rapidamente para irse con Libres del Sur)

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