Revelan atrocidades durante ensayos médicos de EE.UU. en Guatemala


Una comisión investigadora norteamericana reveló nuevos y espeluznantes detalles del experimento médico de Estados Unidos realizado en Guatemala en la década de 1940, como la decisión de volver a infectar a una mujer agonizante en un estudio sobre la sífilis.

El experimento es ya considerado como uno de los episodios más sombríos de la investigación médica en la historia de Estados Unidos, pero los miembros del grupo afirman que la nueva información indica que los investigadores tuvieron una insólita actitud inmoral, incluso si el hecho fuera puesto en el contexto histórico de otra época.

“Los investigadores colocaron en primer lugar sus propios avances médicos y en un distante segundo lugar al decoro humano”, dijo Anita Allen, integrante de la Comisión Presidencial para el Estudio de Asuntos de Bioética.

Entre 1946 y 1948, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos y la Oficina Sanitaria Panamericana trabajaron con varios organismos del gobierno guatemalteco para realizar el estudio médico, pagado por el gobierno estadounidense, que implicaba la exposición deliberada de cientos de personas a enfermedades de transmisión sexual.

Los científicos intentaban determinar si la penicilina, entonces relativamente nueva, podía evitar la infección en las 1300 personas expuestas a sífilis, gonorrea y chancroide. Entre los inoculados con sífilis había soldados, prostitutas, prisioneros y enfermos mentales.

La comisión reveló que sólo unos 700 de los infectados recibieron algún tratamiento. También, que 83 personas murieron, aunque se desconoce si los decesos fueron debidos directamente a los experimentos.

La investigación no produjo ninguna información médica útil, según algunos especialistas. Por varias décadas fue ocultada, hasta que fue denunciada el año pasado debido a que una historiadora médica del Colegio Wellsley descubrió expedientes entre unos documentos del médico John Cutler, quien dirigió el experimento.

La comisión de bioética reveló que algunos de los estudios eran más espantosos de lo que inicialmente se supo. Por ejemplo, siete mujeres con epilepsia, que estaban alojadas en el Asilo de Alienados de Guatemala, fueron inyectadas con sífilis abajo de la nuca, lo cual además es un procedimiento riesgoso. Los investigadores creían que la nueva infección podría de alguna manera curarles la epilepsia. Cada una de las mujeres se enfermó de meningitis bacteriana, posiblemente por el uso de material sin esterilizar, pero fueron tratadas.

Quizá los detalles más perturbadores se refieren a una paciente femenina de sífilis con una enfermedad terminal, no revelada. Los investigadores, interesados en ver el impacto de una nueva infección, le inocularon gonorrea en los ojos y en otras partes. Murió seis meses después. La médica Amy Gutmann, directora de la comisión, describió el caso como “escalofriantemente atroz”.

Durante ese tiempo, otros investigadores utilizaban también a personas como ratones de laboratorio, en algunos casos infectándolas con enfermedades..

Sangre, sudor y lágrimas (Atilio Boron. P12)


La suerte del régimen libio está echada. A estas horas la única cuestión pendiente es el destino de Muammar Khadafi: ¿Se rendirá o luchará hasta el fin? ¿Será Allende o Noriega? ¿Vivo o muerto? Y, si vivo, ¿qué le espera? El exilio es altamente improbable: no tiene quién lo reciba y, además, su inmensa fortuna, depositada en bancos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia está bloqueada. Lo más probable será que siga la suerte de Slobodan Milosevic y termine enfrentando las acusaciones del Tribunal Penal Internacional, que lo acusará por genocida al haber ordenado a sus tropas que disparen contra su pueblo. Haciendo gala de una obscena doble moral, el TPI va a acoger una petición de un país, Estados Unidos, que no sólo no ha firmado el tratado y que no le reconoce jurisdicción sobre sus nacionales, sino que lanzó una pertinaz campaña en contra del mismo, obligando a más de un centenar de países de la periferia capitalista a renunciar a su derecho a denunciar ante el TPI a ciudadanos norteamericanos responsables de violaciones semejantes –o peores– que las perpetradas por Khadafi. Una infamia más de un supuesto “orden mundial” que se está cayendo a pedazos gracias a los continuos atropellos de las grandes potencias. Y una lección para todos aquellos que confían –como en su momento lo hizo la Argentina de los noventa– en que consintiendo las “relaciones carnales” con el imperialismo se gozaría para siempre de su protección. Craso error, como se comprobó en el derrumbe de la Convertibilidad y como hoy lo experimenta en carne propia Khadafi, atónito ante la ingratitud de aquellos de quienes se había convertido en obediente peón.

Siendo esto así, ¿por qué Obama, Cameron, Sarkozy y Berlusconi le soltaron la mano? En primer lugar, por oportunismo. Esos gobiernos, que se habían alineado incondicionalmente con Mubarak en Egipto durante décadas, cometieron el error de subestimar el fervor insurreccional que conmovía a Egipto. Cuando cambiaron de bando, dejando en la estacada a su gendarme regional, su desprestigio ante la revolución democrática se hizo ostensible e irreparable. En Libia tuvieron la ocasión de reparar ese mal paso, facilitado por la brutal represión que Khadafi descargó en las primeras semanas de la revuelta. Esto ofreció el pretexto que estaban buscando para desencadenar la no menos brutal intervención militar de la OTAN –con su funesta secuela de víctimas civiles producto de los “daños colaterales” de sus “bombas inteligentes”– y, por otro lado, dando pie al inicio de las actuaciones del TPI, a cuyo fiscal general ni por asomo se le ocurriría citar al comandante de la OTAN para rendir cuentas ante crímenes tanto o más monstruosos que los perpetrados por el régimen libio.

En una entrevista reciente, Samir Amin manifestó que toda la operación montada en contra de Khadafi no tiene que ver con el petróleo, porque las potencias imperialistas ya lo tienen en sus manos. Su objetivo es otro, y ésta es la segunda razón de la invasión: “Establecer el Africom (el Comando Militar de Estados Unidos para Africa), actualmente con sede en Stuttgart, Alemania, dado que los países africanos, no importa lo que se piense de ellos, se negaron a aceptar su radicación en Africa”. Lo que requiere el imperialismo es establecer una cabeza de playa para lanzar sus operaciones militares en Africa. Hacerlo desde Alemania, aparte de poco práctico, es altamente irritativo, por no decir ridículo. Ahora tratarán de que el régimen lacayo que se instale en Trípoli acepte la amable “invitación” que seguramente le cursará la OTAN.

De todos modos, el operativo no será para nada sencillo, entre otras cosas porque el Consejo Nacional de la Transición (CNT) es un precipitado altamente inestable y heterogéneo de fuerzas sociales y políticas débilmente unidos por la argamasa que sólo le proporciona su visceral rechazo a Khadafi, pese a que no son pocos quienes hasta hacía pocos meses se contaban entre sus más obsecuentes y serviles colaboradores. Hay fundadas sospechas para creer que el asesinato aún no aclarado del ex jefe militar de los rebeldes, Mohammed Fatah Younis, ex ministro del Interior de Khadafi y ex comandante de las fuerzas especiales libias, fue causado por un sector de los rebeldes en represalia por su actuación en el aplastamiento de una revuelta islamista en la década de los noventa. Otro ejemplo, no menos esclarecedor que el anterior, lo ofrece el mismísimo presidente del CNT. Según Amin, Mustafá Abdel Jalil es “un curioso demócrata: fue el juez que condenó a las enfermeras búlgaras a la muerte antes de ser promovido a ministro de Justicia por Khadafi”, cargo en el que se desempeñó desde 2007 hasta 2011. El CNT, en suma, es un bloque reaccionario y oportunista, integrado por islamistas radicales, socialistas (“estilo Zapatero o Tony Blair”), nacionalistas (sin nación, porque Libia no lo es) y, como señala el analista internacional Juan G. Tokatlian, “bandidos, empresarios, guerrilleros y ex militares” para ni hablar del faccionalismo tribal y étnico que ha marcado desde siempre la historia de ese territorio sin nación que es Libia. Por eso no existen demasiadas razones para suponer que el CNT inaugurará un período democrático. Sus miembros no tienen mejores credenciales que Khadafi, y pesa sobre ellos la irredimible infamia de haber invitado a las potencias imperialistas a bombardear sus ciudades y aldeas para viabilizar su derrocamiento. Por eso, lo más probable es que una vez derrotado el régimen, las sangrientas luchas intestinas y la ingobernabilidad resultante tornen inevitable para las potencias imperialistas entrar en otro pantano, como Irak y Afganistán, para establecer un mínimo de orden que permita organizar su rapiña. Desgraciadamente, lo que le espera a Libia no es la democracia, sino un turbulento protectorado europeo-norteamericano y, como dijera Winston Churchill de su país en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, sangre, sudor y lágrimas.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.

Sangre, sudor y lágrimas (Atilio Boron P12)


La suerte del régimen libio está echada. A estas horas la única cuestión pendiente es el destino de Muammar Khadafi: ¿Se rendirá o luchará hasta el fin? ¿Será Allende o Noriega? ¿Vivo o muerto? Y, si vivo, ¿qué le espera? El exilio es altamente improbable: no tiene quién lo reciba y, además, su inmensa fortuna, depositada en bancos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia está bloqueada. Lo más probable será que siga la suerte de Slobodan Milosevic y termine enfrentando las acusaciones del Tribunal Penal Internacional, que lo acusará por genocida al haber ordenado a sus tropas que disparen contra su pueblo. Haciendo gala de una obscena doble moral, el TPI va a acoger una petición de un país, Estados Unidos, que no sólo no ha firmado el tratado y que no le reconoce jurisdicción sobre sus nacionales, sino que lanzó una pertinaz campaña en contra del mismo, obligando a más de un centenar de países de la periferia capitalista a renunciar a su derecho a denunciar ante el TPI a ciudadanos norteamericanos responsables de violaciones semejantes –o peores– que las perpetradas por Khadafi. Una infamia más de un supuesto “orden mundial” que se está cayendo a pedazos gracias a los continuos atropellos de las grandes potencias. Y una lección para todos aquellos que confían –como en su momento lo hizo la Argentina de los noventa– en que consintiendo las “relaciones carnales” con el imperialismo se gozaría para siempre de su protección. Craso error, como se comprobó en el derrumbe de la Convertibilidad y como hoy lo experimenta en carne propia Khadafi, atónito ante la ingratitud de aquellos de quienes se había convertido en obediente peón.

Siendo esto así, ¿por qué Obama, Cameron, Sarkozy y Berlusconi le soltaron la mano? En primer lugar, por oportunismo. Esos gobiernos, que se habían alineado incondicionalmente con Mubarak en Egipto durante décadas, cometieron el error de subestimar el fervor insurreccional que conmovía a Egipto. Cuando cambiaron de bando, dejando en la estacada a su gendarme regional, su desprestigio ante la revolución democrática se hizo ostensible e irreparable. En Libia tuvieron la ocasión de reparar ese mal paso, facilitado por la brutal represión que Khadafi descargó en las primeras semanas de la revuelta. Esto ofreció el pretexto que estaban buscando para desencadenar la no menos brutal intervención militar de la OTAN –con su funesta secuela de víctimas civiles producto de los “daños colaterales” de sus “bombas inteligentes”– y, por otro lado, dando pie al inicio de las actuaciones del TPI, a cuyo fiscal general ni por asomo se le ocurriría citar al comandante de la OTAN para rendir cuentas ante crímenes tanto o más monstruosos que los perpetrados por el régimen libio.

En una entrevista reciente, Samir Amin manifestó que toda la operación montada en contra de Khadafi no tiene que ver con el petróleo, porque las potencias imperialistas ya lo tienen en sus manos. Su objetivo es otro, y ésta es la segunda razón de la invasión: “Establecer el Africom (el Comando Militar de Estados Unidos para Africa), actualmente con sede en Stuttgart, Alemania, dado que los países africanos, no importa lo que se piense de ellos, se negaron a aceptar su radicación en Africa”. Lo que requiere el imperialismo es establecer una cabeza de playa para lanzar sus operaciones militares en Africa. Hacerlo desde Alemania, aparte de poco práctico, es altamente irritativo, por no decir ridículo. Ahora tratarán de que el régimen lacayo que se instale en Trípoli acepte la amable “invitación” que seguramente le cursará la OTAN.

De todos modos, el operativo no será para nada sencillo, entre otras cosas porque el Consejo Nacional de la Transición (CNT) es un precipitado altamente inestable y heterogéneo de fuerzas sociales y políticas débilmente unidos por la argamasa que sólo le proporciona su visceral rechazo a Khadafi, pese a que no son pocos quienes hasta hacía pocos meses se contaban entre sus más obsecuentes y serviles colaboradores. Hay fundadas sospechas para creer que el asesinato aún no aclarado del ex jefe militar de los rebeldes, Mohammed Fatah Younis, ex ministro del Interior de Khadafi y ex comandante de las fuerzas especiales libias, fue causado por un sector de los rebeldes en represalia por su actuación en el aplastamiento de una revuelta islamista en la década de los noventa. Otro ejemplo, no menos esclarecedor que el anterior, lo ofrece el mismísimo presidente del CNT. Según Amin, Mustafá Abdel Jalil es “un curioso demócrata: fue el juez que condenó a las enfermeras búlgaras a la muerte antes de ser promovido a ministro de Justicia por Khadafi”, cargo en el que se desempeñó desde 2007 hasta 2011. El CNT, en suma, es un bloque reaccionario y oportunista, integrado por islamistas radicales, socialistas (“estilo Zapatero o Tony Blair”), nacionalistas (sin nación, porque Libia no lo es) y, como señala el analista internacional Juan G. Tokatlian, “bandidos, empresarios, guerrilleros y ex militares” para ni hablar del faccionalismo tribal y étnico que ha marcado desde siempre la historia de ese territorio sin nación que es Libia. Por eso no existen demasiadas razones para suponer que el CNT inaugurará un período democrático. Sus miembros no tienen mejores credenciales que Khadafi, y pesa sobre ellos la irredimible infamia de haber invitado a las potencias imperialistas a bombardear sus ciudades y aldeas para viabilizar su derrocamiento. Por eso, lo más probable es que una vez derrotado el régimen, las sangrientas luchas intestinas y la ingobernabilidad resultante tornen inevitable para las potencias imperialistas entrar en otro pantano, como Irak y Afganistán, para establecer un mínimo de orden que permita organizar su rapiña. Desgraciadamente, lo que le espera a Libia no es la democracia, sino un turbulento protectorado europeo-norteamericano y, como dijera Winston Churchill de su país en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, sangre, sudor y lágrimas.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.

El Frente de Izquierda y el cholulismo. Una vez más sobre la anomalia argentina y un recuerdo de Liborio Justo


(Aclaración necesaria: Los lunes al sol es un blog político-cultural trotskista hecho por un militante del PTS pero que no necesariamente lo publicado en él son posiciones del PTS sino simplemente opiniones lanzadas para la discusión colectiva por su autor).

La victoria arrasadora del FPV en las primarias fue acompañada por la derrota del piso proscriptivo por el Frente de Izquierda lo que permitió que se visibilizara la existencia de una minoría de izquierda en los sectores sensibles de la sociedad argentina que acompañaron con su voto al gobierno: la clase obrera, la juventud y los intelectuales críticos. En todos estos sectores la hegemonía política corresponde al peronismo, que en su versión kirchenrista se reconoce a si mismo como el gobierno de la izquierda peronista.

En reiteradas oportunidades -tomando a Adolfo Gilly- definimos que existe una “anomalía argentina”: una clase obrera que en las fabricas y empresas, por la base, levanta instituciones autónomas de política obrera y erige dirigentes de izquierda y combativos y en el otro polo, por arriba, el peronismo como una dirección y conciencia política burguesa que liquida todo rasgo de independencia de la actividad obrera. En la historia argentina esa anomalía entra en cuestión cuando la clase obrera se pone en movimiento y las insitutciones de base de los trabajadores cobran visibilidad publica y política. Asi sucedió en la resistencia peronista a fines de los ’50 y en las luchas contra el Pacto Social en 1974, las coordinadoras interfabriles y la huelga general contra el Rodrigazo en 1975. En esos momentos de ascenso de la lucha de clases la desrelacación que se establece entre la dirección y las organizaciones de base en la clase obrera, las tendencias por la base a superar a la dirección, quedaban relativizadas y eran reconducidas hacia el peronismo por la izquierda peronista que militaba activamente en la base de la clase obrera contra el conciliacionismo pro régimen de los burócratas vandoristas. Evitando el choque frontal entre el movimiento obrero de abajo y el peronismo se encontraron en diferentes momentos los Bebe Cooke, los Ongaro, los Firmenich, limitando la autonomía y el clasismo a la vida fabril.

Hoy la izquierda peronista esta en el poder como representante del interés del capital y aliado de la burocracia sindical, practicando un discurso de armonía entre las clases sustentado en un estado burgués “arbitro” y de billetera “generosa”. Pero el discurso se queda sin cuerda si el escenario de la crisis mundial avanza y las patronales intentan mantener su rentabilidad a costa de los trabajadores y obligan al poder político a mantener la armonía social a palos o reforzando a sus aliados derechistas de la burocracia sindical. Por primera vez en la historia argentina la izquierda peronista -y no hay ninguna tendencia dentro del kirchnerismo que exprese el intento de radicalizar por izquierda el nunca menos- no existe para actuar como un colchón que evite la radicalización política, lo que es una posibilidad altamente probable en caso de que la crisis empuje a una lucha mayor lucha de clases.

En este sentido, la existencia de una minoría de izquierda con visibilidad política es altamente significativa como factor de avance de la conciencia y la organización independiente de la vanguardia obrera y popular y como fuerza de disputa de una dirección clasista y socialista de los trabajadores. La situación del Frente de Izquierda de cara a octubre es en estos términos de una importancia excepcional. Para aprovecharla la izquierda revolucionaria tiene que mantener un a actitud política subversiva de combate y oposición intransigente al régimen, los políticos capitalistas y sus agencias. Las fuerzas del Frente de Izquierda se tienen que multiplicar en la construcción de un movimiento por la base que se proyecte estratégicamente en la lucha de clases y ganar la simpatía popular en sus intervenciones publicas. Y a la vez la intervención publica, que en la política actual es gran medida y casi fundamentalmente mediática condiciona a la izquierda que quiere ser colonizada y absorbida por el régimen (recordemos la expresión de deseos de JP Feimann en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-174504-2011-08-15.html).

Yo recuerdo que por el año ’90 en el local del PTS en la calle Rioja apareció una tarde un hombre viejo queriendo hablar con la dirección del partido. Aquel hombre era una leyenda del trotskismo argentino, Liborio Justo, Quebracho. En aquella reunión nos enteramos, escuchando los comentarios de los camaradas que estuvieron presentes, Liborio Justo se mostraba indignado por la presencia de Luis Zamora, en ese entonces diputado estrella del MAS y la Izquierda Unida, en los almuerzos de Mirtha Legrand. “Los revolucionarios no almorzamos con Mirtha Legrand” dijo el viejo Quebracho. Puede ser que la advertencia de Justo encarnara las aprensiones de un revolucionario forjado en los duros combates de la guerra de clases de la primera mitad del siglo XX. Que fuera un prejuicio del cretinismo antiparlamentario de un marxismo resistente podria decir un critico superficial. Pero no olvidemos nunca que Quebracho protagonizo un gran uso revolucionario del parlamento y los medios de su época, principios de los ’30, cuando interrumpió el discurso que era transmitido en vivo por las cadenas radiales de sudamerica de F. D. Roosevelt en el Congreso argentino al grito de muerte al imperialismo.

¿Que nos diría hoy si viera a un dirigente trotskista brindar con Don Perignon con un periodista denunciado penalmente por colaboracionista de la dictadura?

Sin ánimos de ofender, la opción del trotskismo no puede ser cholulismo o militancia. Cambio miles de militantes por 10 minutos de TV era el lema de Felipillo Gonzalez. Y no es en desmedro de la tarea de difusión de las ideas en los medios del enemigo sino en función de como hacerlo para que

la izquierda revolucionaria la utilice en su beneficio y no en función de los intereses del régimen o de sus periodistas y representaciones culturales. Cuando Nina Pelozo fue a Bailando por un sueño quien gano fue el régimen y Tinelli. Raul Castells desapareció en el ridículo, que como decía un viejo zorro es un lugar lugar del que no se vuelve.

Intercambio con el PO por el brindis de Altamira con Gelblung


Fecha: Jueves 18 de agosto de 2011

Por: Guillo Pistonesi

El lunes pasado Altamira fue al programa radial de Chiche Gelblung quien lo invitó para “celebrar” con un brindis. La repercusión no se hizo esperar ya que se trata de uno de los programas con mayor rating de la mañana: cientos de “tweets”, decenas mails que recibimos de compañeros, amigos y votantes del Frente de Izquierda criticando ese acto público de nuestro principal candidato. A eso se sumó la justa y comprensible indignación de nuestra compañera Alejandrina Barry, querellante contra Gelblung, directivos y staff de la editorial Atlántida por haber orquestado una campaña a favor del genocidio utilizando su figura de niña -año 1977- luego de que las FFAA asesinaran a sus padres.

La dirección del PTS entonces le entregó a la del PO una carta que publicamos acá, donde afirmamos que “defendemos el derecho de los socialistas revolucionarios de aprovechar hasta la última brecha para difundir nuestras denuncias, ideas y propuestas, incluso frente a ‘periodistas’ como el citado, hoy a sueldo del Grupo Clarín. Consecuentemente con ello, los candidatos del PTS en el FIT han participado (y participarán) de programas o entrevistas realizadas por personajes que distan mucho de ser demócratas consecuentes. Pero consideramos un importante error político la participación de Jorge Altamira no en un reportaje, sino en una celebración con un personaje siniestro como Gelblung. No tenemos nada que celebrar con un reconocido colaborador de la dictadura genocida”.

Al día siguiente el PO nos respondió con otra que también publicamos acá. Esta última amerita algunos comentarios:

1) Resulta más que sorprendente que la dirección del PO se enterara recién ahora que Gelblung no apoyó la dictadura en forma “común a numerosísimos periodistas de su generación que actúan en medios privados u oficiales” (como ponen en su carta) sino que lidera el rating de colaboradores del genocidio a través de la dirección ni más ni menos que de publicaciones como la emblemática revista Gente. ¿Qué pensaría cualquier persona medianamente informada si dirigentes de un partido de izquierda les dijeran que el apoyo a Videla de Mariano Grondona o de Bernardo Neustadt es “común a numerosísimos periodistas…”? También sorprende que los compañeros abogados de APEL se enteren recién ahora que Gelbung estaba implicado en la causa que sigue nuestra compañera. Basta buscar en Google las numerosas notas periodísticas que se le hicieron entonces a Alejandrina Barry donde se lo sindica a Gelblung como uno de principales responsables de la canallada que le hizo la dictadura.

2) No acordamos con la apología que hacen los compañeros del PO a una suerte de “diplomacia secreta” que debería haber entre organizaciones revolucionarias. ¿A quién se le puede ocurrir que el PTS hubiera hecho una carta “privada” para hacer una crítica a un error político que creemos daña a nuestro Frente de Izquierda? Todas nuestras críticas políticas, no por dejar de ser a veces duras, son tan públicas como fraternales. Consecuentemente defendemos el derecho de la compañera Andrea D’Atri y de todo militante de nuestras organizaciones a hacer las críticas políticas que considere, siempre y cuando no existan calumnias ni injurias infundadas (lo que no es el caso).

3) Por el contrario al método que parecen defender los compañeros del PO, consideramos bueno, muy bueno, para un frente de partidos de izquierda, obreros, que se reclaman trotskistas, que haya críticas sobre actitudes y posiciones políticas que creemos erróneas para el fortalecimiento del nuestro Frente. Más allá que hemos divergido totalmente en su contenido, el mismo PO las ha hecho sobre el PTS en numerosas ocasiones (como por ejemplo sobre nuestra política hacia el FIT en Neuquén), y lo consideramos totalmente normales (nunca creeríamos que se trata de un “ataque”, “una campaña pérfida”, “una maniobra combinada”, “liquidacionista”, realizada con “pasión faccional” que termina siendo una “provocación” contra nuestro partido… frases y palabras que, a decir verdad, se tornan poco serias). Nuestro Frente de Izquierda y de los Trabajadores no se puso ni se va a poner en cuestión o en vilo por críticas políticas.

4) Pese a que dejamos en claro que no sólo es lícito, sino casi una obligación aprovechar las tribunas que nos permitan divulgar nuestras denuncias anticapitalistas y el programa revolucionario, los compañeros del PO vuelven a amalgamar aquello con brindar, celebrar, con un personero del régimen militar, hoy a sueldo del alicaído grupo Clarín. Por consiguiente, así como no lo hicimos entonces, hoy no vamos a criticar que Altamira o cualquier candidato del FIT haya tenido una, cien o mil entrevistas con Gelblung, Grondona o gente de su misma calaña.

5) Somos compañeros, nos reclamamos revolucionarios. ¿Desde cuándo no se puede criticar la actitud de alguno de nosotros? ¿Hay en nuestras filas infalibles porque hoy son candidatos a tal o cual cargo? No lo creímos, no lo creemos y no lo creeremos.

6) Nuestra crítica está fundada y es política. No hay calumnia, ni ocultamiento, ni agresión alguna. Simple y sencillamente criticamos a Altamira por lo que consideramos “un importante error político”.

7) Constatamos que efectivamente Myriam Bregman y Christian Castillo escucharon decir a Altamira que Gelblung lo había invitado a brindar si pasábamos los 400 mil. Esto sucedió el 8 de agosto en la vereda de Tribunales, en forma ocasional y absolutamente informal, como un comentario -y no una consulta-. Está por demás claro que a seis días de las elecciones, ninguno de nosotros tenía la certeza de poder pasar el piso proscriptivo, por lo que a nadie se le podía ocurrir entonces estar pensando o planificando festejo o brindis alguno. Por otra parte, el PTS ni nadie puede ser censor de lo que hagan o digan los cientos de compañeros que son candidatos del FIT. Finalmente, la carta del PO da a entender que por más que los compañeros le hubiesen dicho algo, Altamira hubiera ido igual, pues en ningún momento dejan siquiera entrever que no lo hubiera hecho.

8) Nuestro Frente tiene un programa que defendemos. Pero también aspiramos a que tenga un método crítico, revolucionario, que podamos compartir entre todas las organizaciones que lo integramos. Esconder nuestras diferencias, dejar que las críticas sean patrimonio de un puñado de dirigentes, no es un buen método. Aspiramos a compartirlo con el resto de las fuerzas que integramos el Frente y postulamos a Altamira-Castillo como nuestra fórmula presidencial para las elecciones de octubre.

NUEVO ESCENARIO POLITICO. Construir una izquierda de los trabajadores. (LVO 440)


El Frente para la Victoria se alzó con un amplio triunfo en las Primarias. La oposición patronal salió derrotada. Tanto el acuerdo de Alfonsín-De Narváez como el de Duhalde-Das Neves apenas superaron el 12% de los votos. El kirchnerismo logró plebiscitar su gestión y parece tener allanado el camino a la reelección en Octubre, con una oposición dispersa y desmoralizada.

Cristina Fernández logra recuperar influencia en sectores sociales que había perdido en las elecciones de 2009, cuando el escenario estaba dominado por la crisis política, producto del lockout agrario y los efectos -con suspensiones y despidos- de la crisis económica internacional. En esa oportunidad sólo había obtenido un tercio de los votos, ahora más del 50%. El Frente para la Victoria ha vuelto a ganar terreno entre los más pobres: los altos guarismos que muestra el tercer cordón de la provincia de Buenos Aires, donde había hecho buena elección Francisco De Narváez, volvieron al oficialismo. Pero también recobra espacio en las clases medias, como en Santa Fe, donde superó al Frente Amplio Progresista de Binner (ver nota) y en los sectores agrarios, como muestra la elección en el interior de Córdoba y en la misma provincia de Buenos Aires donde recibe importantes votos en Pergamino, Rojas o Colón. El “peligro” derechista con que los intelectuales de Carta Abierta llamaban a cerrar filas en apoyo a Cristina, ante el importante resultado en las elecciones de Macri, Del Sel e incluso De la Sota, se demostró una farsa.

En aquellas elecciones y en estas primarias primó un voto conservador. La primera razón de porqué CFK obtuvo esta cantidad de votos hay que encontrarla en la situación de relativa estabilidad económica que viene permitiendo que todos los oficialismos hayan obtenido victorias consecutivas. Pasó con Macri en Capital, con Sapag en Neuquén, con De la Sota en Córdoba y con el Frente Cívico y Social en Santa Fe. El gobierno no ganó por “nacional y popular”, ni por su supuesta lucha contra las corporaciones, sino por ser la expresión de un “status quo” donde los empresarios la “levantan en pala” y la clase media y sectores altos de la clase obrera logran participar del circuito “virtuoso” del consumo.

El mecanismo de las primarias para fortalecer a las fuerzas políticas capitalistas luego de su debacle en la crisis de diciembre del 2001 no ha logrado su objetivo con respecto a la oposición que salió muy golpeada. Sin embargo, el régimen pudo instaurar y legitimar en esta elección un filtro proscriptivo contra las minorías y un avance bonapartista como es la estatización de la vida interna de los partidos políticos, lo que sólo fue denunciado consecuentemente en la campaña del Frente de Izquierda que logró vencer el piso del 1,5 con que nos pretendían silenciar.

El FPV surge como el gran partido nacional ante el hundimiento de la oposición burguesa y la fortaleza de CFK obliga a la burguesía, que pese a sus jugosos negocios no confía plenamente en el kirchnerismo, a cerrar filas con el gobierno para enfrentar un próximo periodo donde se deberán tomar medidas en detrimento del pueblo trabajador para enfrentar el fantasma de la crisis mundial. Sin embargo, no hay que olvidar que el kirchnerismo debe también su victoria a la alianza con los barones del conurbano, con los gobernadores y la burocracia sindical, que seguramente presionarán al gobierno, abriendo contradicciones que serán base de futuras crisis políticas.

Del lado de la oposición patronal, la única noticia halagüeña para el régimen es el resultado que obtuvo la fuerza de Hermes Binner que sacó el 10,26% de los votos (ver nota). Esta fuerza que quiere ocupar el espacio de “centroizquierda” no sólo no representa una alternativa a los “viejos partidos” sino que incluso aparece en oportunidades a la derecha del kirchnerismo. El FAP de Binner, Juez y Stolbizer tiene un carácter mucho más burgués que cualquier centroizquierda que hayamos visto surgir en el país, como el Frente Grande de Chacho Alvarez o Proyecto Sur de Pino Solanas. Binner cogobierna hace años su provincia con la UCR, es un cabal representante político de las patronales sojeras y además, un garante de la impunidad de los asesinos de Pocho Lepratti, militante social de la CTA, caído en diciembre del 2001. Vergüenza debería darle a Víctor De Gennaro, fundador de esa Central, formar parte de esta alianza. Otra fuerza que dio la nota integrándose al FAP es Libres del Sur que primero apoyó al kirchnerismo cuando el conflicto con el campo y luego se hizo “sojera” yendo detrás de Binner y Norma Morandini.

Entre dos crisis

La clase obrera apoyó masivamente al kirchnerismo en las Primarias. Pero esta votación no implica una carta blanca de adhesión al gobierno, sino que eligieron a los K como opción conservadora para mantener lo conquistado. La crisis de 2001 con la hiperdesocupación y el posterior saqueo al salario con la devaluación de Duhalde dejaron profundas huellas en los trabajadores. Con los K, la economía logró recuperarse y con el crecimiento las patronales obtienen grandes beneficios mientras a la clase obrera sólo le ha tocado migajas del festín. Lo que el oficialismo llama el “nunca menos” no ha sido otra cosa –salvo para un sector de trabajadores en blanco- que salarios de miseria mientras persiste la inflación y los puestos de trabajo precario y en negro, donde muchos están obligados a dejar la vida en la fábrica para sobrevivir. A los más pobres, a los que no tienen trabajo les ha ido peor, sólo reciben la Asignación Universal. Pero esa crisis de 2001 sigue actuando como un látigo para la clase obrera que moldea una conciencia de “defender lo que hay” frente a la idea que propaga el kirchnerismo y la burocracia sindical de que si ellos no gobiernan a los trabajadores les va a ir peor. Esta conciencia se refuerza con una oposición patronal haciendo campaña contra los K que “nos aislaron del mundo”, cuando la actual crisis internacional pone a la orden del día planes de ajuste brutales en los países centrales, cuando las calles de Londres arden de furia con la rebelión de los jóvenes que no tienen futuro. Ante este escenario crítico el kirchnerismo aparece como un “mal menor”.

Sin embargo, los trabajadores no han votado a un “modelo que enamora” como gustan decir los K sino pensando, equivocadamente, que defienden sus intereses económicos inmediatos. Pero esas expectativas de defender lo poco que han logrado, tarde o temprano, chocarán con la realidad de la crisis mundial cuando esta descargue sus efectos sobre nuestro país. El caso jujeño, donde los trabajadores sin techo fueron reprimidos por las fuerzas represivas del Estado y las guardias blancas de los Blaquier, obligando a los ocupantes a ejercer su legítimo derecho a la autodefensa, y donde la lucha de clases fue más allá de la legalidad burguesa, es quizás una muestra de lo que vendrá. El gobierno no podrá ofrecer una salida a los trabajadores cuando golpee la crisis porque, como buen agente del capital (en concreto, los Blaquier en Jujuy son aliados del gobierno K), no va a enfrentar la voracidad de los patrones sino que intentará desarmar la resistencia, combinando un discurso de armonía entre las clases con una creciente represión a los que luchen. Ya pudimos ver un adelanto en el Parque Indoamericano contra los sin techo, en Santa Cruz contra los docentes y petroleros, o en la misma Jujuy. Sólo el Frente de Izquierda ha señalado en su campaña que la crisis mundial encontrará a los capitalistas y a sus políticos intentando descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador. Sólo el Frente de Izquierda ha señalado que las conquistas obtenidas por la pelea de los trabajadores y el pueblo habrá que defenderlas con la lucha de clases.

Nosotros, la izquierda

El FIT logró superar el piso proscriptivo. Fue una pelea valiente que supimos dar a través de una gran campaña militante. Los 520.000 votos que recibimos constituyen un acto de defensa de los derechos democráticos del pueblo trabajador, para que no silencien a una corriente que milita activamente en las luchas obreras y populares, independiente del Estado y de los patrones, en un país donde ese Estado y esas patronales supieron hacer un genocidio contra la clase trabajadora. Queda por delante nuestro firme compromiso para seguir peleando por tirar abajo definitivamente la ley proscriptiva.

Pino Solanas y Proyecto Sur no lograron superar el piso del 1,5%, entre otras razones, por su propia cobardía política que los llevó a negarse a poner esa bandera en el centro del debate nacional. Una muestra más del derrotero del MST, hoy parte de Proyecto Sur, que se ha integrado completamente al régimen burgués; de impulsar junto a Solanas una alianza con Binner y Juez para “jugar en la cancha grande” terminaron rompiendo por “cargos” y realizando la peor elección de su historia junto a Alcira Argumedo.

Las altas votaciones recibidas por el FIT en las fábricas combativas (ver notas en páginas centrales), en la juventud estudiantil luchadora así como el apoyo de reconocidos intelectuales y artistas, son expresión política por un lado del “sindicalismo de base” clasista y también de una tendencia anticapitalista que ven en el Frente de Izquierda una referencia ante la crisis mundial. Un aliento para pelear por una perspectiva socialista, para fortalecer una izquierda de los trabajadores y avanzar en la construcción de un partido revolucionario.

Cómo se consiguió la ley de gravitación universal (Leonardo Moledo. P 12)


Cuando se estaban fabricando las leyes de la naturaleza, y poco después de haberse aprobado el principio de inercia, los arcángeles, a quienes no se había dado hasta el momento mucha vela en ese entierro (o mejor dicho, en ese nacimiento), propusieron una ley de gravitación, que haría que todas las partículas y los cuerpos que se formaran a partir de ellas se atrajeran entre sí. Hasta el momento, reinaba una superfuerza universal, que reunía cualquier modo de interacción imaginable y dominaba el calor incandescente de esa bola mucho más que ígnea que había surgido del Big Bang.

La iniciativa no cayó muy bien entre los tronos y las dominaciones (dos de las nueve jerarquías celestiales que en el siglo VI describió Dionisio Areopagita: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes y potencias, principados, arcángeles y ángeles propiamente dichos, en orden descendente), encargados de la física del universo, pero al final se avinieron a tratarla. Naturalmente, desde el principio hubo acuerdo en que la fuerza de gravedad debía ser proporcional al producto de las masas, pero la discordia estalló al abordarse el problema de la distancia.

Porque si bien era claro que la fuerza debía disminuir con la distancia, había serias discrepancias sobre cómo debía disminuir. Los sectores más conservadores (en especial los tronos) sostenían que la ley debía contemplar la cuarta potencia de la distancia y los sectores más recalcitrantes (que mantenían fluidos contactos con jerarquías más altas, como los querubines y serafines) exigían que la disminución debía establecerse en forma inversamente proporcional a la décima potencia de la distancia.

Esto era una exageración desde cualquier punto de vista, pero la maniobra era clara: si la ley establecía que la fuerza disminuyera en forma inversa a la cuarta, o a la décima potencia, sería casi imperceptible y el universo jamás se organizaría, ya que la gravitación no sería suficiente para contraer las nubes de gas y polvo y encender las estrellas, ni, mucho menos, formar sistemas planetarios: todo quedaría como hasta entonces.

Los sectores progresistas de las dominaciones, en cambio, proponían una ley más simple, con una fuerza de gravedad que disminuyera con la distancia y con la cual pretendían tener firmemente amarrado al universo e incluso, llegado el momento, detener su expansión. Los más extremos del sector (el partido catastrofista, según lo denominaban sus adversarios) proponían una fuerza infinita, con lo cual el universo hubiera instantáneamente dejado de existir. En el tire y afloje, prevaleció la postura de quienes reclamaban una fuerza de gravedad débil.

La primera ley de gravitación duró poco: los sectores combativos consiguieron que fuera tallada en tablas de madera (hubo que inventar la madera para poder hacerlo, y no lo hacían en vano, ya que la madera ardió inmediatamente en medio de ese calor infernal); la ley quedó en la nada; el universo corrió el peligro de sumergirse en el caos; la gravitación volvió a disolverse en una superfuerza inestabilizada, que hizo que el universo se contrajera y repitiera el Big Bang desde el comienzo.

Vista la situación, el partido catastrofista logró imponer, entre gallos y medianoche (y ante el vacío legal), su propuesta de fuerza infinita: inmediatamente el universo se retrajo sobre sí mismo (al atraerse las partículas con fuerza infinita), se redujo a un punto y una millonésima de nanosegundo antes de que colapsara en la Nada y fuera irrecuperable (ya que ninguna de las jerarquías angélicas tenía acceso a la creación ex nihilo, reservada solamente a la más alta autoridad del Empíreo); los serafines detuvieron el proceso y provocaron un nuevo Big Bang. Ayudados, sin duda, por una nueva treta de los sectores progresistas, que si bien aceptaron que la segunda ley se grabara sobre metal, se evaporó inmediatamente en esa atmósfera infernal. La segunda ley de gravitación también había fracasado y un nuevo Big Bang amanecía.

Los tronos estaban furiosos: culpaban al partido progresista por las tretas de la madera y la del metal, pero no tuvieron más remedio que rendirse a la evidencia y aceptaron, aunque con muy mal humor, que la fuerza de gravedad disminuyera linealmente con la distancia, aunque lograron que se grabara en un material de su invención: un metal radiactivo, de muy corta vida media, que se desintegró en un abrir y cerrar de ojos. Pero la nueva ley tampoco funcionó: la fuerza de gravedad, aunque no infinita, era ahora muy intensa, y el universo recién nacido, y todavía muy pequeño, dejó de expandirse. Con esta tercera ley de gravitación el universo no arrancaba.

Resultado: un nuevo Big Bang. Pero ahora, tanto los tronos como las dominaciones, tanto el partido progresista como los conservadores no sabían qué hacer. Estaban hartos de los Big Bangs reiterados, pero no encontraban la fórmula para detener ese ciclo pesado de leyes que no servían y momentos iniciales que se repetían una y otra vez.

Como ocurrió tantas veces, fueron los arcángeles (que al fin y al cabo habían sido los autores de la iniciativa) quienes resolvieron el problema: sugirieron como parámetro el cuadrado de la distancia, aduciendo razones de simetría y de simplicidad. Las facciones enfrentadas de los tronos y dominaciones no tuvieron más remedio que aceptarlo y consiguieron introducir en la ley una constante numérica, que permitiría ajustarla debidamente. Los arcángeles, además, curtidos por las experiencias anteriores, no quisieron que la ley se grabara sobre ningún soporte material, sino que se esculpiera en algo que llamaron pensamiento, y que todavía no existía (y que llegaría a existir eones después).

Y así fue como la gravedad se separó, tal como hoy la conocemos, de la superfuerza (más tarde lo harían la fuerza electromagnética, la nuclear fuerte y la fuerza débil) y se consiguió una ley de gravitación que produjo un universo posible y que estaba profundamente arraigada en el pensamiento, a la espera de que alguien la alcanzara (fue Newton, finalmente).

Todavía no había transcurrido un segundo desde el Big Bang.

Frente de Izquierda, carajo


sabemos que no fue un voto revolucionario -más bien fue una elección conservadora que consagro nuevamente a la pequeñoburguesia kirchnerista- sabemos que el apoyo al frente de izquierda fue un acto de defensa de los derechos democráticos del pueblo trabajador (en la fiscalización la fiscal del radicalismo me dijo por lo bajo -yo vote al Frente de Izquierda), fue el apoyo para que no silencien a una corriente que milita activamente en las luchas obreras y populares independiente del estado y los patrones, en un país donde el estado y los patrones supieron hacer un genocidio. fue una derrota de los pequeñoburgueses de Proyecto Sur que atacan permanentemente a la izquierda por sectaria y nos llamaba a reeditar un utópico peronismo.  la izquierda revolucionaria en argentina, vilipendiada, chicaneada, tratada por todos los políticos capitalistas y pequeñoburgueses como una fuerza marginal, tiene que estar orgullosa de haber sabido lograr su objetivo denunciando a este régimen de la democracia para ricos.

aguante el Frente de Izquierda carajo. vamos a convencer de acá a octubre de nuestro programa obrero y socialista. vamos a seguir luchando en fabricas, escuelas, barrios y universidades, por poner en pie una izquierda militante de los trabajadores.