El Frente de Izquierda y el cholulismo. Una vez más sobre la anomalia argentina y un recuerdo de Liborio Justo


(Aclaración necesaria: Los lunes al sol es un blog político-cultural trotskista hecho por un militante del PTS pero que no necesariamente lo publicado en él son posiciones del PTS sino simplemente opiniones lanzadas para la discusión colectiva por su autor).

La victoria arrasadora del FPV en las primarias fue acompañada por la derrota del piso proscriptivo por el Frente de Izquierda lo que permitió que se visibilizara la existencia de una minoría de izquierda en los sectores sensibles de la sociedad argentina que acompañaron con su voto al gobierno: la clase obrera, la juventud y los intelectuales críticos. En todos estos sectores la hegemonía política corresponde al peronismo, que en su versión kirchenrista se reconoce a si mismo como el gobierno de la izquierda peronista.

En reiteradas oportunidades -tomando a Adolfo Gilly- definimos que existe una “anomalía argentina”: una clase obrera que en las fabricas y empresas, por la base, levanta instituciones autónomas de política obrera y erige dirigentes de izquierda y combativos y en el otro polo, por arriba, el peronismo como una dirección y conciencia política burguesa que liquida todo rasgo de independencia de la actividad obrera. En la historia argentina esa anomalía entra en cuestión cuando la clase obrera se pone en movimiento y las insitutciones de base de los trabajadores cobran visibilidad publica y política. Asi sucedió en la resistencia peronista a fines de los ’50 y en las luchas contra el Pacto Social en 1974, las coordinadoras interfabriles y la huelga general contra el Rodrigazo en 1975. En esos momentos de ascenso de la lucha de clases la desrelacación que se establece entre la dirección y las organizaciones de base en la clase obrera, las tendencias por la base a superar a la dirección, quedaban relativizadas y eran reconducidas hacia el peronismo por la izquierda peronista que militaba activamente en la base de la clase obrera contra el conciliacionismo pro régimen de los burócratas vandoristas. Evitando el choque frontal entre el movimiento obrero de abajo y el peronismo se encontraron en diferentes momentos los Bebe Cooke, los Ongaro, los Firmenich, limitando la autonomía y el clasismo a la vida fabril.

Hoy la izquierda peronista esta en el poder como representante del interés del capital y aliado de la burocracia sindical, practicando un discurso de armonía entre las clases sustentado en un estado burgués “arbitro” y de billetera “generosa”. Pero el discurso se queda sin cuerda si el escenario de la crisis mundial avanza y las patronales intentan mantener su rentabilidad a costa de los trabajadores y obligan al poder político a mantener la armonía social a palos o reforzando a sus aliados derechistas de la burocracia sindical. Por primera vez en la historia argentina la izquierda peronista -y no hay ninguna tendencia dentro del kirchnerismo que exprese el intento de radicalizar por izquierda el nunca menos- no existe para actuar como un colchón que evite la radicalización política, lo que es una posibilidad altamente probable en caso de que la crisis empuje a una lucha mayor lucha de clases.

En este sentido, la existencia de una minoría de izquierda con visibilidad política es altamente significativa como factor de avance de la conciencia y la organización independiente de la vanguardia obrera y popular y como fuerza de disputa de una dirección clasista y socialista de los trabajadores. La situación del Frente de Izquierda de cara a octubre es en estos términos de una importancia excepcional. Para aprovecharla la izquierda revolucionaria tiene que mantener un a actitud política subversiva de combate y oposición intransigente al régimen, los políticos capitalistas y sus agencias. Las fuerzas del Frente de Izquierda se tienen que multiplicar en la construcción de un movimiento por la base que se proyecte estratégicamente en la lucha de clases y ganar la simpatía popular en sus intervenciones publicas. Y a la vez la intervención publica, que en la política actual es gran medida y casi fundamentalmente mediática condiciona a la izquierda que quiere ser colonizada y absorbida por el régimen (recordemos la expresión de deseos de JP Feimann en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-174504-2011-08-15.html).

Yo recuerdo que por el año ’90 en el local del PTS en la calle Rioja apareció una tarde un hombre viejo queriendo hablar con la dirección del partido. Aquel hombre era una leyenda del trotskismo argentino, Liborio Justo, Quebracho. En aquella reunión nos enteramos, escuchando los comentarios de los camaradas que estuvieron presentes, Liborio Justo se mostraba indignado por la presencia de Luis Zamora, en ese entonces diputado estrella del MAS y la Izquierda Unida, en los almuerzos de Mirtha Legrand. “Los revolucionarios no almorzamos con Mirtha Legrand” dijo el viejo Quebracho. Puede ser que la advertencia de Justo encarnara las aprensiones de un revolucionario forjado en los duros combates de la guerra de clases de la primera mitad del siglo XX. Que fuera un prejuicio del cretinismo antiparlamentario de un marxismo resistente podria decir un critico superficial. Pero no olvidemos nunca que Quebracho protagonizo un gran uso revolucionario del parlamento y los medios de su época, principios de los ’30, cuando interrumpió el discurso que era transmitido en vivo por las cadenas radiales de sudamerica de F. D. Roosevelt en el Congreso argentino al grito de muerte al imperialismo.

¿Que nos diría hoy si viera a un dirigente trotskista brindar con Don Perignon con un periodista denunciado penalmente por colaboracionista de la dictadura?

Sin ánimos de ofender, la opción del trotskismo no puede ser cholulismo o militancia. Cambio miles de militantes por 10 minutos de TV era el lema de Felipillo Gonzalez. Y no es en desmedro de la tarea de difusión de las ideas en los medios del enemigo sino en función de como hacerlo para que

la izquierda revolucionaria la utilice en su beneficio y no en función de los intereses del régimen o de sus periodistas y representaciones culturales. Cuando Nina Pelozo fue a Bailando por un sueño quien gano fue el régimen y Tinelli. Raul Castells desapareció en el ridículo, que como decía un viejo zorro es un lugar lugar del que no se vuelve.

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