Complaciendo al capital (LVO 443)


Luego de las primarias, la plana mayor del empresariado tomó nota de la relación de fuerzas cerrando filas con la Presidenta. Encuentros hubo dos, y ambos en la megamuestra Tecnópolis. Al primero, realizado el Día de la Industria, no faltó nadie. Capitaneados por De Mendiguren de la UIA estuvieron hasta los adversarios más enconados del oficialismo, como Hugo Biolcatti de la Sociedad Rural y empresarios de la Asociación de Empresarios Argentinos, entidad donde militan Techint y Clarín (aunque estos se abstuvieron de mandar representantes directos).

Pocos días después se realizaba el segundo evento. El gobierno aprovechó para lanzar el Plan Agroalimentario Nacional, un proyecto de dimensiones ambiciosas, pero aunque resonaron las palabras “nacional” y “productivo”, el plan no cambia la matriz exportadora y sojera impuesta desde los ‘90. Tampoco le pone un freno a la “extranjerización de la economía” y los beneficiarios seguirán siendo las grandes multinacionales cerealeras y de los agrobusiness, la burguesía rural dedicada a la agroindustria y hasta los enrolados en la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas. En esta oportunidad, los jefes de la Mesa de Enlace pegaron el faltazo, no para abrirse del negocio, sino para no aparecer capitulando públicamente.

El ataque a los que luchan

Al cierre de esta edición los compañeros del subte protagonizaban medidas de fuerza exigiendo mejoras en las condiciones laborales. La Presidenta salió con los tapones de punta -por cadena nacional- a atacar a los trabajadores. El Secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, denunció la medida de fuerza por “desopilante”. Lo “desopilante” es que todavía abra la boca quien, horas antes de que Mariano Ferreyra fuera asesinado por la patota de la Unión Ferroviaria, compartía tribuna en un acto con José Pedraza, hoy preso por el crimen del militante del PO.

El discurso de CFK no es un acto aislado. Ya suman decenas sus arengas contra los luchadores. Cada vez que Cristina Fernández se sintió fuerte hubo un avance en la criminalización de la protesta y en las amenazas represivas. El fortalecimiento del gobierno significará un endurecimiento contra las luchas obreras y populares. Recordemos que cuando Cristina Kirchner triunfó en los comicios de 2007 aprovechó para golpear a la vanguardia, reprimiendo a los trabajadores de Mafissa y del Casino Flotante.

Además cada vez que el gobierno levanta la voz contra los que luchan abre paso a que los sectores más recalcitrantes de la burocracia sindical, la Policía y la derecha peronista (que integra la coalición oficial) se envalentonen. Como en el Parque Indoamericano, como en Formosa contra los qom, como en el Ferrocarril Roca contra los tercerizados, como recientemente en Ledesma. En su discurso en Tecnópolis Cristina Kirchner llamó a dejar atrás el lugar ocupado en el “pasado” porque “lo importante es saber en qué lado estamos ahora”. Recordemos a los Blaquier que organizaron la “noche del Apagón” en la que desaparecieron decenas de compañeros y hoy envían sus guardias blancas para -junto a la policía del kirchnerista Barrionuevo- desalojen y asesinen a los trabajadores sin techo.

En estos días la Presidenta participó de un acto en la Mercedes Benz. Esta empresa es la misma que durante la dictadura colaboró junto a la burocracia del SMATA en la desaparición de la “Comisión de los 9” integrada por delegados de base y militantes de izquierda. El gobierno que se dice “de los derechos humanos”, y que en 5 años no movió un dedo para encontrar a los responsables de la desaparición de Jorge Julio López, da toda una señal de impunidad a las patronales que tienen sus manos manchadas con la sangre de nuestros compañeros desaparecidos.

Ya suman 5.000 los procesados por luchar bajo el kirchnerismo. Entre ellos, el delegado de base de FATE Víctor Ottoboni, David Romero de supermercados Disco, los miembros de la comisión interna del Teatro Colón y delegados de Kraft y PepsiCo, protagonistas de importantes luchas contra los topes salariales, la precarización laboral, los despidos y la burocracia sindical. La campaña en defensa de los luchadores perseguidos tiene una importancia vital y es un acto imprescindible de autodefensa de los sectores combativos.

Armonía de clases

En su discurso en el Día de la industria CFK afirmó: “muchas veces hemos dicho que hay intereses contrapuestos entre capital y trabajo y créanme que me he convencido: (…) no hay intereses más coincidentes que el de los empresarios con los trabajadores”. La cita abreva en las tradiciones del peronismo que hizo doctrina de la idea de la armonía entre explotadores y explotados, en contraposición a la lucha de clases. El kirchnerismo retoma para sí la (imposible) tarea de liquidar los choques de clases, utilizando para ello el poder del Estado. No por nada se está hablando ahora de un Pacto Social que institucionalice los acuerdos entre el “capital” y el “trabajo”. Una ideología interesada para desarmar la oposición activa de los trabajadores y el pueblo pobre. La intervención del Estado no es neutral ya que expresa el dominio de una clase propietaria de los medios de producción, los capitalistas, sobre otra, desposeída y obligada a vender su fuerza de trabajo, los trabajadores. El Estado burgués ejerce su poder combinando el consenso -convenciendo a los explotados de aceptar su situación en nombre de la armonía de clases- y la fuerza -reprimiendo a los explotados cuando estos cuestionan el régimen político y social o se mantienen firmes en sus demandas.

La intervención estatal kirchnerista se manifiesta centralmente en dos aspectos. Uno es el otorgamiento de subsidios para garantizar la ganancia capitalista; Tecnopolis es expresión de ello. El Estado pone al servicio de las empresas los recursos públicos en la investigación científico-técnica. Mientras por otro lado, para “suprimir” la lucha de clases, arbitra en los conflictos y cuando estos se salen de cauce o radicalizan persigue a los luchadores o reprime la acción directa. El caso del subte es ilustrativo. Las ganancias de Roggio, grupo que se encumbró durante la dictadura, hoy se deben en gran medida a los subsidios estatales. Pero cuando los trabajadores intentan avanzar, el gobierno los ataca y amenaza.

El control del movimiento de masas, mediante la liquidación de la independencia política e ideológica de las organizaciones obreras y populares, cooptando y corrompiendo a sus dirigentes y reprimiendo a los sectores combativos, ha sido la función histórica del bonapartismo peronista. El gobierno “nacional y popular” ejerce una especie de bonapartismo de la “caja”, que le garantiza la subordinación de las distintas camarillas peronistas, de las organizaciones obreras y los movimientos sociales. Pero a diferencia del peronismo de los orígenes, un movimiento nacional relativamente resistente a la penetración del capital extranjero y el imperialismo, el kirchnerismo (que ideológicamente reivindica una especie de neodesarrollismo) se parece al frondicismo, cuya marca de origen era “progresista” pero le abrió la puerta grande al capital imperialista. El “proyecto nacional” kirchnerista es un “modelo” de mayor asociación con el capital extranjero. No puede haber mejor metáfora que el elogio de CFK, en su discurso, a la fabricación de las computadoras Lenovo, resultado de la colaboración entre capitales nacionales y pulpos “globales” como New Sun y Lenovo.

En la perspectiva de un partido que represente los intereses históricos de la clase trabajadora

A diferencia de las fuerzas opositoras del régimen que responden a los distintos intereses antinacionales de los bandos capitalistas, el FIT levanta un programa antiimperialista, anticapitalista y de independencia política de los trabajadores. Nos disponemos a lanzar en común la nueva etapa de la campaña electoral con vista a las elecciones del 23 de octubre, mientras seguimos interviniendo en cada una de las luchas que nos presentan las patronales, el gobierno y sus agentes. Desde el PTS, estas batallas las damos en la perspectiva del objetivo estratégico de construir un partido revolucionario internacionalista que agrupe a los dirigentes y militantes obreros y juveniles más conscientes de la necesidad de preparar una férrea organización política que nos permita vencer a los capitalistas, como parte de la lucha por reconstruir el partido mundial de la revolución socialista, la Cuarta Internacional.

En este camino, no somos sectarios: junto a compañeros independientes (como los dirigentes del Sindicato Ceramista de Neuquén) impulsamos el periódico obrero Nuestra Lucha, que acaba de editar el número 5 de esta nueva etapa, para construir una izquierda clasista en los sindicatos que, además de la lucha sindical, se proponga poner en pie una “herramienta política de los trabajadores”, una organización política propia de los explotados (que en otras ocasiones hemos llamado partido de trabajadores) basada en las organizaciones obreras que se reivindiquen clasistas. Hemos llamado, en varias oportunidades, a la izquierda obrera y socialista a luchar por esta perspectiva en los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados.

Los compañeros del Partido Obrero, plantean “Por un partido de trabajadores” en un editorial de su periódico firmado por Jorge Altamira (PO 1192, 1/9), señalando que: “Los resultados de las primarias no permiten todavía avanzar en la consigna de un partido de trabajadores (…).Pero esto no significa de ningún modo que esta tendencia no se encuentre ya presente potencialmente (…) La conexión entre la lucha por la conquista de diputados obreros y socialistas y la perspectiva de un gran partido de trabajadores supera los límites históricos del parlamentarismo y abre nuevos horizontes de lucha”. Es un planteo similar al que hemos señalado arriba. Consideramos que sería muy auspicioso que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, delimitado del centroizquierdismo y de todas las variantes de conciliación con la patronal, incorpore el desafío de construir corrientes en los sindicatos que luchen por un partido de trabajadores. Para nosotros, esta batalla sería un paso importante de cara a la necesidad estratégica de construir el partido revolucionario internacionalista que necesita la clase obrera para vencer.

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