¿Nunca menos? (LVO 444)


La tragedia de Flores el pasado 13 de septiembre desnudó brutalmente la falta de inversión en el Sarmiento, algo que se repite en cualquier ramal del ferrocarril. Las escenas que todos pudimos ver fueron desgarradoras. Desde estas páginas expresamos nuestras más profundas condolencias a los familiares de las víctimas.

Pero también queremos señalar a los culpables. Ni el gobierno de la Alianza, ni el de Néstor Kirchner, ni el de Cristina, ni los gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires, sea el de Aníbal Ibarra, Jorge Telerman o Mauricio Macri realizaron las obras de soterramiento necesarias. Ni siquiera fueron capaces de arreglar la barrera de la estación de Flores, para evitar las muertes del pueblo trabajador. La razón de fondo, es la desidia de quienes gobiernan al servicio de los capitalistas. Su prioridad nunca es la vida de quienes colman los colectivos y los trenes. En todos estos años las obras jamás se concretaron porque siempre prefirieron poner la plata para pagar la deuda externa o subsidiar puntualmente a las patronales, que lejos de invertir lo que hacen es engordar sus bolsillos. Mientras CFK se pavonea desde Tecnópolis destacando el crecimiento económico y los avances tecnológicos, lo sucedido en Flores viene a recordar que este gobierno mantiene el mismo sistema ferroviario, desguazado desde las privatizaciones. ¿Esta es la “industrialización diversificada con inclusión social” que promete la Presidenta? En los ferrocarriles lo que existe son problemas de infraestructura, falta de mantenimiento en vías y en el sistema de señales, negociados con la compra de vagones, desinversión y carencia de personal: el Estado y los concesionarios crean todas y cada una de las condiciones para que ocurran los Cromañones ferroviarios. Y ya hubo varios. Como dicen los compañeros ferroviarios de la Agrupación Bordó desde las bases: para terminar con las muertes y el pésimo servicio, hay que echar a los concesionarios y reestatizar los ferrocarriles en un plan único de mejoramiento integral, para ponerlos bajo control de trabajadores y usuarios, los únicos interesados en mejorar el transporte público (ver página 3).

Lo que viene

Distintos medios de prensa dejaron transcender que Amado Boudou se habría reunido con sectores empresarios para decirles que el gobierno quiere en las próximas paritarias un aumento salarial que oscile entre el 14 y el 18% (un fuerte recorte a los niveles actuales del 25 y 28%), un incremento de las tarifas (a fin de recortar subsidios), lo que se suma al pago de la deuda fraudulenta al Club de París y la búsqueda de fondos para el Estado a través del crédito externo. Habrá que ver si estos anuncios son sólo señales electorales para seguir ganando adeptos entre las patronales. El elegido para la cartera de Economía sería un hombre de Boudou, el actual secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, pero también estarían otros en carrera, como la presidenta del Banco Central, Mercedes Marco Del Pont o el viceministro de Economía, Roberto Feletti.

Si los nuevos objetivos proclamados desde Tecnópolis vienen de la mano de medidas como las que propone Boudou y el kirchnerismo embiste de frente al movimiento de masas y a los sindicatos, provocará una resistencia generalizada. Si por el contrario, lo que busca el gobierno es seguir como hasta ahora pero endureciendo gradualmente sus objetivos, la lucha de clases planteará duros combates por sector. Es cierto que cuentan a su favor con la subordinación de Hugo Moyano y Hugo Yasky patentada en la última reunión del Consejo del Salario. Pero si, como venimos diciendo desde estas páginas, los trabajadores votaron a CFK teniendo ilusiones en el “nunca menos”, será difícil que los ánimos se contengan cuando se prepara un ataque a sus condiciones de vida y el “nunca menos” sea sólo demagogia. El conflicto de FATE donde la dirigencia del gremio de Neumático, enrolada en la CTA de Yasky firmó un magro 26% de aumento en una de las empresas que más punta hacen en ganancias, es una muestra de la subordinación de la burocracia sindical. Pero también es un ejemplo que los trabajadores se hayan rebelado contra esa prepotencia patronal avalada por los dirigentes (ver contratapa).

El violento ataque de CFK a los trabajadores del Subte cuando realizaban medidas de fuerza en defensa de su salud y las condiciones laborales es otro adelanto de hacia dónde apunta un nuevo mandato de Cristina Fernández: golpear a los luchadores, al sindicalismo de base, para desprestigiarlo y por esa vía fortalecer a los burócratas vendidos, para reducir a su mínima expresión la resistencia obrera y popular. Como ya es costumbre brillaron por su ausencia las críticas a la Presidenta por parte de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, de los movimientos sociales y los intelectuales de Carta Abierta. Están completamente cooptados por un gobierno que el lugar que les reserva es el de figuras decorativas, despojadas hasta de su valor simbólico como referentes de los movimientos populares.

A diferencia del gobierno de Néstor Kirchner, el cristinismo es una especie de “bonapartismo de la caja” pero sin los rasgos “populistas” en el discurso y que ya le está restando peso a los organismos de DD.HH. y a los sindicatos. Mientras continúa acordando con los barones del Conurbano y los gobernadores, la presidenta intenta montar su propia fuerza, basada en una burocracia del Estado burgués que discipline a las distintas camarillas del peronismo político y sindical. Este proyecto ya está dejando heridos en todas partes y será extremadamente más débil para enfrentar un escenario de conflictividad social y política.

Los desafíos de la izquierda

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores realizará el 15 de septiembre una conferencia de prensa en la Ciudad de Buenos Aires para relanzar la campaña de cara a las elecciones de octubre. Queremos poner en el centro de la atención de millones la defensa de nuestro programa de lucha y el importante significado que tendría la conquista de bancas obreras y socialistas. Para desde esa tribuna apoyar e impulsar la movilización y la organización obrera para la lucha de clases, por la independencia política de la clase trabajadora, en oposición a la demagogia “nacional y popular” del kirchnerismo, la derecha de Duhalde, Alfonsín y De Narváez y el centroizquierdismo de Binner.

Desde el PTS damos esta pelea en la perspectiva de construir un partido revolucionario para vencer a los capitalistas. Un partido internacionalista que se construya en nuestro país como parte de la lucha por reconstruir el partido mundial de la revolución socialista, la IV Internacional. Esta batalla la estamos dando en distintos países de Latinoamérica y Europa con los compañeros de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, como ahora en Chile, donde los estudiantes se han rebelado contra el gobierno derechista de Piñera. Interviniendo audazmente en la lucha de clases pero también levantando un programa alternativo a las trampas de quienes están al frente de las organizaciones juveniles como el Partido Comunista (ver páginas 12 y 13).

Sabemos que millones de trabajadores tienen la ilusión de que van a mantener sus derechos apoyando al kirchnerismo. Pero existe una pequeña aunque significativa minoría, parte de los 527.000 votos que obtuvo el Frente de Izquierda en las primarias, que se organiza en los lugares de trabajo adoptando una posición de independencia política de los bandos capitalistas. Este sector es muy valioso porque se desarrolla en un mar de conservadurismo y consumismo, ha hecho una experiencia con la burocracia sindical y con los aspectos abiertamente reaccionarios del kirchnerismo como su complicidad con las patronales, la represión en Jujuy o en el Parque Indoamericano, las alianzas con la derecha peronista, o la subordinación al imperialismo norteamericano. Esta experiencia tenderá a extenderse a sectores más amplios. Las masas trabajadoras no son homogéneas. Muchos votan al kirchnerismo con una sana desconfianza, sin “enamorarse”. Para dialogar con estos sectores promovemos todo paso adelante en sembrar la idea de conquistar una organización política propia de los explotados, un partido de trabajadores basado en las propias organizaciones de lucha, una herramienta política para pelear por el programa que levantamos en respuesta a las necesidades de los trabajadores, el pueblo pobre y la juventud. Hemos llamado, en varias oportunidades, a la izquierda obrera y socialista a luchar por esta perspectiva en los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados, sacando las lecciones de cada pelea contra las patronales, la burocracia y el gobierno. Sería un paso adelante que el Frente de Izquierda, tome como propio el desafío de construir corrientes en los sindicatos que luchen por esta salida.

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