Soberanía en Malvinas para la tribuna, negociados para las multinacionales (LVO 445)


Mientras en la asamblea de las Naciones Unidas Cristina Fernández hablaba contra los “estragos” de la “especulación financiera” y de la “soberanía en Malvinas”, horas antes de su discurso, se había reunido con los ejecutivos de las firmas americanas ExxonMobil y AES para anunciar una inversión en áreas de gas, petróleo y electricidad por 800 millones de dólares. Desde la tapa del New York Times festejaban la entrega de la exploración del yacimiento de petróleo liviano en Vaca Muerta, en Neuquén, a los pulpos extranjeros. El negociado es uno más de los que en esa provincia realizan las multinacionales petroleras donde reina impunemente la Repsol. Otra muestra de que el camino de CFK es continuar con la entrega de los recursos energéticos a los pulpos imperialistas.

En su oratoria Cristina Kirchner se sumó al pedido de que la ONU reconozca como miembro pleno al Estado Palestino, con el argumento de que si esto no se hacía se le estaba dando una “coartada” a los “terroristas”. Es decir, que la presidenta se opuso a Barak Obama, pero para ceder a su ideología reaccionaria, como si no fuese EE.UU. el mayor Estado terrorista del mundo. Pero no fueron sólo palabras, las concesiones a EE.UU., otra vez exigió a Irán que permita el juzgamiento de los presuntos autores del atentado a la AMIA en un Tribunal internacional reunido en un país “neutral”. Recordemos que la incriminación de la República Islámica de Irán fue impuesta por George Bush y los organismos de inteligencia estadounidenses como parte de la agenda guerrerista norteamericana que hoy continúa de la mano del actual presidente de la Casa Blanca.

La UIA y Moyano

Mientras en EE.UU. se preparaba este negociado para los pulpos extranjeros, en nuestro país, Ignacio De Mendiguren de la UIA, exigía una reunión a Hugo Moyano de la CGT para consensuar un tope al salario en las próximas paritarias. Preocupados por los posibles efectos de la crisis económica mundial en su rentabilidad, lo primero que piensan es en bajar el salario a los trabajadores. Otra de sus preocupaciones es la “conflictividad”, según concluye una encuesta realizada a empresarios, dada a conocer en el reciente megaevento patronal en el que participaron Scioli y Débora Giorgi, en la provincia de Buenos Aires. Los capos de la burocracia sindical ya dan señales positivas a estas exigencias. Lo acaba de decir Pablo Moyano: son tiempos de “diálogo” y no de “ir al choque”.

El gobierno, por su parte, viene dando sobradas muestras de que quiere establecer un marco de “paz social” acorde a los dictados patronales. El éxito de la probable próxima gestión de CFK estará medido por su capacidad de mantener el orden en las calles y la continuidad de la producción a fin de permitirle a los capitalistas mantener su alta rentabilidad en un escenario de crisis económica que tarde o temprano terminará impactando en la Argentina.

Una dura lucha obrera

El paro de los trabajadores de la línea de colectivos 60 ha vuelto a mostrar la fuerza que tienen los trabajadores pero también ha señalado a la “Santa Alianza” de patrones, burócratas y Estado que hay que enfrentar. Los trabajadores de la 60, apelando a sus organizaciones de base y a sus métodos de lucha, han mostrado el poder de quienes manejan el transporte, y paralizaron, en este caso, parte importante de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Esta línea de colectivos es emblemática ya que transporta 300 mil pasajeros y es ahí donde hace más de 7 años se viene gestando una experiencia de organización y lucha, que es parte del “sindicalismo de base”. Los trabajadores reclaman cobrar la totalidad de sus salarios, que se les reconozca el cuerpo de delegados y echar a la patota de la UTA. La respuesta ha sido la comunión de burócratas y empresarios que enviaron una patota protegida por la policía y que fue repelida por los propios trabajadores (ver nota en página 3).

Los discursos que CFK repite una y otra vez contra la acción directa son el manto de legitimidad en cual se apoya esta “santa alianza” que utiliza las patotas –al igual que Pedraza contra los tercerizados ferroviarios- para acallar a los que luchan. ¿Qué cambio hubo en la UGOFE cuando en su directorio siguen conviviendo funcionarios gubernamentales y burócratas de la Unión Ferroviaria responsables políticos del crimen de Mariano Ferreyra? En Jujuy el gobernador K Barrionuevo utiliza a su policía para asesinar a trabajadores sin techo en defensa del mismo genocida del apagón de la dictadura, Carlos Blaquier, el empresario que Cristina subsidia y acoge en Tecnópolis.

Frente de Izquierda

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores se presenta como la única opción de independencia política de los explotados que denuncia el carácter fraudulento del proyecto “nacional y popular” del gobierno y de la centroizquierda sojera de Hermes Binner. Su campaña está orientada a denunciar la precarización laboral, a la burocracia sindical y llama, entre otras medidas, a pelear para recuperar los sindicatos como organizaciones de lucha y por una alternativa política de los trabajadores. El Frente plantea a sus más de 500.000 votantes en las primarias de agosto y a toda la vanguardia luchadora el objetivo de conquistar bancas obreras y socialistas en los comicios de octubre. Una tribuna parlamentaria sería un instrumento importante para denunciar a esta democracia para ricos y para promover la lucha de clases de los trabajadores y el pueblo pobre por sus demandas. El PTS considera que, más allá de los ritmos, los próximos escenarios que abrirá en nuestro país la crisis capitalista mundial, crearán brechas entre los de arriba que permitirán avanzar en la construcción de una herramienta que exprese la independencia política de los trabajadores, un partido de los trabajadores basado en sus organizaciones de lucha. En ese sentido, hemos llamado desde este periódico a quienes integran el Frente de Izquierda a promover todo paso adelante, en los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados, sacando las lecciones de cada pelea contra las patronales, la burocracia y el gobierno, para sembrar la idea de conquistar una organización política propia de los explotados. El PTS plantea esta política como parte de la lucha por construir un gran partido revolucionario e internacionalista de la clase trabajadora para vencer a los capitalistas.

Recuadro:

El poder real que el kirchnerismo disimula

El peronismo ejerce el poder a través de un entramado constituido por el aparato de los “barones” del PJ de las provincias y los caciques territoriales del conurbano bonaerense, la burocracia sindical que actúa de policía interna del movimiento obrero, y las fuerzas policiales y de seguridad del Estado burgués, que cumplen la función coercitiva y de control social, que por su crisis, producto del genocidio y la derrota de Malvinas, no pueden cumplir las FF.AA.

Sean las que sean las coaliciones políticas coyunturales que ejerza un gobierno peronista este es el poder real sobre el que se sustenta como partido de la contención del movimiento de masas. El kirchnerismo, más allá de lo que sus seguidores intelectuales llaman “la batalla por el relato”, siempre se apoyó en estos poderes fácticos para gobernar. Una fuerza capaz de contener mediante la corrupción de los dirigentes populares y la represión directa –policial- o tercerizada –las patotas- los embates de los trabajadores y el pueblo pobre.

Este aparato, más allá de los cambios que hubo en su personal político, subsiste desde las épocas del terror de las Tres A, cuando las bandas de la derecha peronista acompañadas por la burocracia sindical golpeaban a la vanguardia obrera y juvenil, clasista y de izquierda, después del Cordobazo. Esos poderes son los mismos que acompañaron a Menem en la aplicación de los planes neoliberales que arrasaron las conquistas obreras y el que apoyó a Duhalde cuando enfrentó al movimiento social emergente que reclamaba “que se vayan todos” a partir de diciembre de 2001, y que perpetró la masacre de Puente Pueyrredon cuando cayeron Kostequi y Santillán. Es el mismo aparato que usaron los Kirchner en Santa Cruz contra las asambleas populares y que siguen usando hoy contra los docentes y petroleros que ganan la calle como Oñate y Acosta que siguen presos. El asesinato de Mariano Ferreyra, durante el gobierno de Cristina, por tomar solo un ejemplo, mostró la asociación ilícita entre la burocracia de la Unión Ferroviaria, la Policía Federal que garantizó la zona liberada y los funcionarios oficiales de la UGOFE que dieron vía libre al ataque a los trabajadores tercerizados.

El aparato territorial y sindical del peronismo y las fuerzas policiales son un verdadero poder paralelo, un Estado dentro del Estado, que maneja innumerables recursos provenientes de las arcas públicas y de los negocios mafiosos que le permite imponer condiciones y manejarse con relativa autonomía del poder ejecutivo de turno.

En 2003 el gobierno de Néstor Kirchner debió recurrir a la mascarada “nacional y popular” y a la cooptación de los movimientos sociales y de derechos humanos para disimular su verdadera base de apoyo. Pero no es casual que el fallecido ex presidente haya dedicado tanto empeño en controlar el aparato del PJ y cultivar su alianza con la dirigencia de la CGT. No fue en vano. Cuando el gobierno perdió la pulseada del 2008 con las patronales agrarias estas fuerzas fueron quienes salieron a sostenerlo y permitieron que pasara sin grandes sobresaltos sociales, los primeros embates de la crisis económica mundial durante el 2009.

El cristinismo a través del manejo férreo y discrecional de los recursos públicos se ha garantizado el apoyo y la “lealtad” de este aparato e intenta utilizarlo no sólo como instrumento para ganar las elecciones sino como fuerza de contención y disciplinamiento de la clase trabajadora y el pueblo pobre, y para atacar a los sectores de vanguardia. El manejo clientelar por los punteros de la Asignación Universal por Hijo y de la asistencia social, el sostén de la burocracia sindical mediante el reparto de los recursos millonarios de las obras sociales y la negativa a reconocer a los dirigentes y a las organizaciones de base legítimas de los trabajadores son las formas con las cuales el peronismo, bajo conducción cristinista, cumple su función de retén de los explotados y garantes del orden social capitalista.

R.W y F.A

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