El amante de Bakunin


Lupe conoció la historia de Ramón Ayala, también llamado el gallego Ayala o Ayalita, por el manco Ramirez.
Cuenta Ramirez que Ayalita, era un joven anarquista que había llegado de España a Buenos Aires, allá por 1916 en un barco llamado “El provenir”. Ayalita, de 15 años, subió como polizón y fue descubierto en un bote, por un marinero anarquista llamado Bolaño, que se encariño con él y lo protegió y cuido (y en aquel bote por las noches uso el cuerpo de Ayalita para saciar sus deseos sexuales y susurro en sus oídos palabras de amor. Para Ayalita fue todo un descubrimiento. Con Bolaño conoció la intensidad de la pasión sexual y también a Bakunin , Kropotkin, Reclus, Proudhon y Malatesta. Compartía con Bolaño noches de lectura luego del sexo.
Dice Ramirez que decía Ayalita que con el anarquismo adquirió el virus de la mariconeria, del terrorismo y de la sifilis.
Llegado a Buenos Aires, Bolaño contacto a Ayalita con sus camaradas de la FORA y estos le facilitaron las cosas para conseguir empleo como estibador en el puerto de la Boca. Allí, en el local de la Federación, conoció a Serguei Ojarin, un camarada ruso de intensos ojos azules y una brutalidad terrible. Ayalita cayó fulminado ante la mirada del ruso y en una noche de borrachera de Serguei se acostó en su cama, mamó su verga y se entrego a él como una ardiente princesa rusa.
Una noche el ruso de duras facciones le dijo al gallego mientras lo montaba

-te amo.

Y Ayalita se deshizo ya que jamás hubiera esperado de aquel hombre un gesto tierno o una palabra dulce. Esa noche durmio apoyando suavemente su cabeza sobre el poderoso y lampiño pecho desnudo del ruso Ojarin.
Un día de enero de 1919 Serguei arranco a Ayalita de la pensión y lo llevo hasta los talleres Vasena donde se balearon con los esquiroles y la policía en un principio y después rodearon las comisarias y la Plaza de Mayo hasta que vino el Ejercito a restaurar el orden. Después de aquellas jornadas donde muchos obreros y camaradas habían caído Serguei juro venganza y Ayalita se conjuro a acompañarlo. Según le cuenta Ramirez a Lupe, fue en esa ocasión que Sergueí contó a su amante y camarada, Ayalita, la historia de Mijail Bakunin y Sergueí Netchaev, además de obsequiarle una traducción de una carta de Mijail Bakunin a su hermano Pablo.

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Carta de Mijail Bakunin a su hermano Pablo:

“París, 29 de marzo de 1845.

…Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en la fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación. Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero, -sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí-; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente -está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud- y debo liberarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándola a sí misma, al sentimiento de su fuerza y de sus derechos. Amar es querer la libertad, la completa independencia del otro; -el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama-; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aún y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama. He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, -he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual- porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo. Querer, al amar, la dependencia de aquel a quien se ama, es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería la cosa más peligrosa y la más infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad. Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora. Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos -no son más que mentiras-; la verdad no es una tontería, sino un hecho, la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual…”

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Lupe , que estaba fumando marihuana frente a la maquina, escribió una interpretación de aquello que le relato el manco Ramirez sobre la historia que el ruso Serguei Ojarin le contó al joven anarquista Ramon Ayala, o Ayalita o el gallego Ayala, sobre Serguei Netchaev y Mijail Bakunin, en un cuarto de pensión que compartían en el barrio de la Boca.

La ultima imagen que recuerdo de él, es parado frente a la ventana por donde se filtra el sol de una cálida primavera. Completamente desnudo, su cuerpo apoyado contra el marco de la ventana abierta, fumando despaciosamente mientras contemplaba la calle perdido en su pensamiento. Acariciaba suavemente su barba.
Recuerdo haber pensado que hermoso es y me sentí ruborizado de ser un hombre atraído por otro hombre. Dos prófugos perseguidos y enfrentados a la sociedad, escondidos en una habitación de la bucólica ciudad de Berna. Rompiendo las ataduras de la moral y las reglas del amor concebida para hombres y mujeres y que contempla este amor entre hombres como un acto enfermo y anormal, perverso. Aun así lo juzgarían nuestros propios compañeros. (En este punto Lupe se pregunto si esta frase no rozaba la sensiblería y el tono panfletario y si por ello no quedaba confuso o perdido en la huella del rastro histórico el sentido del relato. Lupe, fumo despacio la marihuana y contemplo la pantalla por unos minutos y decidió dejar la frase y quizás citar aquello de Joyce del huir de la historia pero estaba demasiado fumado para lograrlo).
De repente rompió el silencio.
– ¿Pensaste en nuestra suerte? ¿En que nos depara la lucha cuando salgamos de esta habitación? ¿Pensaste que este puede ser el único lugar y el ultimo momento donde disfrutarnos mutuamente sin las convenciones y la distancia del disimulo?
Me di cuenta de que algo le preocupaba y le pregunte por ello.
-Solo me pregunto si vale la pena sacrificar todo quienes aceptan su yugo sin hacer nada por conquistar su propia libertad. Se desgañitan en busca de un trozo de pan o del reconocimiento de sus amos y no son capaces de rebelarse más que bajo el influjo de las bombas, que aun no están dispuestos a hacer estallar. ¿Estamos llamados a ser mártires para quienes no quieren terminar con su esclavitud?
-Nadie desea su propia esclavitud, es el temor quien los somete. Nuestra tarea es destruir aquello que permite la tiranía, solo así los hombres se sentirán libres para conquistar lo que sea. Tenemos que encender en ellos la pasión por la destrucción. Esa es la única obra constructiva.
Pero mientras hablaba notaba en el sus rasgos duros y bellos ganados por un aire de desencanto.
-Si pero si no hay voluntad de lucha ¿que nos depara el futuro? ¿la perpetuación de la derrota? ¿Nuestro propio sacrificio?, me interrumpió brusca e indignadamente.
Aquel gesto que me conmovía y, permítanme que vuelva a ruborizarme por este sentimiento, me excitaba. Sentía un enorme cariño y admiración por aquel hombre que clamaba su queja por el apagado espíritu de la revuelta.
-Organizar la pasión. Querido Serguei. Y en ese momento, vencí mi propia vergüenza ante este amor oculto y prohibido que me llevaba a actuar con prudencia, decidí dejar de lado toda forma de temor en este trato, me incorpore hasta donde estaba parado y lo bese. Se sorprendió ante aquel acto, primero corrió su boca, esquivando la mía. Me senti temblequeando frente a aquel gesto terrible de sorpresa y disgusto. Pero enseguida se entrego a aquel beso con una dulzura desconocida para mí entre dos hombres cuyas espaldas cargan la responsabilidad de hacer arder la llama de la rebelión entre sus pares. Nuestros cuerpos se confundieran el uno con el otro. Nos tiramos en la cama mientras buscábamos nuestro sexo. Yo me acerque hasta su miembro duro y lo empecé a lamer. El me aparto y me acostó para penetrarme con violencia hasta acabar en mí. Y pensé tigre mío, soy tuyo como no seria de nadie en este mundo.

En busca de la venganza el ruso Ojarin se contacto con un compatriota suyo, Boris Waldimirovitch.
(Lupe trae a colación un viejo cuento sobre el camarada ruso de Ojarin:
Borís Wladimirovich se emborrachaba todas las noches en tugurios perdidos de la Buenos Aires de la segunda década del siglo XX. Un cochero amigo, el anarquista Luis Chelli, lo llevaba siempre en un estado de inconsciencia a su reducto, una triste pensión de inmigrantes en la calle Corrientes 1970. Borís tragaba vodka y ginebra y caña como buen ruso. Ahogaba así su tragedia, la muerte de su amor y el fracaso de la revolución rusa de 1905. Borís era medico y biólogo, pero sobre todo un noble, el príncipe Borís Wladimirovich -igual que su camarada el príncipe Kropotkin- y muy rico, pero renuncio a su abolengo y dio su fortuna al movimiento anarquista al cual pertenecía. Borís sobrevivía pintando cuadros que vendía y con ese dinero se embriagaba hasta que Chelli lo transportaba de regreso a su habitación cantando canciones revolucionarias rusas, recitando poemas para un amor perdido. Borís era un expropiador y quería editar un periódico en apoyo a la revolución bolchevique. Fue por el asalto frustrado a una casa de cambio que debió huir y más tarde fue capturado en Misiones donde desde el gobernador hasta los Ministros de la Nación querían charlar y fotografiarse con su presa, el príncipe anarquista -que como Kropotkin- renuncio a su fortuna y su abolengo para ponerse al servicio de la revolución, ser un hijo del pueblo, como reza el himno de los ácratas.
el príncipe valiente flamea
una bandera roja
una bandera negra
un amor plebeyo
un corazón herido
una bomba para hacer
saltar por los aires
la sociedad burguesa.
el príncipe valiente
vomita bilis y venganza
en sus noches de borracho
y prisionero).
Boris Wladimirovitch le entrega luego de una larga noche de borrachera los contactos necesarios para hacerse con una bomba para empezar su venganza. Esa noche el ruso Ojarin completamente borracho regresa a la pensión con una mujer joven a la que invito unos tragos y tuvieron sexo frente a Ayalita que rompe en llanto fy el ruso lo hace callar de dos cachetazos. Sin que en este punto Ramirez pudiera dar más precisiones a Lupe sobre lo que sentía Ayalita y como derivo la situación de violencia en el cuarto de pensión.

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Ramirez, recuerda Lupe, continuaba su relato, mientras bebía pequeños sorbos de cerveza y la espuma se quedaba en su bigote amarillento por el tabaco.

-Mi nombre es Serguei Nechaev. Hace casi 10 años que me encuentro encerrado en esta oscura prisión, la fortaleza de Pedro y Pablo en la ciudad de San Petersburgo. Estos fríos bloques de piedra en donde descansan mis huesos y mi cuerpo enfermo, es el gran monumento que la tiranía erigió para atemorizar al pueblo. ¿Cómo llegue hasta aquí? Fui capturado en Zurich en 1872, por un agente polaco de la policía zarista que logro engañarme a mi. Justo a mi que hice de la conspiración la máxima obra de todo revolucionario.
Los jueces y tribunales del estado imperial me dieron trato de criminal ¿Por qué? Por haber querido terminar con el zar y su monstruoso estado de nobles y parásitos engordados con el sacrificio de los mujik y los ciudadanos. Por haber predicado que la libertad había que conquistarla mediante la conspiración revolucionaria y el terrorismo. Pues si esto es un crimen, me asumo como criminal y bien merecido tengo mi castigo y me enorgullezco del mismo. Seré un mártir para la causa del pueblo.
Aquí me encuentro enfermo entre estos muros húmedos. Mis encías sangran y los hematomas se multiplican por mi cuerpo. Los músculos de piernas y brazos se hallan endurecidos. Antes que los verdugos me esta matando el escorbuto. Me encuentro cerca del final. Mis antiguos camaradas de la Narodnaya Rasprava han ido cayendo, por lo que estoy solo. Tenemos el orgullo de haber encarnado la Venganza del Pueblo, de haber encendido la tea de la libertad para el siervo y el mujik. Los nobles rusos que dilapidan sus fortunas en fastuosas fiestas e innecesarios lujos por los palacios de la vieja Europa, supieron temernos. Sembramos contra s el terror contra los amos de la Santa Rusia, los acosamos con la pólvora y la dinamita como instrumentos purificadores. Fuimos los herederos del gran Pugachev que asolaba con su ejército de campesinos harapientos el reinado de Catalina. Pero el pueblo sigue su vida esclava temerosos de la horca y el látigo de los soldados que mantienen el orden.
Pero ¿a quien le puede importar este relato de un hombre condenado hablando a su propia sombra entre las cuatro paredes frías de mi celda?. Y me respondo, a mi me importa, porque solo así puedo entender y explicar las razones de mi lucha y esta situación de condenado que marca mi existencia. Que se me entienda. No pido perdón, ni busco expiar mi alma ante algún Dios inexistente. Si lo tuviera frente a mi lo mataría con mis propias manos por todo el daño que ha hecho a los hombres su figura celestial. No pido piedad, no soy como esas criaturas hambrientas y miserables obligadas a rezar en las iglesias y catedrales que se pagan con su sudor y su sangre. Soy un revolucionario y predique entre los míos un catecismo distinto al de la religión y el estado. Llame a la ruptura “con el orden público, con el mundo civilizado, con las leyes, con las convenciones sociales y las reglas morales”. Les explique a los míos, hombres decididos, que “El revolucionario es un implacable enemigo de ese mundo y continúa viviendo en él con el único propósito de destruirlo”. Y si para ello recurrí al terror, no me arrepiento. Y si lo aclaro es para que sepan de mi orgullo por esta condena y no por consideración a los antiguos camaradas que me han abandonado tratándome de farsante, fanático, nihilista o policía.
Pero en el secreto de estas cuatro paredes de mi celda donde la locura, las ratas y los carceleros son mi única compañía los recuerdos se suceden uno tras otro y entre ellos se presenta aquella sombra del amor que alguna vez sentí. Yo Serguei Nechaev, el revolucionario y terrorista, que yace en las manos arbitrarias del zarismo, que he escrito que nuestros combatientes debían dejar de lado “Todos los sentimientos tiernos que afeminan, como los lazos paternos, la amistad, el amor, la gratitud, el honor mismo” para sustituirlo “por la fría y única pasión de la causa revolucionaria” a la que dedique mi vida. No pude superar aquel impulso de la naturaleza y la atracción por el sexo.
Yo he amado a un hombre.
Otro igual a quien admire y termine subyugando a punto tal de confundirnos el uno con el otro en cuerpo y alma y de terminar lejos, tan lejos el uno del otro cuando nuestros caminos se separaron para siempre.

Lupe le recordó a Ramirez que en 1919 todavía seguía vigente en argentina la Ley Cané o Ley de residencia, sancionada en 1902 por el honorable Congreso de la Nación Argentina que establecía (Lupe en este punto copia y pega el texto que encontró en Wikipedia):
Artículo 1º: El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la Nación a todo extranjero que haya sido condenado o sea perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes.
Artículo 2º: El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
Artículo 3º: El Poder Ejecutivo podrá impedir la entrada al territorio de la república a todo extranjero cuyos antecedentes autoricen a incluirlo entre aquellos a que se refieren los artículos anteriores.
Artículo 4º: El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión, tendrá tres días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como medida de seguridad pública, ordenar su detención hasta el momento del embarque.
Artículo 5º: Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Que con esta ley y las balas y sablazos policiales, como las del coronel Ramón Falcón, se buscaba terminar con la chusma roja llegada de Europa con el ideario ácrata y socialista, tal como había llegado Ayalita, de polizón en un buque y culeado por un marinero anarquista que le lleno el culo de leche y la cabeza de ideas.

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Ojarin miraba a los ojos de Ayalita lagrimear emocionado y acariciaba su cabello y le daba besos en la nuca y las mejillas mientras, según cuenta Ramirez, proseguía con su historia, que Lupe escribía fumando un nuevo porro de la siguiente manera.
-Mi nombre es Mijail Bakunin. Para quienes no me conozcan me presento. He sido llamado por muchos como el inspirador del anarquismo y me enorgullezco de ello. He sido llamado inspirador del anarquismo, aunque tome mis ideas de Fichte, Proudhon y Hegel (De este gran filosofo he dicho: ‘recuerdo todavía el tiempo en que, hegeliano fanático, creía llevar el absoluto en mi bolsillo, despreciando al mundo entero desde lo alto de esta pretendida verdad suprema’) y por lo tanto no soy autoridad alguna que se pueda atribuir la propiedad de una idea, como los burgueses se atribuyen la propiedad de lo que producen los obreros, que surge del curso de la historia del hombre y el pensamiento en busca de la más plena libertad. Por eso me he declarado en guerra contra Dios, la patria, la propiedad privada y el estado, todos los males que embrutecen y fomentan la explotación y la esclavitud de los hombres. Soy partidario de la rebelión y la violencia destructiva, porque es allí donde vive la esperanza de la anarquía.
Quizás estas palabras que una vez supe escribir me expliquen mejor: ‘Yo no soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. He escrito muy poco en mi vida y solamente lo he hecho, por decirlo así, a pelo, cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva contra toda exhibición de mi propio yo en público. ¿Quién soy yo, pues? (…) Yo soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo, no menos apasionado, de las ficciones desgraciadas con que el partido del orden, ese representante oficial, privilegiado e interesado en todas las torpezas religiosas, metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas, pretende servirse, todavía hoy, para dominar y esclavizar al mundo. Yo soy un amante fanático de la libertad, a la que considero como el único medio, en el seno de la cual pueden desarrollarse y agrandarse la inteligencia, la dignidad y la felicidad de los hombres… La libertad que consiste en el pleno desarrollo de todas las potencias materiales, intelectuales y morales que se encuentran latentes en cada uno… Yo entiendo esta libertad como algo que, lejos de ser un límite para la libertad del otro, encuentra, por el contrario, en esa libertad del otro su confirmación y su extensión al infinito; la libertad limitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad por la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad que triunfa de la fuerza bruta y del principio de autoridad, que no fue nunca más que la expresión ideal de esta fuerza…Yo soy partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que, fuera de esta igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, así como la prosperidad de las naciones no serán nunca nada más que mentiras’.
Yo Mijail Bakunin, un revolucionario anarquista, que se encuentra viviendo el exilio, en Lucarno, Suiza, sufriendo penurias y pasando estas largas horas dedicadas a escribirme con los camaradas que propagan nuestro ideal ácrata por Europa y el nuevo mundo. Yo tengo un secreto que quiero compartir con aquel que se atreva a superar los prejuicios de este siglo que me ha tocado vivir y no me juzgue con el decálogo moral de una sociedad que niega la libertad y el disfrute de la igualdad. Yo he amado a un hombre.
Me sonrojo de solo pensar que ame así a un hombre decidido y fanático por el que perdí la cabeza. Un amor que me hizo hacer cualquier cosa, comprometiendo incluso la causa revolucionaria y la confianza de muchos camaradas. He llamado a aquel hombre tigre mío y deseado sus caricias y sus besos, mientras discutía como luchar contra el partido del orden. El nombre de mi amado era Serguei Nechaev y rompí dolorosamente con él cuando comprendí que su fanatismo que tanto me había subyugado terminaba por imponer una dictadura personal opuesta a la libertad individual y el programa de la anarquía.
Compartimos nuestra pasión y nuestras ideas durante casi un año. Lo conocí en marzo de 1869 en Ginebra. Nechaev se me presentó como miembro de un comité revolucionario ruso con sede en San Petersburgo. Me asombro desde el principio. Veía en el la decisión y la voluntad de alguien dispuesto a todo por un ideal. Me inspiro su Catecismo del Revolucionario, donde clamaba por “la aparición de un grupo de personas capaces de arrojar atrevidamente una piedra a la cara de la puerca sociedad”.
Enloquecí tanto por él y por su hermosura que, preso de mis propias penurias, convencí a mi buen camarada Ogarev que me diera su parte del dinero de la herencia del viejo Herzen para ayudar a Serguei a organizar su propio grupo, la Narodnaja Rasprava al que dirigía con puño de hierro, algo tan distante a mi idea anarquista.
Terminamos cuando en noviembre de 1869 ajusticio sin prueba fehaciente al camarada Ivanov, acusándolo de agente de la policía. Fue un gran golpe para mí, tuve que optar entre lo que sentía y lo que creía necesario para nuestra lucha. Le escribí “querido amigo, usted no es un materialista como nosotros, pobres pecadores, sino un idealista, un profeta; monje de la Revolución, su héroe no puede ser ni Babeuf ni siquiera Marat, sino cualquier Savonarola. Por su forma de espíritu usted resulta más próximo a [….] los jesuitas que a nosotros. Usted es un fanático. De ahí su fuerza muy grande de carácter pero también su ceguera, y la ceguera es un punto flaco grande y peligroso; la energía ciega tienta y tropieza; y cuanto más fiera es dicha energía, más graves y más seguros son los errores”.
Su fanatismo que tanto me seducía fue la causa por la que me aparte de él. Yo lo ame tanto y gozaba de su presencia y de su audacia que ponía en juego toda la reputación y el esfuerzo de los anarquistas. Para Nechaev la revolución social, podía utilizar a su favor el engaño, el robo y el terror despiadado. Quizás me uso, pero no me importa. Escribí en su defensa con dolor, amargura y decepción “Algunos pretenden que él es sencillamente un estafador redomado – es una mentira – es un fanático con entrega pero al mismo tiempo un fanático muy peligroso y cuya alianza sólo podría ser funesta para todos”.
Sin embargo, ahora no puedo dejar de recordar con dulzura su antiguo amor. Nechaev, tigre mío, fui tu hembra y tu hombre, me despoje hasta de mis propias convicciones para amarte locamente.
Ojarin y Ayalita se besan en este punto, o así lo cuenta Ramirez y se lo imagina Lupe.

Para Ojarin, más allá del error, si es que hay error dice Ramirez que decía Ojarin, ya que el propio movimiento produce sus lineamientos y sus reglas y las condiciones de la derrota o la victoria y el de Netchaev era el mandato del terrorismo contra la terrible autocracia zarista y la venganza de Ayalita y Serguei se nutria del mismo mandato.

-Los que me acusan de farsante y criminal, de manipular a los camaradas para mi propio provecho no saben nada de mi. Yo presencie el intento de asesinato del zar Alejandro II en Karakozov en abril de 1866 y comprendí que allí había comenzado la causa del pueblo contra la tiranía.
Fue esa comprensión del momento que se iniciaba en mi país y en el mundo que fui en busca de Bakunin. Y fue en esa búsqueda que esperando encontrar un guía y un maestro, encontré un amante.
Cuando intentaba contactarlo sabia de su fama, de su participación en las insurrecciones proletarias de la Europa de 1848, en Dresde. Sabía que se había evadido de la helada Siberia donde los zares deportaban a los opositores y enemigos.
Algunos dirán que use mi influencia sobre él, que estaba completamente perdido por mí (y digo esto seguro de lo que digo) pero no es cierto. Yo también lo admiraba y recibí de él una colaboración leal y un trato apasionado y cariñoso, como nunca conocí en mi dura vida de revolucionario que vio pasar su tiempo entre cárceles, conspiraciones y exilios. Pero siempre debía discutir ante su continua vacilación por cada uno de mis actos.

-No puedes ser libre si te asustas de las consecuencias del camino decidido. Sino organizas un plan y una fuerza capaz de persistir cuando las masas retrocedan y de actuar para despertarlas. Sino te mezclas con el elemento criminal y aventurero que traza a cuchillazos los margenes de la sociedad. No te engañes, Mijail.

Y el me contestaba:-Tu organización es el principio de una dictadura que engullirá la revolución en la trampa del estado.

-No seas chapucero, Mijail.

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Lupe le cuenta a Ramirez que Nechaev grito a sus jueces: “Antes de tres años sus cabezas serán tronchadas en este mismo lugar por la primera guillotina rusa… ¡Abajo el zar! ¡Viva la libertad! ¡Viva el pueblo ruso libre!”. Que el zar pidió en persona que lo encerraran para toda la vida, que cumplía su condena en la terrible prisión de Pedro y Pablo, esa Bastilla del zarismo donde el mismo Bakunin estuvo detenido contrayendo escorbuto y perdiendo a consecuencia toda su dentadura.. Que abofeteo a un general en medio de una inspección en su celda. (¡Qué otra cosa podía esperarse de Netchaev! No es de los que se rinden. Dicen que sus carceleros lo admiraban mientras masticaban en secreto su propio odio al zar y la aristocracia. Le decía gesticulando Ojarin a su querido Ayalita, que seguía absorto esos ojos llenos de una letal combinación fuego y furia. Y que Ayalita le contestaba a Ojarin:
-sueño estos sueños y vivo esas vidas entre caricias como una dulce esperanza del amor y la anarquía.
Cuenta Ramirez con un tono sombrío en su rostro colorado de borrachera que Ojarin y Ayalita una noche prepararon una bomba casera. Que ellos excitados por la inminencia del plan que permitiera ejecutar a los verdugos de sus camaradas en un acto de justicia se pusieron a coger salvajemente.
Que el explosivo que estaba dentro de un mueble cedio por los bruscos movimientos de la cama dejando caer violentamente la bomba al piso. Que el estallido barrio la pequeña habitación despedazando los cuerpos desnudos de Ayala y Ojarin.
Que entre los restos de piel, los miembros y la sangre, apretados en los dedos de lo que fue la mano de Ayalita, se encontró una copia de la carta de Mijaíl Bakunin a su hermano Pablo.

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3 comentarios en “El amante de Bakunin

  1. me gusto mucho. sencibilza mucho en muchos aspectos. GRacias por compartirlo. Seguramente no soy el unico que espera mas relatos asi de intensos de Ud compàñero. un abrazo.

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