La primavera confronta el invierno (Mike Davis)


Todo gran levantamiento lleva a hacer analogías y que el de 2011 tiene cosas de 1848, 1905, 1968 y 1989 y hay patrones clásicos que se repiten. Sin embargo la pregunta es si es algo que persistirá a no ya que diversas jornadas revolucionarias enseñaron que la primavera es una “estación corta” sobre todo cuando quienes se levantan no tienen estrategia. Estamos en los inicios de un largo camino y hay una nueva generación.

La pregunta es si la crisis económica llevará a una renovación de la izquierda. En un marco más general de colapso del crecimiento de los países del BRIC y estancamiento en Estados Unidos y Europa, plantea los siguientes puntos de debate:

 

1. Pesadillas capitalistas: lo inconcebible ahora puede ser realidad: la destrucción de gran parte de la estructura institucional de la globalización y el socavamiento del orden internacional pos 1989. Hay un temor de que la crisis de la eurozona combinada con una recesión mundial sincronizada pueda llevar a una situación similar al mundo de los’30 con bloques monetarios y comerciales semiautárquicos, con resentimientos nacionalistas. En este escenario dejaría de existir la regulación hegemónica de la moneda y la demanda con Estados Unidos demasiado débil, Europa desorganizada y China con pies de barro muy dependiente de las exportaciones, potencias de segundo orden buscarían armament nuclear. Aunque esto puede parecer poco probable, también lo es una vuelta a los ’90.

 

2. Saigon en Kabul. Las invasiones de Irak y Afganistán pueden ser vistas históricamente como casos de sobreextensión, Estados Unidos está bloqueado en un frente por los talibán apoyados por Pakistán y en el otro por los shiitas apoyados por Irán. Los levantamientos democráticos en Túnez y Egipto obligaron a Obama y a Clinton aplaudir la caída de dos de sus regímenes favoritos. El objetivo de reequilibrara el poder militar norteamericana y reducir los recursos fiscales es rehén de Israel o de amenazas mortales al absolutismo saudita.

 

3. Un 1848 árabe. La revolución política árabe fue una sorpresa histórica comparable a 1848 o 1989. Está rediseñando la geopolítica del Norte de África y del Medio Oriente, dejando a Israel como una avanzada obsoleta de la guerra fría mientras que habilita a Turquía a reclamar una influencia central en lo que antes fue el territorio del imperio Otomano. Como 1848 o 1989 la “megaintifidad” árabe es un levantamiento en cadena contra un sistema autocrático regional. El rol de la Rusia contrarrevolucionaria hoy la juega Arabia Saudita y los reinos del Golfo. Extremando la analogía los palestinos juegan el rol de las causas perdidas como los polacos, y los shiitas son los “outsiders” enfurecidos como fueron los eslovacos y serbios. (el Financial Times instó a Obama a pensar como un “nuevo Metternich”). Es muy útil volver a los escritos de Marx y Engels de 1848, así como a los posteriores escritos de Trotsky para comprender los mecanismos fundamentales de estas revoluciones.

 

4. El partido del pueblo. El islam político está logrando un mandato popular similar al que el ’89 le dio a los partidos liberales (aunque posiblemente no tan prolongado). No podía ser distinto. En el último medios siglo Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita destruyeron la política secular en el mundo árabe, los grandes movimientos políticos panárabes de los ’50 fueron reducidos por la Hermandad Musulmana y sus rivales wahabistas.

La Hermandad Musulmana en su lugar de nacimiento esperó más de 75 años para tomar el poder a pesar de tner un apoyo de masas. Este movimiento con peso en al menos cinco países árabes es una diferencia clave entre 2011 y levantamientos anteriores. En 1848 y 1989 las organizaciones políticas eran embrionarias. En 1848 no había partidos políticos de masas en el sentido moderno por fuera de Estados Unidos. En 1989 el vacío político fue llenado por conservadores alemanes y comisarios de Wall Street.

La Hermandad musulmana ha construido elementos de un estado alternativo incluyendo redes de asistencia para los pobres, a pesar de la imagen temeraria en occidente, ha evolucionado hacia un islamismo de libre mercado representado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo de Turquía.

 

5. ¿El 18 brumario de Egipto?  La votación de los salafistas expresa las turbulencias de la sociedad egipcia. A pesar de no haber participado de la revolución del 25 de enero ahora pueden llegar a ser la organización de cuadros más grande del mundo sunita. La relación de fuerzas entre las dos principales organizaciones islamistas (salafistas y hermandad musulmana) será decidida por el precio del pan y la política del ejército. El modelo turco (que encarna la hermandad musulmana) es tardío porque hay crisis económica y por lo tanto ha perdido atractivo regional. Por el contrario los salafistas vistos como incorruptibles y antipolíticos pueden ser atractivos en una situación de mayor miseria. Algunos elementos del ejército egipcio están viendo hacer una alianza tácita o formal con los salafistas (parecido a Pakistán). Otras circunstancias podrían favorecer este escenarios: la negativa de los militares a entregar el poder, la incapacidad de la hermandad de satisfacer demandas económicas, un posible ataque contra Irán, etc.

Desde Nasser la izquierda egipcia está estudiando el 18 brumario. Sus pequeños grupos y redes en alianza con jóvenes y trabajadores fueron el nervio de la revolución de enero y de la reocupación de la Plaza Tahrir en noviembre. Hay que ver si un gobierno con mayoría islámica permitirá la organización de la izquierda y los sindicatos independientes.

 

6. Colapso mediterráneo. El sur de Europa enfrenta un ajuste estructural similar al de América Latina en los ’80. Con la crisis de Wall Street la UE había visto el peligro en Irlanda, el Báltico y Europa del Este y consideraba que el Mediterráneo estaba protegido. 18 meses después Alemania y Austria le echan la culpa a los que viven del estado de bienestar en Grecia y España. Pero lo que parece más factible es que el éxito de Alemania está arruinando la eurozona con sus bajos costos mexiacanos en el Este, su incomparable ventaja productiva y su fanatismo chino por las exportaciones. Mientras que el Mediterráneo depende de los movimientos cíclicos de la demanda y la tasas de interés de la UE, Alemania, Francia y el Reino Unido y otros países ricos del norte tienen marcados secundarios. Los países deudores ahora deben aceptar el veto franco alemán permanente sobre sus presupuestos y gasto público. la situación parece la de Gran Bretaña en el siglo XIX o las condiciones impuestas a Alemania en Versailles lo que llevó al Tercer Reich.

Por sumisión a Sarkozy-Merkel o salida del eurozona los países del Mediterráneo están condenados a años de miseria y desocupación. Pero las poblaciones no lo aceptarán. Portugal y Grecia, los países que estuvieron más cerca de una revolución social en los ’70, conservan la cultura de izquierda más dura de Europa. En España el gobierno de derecha es un blanco para revivir Izquierda Unida y los movimientos juveniles de protesta más amplios aunque amorfos. Pero la derecha antiinmigrante y antibruselas puede ganar más que la izquierda de un estallido de la eurozona. Como los salafistas en Egipto o el Tea Party en Estados Unidos, los partidos de la nueva derecha europea tiene política de identidad y una serie de chivos expiatorios. Una ambición extraordinaria para la izquierda anticapitalista en Europa occidental sería reocupar el espacio que tuvo el Partido Comunista en los 30 años posteriores a 1945.

 

7. El motor de la revuelta. Las rebeliones en los campus de 1968 en Europa y Estados Unidos se alimentaron de la Ofensiva del Tet en Vietnam, las guerrillas en América Latina, la revolución cultural china y los levantamientos del gueto negro en Estados Unidos. Los indignados ahora se inspiran en los ejemplos de Túnez y El Cairo (los varios millones de hijos y nietos de inmigrantes árabes en el sur de Europa hacen más militante esta conexión).

En 1968, sin embargo, los manifestantes blancos en Europa y Estados Unidos no compartían las condiciones de existencia de sus contrapartes en los países del sur (a excepción de Irlanda del Norte). La mayoría eran universitarios de carreras de clase media. Por el contrario hoy los que protestan en Nueva York, Barcelona y Atenas tienen un futuro mucho peor que sus padres que los acerca a los que protestan en Casablanca o Alejandría. El desempleo juvenil está en niveles récord (entre el 25 y el 50% según la OIT) en la mayoría de los países con protestas juveniles. La restricción al ingreso a la universidad también se ve en Chile, Gran Bretaña y Estados Unidos.

 

 

8. Miseria. La crisis económica combina la deflación de activos populares (casas, etc) con inflación en bienes básicos. “Pan” fue la primera demanda de la protesta de la Plaza Tahrir, y la palabra resuena tan fuerte en la primavera árabe como lo hizo en la Revolución de Octubre. Las razones son simples: los egipcios gastan alrededor del 60% del presupuesto familiar en combustible, harina, aceite y azúcar. En 2008 esos precios se dispararon un 25%. La tasa de pobreza oficial en Egipto trepó al 12%. Si se aplica esto a otros países de “ingreso medio” la inflación borra una parte sustancial de la “clase media emergente” de la que habla el Banco Mundial.

 

9. Esperando el aterrizaje chino. Marx culpaba a California (por el oro y el estímulo económico al mercado mundial) por poner fin de manera prematura al ciclo revolucionario de la década de 1840. En 2008 los países del BRIC jugaron el rol de California. Pero contra los que proclamaban que China, India o Brasil podían sostener el crecimiento, China por ejemplo, expresaba su temor por su dependencia d elas exportaciones, el escaso poder de compra de los hogares y la burbuja inmobiliaria. Ahora se habla de un aterrizaje forzoso en China. Nadie sabe cuánto va a mantenerse pero las víctimas inevitables son América del Sur, Australia, gran parte de África y del sudeste asiático. Y sobre todo Alemania que ahora comercia más con China que con Estados Unidos.

Es casi tautológico decir que en los países del BRIC donde las expectativas populares de progreso económico se elevaron mucho, una vuelta a la miseria será intolerable. Miles de plazas públicas pueden ser ocupadas incluida una llamada Tiananmen.

Los posmarxistas occidentales que viven en países donde el tamaño absoluto o relativo de la los trabajadores manufactureros se ha reducido, repiten si el “proletariado” es obsoleto y nos obligan a pensar en términos de “multitudes”,  espontaneidad horizontal, etc. Pero este no es un debate en la gran sociedad industrial que describe El Capital. 200 millones de obreros de fábrica, mineros y trabajadores de la construcción en China son la clase más peligrosa del planeta. Su despertar puede determinar si es posible un futuro socialista.

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