Deben ser los gorilas, deben ser (LVO 459)


En una carta titulada “Hacerse cargo” la agrupación La Cámpora, dirigida por Máximo Kirchner, salió a diferenciarse del plan anunciado por Peralta y a explicar su alejamiento del gobierno provincial.

Sin embargo, los esfuerzos de La Cámpora por presentarse como una oposición al ajuste no resiste la prueba de sus  propias declaraciones. La crítica de La Cámpora al gobierno provincial pasa por dos ejes. Por un lado, lo acusan de ser responsable de la destrucción del modelo provincial creado por Néstor Kirchner ya que “literalmente ha ´evaporado´ no sólo las reservas acumuladas sino que además ha destruido el sistema de salud pública, (y) desquiciado la educación pública”. Pero Peralta gobierna la provincia desde 2007 y la destrucción de los servicios públicos que denuncian los camporistas no les evitó apoyarlo, eso sí, como “mal menor” y formar listas comunes en las elecciones de 2011. Por otro lado, La Cámpora señala que tal dilapidación se debe a la tibieza del gobernador (el mismo que envió a las patotas de la UOCRA contra los piquetes docentes y petroleros y mantiene preso a Oñate en las cárceles de su provincia) que cedió a las presiones sindicales “permitiendo que se someta  al conjunto de la sociedad santacruceña a un clima de extorsión y violencia permanente como método para obtener no ya derechos sino verdaderos privilegios como nunca antes se había visto”. En una provincia donde los recursos naturales y energéticos han sido entregados al capital extranjero, en el paraíso de Repsol y Panamerican Energy, donde las multinacionales pesqueras hacen y deshacen a su antojo, y donde las constructoras amigas y socias del gobierno gozan de extraordinarios privilegios para realizar sus negociados La Cámpora, que en la carta se presentan como guardianes del proyecto “nacional y popular” en Santa Cruz, no tiene mejor idea que acusar de “privilegiados” a los trabajadores a quienes acusa como responsables del déficit y la crisis provincial. Luego de la muerte de Néstor Kirchner la publicidad oficial hizo conocido el lema “Nunca Menos” como idea de que el pueblo no debia ceder sus derechos. Sin embargo, en la provincia “pingüina” por excelencia el discurso del Nunca Menos se ha trocado en Nunca Más derechos, y cínicamente en boca de La Cámpora se ha transformado en una especie de “teoría de los dos demonios” que iguala el despilfarro y las responsabilidades de las camarillas políticas gobernantes con las de la clase trabajadora.

Soldados del ajuste

La Campora fue duramente atacada por Daniel Peralta acusándola de haber sido parte del plan de ajuste y de abrirse con intenciones destituyentes. Los camporistas se apresuran en este sentido a aclarar su disposición “a colaborar y en caso de no compartir las propuestas, las acciones o las políticas que se propongan no vamos a obstaculizar el funcionamiento institucional”. Es decir, en caso de ser necesario, a permitir que el ajuste pase. La Cámpora aclara que no se oponen a las medidas por defender los derechos e intereses del pueblo trabajador sino porque lo que “no se puede pretender es que convalidemos, acciones políticas o medidas que no compartimos o en las que no coparticipamos o lo que es mucho peor aun, proyectos cuyos datos, números y cifras nos han sido ocultados y/o tergiversados”. Para  que no queden dudas, la agrupación de Máximo Kirchner plantea que la responsabilidad compartida por Peralta y los sindicatos tiene que tener una salida negociada entre ambas partes “los responsables del estado actual de la administración provincial, que no solo deben encontrarse en su máxima autoridad si no también en los sectores gremiales que llevaron las cosas hasta límites inimaginables, hoy se hagan los desentendidos, o lo que es peor aún, promuevan nuevamente la violencia. Ellos son los responsables de la crisis de nuestra provincia y ellos deben proponer las soluciones a los problemas que ellos mismos crearon”. Pero una solución en común entre gobierno y sindicatos implica que los trabajadores tengan que aceptar en alguna medida el ajuste, ha riesgo de ser acusados de privilegiados, extorsionadores y destituyentes. Dicho sea de paso esta es la política que han tomado las conducciones sindicales.

Revisionismo histórico

Cabe recordar que el ataque a los sindicatos y los trabajadores como privilegiados y extorsionadores corresponde al más rancio desprecio por la clase obrera proveniente de la cultura política liberal, mitrista y conservadora de nuestro país. Como popularizaron Delfor Amaranto y Aldo Camarotta allá por 1955 en la Revista Dislocada, podemos decir ante la definición camporista que “deben ser los gorilas, deben ser”.

Para los socialistas revolucionarios una comprobación frente a los trabajadores y el pueblo pobre de que La Cámpora es una corriente al servicio del Estado burgués y los capitalistas.

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