Los que dieron el perdón… (LVO 470)


Hace 25 años, en la Semana Santa de 1987 el Teniente Coronel Aldo Rico encabezaba el levantamiento de los militares “carapintadas” contra el gobierno de Raúl Alfonsín. La asonada militar puso en vilo a la naciente democracia burguesa argentina y desatará una extraordinaria movilización popular que copará las principales plazas del país, con epicentro en Plaza de Mayo donde decenas de miles se congregaron en oposición a los sublevados. La voz de mando del levantamiento la dio la negativa del Mayor Barreiro de presentarse a la Justicia, que provocó la sublevación de la guarnición activa del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba. Sin embargo, el núcleo de la rebelión se trasladó a Campo de Mayo, donde Aldo Rico llevó la voz cantante de los “carapintadas”.

Para la UCR el juicio a las Juntas -donde se castigó a unos pocos jerarcas- debía alcanzar para hacer potables a las FF.AA. genocidas frente a la población y calmar al partido militar en desbandada. El levantamiento de Semana Santa fue la expresión del completo fracaso de esta política. La base del levantamiento fueron los oficiales y suboficiales de las FF.AA. genocidas que no se beneficiaron lo suficiente de la ley de Punto Final, promulgada por la UCR en 1986.

El levantamiento de los “carapintadas” paralizó a las FF.AA. que se negaron a reprimirlo. En Corrientes el general Ernesto Alais movilizó sus tropas para aplastar la rebelión, pero detuvo su marcha en Zárate excusándose en la negativa de los oficiales intermedios de seguir avanzando.

La movilización popular fue in crescendo desde el Jueves Santo hasta llegar a su pico el Domingo de Pascuas donde grandes sectores se manifestaron en las puertas de Campo de Mayo al canto de “si se atreven, les quemamos los cuarteles”. El radicalismo siempre argumentó que se estaba gestando un golpe militar y que no había fuerza en la sociedad para detenerlo. Una falacia. Los militares carecían de fuerza y legitimidad para dar un golpe. Lo que fracasaba era la política de reconciliación con los genocidas del radicalismo y se despojaba de su careta progresista. El alfonsinismo, temeroso de la movilización desatada, optó por salvar a los militares rebeldes de la furia popular. Para evitarlo Alfonsín viajó en helicóptero hasta Campo de Mayo y negoció con los sublevados. A su regreso pronunció aquel famoso discurso frente a la multitud donde llamaba “héroes de Malvinas” a los sublevados y aseguraba que “la Casa está en orden”. En esta línea contó con el apoyo de toda la superestructura política burguesa. Fundamentales fueron, en este sentido, Antonio Cafiero, en representación del peronismo renovador y Saúl Ubaldini como cabeza de la CGT. El peronismo fue fundamental para contener la movilización y mantener fuera de escena a los trabajadores que eran los que podían quebrar la intentona militar a través de la huelga general. Los dirigentes de la renovación, Cafiero incluido, fueron parte de la delegación que va con Alfonsín a Campo de Mayo y que frena a los manifestantes que quieren entrar a los cuarteles para ajustar cuentas con los militares sublevados. La CGT, los dirigentes empresarios, la UCR, el peronismo, el PI, el Partido Comunista y la mayoría de los partidos políticos legales (con la excepción de las Madres de Plaza de Mayo, el viejo MAS y el PO que denunciaron la capitulación) firmaron el Acta del Compromiso Democrático, donde se cedía a la petición de Rico sobre “el debido reconocimiento de los niveles de responsabilidad de las conductas y hechos del pasado” que más tarde va a dar a luz a la Ley de Obediencia Debida.

Para Raúl Alfonsín la rebelión carapintada significó el fin de su pretendida impronta progresista y del apoyo popular. Las elecciones de ese mismo año van a darle la victoria electoral en las parlamentarias al peronismo renovador de Antonio Cafiero. Para la democracia burguesa argentina fue la confirmación de que el régimen político iba a sostenerse sobre la impunidad para los crímenes de la dictadura que el radicalismo y el peronismo garantizaron.

Por este motivo, entre otros, fue que el último 24 de marzo en la movilización contra el golpe genocida la columna del PTS impidió el ingreso de la UCR a la Plaza de Mayo al grito de “ahí están, ellos son, los que dieron el perdón”. La lucha y la ruptura contra los partidos de la impunidad siguen estando a la orden del día.

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