La nave insignia (El duhaldista Fidanza y la expropiación de YPF)


El periodista Ignacio Fidanza ha realizado el rescate más elogioso del relato kirhcnerista a partir de la expropiación del 51% del paquete accionario de YPF. No llamaría la atención si no fuera porque Ignacio Fidanza es un reconocido duhaldista. Semejante giro sólo puede ser comprendido por el significado que el periodista le atribuye a las medidas de CFK. “Cristina Kirchner tomó una de esas pocas decisiones que garantizan a los presidentes argentinos el ingreso directo en los libros de historia. La recuperación de YPF era la gran deuda pendiente, la nave insignia, el símbolo máximo de una política que se declama nacional y popular” , dice el periodista. CFK se colocaría así dentro de la línea histórica “que sostiene el relato mítico de Mosconi, Yrigoyen y el propio Perón. La que sintoniza con Lázaro Cárdenas…”. Fidanza concluye que el peronismo “demostró una vez más su interminable capacidad de transformación, su condición central de partero de los grandes cambios de la historia argentina –para bien o mal según quien lo mire-, desde que irrumpió en la vida nacional en un lejano 1945”. Ciertamente, “la nave insignia del proyecto nacional y popular”, como expresa Fidanza, no se desplaza en las “mareas tumultuosas” del movimiento nacional -como gustaban decir los partidarios de la “Izquierda nacional” sobre el nacionalismo burgués- sino que navega en el lodo privatista que el peronismo -donde militaban los Kirchner- generó en los ’90 con la entrega de los recursos nacionales y el desguace de las empresas publicas –que votaron los Kirchner- y en medio del dominio indiscutible del capital extranjero sobre la economía local. Lejos de plantearse como un movimiento de enfrentamiento –aunque sea limitado- al sometimiento semicolonial del país, el discurso de CFK busco hacer un guiño para obtener el apoyo de Obama y Hillary Clinton contra el decadente y declinante imperialismo español. Mientras que por otro lado, las palabras de la Presidenta convocaban a las grandes patronales bajo la promesa del acceso al combustible combinado con un ataque a los sindicatos y a la vanguardia obrera. La expropiación es en realidad una medida que busca negociar la dependencia argentina del capital extranjero y de ninguna manera es parte de un programa que se plantee la independencia nacional. Es este precisamente el límite último de la expropiación como medida estructural. Perón o Lázaro Cárdenas, fueron representantes de un nacionalismo burgués que apoyado en la movilización de las masas obreras y campesinas (y en su regimentación a partir de la cooptación y represión de sus dirigentes y organizaciones) buscaban imponer una relación de fuerzas para negociar la situación de su propia burguesía frente al imperialismo. Sin embargo, fueron incapaces no sólo de ir hasta el final en esta lucha, sino de resistir a la ofensiva imperialista cuando ésta vino por sus cabezas. Perón terminó capitulando frente al golpe pro yanqui huyendo en la cañonera paraguaya en septiembre de 1955. Más aún, las fuerzas políticas herederas del nacionalismo burgués fueron, en los ’90, responsables de la entrega nacional y de la desarticulación de las conquistas de la clase trabajadora. El peronismo en manos del kirchnerismo, no está mostrando “vitalidad” o un retorno a las raíces “nacionalistas”. Está desnudando el fracaso de su política: la alianza con las petroleras y los grandes grupos capitalistas nacionales que como Eskenazi fueron (y siguen siendo) socios de la expoliación. El relato que exalta Fidanza, y que genera empatía de este periodista de la derecha peronista con el progresismo K, es el de un Estado fuerte representante de la burguesía nacional. Pero la experiencia histórica de Argentina y América Latina ha demostrado que la conquista de la independencia nacional frente al imperialismo solo se puede abrir paso luchando resueltamente contra la burguesía nacional, expulsándola del poder político y mediante una revolución e imponiendo el gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre. El nacionalismo burgués –y ni hablar esta versión degradada del relato que pregona el kirchnerismo- ha sido y es un obstáculo para ello. Construir una fuerza política independiente de los trabajadores es una condición de cualquier lucha antiimperialista seria.

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