Un beso entre hombres. Un mal ejemplo.


El camarada Ivan de Trelew me paso esta noticia (.http://www.clarin.com/deportes/Matias-Vouso-polemico-pico_0_688131336.html) En ella se señala que los jugadores Vuoso y Benitez del América de México serán sancionados por la Comisión disciplinaria de la liga mexicana por festejar la anotación de un penal con un beso -simulado- en la boca. El titularde dicha comisión, Alfonso Sabater. Sentencio que “No queremos que esto sea un ejemplo para nadie. No es un festejo apropiado para el público” y remato diciendo que “No es la imagen que queremos dar a los niños. Creo que eso no lo podemos tomar como un buen ejemplo“.

Evidentemente el señor Sabater y los miembros de la Liga Mexicana de fútbol consideren que la amoralidad del hecho es intolerable, aunque a dicha sociedad nunca se le ocurrió pronunciarse contra el secuestro, tortura, violación y asesinato de centenares de mujeres de todas las edades en Ciudad Juarez acometidos por sicarios al servicio de capitalistas locales, ni contra los crímenes aberrantes del narcotráfico y y las fuerzas represivas, ni que hablar de pronunciarse contra el abuso social de la burguesía y el poder político de México contra obreros y campesinos. Descartamos desde ya que la violencia de genero o el abuso sexual sean preocupaciones de los dirigentes del fútbol mexicano, ya que su preocupación es no difundir el “mal ejemplo” para “los niños” de dos hombres besándose. Quizás lo que seria aceptable para “los niños” en el caso de los dirigentes del fútbol mexicano sea el apaleamiento de los homosexuales y las mujeres desobedientes. El amor y el cariño, que se salen de la norma, de ninguna manera pueden ser mostrados como una realidad y una posibilidad, un derecho a elegir según el impulso del deseo, para la educación de “los niños”.

Ciertamente para la norma heterosexual, que tiene en el deporte sus mitos viriles, el afecto entre hombres es inaceptable o por lo menos su manifestación publica. La homosexualidad implícita en el deporte (historias abundan y el silencio en torno a la sexualidad de los deportistas es una condición impuesta por la condena social y la fuerza de la costumbre) no puede nunca ser explicita. Pero, reconozcamoslo, la condena al acto tiene el merito de no ser hipócrita. Cuando beso a mi novio en publico y hay niños cerca siempre me pregunto si no me voy a terminar comiendo una piña. Es la expresión brutal en todo caso del pensamiento judeo-cristiano y de la necesidad de regir los cuerpos que tiene la burguesía permeando a la sociedad con sus prejuicios.

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