Cronicas del gran susto (articulo de Francisco Fernandez Buey de mayo del 2008 muy interesante para entender el Mayo Francés)


Veinte años no serán nada, como dice la canción, pero cuarenta parecen una eternidad. Pienso eso leyendo los artículos conmemorativos del Mayo francés del 68 que se están publicando en los suplementos de los periódicos de mayor circulación, todos, o casi todos, dominados de tal manera por el presentismo que lo que ocurrió entonces queda como perdido en una intensa niebla.

Se me ocurre que hay tres pistas posibles para intentar reconstruir aquella historia más allá de la filosofía periodística de la historia dominante.

La primera pista la dio Guy Debord (N de R: escritor, pensador y cineasta francés). En 1988, cuando se cumplían veinte años de los hechos de mayo, escribió en sus Comentarios sobre la sociedad del espectáculo algo que podríamos tomar como punto de partida:

“La primera intención de la dominación espectacular era hacer desaparecer el conocimiento histórico en general, empezando por casi todas las informaciones y todos los comentarios razonables sobre el más reciente pasado. Una evidencia tan flagrante no necesita ser explicada. El espectáculo organiza con maestría la ignorancia de lo que ocurre e, inmediatamente después, el olvido de aquella parte de los acontecimientos que pudo ser conocida. Lo más importante es lo más ocultado. En estos últimos veinte años no hay nada que haya sido cubierto por más mentiras inducidas que la historia de Mayo de 1968. Ciertas lecciones útiles podrían sacarse de algunos estudios desmitificadores sobre aquellas jornadas y sobre sus orígenes, pero eso es un secreto de Estado.”

Estas palabras de Guy Debord pueden parecer una exageración. Y tal vez lo sean. Pero son también una de esas exageraciones candidatas a la verdad: en lo que hace a Mayo del 68, lo más importante es lo más ocultado. Pues la derecha política de entonces redujo la interpretación de los hechos a un gran complot anarco-marxista, a una gran conspiración (que quedaría desmontada en las primeras elecciones que siguieron a las grandes movilizaciones); el gaullismo, que salió fortalecido de ellas, vio en los acontecimientos una “crisis de civilización” a la que había que hacer frente precisamente reforzando “nuestra civilización”; los restos de los grupúsculos marxistas de entonces interpretaron los hechos como una crisis internacional del capitalismo tardío que, a pesar de la derrota de Mayo, se seguiría pudriendo; y los nuevos camaleones fueron adaptando su interpretación de los hechos a lo que vino después: principio del fin de las ideologías, gran fiesta lúdico-juvenil, anuncio del individualismo contemporáneo, fin del psicodrama de la era revolucionaria, revuelta reformista, insurrección democrática que anunciaba el retorno a los principios de la gran revolución francesa, origen de los nuevos movimientos sociales, etc., etc.

“Todo mentiras”, decía Debord. Se puede decir con una expresión menos drástica: medias verdades que se corresponden bien con lo que luego, en los años que siguieron, hemos sido los unos y los otros o, más directamente, con las trivialidades de base que los mandamases del mundo que de ahí salió y los letratenientes a ellos vinculados quieren que sepan las nuevas generaciones. No estoy hablando de conspiración del silencio, ni siquiera de tergiversación conscientemente construida. Al contrario. Pienso que, en este caso, cuanto más se habla y más se escribe más domina el espectáculo y más nos alejamos todos de lo que realmente fue aquello. Así que no voy a pretender aquí contar la verdadera verdad del Mayo del 68. Sólo pretendo contar brevemente mi versión de los hechos con palabras que se acerquen, eso sí, a las palabras que se pronunciaban entonces, la mayor parte de las cuales se han hecho impronunciables, y tal vez incomprensibles, en los tiempos que corren ahora.
Daré dos pistas más.

PARÍS NO ERA UNA FIESTA. Segunda pista. Mayo-junio del 68 no fue la gran fiesta lúdica, como se viene diciendo casi siempre, sino el gran susto. O aun mejor: una gran protesta estudiantil que se acabó convirtiendo en un gran susto para la gran mayoría. Lo que empezó como un memorial de quejas en las universidades (en Estrasburgo, en Caen, en Nanterre) se convirtió enseguida en un movimiento de protesta social generalizado en las barricadas de París, y, a partir del momento en que se multiplicaron las ocupaciones de fábricas y las huelgas obreras, en un ensayo general revolucionario que asustó a la mayoría de la sociedad francesa del momento.

De ahí el gran susto: se asustaron los burgueses que vieron peligrar sus propiedades; se asustaron los pequeños burgueses que vieron peligrar sus privilegios y los de sus hijos (Chabrol enseña); se asustó De Gaulle que tuvo que echar mano del ejército; se asustó el partido socialista que creía pasada la época de las revoluciones; se asustó el partido comunista, que aún hablaba de revolución en general pero no de ésa; se asustaron los sindicatos que se vieron rebasados por la espontaneidad de los consejistas en las ocupaciones de fábricas y criticados por los estudiantes por su inconsecuencia; y se asustó una parte de los intelectuales y profesionales que vieron con buenos ojos el arranque de los acontecimientos y todavía se solidarizaron con el movimiento en el momento de la represión, pero que no pudieron aguantar la acusación de ser unos mandarines al servicio del sistema, una acusación cada vez más repetida por los comités de obreros y estudiantes.

Del gran susto salió el viaje de De Gaulle a los cuarteles. Del viaje de De Gaulle a los cuarteles salió la gran reacción de junio en París: una grandísima manifestación de todas las fuerzas de la conservación el 30 de mayo. El 13 de junio De Gaulle decretó la disolución de las organizaciones trotskistas y maoístas, así como la del Movimiento 22 de Marzo, en virtud de una ley del Frente Popular establecida en su momento contra ligas paramilitares de extrema derecha. Los responsables de la O.A.S. exiliados regresaron a Francia. Y de la gran reacción de junio salió la victoria de la derecha en las elecciones (de una derecha que, conviene no olvidarlo, entonces estaba a favor del orden y del Estado, pero también del “Estado de Bienestar”, de las reformas sociales y culturales, de una reforma progresiva de la universidad y hasta, en algunos casos, de la “contracultura bien entendida”).

Los estudiantes rebeldes se despidieron que con una frase que se hizo célebre: “Es sólo el comienzo. La lucha continúa”. Pero ¿fue realmente aquel mayo un comienzo o fue más bien el final de una época? En agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia aplastaron la rebelión de Praga, que fue percibida como más de lo mismo en el otro lado del mundo de la Guerra Fría, y la mayor parte de los rebeldes y revolucionarios de Francia (y de Europa) que habían puesto casi todas las esperanzas en la revolución autogestionada y autogestionaria se quedaron sin modelos y casi sin amigos. Asesinados Lumumba (el símbolo de la revolución africana) y Guevara (el símbolo de la revolución latinoamericana), sólo quedaba Vietnam. Y no es casual que Vietnam haya sido, a partir de 1968, el único símbolo positivo que ha unido en la calle a todos los restos del sesentayochismo.

LA DEPRESIÓN SUBJETIVA. Ése es el origen de la otra gran depresión del siglo XX, de la depresión subjetiva, por así decirlo, de la gran depresión de la izquierda rebelde y revolucionaria. Lo que vino después es lo que suele venir después en estos casos: “revoluciones pasivas” o contrarrevoluciones que se presentan a sí mismas pomposamente como “revoluciones culturales” o “revoluciones de la vida cotidiana”, que recuerdan vagamente, por las palabras que se pronuncian, lo que quisieron quienes perdieron, pero que por lo general consisten en la integración por el sistema de todo aquello que puede ser integrado sin que cambie lo esencial, o sea, la propiedad del dinero, la propiedad del poder, la propiedad de los medios de producción, el mando en plaza.

De la gran depresión producida por la derrota del 68, y no de las ideas que se expresaron en Mayo del 68, salió lo que luego se ha llamado individualismo contemporáneo. Una de las grandes manipulaciones mediáticas de los últimos treinta años ha consistido precisamente en convencer a las gentes que ya no vivieron aquello de que el individualismo contemporáneo es hijo del Mayo del 68. Nada más lejos de la verdad. El individualismo contemporáneo es hijo de los que vencieron a los estudiantes y obreros rebeldes del 68. O tal vez el hijo pródigo del matrimonio de éstos con quienes, habiendo perdido, se resignaron para acomodarse a la derrota.

INEXACTITUDES/ TERCERA PISTA. Muchas veces se ha dicho y se ha escrito en los últimos tiempos que los movimientos sociales nuevos, críticos y alternativos, tuvieron su origen en el Mayo francés del 68. Pero también esto es inexacto. Y conviene precisarlo.

No hay duda de que 1968 representó el momento culminante de uno de los movimientos sociales más activos e interesantes de la segunda mitad del siglo XX, el movimiento estudiantil o universitario, que, por supuesto, no se redujo a los acontecimientos de Francia y que produjo manifestaciones importantes en los cuatro puntos cardinales: en Berkeley y en Milán, en México y en Barcelona y Madrid, en Berlín y en Tokio, en Londres y en Praga y en Varsovia.

Hay dos rasgos o características que aparecen reiterativamente y con mucha fuerza en todos (o casi todos) los movimientos estudiantiles de entonces, y que, efectivamente, heredarían los movimientos sociales posteriores. Me refiero al antiautoritarismo y al antiimperialismo. Antiautoritarismo no sólo en el sentido de la crítica de la autoridad de la familia, del Estado, de las iglesias y del mandarinato existente en la universidad, sino también como autonomía radical respecto de todos los partidos políticos del arco parlamentario. Y antiimperialismo entendido como oposición a los dos modelos socioeconómicos cristalizados durante la Guerra Fría. En líneas generales estos rasgos pasarían, ya en los años setenta, a la crítica feminista del patriarcado, a la crítica ecologista de la sociedad industrial y productivista y a la crítica pacifista de la estrategia militar del terror.

Pero si por movimientos sociales nuevos entendemos lo que por entonces empezó a llamarse “nuevo feminismo”, o ecologismo o pacifismo, hay que decir enseguida que el Mayo francés del 68 tuvo muy poco que ver con eso. Basta para probarlo con ver los documentos escritos y orales que han quedado de las asambleas de Nanterre y la Sorbona: ahí hay muy poco feminismo, casi nada de ecologismo y, desde luego, nada de pacifismo.

Sintomáticamente no hay ni una sola mujer entre los líderes destacados del movimiento y las grabaciones que han quedado (cintas magnetofónicas y cinematográficas) muestran que a las mujeres apenas se las dejaba tomar la palabra en los comités. Es verdad que se citaba a Reich y se hablaba de sexualidad liberada, pero mayormente para varones. El primer cartel publicitario détournée, que muestra a una mujer acariciándose los pechos mientras de su boca sale el gemido orgasmático (“Ahhhhhh!!! La Internarnacional Situacionista!!!”) no era precisamente una representación del gusto del nuevo feminismo…

Las alusiones a los hippies y a los beatknis que hay, por ejemplo, en los textos situacionistas de entonces son todas despreciativas o paródicas. Y el lenguaje y el tono de la mayoría de las intervenciones en las asambleas y en los comités de ocupación, así como el de la mayoría de los panfletos escritos, era más bien “guerrero”, crítico del militarismo, sí (particularmente cuando se hablaba de la intervención norteamericana en Vietnam), pero también exaltador de la violencia revolucionaria, ya fuera en términos leninistas, guevaristas, consejistas, maoístas o para recordar las virtudes de Durruti, de los combatientes del Vietcong o del general Giap.

Los orígenes del feminismo, del ecologismo y del nuevo pacifismo que cuajarían como movimientos en las dos décadas siguientes no están ahí. Hay que buscarlos en otros sitios: en las universidades norteamericanas, en las manifestaciones británicas contra la guerra (organizadas por el Comité Russell, entre otros), en los discursos de Luther King y en la Universidad Libre de Berlín.

Para no alargar más este punto y concluir con la tercera pista pondré aquí un solo ejemplo. El eslogan más célebre y más veces repetido del Mayo francés fue: “La imaginación al poder”. Todo el mundo lo ha oído repetir muchas veces como símbolo de lo que allí se cocía. Repetida cientos de veces por los grandes medios de comunicación, esa frase se trivializó hasta el punto de que, fuera ya de su contexto, parece sugerir una de estas dos cosas: hippies y provos, protesta lúdica, ecologista y pacifista. Así sonaba ya años después de que fuera escrita por primera vez. Y sin embargo lo que quiso decir con ella quien la escribió no tiene nada que ver con pacifismo, protesta lúdica y medio-ambientalismo. Voy a restituir su sentido original (las cursivas son mías) para que se pueda comparar. Esa frase cerraba una breve pero contundente declaración de principios en la entrada principal de la Sorbona de París, asediada por la policía. La declaración decía así:
“Queremos que la revolución que comienza liquide no sólo la sociedad capitalista sino también la sociedad industrial. La sociedad de consumo morirá de muerte violenta. La sociedad de la alienación desaparecerá de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo original. La imaginación al poder.”

No es extraño que unos años después Guy Debord dijera que era para morirse de risa el constatar lo que la “sociedad del espectáculo” había conseguido hacer con ésa y otras muchas frases célebres del movimiento del 68.

*Catedrático de Filosofía Moral en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, autor de, entre otras obras, Utopía e ilusiones naturales. Este artículo fue publicado originalmente en www.sinpermiso.info.

El FPDS y el Estado en disputa. Una reflexión.


Un compañero, al que estimo, vinculado al FPDS, me discutió con respecto a la critica de Aldo Casas (https://facundoaguirre.wordpress.com/2012/05/17/debate-con-la-izquierda-independiente-teoria-y-practica-del-socialismo-desde-abajo-lvo-475/). Su argumento central era que nosotros concebíamos al Estado como institución de dominio y perdíamos de vista que era constructor de relaciones sociales y como tal había que encarar la política. Es decir confirmaba nuestra afirmación de que para el FPDS el Estado es una entidad en disputa.

Que en su manera de dominar la sociedad, en épocas de normalidad capitalista y bajo el régimen democraticoburgués, la burguesía utiliza una combinación de fuerza y consenso, es una verdad de perogullo y no un descubrimiento posmoderno. Que la construcción del consenso requiere de interacciones sociales, nadie lo va a discutir. Pero las relaciones sociales que naturalizan la dominación capitalista y la construcción de hegemonía se basan en ultima instancia, en la fuerza. Por eso son relaciones sociales capitalistas las que configuran es Estado burgués. Convengamos que la idea de que el estado es fuerza no proviene del marxismo sino de la filosofía política burguesa. Thomas Hobbes y Maquiavelo así lo conciben. Para el autor de El Príncipe la constitución de una fuerza armada del estado era un medio de la constitución de una fuerza social dirigente. A que voy? A que la dirección de la sociedad, es decir la capacidad del núcleo social dominante de generar hegemonía, se apoya siempre en ultima instancia en esa fuerza. De ahí que el merito de la dura definición de Federico Engels como una banda de hombres armados cobre toda su importancia en los momentos donde la casta dirigente pierde la capacidad de dirección de la sociedad. Ahí el estado se manifiesta como violencia pura. Desde este punto de vista no se puede disputar el comando del Estado burgués, sino que hay que destruirlo haciendo añicos en primer lugar sus instituciones represivas -y ese es el hecho característico de toda autentica revolución.

Pero a su vez la construcción de hegemonía burguesa en los países semi-coloniales como los de Nuestra América, donde la sociedad civil se expresa desgarrada y débil por ello para crear instituciones propias de contención, necesita si o si de la intervención del estado como arbitro entre las clases y sectores sociales enfrentados. Las instituciones que surgen del seno de la sociedad civil expresan el desgarramiento social y la lucha de clases, mientras que sobre el comando del Estado actúan las elites dominantes locales y el capital extranjero apuntalado por el imperialismo. En esa relación social entre las fracciones capitalistas y las masas populares se va configurando la relación que el Estado establece con las clases subalternas. Los Estados burgueses semicoloniales donde las organizaciones sociales y populares son invitadas a participar de la gestión publica, expresan la debilidad de la clase capitalista para imponer su dirección solamente mediante los mecanismos culturales e ideológicos de la sociedad civil y necesita de la cooptación y regimentación de los movimientos de oposición social para poder garantizar la dominación burguesa y establecer su legitimidad. Esa es la esencia del bonapartismo sui generis característico de las semi-colonias y de los ensayos semi-bonapartistas de los gobiernos progresistas de la región. No se pueden combatir los mecanismos de cooptación, regimentación y represión del movimiento obrero y popular sino es luchando por la independencia política de las masas explotadas de las fuerzas políticas dirigentes de los Estados capitalistas.

La independencia del Estado capitalista y sus gobiernos en momentos de normalidad burguesa preparan las condiciones de la ofensiva obrero y popular en los momentos de lucha de clases aguda. Esa es la diferencia entre reforma y revolución, entre una minoría revolucionaria que prepara una vanguardia dirigente (como hacemos en el PTS y el FIT) y un grupo que llama al activo político y social de los explotados a confiar en radicalizar los procesos políticos de la burguesía.

Metropolís (Giorgio Agamben)


Extraido del blog Bajo control.

http://bajocontrol.over-blog.es/article-metropolis-giorgio-agamben-105218460.html

He dicho que la ciudad es un dispositivo, o un grupo de dispositivos. La teoría a la que usted se refirió antes era la idea sumaria de que uno puede dividir la realidad en, por un lado, los humanos y seres vivientes, y, por otro, los dispositivos que continuamente los capturan y retienen. Sin embargo, el tercer elemento fundamental que define un dispositivo, para Foucault también yo creo, son los procesos de subjetivación que resultan del cuerpo a cuerpo entre el individuo y los dispositivos. El sujeto es lo que resulta de la relación entre lo humano y los dispositivos. No hay dispositivo sin un proceso de subjetivación, para hablar de dispositivo uno tiene que haber un proceso de subjetivación. Sujeto quiere decir dos cosas: lo que lleva a un individuo a asumir y atarse a una individualidad y una singularidad, pero significa también la subyugación a un poder externo. No hay proceso de subjetivación sin estos dos aspectos: asunción de una identidad y sujeción a un poder externo.
Lo que suele faltar, también en los movimientos, es la conciencia de esta relación, la conciencia de que cada vez que uno asume una identidad uno también es subyugado. Obviamente, esto también es complicado por el hecho de que los dispositivos modernos no sólo conllevan la creación de una subjetividad, sino también y en la misma medida, procesos de desubjetivación. Esto puede haber sido así siempre, piensen en la confesión, que le dio forma a la subjetividad occidental (la confesión formal de los pecados), o la confesión jurídica, que todos experimentamos hoy. La confesión siempre supuso en la creación de un sujeto también la negación de un sujeto, por ejemplo en la figura del pecador y del confesor, es claro que la asunción de una subjetividad va junto con un proceso de desubjetivación. El punto es actualmente, entonces, que los dispositivos son cada vez más desubjetivantes de modo que es dificil identificar los procesos de subjetivación que ellos crean. Pero la metrópolis es también un espacio en el que un tremendo proceso de creación de subjetividad tiene lugar. Sobre esto no sabemos mucho. Cuando digo que necesitamos conocer estos procesos, no sólo me refiero al análisis, muy importante por cierto, sobre la naturaleza sociológica o económica o social de estos procesos de subjetivación; me refiero al nivel ontológico, a la cuestión Spinoziana de la capacidad para actuar de los sujetos; es decir, lo que, en el proceso a través del cual el sujeto de alguna forma queda atado a una identidad subjetiva, lleva a un cambio, un aumento o disminución de su capacidad para actuar. Carecemos de este conocimiento y quizás esto haga que los conflictos metropolitanos de los que hoy somos testigos sean más bien opacos.
Creo que una confrontación con los dispositivos metropolitanos solo será posible cuando penetremos de un modo más articulado, más profundo los procesos de subjetivación que la metrópolis implica. Porque creo que el resultado de los conflictos dependerá de la capacidad para actuar e intervenir en los procesos de subjetivación, con el fin de alcanzar ese momento que yo llamaría el punto de ingobernabilidad, de lo ingobernable que puede hacer naufragar al poder en su figura de gobierno, lo ingobernable que, yo creo, es siempre el comienzo y la línea de fuga de toda política.

Debate con la izquierda independiente. Teoria y practica del “socialismo desde abajo” (LVO 475)


 La COMPAes un colectivo o alianza de agrupaciones que, hegemonizada por el Frente Popular Darío Santillán y La Mella, se autodenomina izquierda independiente o “nueva izquierda”. Aldo Casas intenta explicar la concepción político-ideológica del FPDS. En Los desafíos de la transición. Socialismo desde abajo y poder popular (Ed. El Colectivo, 2011) sostiene que “es preciso que una nueva izquierda independizada de moldes partidocráticos se atreva a desarrollar un pensamiento crítico” ya que, contra lo que él entiende como la concepción de la izquierda revolucionaria organizada en partido, “el socialismo solamente puede ser realizado a través de la autoemancipación de las masas activas en movimiento”. En consecuencia para el autor hay que construir una organización que en lugar de “sustituir o imponer directivas desde afuera del movimiento real, sea parte del mismo y como tal se construya”. Casas cita un documento interno para definir que “el FPDS se construye desde una definición movimientista en lo ideológico. Esto significa que se construye desde definiciones básicas como el anticapitalismo, el antiimperialismo y su apuesta al socialismo”.

 

Estado en disputa

Para Casas “el ‘socialismo desde abajo’ debe ser impulsado con plena autonomía de las llamadas políticas de estado. Incluso si los gobiernos de algunos de estos Estados, como ocurre con el caso de los que conforman el ALBA, aportan a la conformación de una plataforma regional progresiva en la medida que pone barreras a las pretensiones imperiales del Norte”. Pero ya su definición de los gobiernos del ALBA -Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador y Evo en Bolivia- presenta una trampa argumental que liquida la pretendida autonomía de los movimientos sociales frente a las políticas de Estado. Apoyar a un gobierno burgués por más progresivo que se lo considere es apoyar la supervivencia de los Estados burgueses semicoloniales de Nuestra América.

El problema es que la izquierda independiente rompe con la crítica marxista al carácter clasista del Estado, que sostiene que en la moderna sociedad burguesa el Estado es el órgano de dominación de la clase capitalista sobre los trabajadores y el pueblo pobre, y abonar la idea de que: “el Estado es un proceso relacional: un proceso activo, dinámico, fluido que se teje en interacciones reciprocas (…) y en cuya configuración participan también las clases subalternas”. Estamos en presencia de la idea del Estado en disputa, entre las fuerzas reaccionarias de la burguesía y gobiernos que expresarían directamente a los movimientos sociales que los apoyan. Para esta pelea los compañeros proponen organizar “poder popular”. Pero el hecho es que los gobiernos del ALBA se sostienen sobre el control de las FF.AA. burguesas y la regimentación de las organizaciones obreras, campesinas y populares para mantener el dominio social de la burguesía, aunque para ello tengan que enfrentarla relativamente. Cuando Chávez se presenta como impulsor del socialismo del siglo XXI, lo hace para mejor recubrir la dominación burguesa-terrateniente y el carácter de su política y no para derrotar al capitalismo y el imperialismo.

Históricamente en Nuestra América, gobiernos de esta naturaleza, fueron encarnados por los movimientos nacionalistas burgueses que, como el peronismo en 1955, fue incapaz de imponer una barrera a las pretensiones imperiales y maniataron las manos de los trabajadores para enfrentarlas, o, peor aún, utilizaron a las bandas fascistas como las Tres A en los ‘70, para golpear a la vanguardia obrera y juvenil independiente que se levantaba contra la burguesía y el imperialismo, allanando el camino del golpe genocida y la imposición de las pretensiones imperialistas. Esta fue la función histórica del nacionalismo burgués. Quienes creyeron que era posible condicionar a las direcciones burguesas de los movimientos nacionales a partir de la combatividad del elemento plebeyo (como John Willkiam Cooke y el peronismo revolucionario, cuya tradición muchos compañeros del FPDS reivindican), terminaron reforzando las ilusiones de las masas en los liderazgos burgueses. La “nueva izquierda” se niega a aprender nada de la historia.

 

¿Apoyar gobiernos capìtalistas?

 

Que lo dicho no se trata de una argucia polémica está demostrado porque tanto el FPDS como La Mellahacen gala de apoyo público a estos gobiernos. Ante la expropiación del 51% de las acciones de Repsol en YPF, la COMPAplanteó su apoyo público a la medida, calificándola de “hecho positivo” e  “imprescindible para comenzar a revertir la entrega de YPF” (Declaración dela COMPA).

Recordemos también que en marzo de 2011 el FPDS concurrió al acto que el kirchnerismo le organizó a Hugo Chávez enla Facultadde Periodismo deLa Plata, que según el mismo autor apoyó a criminales como Gadhafi, disfraza de revolucionario al régimen iraní y entrega militantes de las FARC al gobierno derechista de Colombia, sin que ello cambie la caracterización de este gobierno ni lleve a los compañeros a plantearse una lucha política contra el mismo. En abril de 2010la FUBApor iniciativa dela Mellale otorgo un premio a Álvaro García Linera vicepresidente de Bolivia, que poco después, en diciembre del mismo año, aplico un brutal ajuste de los precios de los combustibles que fue derrotado por la movilización de obreros, campesinos y pueblos originarios que lo bautizaron como el “gazolinerazo” en referencia al vicepresidente premiado porla Mellay que en septiembre del 2011 reprimiera a los pueblos originarios que se movilizaron en defensa del TIPNIS o recientemente se enfrentara al movimiento obrero organizado enla COB.

 

Socialismo desde abajo

 

Frente a estos alineamientos, la idea del poder popular que proponen los compañeros de la izquierda independiente se reduce a la organización de los explotados para presionar a estos gobiernos burgueses. En lugar de contrapoderes que sean embriones de un nuevo ordenamiento político y social, integración de las organizaciones sociales al Estado para estimular el empoderamiento del pueblo pobre. En lugar de la revolución, la reforma empujando la radicalización de gobiernos capitalistas. En lugar de la delimitación política del socialismo, la confusión con el nacionalismo burgués. Olvidan que el gran dirigente comunista cubano Julio Antonio Mella advertía, frente a posiciones similares, que “el peligro está en que impongan una ideología reformista y oportunista. La equivocación está en querer hacer del socialismo algo diferente a una consecuencia, a una coronación final de la lucha del proletariado contra la burguesía y contra su sistema social” (Julio Antonio Mella. Documentos y artículos; pág 426)

Por el contrario, para el marxismo revolucionario, la idea del socialismo como la autodeterminación de las masas en movimiento presupone, la independencia política de las masas obreras y populares con respecto a la burguesía, es decir su organización en partido, la construcción de organizaciones de doble poder y democracia directa y la lucha sin cuartel contra el Estado capitalista para imponer el gobierno de las organizaciones autodeterminadas de las masas. Por eso el PTS impulsa la organización del sindicalismo de base y dentro de él las perspectivas políticas del clasismo. Los compañeros dela COMPAen cambio apuestan a la alianza con sectores de la burocracia michelista dela CTAcomo en Neumáticos o de apoyo a los dirigentes filo-kirhcneristas en el Subte. Por eso en el movimiento estudiantilla Juventuddel PTS impulsa la independencia política rechazando las componendas con sectores propatronales, mientras quela Mellahace alianzas con fuerzas filo sojeras como el PCR o Libres del Sur.

La nueva izquierda habla de socialismo desde abajo y autodeterminación pero apoya el estatalismo burgués y la idea de radicalizar los movimientos políticos burgueses de base popular, mientras que los trotskistas luchamos en la tradición de Mella y Mariátegui por la organización de un partido revolucionario de la clase obrera, que impulse la independencia política de los trabajadores y la alianza de las clases explotadas para hacer una revolución social que imponga el poder de los consejos obreros y el pueblo pobre.

San Genet. Comediante y martír. (fragmentos) Jean Paul Sartre


(…) Subyace en todo el edificio un resentimiento de base que sostiene su acto creador. Genet es un ser resentido: huérfano, pobre de joven, homosexual rechazado, etc. Su actitud hacia el mundo no puede ser sino defensiva -contra el odio recibido, él devuelve odio poético. Su resentimiento, a diferencia de la mayoría de los discursos literarios y artísticos que se vuelcan hacia una idea reformista, se expresa en clave narcisista, que no se frena ni canaliza con la solidaridad humana. Genet, en tanto aislado, se mueve SIN moral y CONTRA los hombres: el resentimiento no debe resolverse, debe mantenerse intacto en tanto es la fuente de erotización de la que emana su belleza y la poesia (…)

(…) Esta zambullida de Genet en el universo de la marginalidad convierten al mundo en una especie de objeto de perversión. Es decir, Jean erotiza el cosmos que lo rodea en busca del placer que la sordidez le provoca, sucumbiendo a los submundos. Esto, según Freud, impregna de una enorme sensación de libertad a nuestros sentidos (como todo vicio). Es así que mientras Proust muestra una actividad dirigida AL MUNDO, a la razón (al análisis); la actividad genetiana está enfilada y gira en torno AL PLACER y al descubrimiento de la belleza desde su lado inverso: el “mal” (…)

… ” la realidad se adquiere exclusivamente por repetición o participación; todo lo que no tiene un modelo ejemplar está ‘privado de sentido’, es decir, carente de realidad ( … ) el hombre de culturas tradicionales sólo se reconoce como real en la medida en que cesa de ser él mismo ( … ) y se contenta con imitar y repetir los gestos de otro. En otros términos, no se reconoce como real, es decir, como ‘verdaderamente él mismo’, más que en la medida en que cesa precisamente de serlo.”

“para Genet, el fin del hombre no es el hombre ( …) es destruir en sí el tiempo, la historia y lo humano para que nazca en el instante el reino de lo eterno y de lo divino ( … ) Genet sacrifica al mundo y a sí mismo para tener acceso al universo de lo sagrado”.

La poesía en Genet no es una de las formas de literatura; es una manera que él tiene de vivir. Es estrictamente personal; no se destina a un público. El tema de sus obras es siempre aquello que afecta su sensibilidad. Son puramente experiencias mentales.

“La idea que nunca he dejado de desarrollar es que, a fin de cuentas, cada quien es siempre responsable de lo que se ha hecho de él – aun si no puede hacer nada más que asumir esta responsabilidad. Yo creo que un hombre siempre puede hacer algo de lo que se ha hecho de él. Es la definición que daría yo hoy de la libertad: ese pequeño movimiento que hace de un ser social totalmente condicionado, una persona que no restituye la totalidad de lo que ha recibido, de su condicionamiento; que hace de Genet un poeta, por ejemplo, mientras que estuvo rigurosamente condicionado para ser un ladrón ( … ) Porque a Genet se le hizo ladrón; él dijo ‘soy un ladrón’ y ese pequeño movimiento fue el principio de un proceso mediante el cual llegó a ser poeta y, después, finalmente, un ser que ya no está verdaderamente al margen de la sociedad, alguien que ya no sabe dónde está y que se calla. En un caso como el suyo, la libertad no puede ser dichosa. No es un triunfo. Para Genet, simplemente abrió ciertos caminos que no le habían sido ofrecidos desde el comienzo.”

Dinosaurios en extinción


Ayer por la noche participe de invitado en el panel de la FUBA sobre la Crisis y Latinoamerica. Fueron parte del panel: Liebres del Sur, el PCR, el MUI (PC), PO, IS, Socialismo Libertario y la Mella. No es mi idea hacer de esto un articulo profundo así que es poco lo que voy a contar poco del contenido de la discusión que verso, a partir de nuestra iniciativa y merced a los panelistas que me acompañaban sobre la la lucha contra el imperialismo y la independencia política de los movimientos obreros y populares con respecto a los gobiernos burgueses progresistas o nacionalistas de latinoamerica. En este punto fuimos las expresiones políticas del FIT los que defendimos la idea de que había que delimitar políticamente a los movimientos obreros y populares de las medidas de los gobiernos capitalistas progres de la región -sobre todo frente a la expropiación de YPF- y plantear una perspectiva de independencia política frente a ellos y el estado burgués y la incapacidad de concebir al estado y la burguesía como fuerzas dirigentes de la lucha antiimperialista (aunque IS lo hizo en términos demasiado abstractos y el PO no buscaba plantearlo de manera manifiesta e intentaba explicar porque Chavez no era el socialismo mediante la denuncia). Mientras que el resto de los panelistas -incluidos los socialistas libertarios- plantearon su defensa del proceso político latinoamericano -sobre todo Chavez y Venezuela- como la gran oportunidad histórica de restaurar un movimiento de liberación y de empoderamiento del pueblo pobre y obviamente el apoyo a la expropiación de YPF por CFK por la perspectiva que abría (¿cual la de fortalecer el bonapartismo fiscal y petrolero? o ¿la alianza con el capital norteamericano?).

El tema, que me llevo a escribir el pots, es que en la segunda ronda de intervenciones, ante mi afirmación de que enfrentar a los estados y gobiernos capitalistas era un parteaguas, todas las respuestas de los panelistas de las fuerzas que no se reconocían en el trotskismo fue una sarta de barbaridades stalinistas que hacia añares no escuchaba. Liebres del Sur -que milita en el frente sojero de Binner!!!!!!- asegurando que los trotskistas criticando a los gobiernos progresistas (¡y a Stalin!!!) servían a la derecha, el imperialismo y a la CIA (Sic). El PC (¡si, el mismo que apoyo a Videla!) que los trotskistas eramos agentes de la derecha y partidarios de los escuálidos en Venezuela.El PCR se olvido de su antikirhcnerismo visceral para decir que no apoyar a los gobiernos progres y criticarlos es hacerle el juego a la derecha y establecer erróneas alianzas políticas (recordemos lo dicen antiguos aliados de Lopez Rega y Menem). La Mella se cuido de decirlo en esos términos, pero comparo a los trotskistas con los argumentos de la prensa derechista venezolana y por ultimo e increiblemetnte el representante socialista libertario planteo públicamente su molestia por el ataque al trotskismo para decir a renglón seguido que la culpa era del sectarismo trotskista que se tocaba con la posmodernidad por no comprender la fuerza del proceso chavista, es decir del estatismo nacionalista burgués…. Evidentemente la llamada nueva izquierda gusta de acompañarse y apoyarse en los argumentos de stalinistas, maoistas bizarros y arribistas de todo pelaje.

Como decia el Quijote “ladran Sancho, señal que cabalgamos” pero lo que escuchamos en la sede Constitución de la Facultad de Ciencias Sociales de boca de los aliados políticos de la autoproclamada Nueva Izquierda, fue el bramido impotente de unos dinosaurios en extinción y de interpretes ridículos del Talmud de la conciliación de clases.