El FPDS y el Estado en disputa. Una reflexión.


Un compañero, al que estimo, vinculado al FPDS, me discutió con respecto a la critica de Aldo Casas (https://facundoaguirre.wordpress.com/2012/05/17/debate-con-la-izquierda-independiente-teoria-y-practica-del-socialismo-desde-abajo-lvo-475/). Su argumento central era que nosotros concebíamos al Estado como institución de dominio y perdíamos de vista que era constructor de relaciones sociales y como tal había que encarar la política. Es decir confirmaba nuestra afirmación de que para el FPDS el Estado es una entidad en disputa.

Que en su manera de dominar la sociedad, en épocas de normalidad capitalista y bajo el régimen democraticoburgués, la burguesía utiliza una combinación de fuerza y consenso, es una verdad de perogullo y no un descubrimiento posmoderno. Que la construcción del consenso requiere de interacciones sociales, nadie lo va a discutir. Pero las relaciones sociales que naturalizan la dominación capitalista y la construcción de hegemonía se basan en ultima instancia, en la fuerza. Por eso son relaciones sociales capitalistas las que configuran es Estado burgués. Convengamos que la idea de que el estado es fuerza no proviene del marxismo sino de la filosofía política burguesa. Thomas Hobbes y Maquiavelo así lo conciben. Para el autor de El Príncipe la constitución de una fuerza armada del estado era un medio de la constitución de una fuerza social dirigente. A que voy? A que la dirección de la sociedad, es decir la capacidad del núcleo social dominante de generar hegemonía, se apoya siempre en ultima instancia en esa fuerza. De ahí que el merito de la dura definición de Federico Engels como una banda de hombres armados cobre toda su importancia en los momentos donde la casta dirigente pierde la capacidad de dirección de la sociedad. Ahí el estado se manifiesta como violencia pura. Desde este punto de vista no se puede disputar el comando del Estado burgués, sino que hay que destruirlo haciendo añicos en primer lugar sus instituciones represivas -y ese es el hecho característico de toda autentica revolución.

Pero a su vez la construcción de hegemonía burguesa en los países semi-coloniales como los de Nuestra América, donde la sociedad civil se expresa desgarrada y débil por ello para crear instituciones propias de contención, necesita si o si de la intervención del estado como arbitro entre las clases y sectores sociales enfrentados. Las instituciones que surgen del seno de la sociedad civil expresan el desgarramiento social y la lucha de clases, mientras que sobre el comando del Estado actúan las elites dominantes locales y el capital extranjero apuntalado por el imperialismo. En esa relación social entre las fracciones capitalistas y las masas populares se va configurando la relación que el Estado establece con las clases subalternas. Los Estados burgueses semicoloniales donde las organizaciones sociales y populares son invitadas a participar de la gestión publica, expresan la debilidad de la clase capitalista para imponer su dirección solamente mediante los mecanismos culturales e ideológicos de la sociedad civil y necesita de la cooptación y regimentación de los movimientos de oposición social para poder garantizar la dominación burguesa y establecer su legitimidad. Esa es la esencia del bonapartismo sui generis característico de las semi-colonias y de los ensayos semi-bonapartistas de los gobiernos progresistas de la región. No se pueden combatir los mecanismos de cooptación, regimentación y represión del movimiento obrero y popular sino es luchando por la independencia política de las masas explotadas de las fuerzas políticas dirigentes de los Estados capitalistas.

La independencia del Estado capitalista y sus gobiernos en momentos de normalidad burguesa preparan las condiciones de la ofensiva obrero y popular en los momentos de lucha de clases aguda. Esa es la diferencia entre reforma y revolución, entre una minoría revolucionaria que prepara una vanguardia dirigente (como hacemos en el PTS y el FIT) y un grupo que llama al activo político y social de los explotados a confiar en radicalizar los procesos políticos de la burguesía.

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