El derecho al piquete


 

“Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz…Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga… los piquetes siguen su trabajo indetenido…con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…”.

(Periódico obrero Spartacus, sobre la huelga de la construcción de 1936)

En su discurso contra el 20N CFK calificó a los piquetes de huelga como “apriete y amenazas”, aunque se preocupó en señalar que ella defiende el derecho de huelga como “sagrado”. En la misma sintonía, el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, descalificó al paro diciendo que lo que hubo fue un “piquetazo” que impidió la “libertad de trabajo”. Un argumento menemista y patronal de un personaje que ya militaba contra los piquetes de huelga y el movimiento piquetero cuando junto al FREPASO integraba la Alianza.

El piquete produce la huelga, porque toda huelga auténtica se apoya en los piquetes. Su origen es tan viejo como el movimiento obrero y la huelga. En Argentina fueron los sindicatos anarquistas de principios del siglo XX quienes organizaron los piquetes y, desde entonces, estuvieron presentes en las grandes epopeyas de nuestra clase como las luchas del Centenario, la Semana Trágica de 1919 -que comenzó como un enfrentamiento entre los piquetes y los carneros- o las huelgas de los peones rurales de la Patagonia en los ‘20 contra los estancieros británicos, reprimidas a sangre y fuego por otro gobierno “nacional y popular” reivindicado por los K, el de Hipólito Yrigoyen. Fueron los piquetes los que sostuvieron la huelga general de la construcción de 1936. Los que forjaron la “Resistencia peronista”, en realidad, resistencia obrera al régimen fusilador, y los que protagonizaron la ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre y los combates en el barrio de Mataderos en 1959. Así podemos seguir dando ejemplos hasta la gran huelga general de junio y julio de 1975 contra el gobierno peronista de Isabel y López Rega.

En los ’90, el piquete dio los mártires de las luchas obreras y populares. Fue utilizado por los trabajadores desocupados, expulsados de la fuerza de trabajo por el menemismo -que los Kirhcner integraban- y la Alianza, como forma de impedir la circulación de mercancías cortando rutas como en Cutral-Co (donde asesinan a Teresa Rodríguez), General Mosconi (donde cae asesinado Aníbal Verón), General San Martín y Tartagal: nacía el movimiento piquetero.

Volviendo al argumento de la Presidenta, atacar al piquete es atacar el derecho de huelga. Al oponer la “libertad de trabajo” (que es de interés del patrón) al derecho de huelga se niega este último. Como decía Marx, entre dos derechos iguales decide la fuerza. Para la burguesía la única violencia legítima es la legal ya que ésta se ampara en su derecho. Frente a la huelga, el gobierno y los patrones cuentan con sus herramientas de coacción legales, más de tres millones de trabajadores precarizados sin ningún derecho y representación, son chantajeados y extorsionados para ejercer su “libertad de trabajo” contra sus propios intereses de clase; la burocracia sindical aliada a CFK que despoja de protección legal a los trabajadores de sus sindicatos que quieran ir al paro y siempre detrás de ellos la policía y los gendarmes dispuestos a reprimir; y la justicia lista para procesar a luchadores obreros y populares, mientras siempre está latente la amenaza de despido para quienes participen de la huelga. Frente a estas fuerzas extorsivas y represivas de los empresarios y su Estado, ante esta violencia, el piquete es la “fuerza de ley” de la huelga. Precisamente, la huelga es una medida de fuerza que paraliza la producción y circulación de mercancías y es el piquete el que evita que se quiebre la huelga mediante el uso de carneros, y el que garantiza el control de la calle. A lo largo de la historia del movimiento obrero internacional, el piquete se erigió como la organización del activismo para garantizar el derecho de huelga contra la coacción patronal (la “libertad de trabajo”) que se ejerce mediante el carneraje y la represión estatal. Los piquetes del 20N, además, protegieron a los trabajadores precarizados de la extorsión patronal.

Para los trabajadores el derecho al piquete es tan sagrado como el derecho de huelga porque son una y la misma cosa. Formas legítimas de lucha de clases contra la explotación y el abuso de los capitalistas y su Estado.

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