Moyano y Vandor


Las declaraciones de Aníbal Fernández diciendo que “no vamos a cambiar porque el traidor de Augusto Timoteo Moyano haga un paro” fue una provocación que unificó puntualmente en la defensa del dirigente metalúrgico a la burocracia sindical de Moyano y Caló, dividida hoy por el apoyo al gobierno. Ambas CGT hicieron actos de repudio (Caló en Chacarita y Moyano en Azopardo). Ambas centrales  reivindicaron -más allá del fuego cruzado- a Vandor, y criticaron al senador kirchnerista.

Augusto Timoteo Vandor, alias “el Lobo”, surgió como delegado de la fábrica Philips en Saavedra en tiempos de la resistencia peronista y llegó a convertirse en el máximo exponente de la burocracia peronista que se enquistó en los sindicatos luego de la derrota de la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre en 1959. Vandor fue el inspirador de la estrategia del sindicalismo burocrático resumida en el lema “golpear y negociar”. Militante furioso de un macarthismo anticomunista visceral, fue quien inauguró la resolución de las diferencias sindicales a los tiros con el asesinato del burócrata Rosendo García y una pieza clave del régimen Libertador para mantener a raya al movimiento obrero, y dividido al peronismo durante su proscripción. Vandor impulsó el llamado “peronismo sin Perón”, que negociaba su integración al régimen con la dictadura, rompiendo la unidad del peronismo en las elecciones de 1965 donde el vandorismo fue en listas aparte de las impulsadas por el General desde Madrid. Su mujer, Isabel Martínez, fue enviada especialmente a la Argentina para enfrentarlo. Vandor apoyó el golpe de Onganía y fue asesinado en junio de 1969 un mes después del Cordobazo por un comando de la izquierda peronista.

Cuando Aníbal Fernández, que fue menemista, duhaldista y kirchnerista sin solución de continuidad, llama a Moyano como “el traidor de Augusto Timoteo Moyano” se refiere a la falta de lealtad hacia la Presidenta, la misma que Perón le achacaba al “Lobo”. Por su parte, Moyano al igual que Vandor, rompe con el gobierno no para permitir que la clase obrera de un paso en el sentido de su independencia política, sino para apoyar a la derecha peronista de De la Sota o a Daniel Scioli. Es decir para fortalecer a una de las alas de la política burguesa y mantener a la clase obrera sometida a sus designios. Lo hace además, al igual que Calo, para oponer al relato setentista del kirchnerismo las tradiciones comunes de la burocracia sindical que reivindica a Vandor y a Rucci (que impulsó las bandas asesinas de las Tres A).

Hasta no hace mucho los dirigentes K se vanagloriaban de haber superado las viejas pasiones que dividieron al peronismo y hablaban de una dirección sindical que había cambiado de hábitos e ideología por más que la realidad se esforzara en desmentirlos. El kirchnerismo usa las críticas a Vandor contra los dirigentes sindicales para defender la alianza con los empresarios y atacar las huelgas y piquetes obreros, es decir con fines gorilas y propatronales.

Para los trabajadores combativos y la izquierda Vandor es recordado por traidor porque fue el prototipo del dirigente sindical vendido, propatronal, millonario y entregador de luchas.

La recuperación de los sindicatos de manos de la burocracia y la independencia política de los trabajadores hay que forjarlas derrotando a la burocracia y recuperando las mejores tradiciones del sindicalismo clasista en nuestro país, la de los piquetes, las asambleas de base y la lucha de clases intransigente contra los patrones, sus gobiernos y su Estado.

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