Ideologías extrañas


Antonio Caló declaró que: “la CGT es peronista y no necesitamos otras ideologías que no sea la de los trabajadores”. Lo hizo en el marco del acto de lanzamiento de la Juventud Sindical Peronista en la sede del SMATA. Caló desnudó la ideología reaccionaria que comparte con toda la burocracia sindical peronista así como la calaña ideológica de estos gremialistas aliados al gobierno “nacional y popular”.

El metalúrgico retoma un viejo discurso de la burocracia, que desde los tiempos de Vandor -a quien reivindicó hace muy poco públicamente (igual que Moyano)- arremetía contra el “sucio trapo rojo” y las“ideologías foráneas” como cobertura de los matones que liquidaban a los luchadores combativos. En la misma sintonía, su segundo en la UOM, Juan Belén, ya había advertido contra la “zurda loca”.

El movimiento obrero internacional y nacional se funda bajo la perspectiva del socialismo revolucionario de la lucha de clases y de que la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. La ideología extraña al movimiento obrero es el peronismo, surgido a mediados de los ’40, con la función declarada de borrar cualquier idea de organización de los trabajadores para la lucha de clases contra el capital, en nombre de la armonía de clases y la unidad nacional de explotadores y explotados en una causa común. Perón decía que buscaba “una perfecta regulación entre las clases trabajadoras, medias y capitalistas, procurando una armonización perfecta de fuerzas, donde la riqueza no se vea perjudicada” y agregaba: “es un grave error creer que el sindicalismo obrero es un perjuicio para el patrón…Por el contrario, es la forma de evitar que el patrón tenga que luchar con sus obreros (…) es el medio para que lleguen a un acuerdo, no a una lucha (…)” (Discurso en la Bolsa de Comercio, 1944).

La dirección peronista en el movimiento obrero llevó a la estatización de los sindicatos, a su corrupción, a la supresión de la democracia sindical, a una dirigencia vendida y a una política de seguidismo a la burguesía que condujo a los trabajadores una y otra vez a la derrota. Así fue ante el golpe gorila del ‘55 donde la CGT se desbandó casi sin combatir, en la Resistencia Peronista donde entregó la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre, en los ’70 como parte de las bandas contrarrevolucionarias de las Tres A y en los ’90 entregándose al menemismo.

Caló además disputa con Moyano la reivindicación de la JSP, nada más ni nada menos, que la sigla que agrupaba a los matones de la derecha sindical peronista que integraba la Triple A.

La clase obrera argentina tiene otra tradición revolucionaria nacional en sus grandes gestas combativas y en su organización por la base. Tiene también un origen internacionalista de la que debe estar orgullosa. El sindicalismo de base clasista y la izquierda revolucionaria reivindica esta tradición histórica que tanto espanto causa en la burocracia sindical.

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