Illia y Lanata: la apología de la democracia proscriptiva


En la ultima emisión de Periodismo para todos de Jorge Lanata, la editorial estuvo dedicada a reivindicar la figura de Arturo Illia tomando como argumento central su honestidad. Ciertamente nadie pone en cuestión que don Arturo era un hombre honrado que no robaba, pero ¿para quien y como gobernaba el fallecido ex presidente radical?.

Illia llego al poder en 1963 mediante una elección tutelada por los militares -que habían volteado a Frondizi en 1961 y puesto en el poder a José María Guido como un presidente titere- como candidato de la UCR del Pueblo. En dicha elección cosecho el 25% d los votos ya que el peronismo, partido al que adhería la mayoría de la clase obrera, se encontraba proscripto y con su líder en el exilio. Es decir que el “demócrata” Illia era el presidente de una democracia burguesa que había proscripto a los trabajadores de la vida política. Illia fue un representante del llamado régimen libertador que se habia impuesto tras el derrocamiento de Perón en 1955 en connivencia con los militares, la oposición burguesa al peronismo -más los partidos comunista y socialista- y la gran burguesía. Es decir el gobierno radical era un gobierno cuya legitimidad democrática estaba puesta en cuestión por basarse en la proscripción y el tutelaje militar.

Ciertamente Illia pretendio llevar adelante un tibio programa nacionalista y enfrento a diferentes corporaciones que terminaron auspiciando el golpe militar. Illia sufrió la vergüenza de ser expulsado de la Casa Rosada por un escuadrón de policía sin más defensa que la de algunos jóvenes radicales -dicen que entre ellos se encontraba Benito Urteaga a posteriori dirigente del PRT-ERP-. El radical estaba imposibilitado de recurrir a la clase obrera en su defensa ya que la había mantenido proscrita sin otorgarle concesiones sociales o democráticas y sus lideres sindicales jugaban a favor del golpe de Ongania.

La reivindicacxión de Illia por Lanata, más allá de la apología de la honestidad, es una muestra de que el clarinismo republicano de Lanata toma sus iconos de una idea de democracia burguesa solo para las elites, para la clase media ilustrada y no tanto, para el hacer caprichoso y sin controles del gran capital y sus corporaciones. El devenir del progresismo blanco que hizo de la lucha contra la corrupción su razón de ser se cristalizo en los noventa en la Alianza, como gestores del neoliberalismo y del pago puntilloso de la deuda externa al FMI.

Illia fue un hijo legitimo de la revolución fusiladora y los asesinatos de militantes peronistas en los basurales de José León Suarez y de la derrota de la resistencia obrera y peronista. Fue lo más democrático de una democracia burguesa oligárquica y en este sentido un enemigo de la clase trabajadora que luchaba por sus derechos políticos y democráticos elementales.

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