mirando el cielo de diamantes


El lenguaje es fascista, decia Barthes. Desnudar su significado, arrancarle la piel y somertelas al tumulto. Violarlas, hacer de ellas carne picada, flor carnivora, agua de rosas, muerte (y la verga del grumete estremece a las estrellas). Navegar en la incertidumbre de los signos y la gramatica, guerra civil de la prosa, las manos acarician […]

30 años de democracia pos-contrarrevolucionaria


El 10 de diciembre de 1983 asumía el gobierno Raúl Ricardo Alfonsín dando comienzo a la etapa política de los gobiernos de la democracia burguesa que se han sucedido desde hace 30 años. No esta demás recordar que la democracia burguesa argentina se inscribe dentro de los regimenes de democracias pos-contrarrevolucionarias que fueron inaugurados para desviar la revolución de los claveles en Portugal a mediados de los ’70 y sucedieron a las dictaduras genocidas y represivas en buena parte de America Latina. En nuestro país la restauración de la democracia burguesa fue prohijada por una derrota contrarrevolucionaria de la clase trabajadora -el genocidio- y de la nación oprimida -Malvinas- y va a ser precisamente este ultimo hecho el que marque la descomposión y el derrumbe de la dictadura militar.

León Trotsky escribio que la democracia burguesa era el regimen más aristocratico de dominio y que solo era posible en aquellos países imperialistas que vivian de la explotación de los pueblos semicoloniales. La inestabilidad del regimen democratico burgués criollo no termina de confirmar esta caracterización si no se comprende que la fortaleza relativa de la democracia burguesa argentina se complementa con las derrotas internacionales de la clase trabajadora que ha partir de la caída de los regimenes stalinistas permitieron al capitalismo imperialista vivir una etapa de restauración conservadora que puso a la defensiva a la clase obrera y dio vía libre para la ofensiva neoliberal salvaje del capital. En este sentido, la derrota del movimiento obrero argentino, que permitio llevar hasta el final el programa economico de la dictadura, ocurrio en tiempos democráticos -reforzado por un golpe hiperinflacionario- y fue ejecutada bajo el mando del peronismo donde convivian los Menem y los Kirchner; y fue el factor que permitío la perdurabilidad -aunque inestable- del regimen democrático burgués argentino.

El objetivo de la restauración democrática en 1983 fue el de evitar que la movilización popular contra la dictadura barriera con las FFAA y fuera más allá de los limites del Estado capitalista. En este sentido, la naciente democracia burguesa se encargo de preservar el aparato de Estado heredado por el genocidio, a sus FFAA -Pacto de impunidad mediante-, a sus agentes judiciales y por sobre todo a la clase capitalista y los grupos económicos que se habian erigido como dominantes durante la dictadura, confirmando la dura definición leninista de la democracia burguesa como la envoltura amable de la dictadura del capital. Para tal fin fueron restaurados los partidos civiles que mayoritariamente habian colaborado y sido preservados por los militares, con la UCR y el PJ a la cabeza y de la archireaccionaria Constitución de 1853.

Fue la UCR, el partido civil que mayor colaboración brindo a los militares (amén de otros partidos como el Socialista, la Democracia Cristiana y el apoyo político del Partido Comunista), quien bajo el liderazgo del alfonsinismo se impuso en las elecciones de octubre de 1983 bajo un discurso socialdemocráta y las consignas “Somos la vida, somos la paz”, contra un peronismo dominado por lo peor de la derecha política y sindical que prometia la anmistia a los militares genocidas. Basado en el temor por la fragilidad de las libertades conquistadas y el fantasma del retorno de los militares, el alfonsinismo impuso como doctrina de Estado la teoría de los dos demonios -que igualaba la violencia revolucionaria y popular, con la violencia contrarrevolucionaria y el terrorismo de estado- para dar por muerta la lucha de clases y condenar cualquier intento de superación de la democracía burguesa por la via revolucionaria. Para ello contó con la colaboración de intelectuales setentistas arrepentidos que pasaron de la reivindicación abstracta de los consejos obreros -y la política practica de la negación de la autonomia obrera y la colaboración de clases de la guerrilla montonera- a la adoración apostolica de las instituciones democráticas.

De las promesas progresistas del alfonsinismo no quedo ni la hojarasca. La capitulación frente a los militares a los que se otorgo las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores, el fusilamiento a sangre fría de los militantes del MTP en La Tablada y posteriormente la sangrienta represión de los saqueos de 1989 sepultaron al supuesto progresismo radical que debio huir anticipadamente del poder y dio lugar a un recambio conservador que en manos de Carlos Menem llevo adelante un programa de entrega nacional, de impunidad plena para los genocidas mediante los indultos y de liquidación de las conquistas históricas de la clase trabajadora en Argentina. Dicha política fue llevada a cabo con el apoyo de todo el peronismo y la mayoria de la burocracia sindical y más tarde reforzada con el Pacto de Olivos donde Alfonsín le regalo la reelección a Menem y la consolidación juridica de las conquistas del neoliberalismo con la Constitución reformada de 1994.

Fueron las consecuencias nefastas de esta política que dejo a la mitad de la población en la miseria, desindustrializo al país y genero una desocupación extraordinaria la que empujaron los fenomenos de resistencia social como los movimientos piqueteros cuyos protagonistas eran los trabajadores desocupados y a un despertar de los movimientos democráticos que exigian el fin de la impunidad.

La Alianza donde abrevaban los radicales y el progresismo nucleado en el Frepaso, erigiendo la figura de un conservador inutíl como “Chupete” De la Rua, no fue más que una continuidad patetica del menemismo -cuyo maximo simbolo fue el Ministro Cavallo- que llevo al estallido de la economía y termino barrida por la rebelión popular de diciembre de 2001. Fue precisamente en esta rebelión social donde surgieron formas embrionarias que plantearon la posibilidad de otras formas de democracía política y organización social para las clases explotadas bajo el impulso de las asambleas populares, los movimientos piqueteros y las fabricas recuperadas con Zanon y Brukman a la cabeza.

Pero tras el intervalo duhaldista -asesinato de Kostequi y Santillan mediante- el kirchnerismo logro restaurar la legitimidad del Estado capitalista y su regimen político mediante la cooptación de los movimientos sociales y democráticos y algunas reformas que permitieron que la democracia burguesa argentina y sus instituciones degradadas por la entrega y la corrupción relegitimarse y permitir que siguieran dominando los mismos grupos capitalistas que fogonearon el golpe genocida. Hoy luego de una decada en el poder, el kirchnerismo retoma la parabola del progresismo alfonsinista poniendose como agente del ajuste, relegitimando a represores y genocidas como el carapintada Berni o el complice del genocidio Milani, cogobernando con los gobernadores pejotistas y pactando con la archireaccionaria Iglesia Catolica dirigida por el colaborador de la dictadura y militante de la derecha peronista Francisco I poner un coto en el codigo civil a las conquistas democráticas y de los trabajadores logradas por la movilización en el ultimo periodo.

Los marxistas no festejamos los 30 años de democracia burguesa -dictadura del capital- sino que defendemos en la calle, en la tribuna parlamentaria con los diputados conquistados por el FIT y en la organización política independiente de los trabajadores y la juventud, las libertades democraticas del pueblo oprimido y explotado y planteamos nuestra perspectiva de superar la democracia burguesa mediante una revolución obrera y socialista que instaure un Estado de los trabajadores un millón de veces más democractico que cualquier gobierno de la burguesía, donde el poder resida en la democracia directa de los trabajadores y el pueblo pobre.