Dos líderes al servicio de la burguesía


El 1º de julio, al cumplirse el 40º aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón, Cristina Kirchner, lo homenajeó junto a Hipólito Yrigoyen (fallecido el 3 de julio de 1933), como “dos grandes líderes populares” que encabezaron “movimientos nacionales” y defendieron el “interés popular”.

Yrigoyen y Perón fueron dos figuras fundamentales de la política nacional durante el siglo XX. El primero a la cabeza de la UCR, constituyó el primer gobierno elegido por sufragio universal y expresó el ascenso de los sectores medios que exigían reconocimiento en la vida política. Por su parte, Perón fue el líder de un movimiento nacional burgués que concentró la adhesión de la mayoría de la clase trabajadora. Sin embargo pese al apoyo de las mayorías populares, ambos mantuvieron intactos los cimientos del país burgués y terrateniente.

Yrigoyen encabezó un gobierno tibiamente nacionalista que se encargó de reprimir a la clase obrera en la Semana Trágica de enero de 1919 (se calculan alrededor de 800 muertos y 1.500 obreros detenidos) para salvar los intereses de la aristocrática familia Vasena; mientras que otros 1.500 obreros fueron fusilados por el Ejército al mando del nefasto Coronel Varela, enviado a reprimir en Santa Cruz por Yirigoyen, entre 1920 y 1921, en los sucesos conocidos como la Patagonia Trágica, a pedido de los estancieros británicos.

Perón apareció en la escena política como uno de los cabecillas e ideólogos del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que harán la llamada Revolución de 1943, poniendo fin al gobierno conservador de Ramón Castillo. A la cabeza de la Secretaria de Trabajo y Previsión, Perón estableció lazos con los sindicatos reformistas de aquellos años de origen socialista y sindicalista e impulsó leyes progresistas que le permitieron ganar el apoyo de los trabajadores. Expulsado del gobierno del Gral. Edelmiro Farrell por presión de la oligarquía, las masas obreras protagonizaron una histórica huelga general y desde las grandes barriadas del Gran Buenos Aires se avanzó hasta ocupar la capital, hasta entonces inmaculado centro político de la oligarquía, obligando a su liberación y dando lugar al mito fundador del peronismo: el 17 de octubre de 1945. Vale aclarar que el peronismo siempre buscó evitar que este tipo de acontecimientos se repitiera. Perón se enfrentó a un frente burgués pro-imperialista auspiciado por el embajador norteamericano Spruille Braden, que integraban conservadores, radicales, socialistas y el Partido Comunista. El peronismo constituyó un movimiento nacionalista burgués que, a diferencia del yrigoyenismo, logró la adhesión obrera. Integrando los sindicatos al Estado burgués, alentó la formación de una burocracia dirigente, reprimió toda disidencia por izquierda e impuso la idea de que el objetivo central del Estado burgués debía ser lograr la armonía entre obreros y patrones. Perón logro liquidar la independencia política e ideológica de los trabajadores. Ese fue su principal contribución a la perpetuación del orden capitalista en Argentina. Su nacionalismo consistió en aprovechar la retirada del imperialismo británico para negociar el status semicolonial del país ante el imperialismo yanqui. Pero en septiembre de 1955, cuando el imperialismo norteamericano impulsa el golpe contra su gobierno, Perón es derrocado sin luchar. La única resistencia a la Revolución Libertadora fue la de la clase obrera que enfrentó a los golpistas sin directivas y sin armas debido a la defección de la burocracia dirigente de los sindicatos.

Perón retorna del exilio en 1973, convocado como tabla de salvación por las FF.AA y la burguesía, para poner fin a la insurgencia obrera y popular que desde la semiinsurrección del 29 de mayo de 1969 en Córdoba, el Cordobazo, había herido de muerte a la dictadura de la Revolución Argentina. Perón vuelve para desviar ese poderoso movimiento de masas que tuvo a la clase obrera como protagonista y que cuestionó al conjunto del país burgués. Para ello utilizó a las organizaciones guerrilleras del peronismo como Montoneros a fin de contener por izquierda a la juventud, alentándolas como “formaciones especiales” para luchar por el “socialismo nacional” mientras se apoyaba en la burocracia sindical para contener a la clase obrera.

Perón se propuso restaurar la autoridad y el mando de la burguesía estableciendo un Pacto Social que favorecía a las patronales y buscaba restaurar la disciplina en las fábricas. Para ello se valió primero del engaño de tinte frentepopulista con Héctor Cámpora (25 de mayo-13 de junio de 1973) primero, y tras el golpe de palacio que dio la derecha peronista luego de la Masacre de Ezeiza (20 de junio de 1973), de las bandas armadas de las Tres A, que organizara su secretario privado y Ministro de Bienestar Social, José López Rega.

El burócrata sindical y líder de las bandas armadas de la derecha peronista José Ignacio Rucci supo decir que Perón se había ido del país para evitar un baño de sangre, y que su retorno tenía el mismo sentido, evitar otro baño de sangre. Pero ni en 1955 evitó que la sangre de los trabajadores y el pueblo cayera como lo demostraron los fusilamientos del Gral. Valle y de decenas de militantes peronistas en los basurales de José León Suárez según relata Rodolfo Walsh en Operación Masacre (el recuerdo de Walsh fue recientemente censurada en el Congreso Nacional por la diputada K Diana Conti, que impidió que el diputado del FIT Nicolás del Caño lo citara), ni en su retorno, cuando las Tres A primero y el golpe genocida después, tuvieron como blanco privilegiado de sus crímenes a los militantes de la clase obrera y la izquierda. El peronismo tampoco evitó el avance del imperialismo sino que fue bajo el menemismo –que los Kirchner apoyaban- el artífice de la mayor entrega nacional de la historia. Su función histórica ha sido salvar al país burgués de la acción independiente de la clase obrera y el pueblo pobre.

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Un comentario en “Dos líderes al servicio de la burguesía

  1. en algo disiento con respecto a peron, y que abandono el poder sin luchar, si uno tiene en cuenta el bombardeo de plaza de mayo,, realmente un genocidio alevoso, enfrentarse a semejantes asesinos cuantos muertos hubiera producido el resistirse a algo que estaba ordenado por eeuu

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