La moral prohibicionista y las libertades negadas (La izquierda diario)


El prohibicionismo es la doctrina que rige la supuesta lucha contra el narcotráfico. Su origen data del año 1920 cuando en los EE.UU un mormón y un alcohólico logran imponer la doctrina prohibicionista sobre el consumo de alcohol y drogas, apelando al racismo que endilgaba a cada tipo racial o nacional una tipología que unía criminalidad y adicción.

El objetivo era imponer valores morales y de salubridad pública y dar a la naciente industria de los laboratorios medicinales el monopolio sobre un negocio rentable.

El prohibicionismo original, lejos de terminar con la criminalidad, terminó creando a las mafias que se dedicaban al tráfico de alcohol con figuras legendarias como Lucky Luciano y Al Capone, entre otros. Mafias que a su vez eran protegidas por el poder político y las fuerzas policiales. Caído el prohibicionismo sobre el alcohol a principios de los ’30, este continuó rigiendo para el uso de drogas. La internalicionalización del prohibicionismo llevó a la internacionalización de las mafias ligadas al tráfico de drogas.

En la década del ’70 se impone la doctrina Nixon sobre el narcotráfico que declara la guerra contra las drogas como política de Estado y es la avanzada de una política imperial que se impone para legitimar intervenciones militares cuyo ejemplo máximo es el Plan Colombia. De la lucha contra el narco colombiano encabezado por el mítico líder del Cartel de Medellín, se pasó a la lucha contra la supuesta narco-guerrilla de las FARC armando hasta los dientes a las Fuerzas Armadas colombianas. En Argentina la doctrina Nixon fue impulsada por el “brujo” José López Rega y se convirtió en política de Estado desde los oscuros tiempos de las Tres A, hasta nuestros días.

Los argumentos prohibicionistas unen criminalidad, pobreza y drogadicción como un mismo flagelo. Pero si el gran crimen del narco es patrimonio de mafias mixtas privadas y policiales, el delito común y el delito contra la vida en los sectores más empobrecidos de la población, tienen su motor no en el consumo de drogas, cuestión reconocida hasta por el mismísimo Sergio Berni, sino en las condiciones de vida degradantes que empujan a millones a la marginalidad.

Los estudios actuales apuntan a decir que el alcohol es la principal causa de muerte y productora de violencia de todas las adicciones. En eso coinciden tanto los funcionarios como Molina y los prohibicionistas. Cuidémonos que el prohibicionismo y su contracara progresista no vayan a pretender también legislar regresivamente sobre el derecho de las personas a consumir alcohol.

La criminalización y patologización del consumidor de drogas, van acompañadas de la estigmatización y discriminación correspondiente. Hay empresas que controlan el consumo de sustancias de sus trabajadores en el tiempo libre, controlando sus cuerpos no sólo en el tiempo de trabajo sino fuera de él. La legalización de todas las drogas y una política sanitaria basada en recursos suficientes para la atención de los consumidores en riesgo y la disminución de los daños físicos, son un derecho y una libertad todavía pendientes para los consumidores de drogas.

Criminalizar (o no) es la cuestión (La izquierda Diario)


Las declaraciones del titular de la SEDRONAR, el sacerdote Juan Carlos Molina, que dijo a FM Nacional Rock que “habilitaría el consumo de todo y abriría centros (de contención y asistencia para adictos) […] estamos hablando de la no criminalización (del consumidor, NdR). Hay que legalizar lo que hoy es ley, una ley de hecho”, generó una respuesta a favor de la penalización del consumo de drogas que tuvo como principal vocera a la Iglesia católica.

El padre Pepe, un cura conocido por su relación cercana al papa Francisco, declaró que los dichos de Molina fueron “un comentario inapropiado. No estoy de acuerdo con la despenalización, y el Papa, tampoco”. Advirtió, además, que el argumento de no criminalizar planteado por Molina era falso porque “no criminalizar al adicto es lo que hacemos nosotros. Criminalizan al adicto cuando nació en un barrio donde no hay colegios, donde es muy común acceder a un arma; se criminaliza cuando se abandona a las poblaciones y los narcos tienen su territorio propio. Creo que este tema es un tema federal y hay que convocar a las provincias”.

Las declaraciones del padre Pepe, como vocero de la voluntad vaticana, parten del presupuesto de que los curas tienen el derecho a ejercer una censura moral sobre lo que se puede o no se puede debatir en la Argentina con respecto a las cuestiones que hacen a las decisiones de vida de las personas. Es el mismo veto eclesiástico que impide que se discuta y legisle sobre el aborto (en este planteo coincide la presidenta Cristina Fernández de Kirchner) y que intentó frenar, en su momento, el matrimonio igualitario o la ley de identidad de género. La Iglesia ve amenazado el dogma que le permite legitimar culturalmente su papel de guía moral financiado con los dineros públicos. En este sentido, es ilustrativo el argumento de tipo medieval de Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina, quien dijo a Radio 10 respecto al hombre de la SEDRONAR que “Molina que se puso feliz de que Soros lo nombre. No se puede amar a dos reyes, o se ama a Dios o se ama el dinero” (en referencia al multimillonario George Soros, quien brega por la despenalización de las drogas en términos de generar un mercado de consumo más para la rentabilidad capitalista).

El padre Pepe, por su parte, utiliza la pobreza como excusa del prohibicionismo porque considera a los pobres sin derecho a decidir, sujetos que deben ser tutelados por el Estado o los curas de la Iglesia. Una mezcla de oscurantismo y argumentos de sociedades de beneficencia que ocultan cómo el consumo de drogas en los sectores más pobres permite un escape a condiciones de existencia degradantes y ofrece una fuente de ingresos para los jóvenes marginales. Son estas condiciones las que permiten al narcotráfico tener anclaje en las barriadas empobrecidas y en las villas de emergencia, amparados siempre por la complicidad política y policial.

Para el padre Molina, la no criminalización del consumo se explicaría en tres niveles: “Tengo tres argumentos para pelearlo. Hoy el Estado está presente, estamos trabajando para que aquellos que consumen tengan asistencia. El segundo es la no criminalización (del consumidor de drogas prohibidas), sacarle (trabajo) a la Policía y a los juzgados, que se le agarran con el más débil. Y el tercero es económico, para que los recursos vayan donde tengan que estar”.

La supuesta presencia del Estado para asistir a los consumidores de drogas choca con la realidad de hospitales sin insumos, trabajadores mal pagos y asistencia médica deficitaria en todos los niveles, cuestión que se agrava aún más en las provincias. Pero, además, la presencia del Estado en el tema del consumo de drogas sigue rigiéndose, más allá del fallo de la Corte Suprema que despenaliza de hecho el consumo, por la represión policial, como reconoció el propio jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmando que se “persigue a los perejiles”, y recurriendo a la patologización, que es la cara jurídico-forense de la criminalización del consumo. Hasta ahora se han congelado todos los debates para incorporar dentro del marco de la despenalización el proyecto para implementar políticas de reducción de daños que tiendan a disminuir los posibles efectos nocivos del consumo de droga en las personas, respetando la autonomía en las decisiones del consumidor.

El sacerdote Molina pide que las fuerzas policiales se dediquen a combatir el narcotráfico, pero como demuestran las denuncias y procesos contra las cúpulas policiales de Córdoba y Santa Fe, el narcotráfico es un negocio compartido y tutelado por las mafias policiales. En el caso de Santa Fe, el propio Gobierno provincial, encabezado por Bonfatti, está sospechado de haber recibido dinero narco en su campaña. Denuncia que en su momento salpicó al Gobierno nacional cuando el extitular de la SEDRONAR, José Ramón Granero, fue imputado por la jueza Servini de Cubría por el caso del tráfico de efedrina.

Carta Abierta: Berni y “el peligro que nos acecha” (La Izquierda Diario)


Los intelectuales de Carta Abierta han hecho circular un borrador de la misiva número 17 en el que sientan una alerta sobre los dos peligros que amenazan al gobierno kirchnerista: la ofensiva del capital financiero internacional de los fondos buitres y el giro represivo y los discursos de tono reaccionario de los funcionarios como Sergio Berni al frente de las fuerzas de orden del gobierno nacional. En linea con lo planteado en Carta Abierta, Ricardo Foster sostuvo que Scioli era una “regresión” para el kirchnerismo y la necesidad de una “sana competencia en las PASO”.

Leemos en el borrador de Carta Abierta Nº 17 “Si en Wall Street observamos, bajo el poderoso influjo de un nombre que provocó novelas, películas, teorías económicas y metáforas diversas sobre el capitalismo, la nueva actuación de un dominio financiero aliado a perfeccionados roles de viciadas prácticas judiciales, a miles de kilómetros de distancia, en el escenario social, comunicacional y de circulación de nuestra ruta Panamericana, vemos una discusión ostensible sobre los derechos sociales que emanan de las diversas situaciones que se producen ante decisiones de gerencias empresariales. Wall Street y la Panamericana son dos teatros políticos que pueden pensarse conjuntamente”. De manera más o menos explícita los intelectuales kirchneristas están diciendo que la presión de los buitres por un lado, y la lucha de los obreros de la zona norte del gran Buenos Aires, en concreto los 4 meses que lleva el duro conflicto de los despedidos de la autopartista Lear, por el otro, son las contingencias que deben marcar la agenda del gobierno kirchnerista. Tal aseveración nos remite a las agudas conclusiones extraídas por Trotsky en sus escritos sobre Latinoamérica. Refiriéndose al México de los años ’30 gobernado por el nacionalista Lázaro Cárdenas, el revolucionario ruso afirmó que las dos fuerzas fundamentales que disputan por el destino de los países semicoloniales son el imperialismo y la clase obrera. El reconocimiento implícito de Carta Abierta a una de las definiciones más importantes de Trotsky para pensar la política en países como el nuestro no quita sin embargo que los intelectuales kirchneristas le hayan sacado todo filo a su principal conclusión. Como el dirigente bolchevique señaló la burguesía nacional en los países coloniales es raquítica y los gobiernos que hablan en su nombre como el kirchnerista solo pueden cumplir la función de impedir que las clases subalternas subviertan el orden con el imperialismo (esa fue la función de la represión en Lear y de los cortes en Panamericana) para intentar congraciarse y negociar con los intereses del capital internacional. CFK reta a las empresas en las tribunas acusandolas de terrorismo económico, para que cedan un poco, pero en la calle ordena desalojar los piquetes de trabajadores con los gendarmes caranchos, los infiltrados, las balas de goma y el gas pimienta de Berni para que no afecten sus intereses. Carta Abierta sueña del kirchnerismo la épica un bonapartismo imposible.

Carta Abierta recuerda los debates de la socialdemocracia alemana en los años ’20 del siglo pasado citando a Hilferding para advertir sobre la amenaza de los buitres: “decía este autor, (…) que “la dominación sobre la producción social queda en manos de una oligarquía”. Si los buitres son una oligarquía, que tanto supo defenestrar Eva Perón, los intelectuales progresistas del kirchnerismo olvidan que la política del gobierno nacional ha sido la de apoyarse en otra ala de la oligarquía financiera. Ante la crisis actual de la deuda, el kirchnerismo se recuesta en otros buitres, los que tienen en el multimillonario George Soros su máxima representación, para poder disputar con los buitres apañados por el juez Griesa con Paul Singer a la cabeza. Dicha alianza se sustenta en hipotecar a la Nación cumpliendo con el pago de la deuda externa usuraria, ilegitima y declarada ilegal en su momento por la justicia argentina, en el fallo del juez Olmo.

Carta Abierta denuncia que la ofensiva buitre “ahora incluye mayores sumisiones superestructurales como la subsunción jurídica en una legalidad global manejada por los centros imperiales y la “integración financiera””. La cuestión que Carta Abierta no puede nombrar es que la sumisión a tribunales internacionales ha sido una practica común de la dictadura militar y de todos los gobiernos constitucionales posteriores incluido el propio Néstor Kirchner cuando fue el canje con los bonistas tal como denunció el diputado del PTS en el FIT Nicolás Del Caño en la misma sesión en que el kirchnerismo votaba la ley de pago soberano. Dicha ley ratifica el pago en plazas bancarias como París, que deja en vigor la acción de los tribunales extranacionales correspondientes a dichas plazas.

Lo novedoso de esta nueva Carta Abierta es que toma nota y rechaza la política de seguridad y represión del conflicto social encarnada por el Secretario de Seguridad Sergio Berni a quien acusan, sin nombrar, de “suscitar las reacciones más agazapadas en la oscuridad de las conciencias, usando gentilicios habituales, de valor fraterno, como “chilenos” y “paraguayos”, pero para invertirlos. Y así los hacen sinónimos de una amenaza difusa, que posteriormente sirve para justificar tremendos y reprobables conceptos, como el de “deportación”. ¿Es que se habla contra las derechas utilizando los mismos conceptos de las derechas?”. Los intelectuales K preocupados por no tomar el lenguaje de los Macri, olvidan denunciar que las razzias antiinmigrantes no son patrimonio exclusivco del PRO como lo demostró el desalojo violento de los inmigrantes sin techos de la Villa Papa Francisco, operativo conjunto encabezado por Berni de la Gendarmería, la Federal y la Metropolitana.

Frente a la amenaza represiva los intelectuales progresistas advierten que “no es así como todos esperamos que se traten las necesidades y carencias de sectores de la población que son víctimas antes que agentes de actos furtivos o comercios ilegales. Si en los funcionarios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y de otros territorios del interior donde no se democratizaron las fuerzas policiales durante 30 años, estas conductas no dejan de ser previsibles, son inaceptables en las voces que representan al gobierno nacional”. Olvidan que el funcionario en cuestión, Berni, proviene de la derecha carapintada que en su momento se levantó exigiendo leyes de impunidad para los partícipes subalternos del genocidio.Pero además ocultan que la orden original de liberar las rutas y ponerle coto a la ocupación del espacio publico por el conflicto social fue una orden dada por la propia Presidenta en un intento de congraciarse con el establishment económico poco antes de que estallara el fallo Griesa en sus narices. Berni fue reivindicado por Cristina Kirchner por cadena nacional.

Para el progresismo kirchnerista “vivimos un momento de extremo riesgo” donde el gobierno kirchnerista se encuentra acosado por una ofensiva tratando de poner fin a su política. Carta Abierta advierte que “el bloque de los poderosos, de los que portan el poder económico (…) aunados con una oposición política, en la que la mayoría de sus referentes abrevan en ese viejo posibilismo acomodaticio desplazado, -basta ver cómo sin ideas ni identidades mudaron del oficialismo a la oposición y navegaron sin destino fijo entre las distintas variantes de la misma- ha generado una colusión de intereses para derrotar al Proyecto nacional y popular, (…) Este es el peligro que acecha”.

Frente a la amenaza destituyente la misiva llama a “una enérgica participación popular. Sin la movilización social la nueva oligarquía empresaria presionará, dilatará, judicializará, aterrorizará con campañas mediáticas para hacer fracasar la justicia social buscada por las decisiones prudentes y renovadas de intervención pública. Continuar con las políticas nacionales y populares de emancipación significa el pueblo en las calles, su presencia siempre activa en el espacio público bajo las diversas formas que la creatividad popular suele generar”. Pero es el mismo gobierno kirchnerista quien a traves de sus funcionarios como Berni reprime al pueblo en las calles y utiliza a los gendarmes caranchos como Torales para bloquear “la creatividad popular” que reivindica Carta Abierta. Por eso pone un limite que tranquilamente le permite convivir con la lógica del poder kirchnerista, la movilización popular solo es positiva en apoyo a la Presidenta y su proyecto: “Todo esto merece nuevas convocatorias a que los movimientos populares de todo el mundo se mancomunen en torno a diseñar un nuevo tipo de humanidad autorreflexiva y de naciones justas, en lucha democrática contra los nuevos productos de la globalización, con sus alas encarnadas en el vuelo avizor de los nuevos estilos comunicacionales, que capturan excedentes pulsionales, así como estos fondos buitre, bien definidos por Cristina Fernández como “depredadores sociales globales”. Las luchas obreras que tienen como protagonistas a direcciones de base combativas e integradas por la izquierda revolucionaria son un ariete de la derecha: “muchos dignos pensamientos progresistas o de izquierda, sin que ellos les quite razones en lo específico, son formas reproductivas complejas de esas formas globalizantes, porque aceptan alianzas implícitas con los medios, que festejan que así se complete el ataque por todos los flancos a los gobiernos populares (…) Ser de derecha o de izquierda hoy es serlo en segundo grado. Pensamientos tradicionalistas, como el de algunos sectores de la Iglesia, captan los nuevos riesgos de la actualidad mundial, izquierdas de la tradición revolucionaria puntualizan temas en sí mismos legítimos que se recolectan en la gran bolsa de valores de las derechas en batalla”. El temor de Carta Abierta es que el fin de ciclo del kirchnerismo hunda para siempre las aspiraciones de un anclaje obrero y popular de su fuerza y abra el paso a una izquierda que de voz y fuerza política a las luchas de clases de los trabajadores.

Por último el progresismo K plantea dar pelea para garantizar la continuidad dentro del proyecto “nacional” en un mensaje dirigido a advertir sobre el alineamiento con Daniel Scioli, hoy por hoy única tabla de salvación del kirchnerismo. Para tal fin Carta Abierta llama a avanzar en “una construcción política de mayor densidad, de una mayor actividad, de un mayor anclaje social que inevitablemente confrontará, previamente a la disputa en las urnas, cotidianamente para sostener la continuidad de políticas populares hoy atacadas por quienes quieren sustituirlas antes de la elección ciudadana”. Difícil de predecir si el kirchnerismo abogará por la derrota de Scioli y quede desamparado del paraguas del poder y los cargos o intentará mellar al bonaerense para imponerle candidatos y puestos en las listas que les permita de alguna manera seguir anclados en el poder.

Pese a todo esto y el lenguaje críptico clasico de los cartaabiertistas, su necesidad de nombrar a la Panamericana como uno de los hechos gravitantes de la realidad nacional y que está ligada íntimamente a los más de 4 meses de lucha de los obreros de Lear; no deja ser un “homenaje”, a su manera, a este combate histórico que se ha convertido en símbolo y en el cual nos hemos jugado para su triunfo.

Las penas son del paciente, las recetas son ajenas (La izquierda diario)


Ayer termine internado en un Sanatorio privado que menta a un apellido nombrado en la versión original una antigua canción del gran Atahualpa: “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. La sordidez del sistema medico privado y de las obras sociales, no tiene nada que envidiarle al descalabro de la salud publica, salvo porque esta ultima, a pesar de la loza de los dogmas burocráticos, se siente la calidad de cierta atención del personal. En el sistema privado todo es ganancia, despotismo y orden. Eficacia para hacer del paciente un simple prisionero de la institución.

El asunto es que llegue allí sin ganas -empujado por mi novio- porque tuve un pico de presión que sucedió luego de días de una fuerte diarrea que me tenia en mal estado. De entrada, el medico de guardia me anuncio, que dada mi situación de enfermo de HIV riesgoso, iban a internarme para realizarme estudios que descartaran una bacteria o infección. Es el problema de tener HIV, una diarrea no es una simple diarrea, sino un universo de posibles infecciones a descartar. Un estornudo no es un estornudo, sino un clarín que anuncia la hora de someterse al poder medico secular palabra santa y legal de la ciencia que controla nuestros cuerpos.

Para empezar me enviaron a hacer una ecografía, cultivos de sangre y procto-cultivo. El arte para que salga bien el procto-cultivo es el de cagar en el centro del diminuto tarrito que a uno le proporcionan y que hay que tratar de embocar en el agujero del culo. Uno puede terminar salpicando su mano con el caliente jugo de nuestros intestinos y vérselas de figurillas para limpiar el frasco y entregarlo como si, en el arte de embocarla en el retrete, fuéramos campeones mundiales.

Seguido a eso la internación en guardia, que en el susodicho sanatorio pareciera ER Emergencias o Dr House, pero sin George Clooney o Hugh Laurie atendiéndonos y más bien muchos residentes con miedo a que cada paciente se le complique o enfermeras y enfermeros mal pagos que el único trato que establecen es el de ponerte las guías, los jeringazos, tomarte la presión y dejarte abandonado en tu cubículo sin decirte nada de nada, mientras a tu lado chamuyan de falanges fuera de lugar, operaciones a corazón abierto o las quejas de una voz de ultratumba.
Ni que hablar de la odisea en ambulancia hasta otro Instituto para hacer una tomografía, con un ambulanciero pasado de rosca y un paramedico que llevaba cuatro días de gira y guardia duermiendo en su asiento todo el traslado. ¡Momento ideal para que a uno le agarre una chiripiorca!.

A cada pregunta a un medico que obligadamente pasa dos veces por turno por allí de que hasta cuando iba a estar y cual era el diagnóstico, recibía por toda respuesta
-estamos viendo, tenes que esperar, es una gastroenteritis y detectamos bacterias (seguro que pensando vengativo por dentro, en la mierda que nos diste en ese frasquito cagado).

Por suerte -para mí y no para el orden sanitario donde el paciente no es sujeto- la jerarquía medica, es como un sistema de castas donde siempre hay una autoridad sobre el resto de los mortales cuya voz es sagrada. Mi medico, jefe de infectología dio la orden.

– señores a este muchacho se lo ve bien, mándenlo a casa.

Como palabra santa fui liberado, no sin antes ser condenado a una dieta magra y antibioticos.

Me retire cantando. “las penas son del paciente, las recetas, son ajenas”.

El asesinato de Rucci (La izquierda Diario)


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El 25 se septiembre de 1973 cayó bajo las balas de un supuesto comando montonero José Ignacio Rucci, líder de la CGT y hombre de confianza de Perón dentro del sindicalismo.

Ese día Rucci se retiraba de uno de sus domicilios en Avellaneda 2953. El operativo que terminó con su vida fue conocido bajo el nombre de Operación Traviata. Así relataba entonces la publicación Descamisados los pormenores del atentado: “Cuando se dirigía en un Torino patente provisoria E 75885, que habitualmente lo trasladaba. (…) el operativo que eliminó a Rucci comenzó aparentemente cuando, desde la vereda de enfrente, le fueron arrojadas varias granadas, de las cuales una, al menos, no habría explotado. Tras las granadas, Rucci y Ramón Rocha —un guardaespaldas que llegó con él desde San Nicolás— se parapetaron detrás de la puerta abierta del automóvil. Entre tanto, desde la casa en venta de Avellaneda 2951, a través de un agujero efectuado al cartel del primer piso, se le efectuaban los disparos que le ocasionarían la muerte. En el Torino se encontraron 12 impactos de bala. Los demás acompañantes de Rucci, algunos todavía en la vivienda y otros sobre los otros dos automóviles que acompañaban al Torino, se quedaron paralizados por el terror. El líder de la CGT quedaba acribillado en el piso; Rocha, herido también durante el tiroteo, pedía a gritos ayuda a sus compañeros y Tito Muñoz, el chofer, con varios balazos en el cuerpo, aparecía como muerto. Luego se informaría que Muñoz estaba con vida, y, al igual que Rocha, sería trasladado a una clínica privada donde se le efectuaría una intervención quirúrgica de urgencia”.

La muerte de Rucci impactó fuertemente en el escenario político. En su velatorio Perón se lamentó: “Me mataron a un hijo” y ante el periodismo dijo que “estos balazos fueron para mí; me cortaron las patas”. No era para menos. Con Rucci se iba el dirigente que le había permitido a Perón recobrar su control sobre la CGT luego del asesinato del “Lobo” Augusto Timoteo Vandor. Este último había intentado disputarle al viejo caudillo la dirección del peronismo. Rucci era un soldado de Perón que se puso al hombro la tarea de salvar al régimen burgués controlando al movimiento obrero insurgente que había parido el Cordobazo en mayo de 1969.

Rucci fue uno de los firmantes del Pacto Social que desde 1973 congelaba precios y salarios y beneficiaba abiertamente a las patronales. Al firmar dicho acuerdo el líder cegetista declaró premonitoriamente “yo sé que con esto estoy firmando mi sentencia de muerte, pero, como la Patria está por encima de los intereses personales, lo firmo igual”. Lo cierto es que el interés de la “patria” para Rucci pasaba por liquidar a la vanguardia militante que disputaba las fábricas a la burocracia y amenazaba la dirección del peronismo oficial. Rucci fue uno de los jefes indiscutidos de la derecha peronista y como tal responsable de los crímenes de las bandas fascistas paraestatales, principalmente de la Masacre de Ezeiza contra la Juventud Peronista el 20 de junio de 1973. Por todo ello se ganó merecidamente el mote de traidor por parte de los luchadores obreros.

Los Montoneros coreaban en sus movilizaciones la consigna “Rucci, traidor, saludos a Vandor” autoadjudicándose el hecho. Una muestra trágica de la concepción de la izquierda peronista que buscaban disputar con la burocracia sindical mediante el método del atentado guerrillero y la negociación in extremis con Perón y no con la organización de la lucha de clases contra el Pacto Social y la independencia política de los trabajadores.

Después de la muerte de Rucci la burocracia sindical, como parte de las Tres A y con el respaldo de Perón, recrudeció su accionar contra los luchadores sindicales y los militantes de izquierda.

Cuando los terroristas (del Estado) son héroes nacionales (La izquierda diario)


Mijael Harari, el vengador de los asesinatos de Munich, falleció en el burgués barrio de Afeka, en Tel Aviv.

Harari de 87 años fue quien encabezó el comando de la Mossad encargado de eliminar uno a uno a los integrantes del grupo palestino conocido como Septiembre Negro, que llevó a cabo el secuestro y posterior asesinato de los 11 deportistas olímpicos israelíes, en Munich, durante los Juegos Olímpicos de 1972.

Nacido en 1927, Harari se enroló en el ejército sionista a los 16 años de edad y años más tarde se incorporó a la Mossad. Golda Meier, la legendaria Primer Ministro israelí, le ordenó a la Mossad la creación de un comando para eliminar mediante la utilización de métodos terroristas a todos los integrantes del grupo palestino Septiembre Negro.

La operación tomó el nombre de Cólera de Dios y fue ejecutado por el comando Kidon, encabezado por Harari. Dicha operación salió a la luz en 1973 cuando el comando israelí asesinó por error en Noruega a un camarero marroquí llamado Ahmed Bushiki. Los servicios israelíes confundieron al marroquí con Ali Hasan Salameh, el cerebro de Munich. Por el caso seis agentes fueron detenidos en Noruega mientras Harari huía a Israel. La operación se especula que duró hasta entrado los años ochenta.

En 1976 Harari participó de la Operación Trueno que consistió en la invasión por parte de la Fuerza de Defensa Israelí del aeropuerto de Entebbe en la Uganda de Iddi Amin. Allí las fuerzas sionistas rescataron un avión de pasajeros desviado por un grupo palestino, tomando más de un centenar de rehenes de origen israelí y exigiendo a cambio la liberación de presos palestinos. En aquella operación murió el Coronel Yonatan Netanyahu, hermano del actual premier de Israel.

Harari fue acusado de haber sido mano derecha de Manuel Noriega en Panamá durante los años ochenta.

“Nunca fuimos asesinos. Hicimos lo que teníamos que hacer para defender al Estado de Israel” declaró hace pocos meses Harari. El mismo argumento esgrimido por Netanyahu para masacrar al pueblo palestino en Gaza o para ejercer la tortura sobre los presos palestinos. El mismo nombre de la operación que llevó a cabo contra el Septiembre Negro, Cólera de Dios, habla a las claras de que el Estado de Israel y sus fuerzas terroristas se autoproclaman representantes de una voluntad divina.

“La mayor parte de lo que Mike Harari hizo por la seguridad de Israel no es conocido por el público y nunca se sabrá”, dijo ayer el ministro israelí de Defensa, Moshe Ya’alon, que alabó su “coraje y creatividad”. Coraje y creatividad que se basaba en la utilización del método terrorista para eliminar a los palestinos que eran considerados enemigos del Estado de Israel. Métodos con que el Irgún y la Haganá expulsaban a los palestinos originarios de sus tierras en los momentos de creación del Estado sionista.

Perón-Perón


El 23 de septiembre de 1973 triunfaba en las elecciones nacionales la formula Juan Perón- María Estela Martinez de Perón, Isabel, con poco más del 61% de los votos, siendo la formula presidencial más votada de la historia electoral argentina. La elección de Perón, que lo condujo a su tercer y utlimo gobierno, fue posible por la renuncia de Hector Campora y Francisco Solano Lima (13 de julio de 1973), quienes debieron renunciar a sus investiduras, tras un golpe de palacio de la derecha peronista, luego de la masacre de Ezeiza perpetrada por la derecha peronista y la burocracia sindical (20 de junio de 1973). Otro 23 de septiembre, pero de 1948, era encarcelado por orden de Perón, Cipriano Reyes, lider del Partido Laborista y uno de los dirigentes sindicales que movilizaron a los trabajadores el 17 de octubre de 1945 pidiendo la libertad de Perón. Se lo acusaba de conspiración contra el peronismo por negarse a disolver al partido nacido de los sindicatos que había servido de plataforma electoral para que el General ganara las elecciones de 1946.

La renuncia de Campora se produjo por su incapacidad de frenar el estado de movilización que se expresó el día de su asunción con la liberación de los presos políticos en el penal de Devoto y las cientos de ocupaciones de empresas y organismos publicos una vez retirada la dictadura de la Revolución Argentina del poder. El Tío, tal como apodaba a Campora la Juventud Peronista, fue acusado por el lopezreguismo y la derecha sindical de cobijar a los Montoneros con el fin de conspirar contra Perón.

Luego de un interinato encabezado por el yerno de López Rega, Raúl Lastiri, se realizán las elecciones de septiembre que van a dar lugar a la victoria de la formula encabezada por el General en compañía de su esposa. Parte de la votación a la formula Perón-Perón, fue aportado por las boletas del Frente de Izquierda Popular que apoyaba a la formula justicialista, cosechando casi 900000 votos provenientes en su mayoría de los sectores juveniles del peronismo quienes, bajo el lema “votar a Perón por izquierda”, manifestaban así su descontento con el copamiento por la derecha del gobierno peronista. La formula Perón-Perón fue apoyada en aquel entonces por los Montoneros y todo un sector de la izquierda como el Partido Comunista Revolucionario o el Partido Comunista quien disolvio su alianza electoral con el intransigente Oscar Alende y democristiano Horacio Sueldo para llamar a apoyar incondicionalmente a la formula del peronismo. La unica fuerza de izquierda que se enfrentó a Perón-Perón fue la formula presentada por el Partido Socialista de los Trabajadores de Juan Carlos Coral y José Paez (dirigente del clasismo cordobés) que obtuvo casí 190000 votos bajo el lema “Trabjador vota, trabajador” y la denuncia de que Perón iba a aplicar el Pacto Social contra la clase obrera.

El retorno de Perón al poder tuvo el objetivo de fortalecer la política del Pacto Social con que se pretendia ponerle fin a la lucha de clases que sacudia al país desde mayo de 1969, cuando se produjo el cordobazo. El otro objetivo fue poner iniciar un proceso de aniquilamiento de la vanguerdia obrera y popular y que se radicalizaba mientras sus sectores más combativos tendia a la independencia de política de clase, lo que implicaba un desafio abierto al peronismo. Para ello desde el gobierno peronista se formaron las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina) dirigidas políticamente desde el Ministerio de Bienenstar Social a cargo de José López Rega.

Recordemos que dos días después de la victoria de Perón un supuesto comando montonero terminó con la vida de José Ignacio Rucci, lider de la CGT y hombre de confianza del General.

El mismo Rucci habría expresado que “Perón se fue del país para evitar un baño de sangre; y fíjese como se escribe la historia: tiene que volver al país para evitarle un baño de sangre”. Sin embargo, noevito un baño de sangre con su retirada en 1955, como lo demostrarón losa fusilamientos de Valle en el penal de las Heras y los militantes peronistas en los basurales de José León Suarez en 1956. Tampoco lo hizo en 1973, por el contrario lo alentó dando vía libre y cobertura estatal al accionar de las bandas armadas de la ultraderecha del peronismo y la burocracia sindical de las Tres A quienes comenzaron una desembozada caza de activistas y militantes de izquierda, mucho más salvaje aún luego de la muerte de Perón y bajo el gobierno de Isabel, que fue uno de los sellos distintivos del ultimo gobierno de Perón.