La moral prohibicionista y las libertades negadas (La izquierda diario)


El prohibicionismo es la doctrina que rige la supuesta lucha contra el narcotráfico. Su origen data del año 1920 cuando en los EE.UU un mormón y un alcohólico logran imponer la doctrina prohibicionista sobre el consumo de alcohol y drogas, apelando al racismo que endilgaba a cada tipo racial o nacional una tipología que unía criminalidad y adicción.

El objetivo era imponer valores morales y de salubridad pública y dar a la naciente industria de los laboratorios medicinales el monopolio sobre un negocio rentable.

El prohibicionismo original, lejos de terminar con la criminalidad, terminó creando a las mafias que se dedicaban al tráfico de alcohol con figuras legendarias como Lucky Luciano y Al Capone, entre otros. Mafias que a su vez eran protegidas por el poder político y las fuerzas policiales. Caído el prohibicionismo sobre el alcohol a principios de los ’30, este continuó rigiendo para el uso de drogas. La internalicionalización del prohibicionismo llevó a la internacionalización de las mafias ligadas al tráfico de drogas.

En la década del ’70 se impone la doctrina Nixon sobre el narcotráfico que declara la guerra contra las drogas como política de Estado y es la avanzada de una política imperial que se impone para legitimar intervenciones militares cuyo ejemplo máximo es el Plan Colombia. De la lucha contra el narco colombiano encabezado por el mítico líder del Cartel de Medellín, se pasó a la lucha contra la supuesta narco-guerrilla de las FARC armando hasta los dientes a las Fuerzas Armadas colombianas. En Argentina la doctrina Nixon fue impulsada por el “brujo” José López Rega y se convirtió en política de Estado desde los oscuros tiempos de las Tres A, hasta nuestros días.

Los argumentos prohibicionistas unen criminalidad, pobreza y drogadicción como un mismo flagelo. Pero si el gran crimen del narco es patrimonio de mafias mixtas privadas y policiales, el delito común y el delito contra la vida en los sectores más empobrecidos de la población, tienen su motor no en el consumo de drogas, cuestión reconocida hasta por el mismísimo Sergio Berni, sino en las condiciones de vida degradantes que empujan a millones a la marginalidad.

Los estudios actuales apuntan a decir que el alcohol es la principal causa de muerte y productora de violencia de todas las adicciones. En eso coinciden tanto los funcionarios como Molina y los prohibicionistas. Cuidémonos que el prohibicionismo y su contracara progresista no vayan a pretender también legislar regresivamente sobre el derecho de las personas a consumir alcohol.

La criminalización y patologización del consumidor de drogas, van acompañadas de la estigmatización y discriminación correspondiente. Hay empresas que controlan el consumo de sustancias de sus trabajadores en el tiempo libre, controlando sus cuerpos no sólo en el tiempo de trabajo sino fuera de él. La legalización de todas las drogas y una política sanitaria basada en recursos suficientes para la atención de los consumidores en riesgo y la disminución de los daños físicos, son un derecho y una libertad todavía pendientes para los consumidores de drogas.

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