Cafiero: el muchacho que se quedaba con los vueltos (ID)


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Hay una famosa sentencia de Juan Domingo Perón que es lapidaria con Antonio Cafiero: “Cafierito, es un buen muchacho, lástima que tenga por costumbre quedarse con los vueltos”.

Antonio Cafiero: el muchacho que se quedaba con los vueltos

Nacido en 1922, Antonio Cafiero se sumó al peronismo en la primera hora, aunque tiempo antes -en 1938- fue militante de la Acción Católica. La identificación del peronismo con la doctrina social de la Iglesia fue un discurso que siempre acompañó a Cafiero en su carrera política.

Fue funcionario de Perón en 1951, ocupando un cargo directivo en Cancillería, y entre 1952 y 1955 como ministro de Comercio Exterior. Años más tarde fue ministro de Economía de Isabel Perón, entre 1975 y 1976, siendo desplazado en febrero de ese año por Mondelli. En 1987, como líder de la llamada Renovación Peronista, ganó la gobernación de la provincia de Buenos Aires, y un año más tarde perderá la interna frente a Carlos Menem, sepultando los sueños de socialdemocratización del peronismo que un sector de la Renovación alentaba. En 1990 impulsará un plebiscito para conseguir su reelección como gobernador bonaerense del que saldrá derrotado, empezando la debacle de su carrera política. A partir de entonces, Cafiero jugara el papel de peronista testimonial.

Cafiero, como peronista de los orígenes, dejó tela para cortar. Renunció a su cargo de ministro en 1955, poco antes del golpe, para no chocar con la Iglesia católica, que era una de las impulsoras, junto a la embajada norteamericana, del golpe gorila. De ahí, quizás, la dureza de Perón. Su papel durante la llamada resistencia, como el de todas las figuras del peronismo oficial, fue casi nulo. El papel central de la Resistencia peronista fue jugado por la clase obrera y no por los dirigentes.

En el año 1972, Cafiero fue el hombre que impulsarán la derecha peronista y la burocracia sindical como candidato presidencial en oposición a Héctor Cámpora, a quien veían muy cercano a la juventud. El congreso que se resolvió a los tiros. Entonces se hablo de un famoso parlamento donde Juan Manuel Abal Medina, hombre de la juventud, es amenazado por un dirigente sindical diciéndole que tenían el congreso copado y estaban todos enfierrados, a lo que Abal Medina respondió: “Nosotros también y somos más”. Lo cierto es que Perón no lo quería a Cafiero porque se entrevistó en secreto con el dictador Agustín Lanusse y bancó a Cámpora por cálculo político. Por eso cuando Perón asumió lo designó en el gris cargo de presidente de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

Los homenajes hablan del carácter democrático de Cafiero, pero la realidad lo mostró participando de la intervención de Mendoza, donde un golpe de la derecha peronista derrocó al gobernador afín a la Tendencia Alberto Martinez Vaca. Y más tarde como ministro de Isabel, donde acompañó con su firma el decreto de aniquilación de la guerrilla redactado por el presidente interino Ítalo Argentino Luder.

Después del 83, Cafiero fue el referente indiscutido de un peronismo que dejó de lado el discurso de los descamisados y se ponía el saco y la corbata para intentar una suerte de modernización que lo alejara de los fantasmas de las Tres A y lo pusiera a tono con la ola democrática que el alfonsinismo en el poder todavía surfeaba. Gracias a la Renovación el peronismo logró oxigenarse y crecer a la par que el Gobierno radical se iba derrumbando. Chacho Álvarez y los intelectuales de la revista Unidos se ilusionaban con que llevando en andas a Cafiero podían transformar al peronismo en una fuerza de centroizquierda. Derrotados por Carlos Menem y Eduardo Duhalde en 1988, abandonaron el peronismo para dar origen al Grupo de los Ocho, el Frente Grande y el Frepaso. Cafiero, como buen peronista, nunca sacó los pies del plato.

En 1987 Cafiero será de la partida de políticos patronales que acompañaron a Alfonsín a Campo de Mayo para capitular frente a la rebelión carapintada encabezada por Aldo Rico y que pedía impunidad para los partícipes del genocidio. Se mostró junto a Raúl Alfonsín en el balcón cuando pronunciaba su famoso Felices Pascuas y firmó el Acta de Compromiso Democrático que habilitaba a discutir las leyes que pedían los sublevados. Como gobernador de la Provincia fue quien envió a la Bonaerense a sumarse al operativo represivo contra los militantes del MTP en el cuartel de La Tablada en 1989.

Muchos recordarán que el fallecido dirigente peronista fue quien hizo saltar en el Senado la causa de las coimas por la flexibilización laboral, conocida como ley Banelco. Y olvidarán seguramente cuando el 18 de octubre del 2006 justificó los enfrentamientos entre camioneros y la UOCRA La Plata en la quinta de San Vicente donde serian sepultados los restos de Perón y Evita: “No me aflijo tanto por estas cosas porque es inevitable cuando se juntan quinientas mil personas”.

Consultado sobre los incidentes con armas de fuego, Cafiero se limitó a contestar: “¿Y? ¿Mató a alguno?”.

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