“El arte debe denunciar los atropellos” (ID)


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ENTREVISTA // MARTIN RUTA 8

“El arte debe denunciar los atropellos”

El hombre de la Tigra es la última novela de Martín Ruta 8. El seudónimo es un homenaje que Martín Arista hizo a unos militantes desaparecidos por los genocidas del Proceso de Reorganización Nacional: “Eran compañeros con los cuales discutía como revolucionarios. Ellos creían en la guerrilla, yo no compartía esa política porque creo que la clase obrera tiene métodos mucho más efectivos para combatir al capital”.

Martín es un hombre casi octogenario, de ojos claros y mirada vivaz, abierta. Habla con entusiasmo. Los surcos del tiempo dejaron huella en su rostro que se mantiene jovial y en una tupida y rebelde cabellera canosa. Se nota que es un hombre duro, curtido por el trabajo y la lucha, pero destila alegría, pareciera ser el prototipo del comunista de Julius Fuck que por la alegría marcharía desafiante y con la frente erguida frente a un pelotón de fusilamiento.

Recuerdo que hace mucho tiempo, encontré en una librería de libros viejos una joyita, la historia de la huelga del Swiftt en los 40 relatada por su dirigente, el comunista José Peter. El libro además contenía una dedicatoria firmada por Fioravanti, uno de los dirigentes comunistas de la huelga de la construcción en el 36 que cayó combatiendo como partisano antifascista en la Italia de Mussolini (Andrés Rivera traza un retrato de Guido Fioravanti con estas palabras: “Un diciembre abrasador dije que el comité de huelga necesitaba dinero y armas. Ahora soy un tipo que los patrones de la Argentina envían, como un saludo al Duce, a la bestia de la Romagna. ¿Cómo hicimos? ¿Cómo sacamos cien mil obreros de sus casas y de las nerviosas concentraciones de los sindicatos? (…) Podíamos parar los ferrocarriles, los barcos, la tala, Fiat… Podíamos en la calle parar con nuestro aliento la caída de la nieve. Y ahora, peleamos exiliados. Es triste eso. Es triste”). Si hubiera tenido espíritu de coleccionista o archivista quizás lo hubiera guardado, pero entonces se lo regale a Martín porque pensé que él iba a saber apreciar esa pieza, rescatar del olvido nombres anclados en la historia de la clase obrera con toda su entrega y con toda la carga trágica de la política stalinista. Y también tengo una certeza, el tono de Martín Ruta 8 no es el de la amarga expresión del Fioravanti de Rivera, aunque haya vivido la historia del movimiento obrero desde los huesos. No hay añoranza sino lecciones en las palabras de Martín, hay alegría de continuar una lucha que solo tendrá fin con la victoria. Certeza de que, como sostenía Walter Benjamin, ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence.

Ruta 8 viste como un obrero comunista o anarquista de los 30, camisa lisa y boina de tela, un morral de cuero en bandolera, y posiblemente eso sea lo que constituye uno de los valores de su estilo literario, Arista (o Ruta 8) es un obrero clasista que se formó bajo la influencia de un padre anarquista que participaba junto a él de pequeño en los actos por la libertad de los mártires proletarios Sacco y Vanzetti. Y también debe parte de su formación al Partido Comunista donde militó por años: “El Partido Comunista veía con malos ojos que yo escribiera. Los obreros debían ser obreros y los intelectuales dedicarse a las letras. Mi vocación de escritor la desarrollé fuera del PC, contra su mirada. En el año 77 cuestioné el apoyo del Partido a la dictadura cuando los mariscales soviéticos condecoraron a la Junta Militar y me echaron diciéndome que si tenía acuerdo con los trotskistas me fuera con ellos. Me dejaron en banda en plena dictadura. En los 80 milité en el MAS y tampoco encontré ahí apoyo como escritor. Recién en el PTS pude sentir que contaba con total apoyo para hacerlo. Yo siempre le digo a los compañeros jóvenes que les gusta escribir que escriban, que lo muestren, que se formen. La clase obrera tiene que empaparse de cultura, tiene que tener su voz. Hacen falta escritores proletarios. Yo tuve la suerte de haber sido ganado por la pasión de la lectura. Me formé. Mis maestros fueron Gorky, Balzac y Chejov”.

El hombre de la Tigra es una novela de tintes autobiográficos que cuenta la historia de Jean Marquet- Don Marquez, un anarquista francés exiliado en las afueras de Necochea en un paraje lleno de sauces que recibió el nombre de la tigra por una tigra con crías que mandaron a matar unos estancieros. Martín comienza a trabajar junto al soguero Don Marquez transformándose en su discípulo. A lo largo de la narración Don Marquez se irá revelando como Jean Marquet, un hombre culto, con formación y convencido militante anarquista. Frente a su discípulo le hará portador de su secreto como vindicador en su Francia natal y terminará sus días como combatiente antifascista en la Francia ocupada por los nazis: “El personaje está inspirado en mi padre, que era soguero y de ideas anarquistas. Él era mi héroe, una figura muy fuerte, con un gran continente emotivo por quien yo sentía gran admiración. Mi padre había viajado a Newscastle, un puerto inglés, y él me comentaba la vida en los puertos. Mi padre en 1927 salió a protestar por Sacco y Vanzetti. Esos fueron los disparadores de mi conciencia y de la novela. Alrededor de su recuerdo creé en él, el narrador de la novela, quien traía las noticias del mundo”.

Todas estos recuerdos y preocupaciones están expresados en la novela que gira sobre la guerra civil española y la segunda guerra mundial. La preocupación por el futuro del mundo ante el avance del fascismo, una temática muy de la militancia de izquierda de aquellos años, la injusticia de las relaciones de clase de la sociedad burguesa, la vida en un puerto como el de Necochea a fines de los 30 y los 40, las historias de marineros, comunistas y prostitutas que se entrecruzan en el mítico bar El Griego, el amor y renunciamiento, son los componentes de esta obra que busca levantar la moral proletaria.

Martín nos cuenta que su inicio en política fue intutivo “yo me inicié en política en 1950 cuando Perón quería mandar tropas a Corea. Mi madre que era peronista no quería que yo fuera. Yo ahí empecé a escuchar a los dirigentes de la clase obrera a ver qué decía cada uno. En Argentina en ese momento se decía un lema: ni yanquis ni marxistas. Perón mandó tropas a Corea y después de decir que antes de firmar algo que perjudique al país se amputaría las manos. Y a los tres días firmó el pacto de Río de Janeiro. Todos los firmantes enviaron tropas salvo Argentina, donde la movilización popular lo impidió. Los que salieron a impedirlo eran en su mayoría peronistas”.

En la novela se mezlca la influencia anarquista del personaje de Jean Marquet con la presencia del Partido Comunista en la subjetividad de la clase obrera y la militancia de izquierda. “Mis conocimientos anarquistas fueron por Esteban Brito, un militante que en la Semana Trágica había visto al teniente Perón con una metralleta en la mano reprimiendo a los obreros. Él me contaba la Guerra Civil Española, me hablaba de Durruti y su lugarteniente del dirigente de los albañiles, Mera. Él influyó en mi admiración de los anarquistas como luchadores. Pero luego entendí que en España fueron traidores a la clase obrera. En Chile en 1907 en la huelga minera de Santa María de Iquique, una ciudad copada militarmente por los mineros en huelga, Olea, un dirigente anarquista, se negó a organizar la huelga para impedir la represión”.

Martín nos cuenta los orígenes de su historia militante que va a nutrir la conciencia del escritor: “Empiezo a militar en el PC porque en la fábrica donde trabajaba echaron a una chica del partido y yo empiezo a hablar a los compañeros para que la reincorporen y la fábrica paró. Los comunistas me invitaron entonces a sumarme. Raquel, esta chica, me dijo: ’tu actitud es la de un comunista, vos tenés que entrar en nuestras filas’. En ese entonces los argumentos me parecieron convincentes pero con el tiempo y la influencia de unos republicanos y socialistas españoles fui conociendo las críticas de Trotsky al stalinismo en España y empiezo a formarme más críticamente”.

Ruta 8 recuerda que “Borges estrecha la mano de Pinochet y dijo que por fin Chile tiene el gobierno que merecía. Y yo considero que me tengo que expresar de otra manera”. Martín no se sorprendió, “Borges eligió por su clase” y él tiene otra posición que defender: “La literatura tiene una relación con la conciencia. El arte tiene la obligación moral de denunciar los atropellos que sufre la clase productora la clase obrera” , una definición que denota la influencia de la dura experiencia de la supervivencia y la lucha en su vida, y de las concepciones heredadas por una izquierda que moldeó de alguna manera la cultura obrera. Para el escritor este joven presente, en las puertas de los 80 años es el momento donde las palabras afloran como estiletes “Mi literatura cambió con la militancia en trotskismo. En el PTS pude dedicarme a escribir. En el MAS no me dieron bola. Me han permitido expresarme. Cuando no se te permite expresarte es una dictadura y esa fue mi experiencia en el PC. Mi etapa literaria actual es en la que mejor me siento porque tengo más conciencia y claridad”.

Por último Martín, hombre militante que vive de una jubilación mínima nos anuncia que donará lo recaudado por el libro al fondo de huelga de Lear. “Por sobre todo, la solidaridad de clase”

Recitándonos uno de sus poemas pone fin a la entrevista.

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