Massa, Scioli, Macri: los candidatos de La Nación


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Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri fueron entrevistados por La Nación como los aspirantes más claros a ocupar el Sillón de Rivadavia luego de los comicios de 2015. En las entrevistas hay un núcleo común que los une. Todos plantean una mayor articulación del Estado y el capital privado (la forma no neoliberal de predicar la injerencia de los grupos económicos en las decisiones políticas, teniendo en cuenta que el noventismo ha perdido popularidad en la población argentina). Massa, Scioli y Macri comparten además un rasgo político-cultural común, son hijos del menemismo. Son los protagonistas de una derechización de la política patronal que se presenta como el poskirchnerismo.

Scioli fue catapultado a la arena política por Menem y prohijado por Eduardo Duhalde quien lo colocó como garantía en la fórmula que encabezaba Néstor Kirchner en 2003 (preguntado sobre cómo iba a elegir el vice, el gobernador bonaerense respondió: “lo que busco es una complementación, como he sido yo con Néstor”, una suerte de confirmación de que el kirchnerismo le nombrará el vice como garantía repitiendo la fórmula duhaldista). El salto a la gobernación bonaerense de Scioli lo ubicó como el gran sucesor del kirchnerismo, ubicándose como la esperanza blanca de una salida no traumática que deje el poder en manos del aparato más duro del PJ.

Sergio Massa, por su lado, arribó al peronismo cuando la derecha liberal nucleada en la UCeDé se pasó con armas y bagajes al menemismo, en una suerte de colonización de su supuesta némesis histórica. De allí recaló en distintos puestos de gestión hasta que de la jefatura de la ANSSES pasó a la Jefatura de Gabinete y luego de ser echado del puesto construyó su poder desde la intendencia del Tigre, donde junto a su suegro, el ex funcionario menemista Fernando “Pato” Galmarini, diseñaron el Frente Renovador, ganándole a CFK las elecciones de la provincia del Buenos Aires en 2013. El Frente Renovador cobija en su seno a los caídos del kirchnerismo, la burocracia sindical y una parte de la derecha peronista que busca recuperar el control del aparato pejotista.

Mauricio Macri vio en los ’90 crecer su figura, junto a los negocios familiares. Su conquista de la Presidencia de Boca Juniors le sirvió de plataforma para ganar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2007. Asesorado por especialistas en marketing político como Jaime Durán Barba, el discurso del PRO es una combinación de gestión vistosa, cholulismo y violencia contra los pobres como lo demostraron las criminales represiones del Parque Indoamericano y la Villa Papa Francisco. El armado de PRO es una sumatoria de menemistas, radicales sushi y gerenciadores privados que plantean como discurso la primacía de la “gestión” por sobre la “política”.

Dando definiciones esta nueva derecha es cuidadosa pero se le escapa la hilacha. Son candidatos de un ajuste y del pago de la deuda externa. Así para Macri el acuerdo con los fondos buitres es una condición de un extraño desarrollismo neoliberal. En diálogo con el periodista de La Nación, Macri se despacha: “Endeudarse para crecer e invertir es muy saludable, las inversiones se repagan con el trabajo de los argentinos. -¿Una especie de New Deal? -Desarrollista, prefiero la versión localista. Una versión del New Deal en la Argentina”.

Massa piensa similar: “La Argentina debe volver a ser parte de los mercados porque necesita inversión (…) La falta de inversión genera inelasticidad en la oferta de bienes (y eso influye en la inflación) y la imposibilidad de aumentar puestos de trabajo”. Para ello plantea como uno de sus objetivos el ajuste en el gasto público “El Estado debe ordenar su gasto. No es posible que el entretiempo del Fútbol para Todos sea un festival de publicidad o que la calle sea un festival de publicidad”.

Scioli, más cuidadoso ya que tiene que hacer cargo de la herencia de la “década ganada”, reivindica el desendeudamiento como un valor universal a defender apostando a que un acuerdo con los houldouts a principios de 2015 despeje el camino para las inversiones extranjeras: “En el tema de inversiones, hay un interés creciente sobre la Argentina, la coyuntura se va despejando cada vez más, los activos se van a revalorizar”. Es evidente que si para los tres candidatos la clave es el pago de la deuda, un nuevo ciclo de endeudamiento y la atracción de inversiones extranjeras por el petróleo, habrá como contrapartida un ajuste de las cuentas y un interés por el ordenamiento jurídico y político para atraer a los capitales. Mientras Macri, heredero del grupo SOCMA que se hizo fuerte en la dictadura genocida, promete poner fin a “a los curros en los derechos humanos” y Massa ser el presidente de la seguridad, Scioli se conforma con presentarse como un continuador pragmático del “modelo”: “En lugar de hacerte referencia a “centro y moderado”, para que no dé lugar a esa interpretación, yo prefiero hablar de las características que nosotros tenemos en términos prácticos para gobernar” contesta al reportero del diario de los Mitre, mientras promete que permitirá el accionar de las FF.AA. en la lucha contra el narcotráfico (algo expresamente prohibido en la ley argentina).

Los tres presidenciables traen así malas nuevas para la clase trabajadora y el pueblo pobre.

De los tres precandidatos, la fortaleza de Scioli es contar con una estructura política nacional con el FpV y el PJ de las provincias, la debilidad de Massa y Macri es la ausencia de una estructura semejante que proyecte su fuerza política más allá de sus liderazgos locales. La debilidad del ex-motonauta es la falta de apoyo claro del kirchnerismo quien no le quiere hacer fácil la proclamación y busca esmerilarlo para imponerle la mayor cantidad de condiciones posibles. Por su parte, tanto el Frente Renovador como el PRO han salido a la caza de aliados radicales, aunque sea Macri quien más ha cosechado con el acercamiento del huracán Elisa Carrió. El massismo, por su parte, se debate en la posibilidad de dirimir la interna de la provincia de Buenos Aires en una disputa entre sus pre-candidatos, Abel Posse, Felipe Solá y Darío Giustozzi, a quienes se ha sumado el “Colorado” Francisco De Narváez quien de esta forma rompe filas con el sciolismo.

Las entrevistas de La Nación muestran la simpatía del establishment por un cambio de gobierno y la realidad de un fin de ciclo del kirchnerismo que ni siquiera una hipotética victoria electoral de Daniel Scioli podría revertir.

Resta preguntar a los kirchneristas que pregonan que el sciolismo es el mal menor, qué tan mal han hecho las cosas para que así sea. En fin, el retorno de los políticos menemistas es el broche de oro de la “década ganada”. Solo queda decir: Kirchner lo hizo.

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