El asesinato de Fischer y Bufano


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El 13 de diciembre de 1974 fueron secuestrados y posteriormente asesinados Jorge Fischer y Miguel Bufano, delegado general y obrero de la fabrica Miluz, respectivamente y ambos militantes del grupo trotskista Política Obrera (antecesor del Partido Obrero).

Fischer y Bufano se encontraban en la semiclandestinidad debido a que en octubre de 1974 un comando de la Triple A había secuestrado al padre de Jorge Fisher confundiéndolo con el hijo. Convocados por una junta de reconocimiento medico por la patronal los compañeros son secuestrados al salir cuando ya estaban arriba de un colectivo y rodeados de sus compañeros de trabajo. El vehículo de pasajeros fue detenido por varios hombres fuertemente armados que se dieron a conocer como policías y que obligaron a los viajeros a mostrar documentos de identidad. Así, Fischer y Bufano fueron trasladados a un automóvil, que se alejó del lugar.Según denunciaron entonces los vecinos de Villa Martelli la policía había dejado liberada la zona para el libre accionar de un grupo de tareas de las Tres A. Dos días después, aparecieron en un basural de Avellaneda acribillados brutalmente.

Dos meses después, el 15 de febrero de 1975, fue asesinado Héctor Noriega, quien reemplazó a Jorge Fischer como delegado de Miluz. Su cuerpo fue hallado en un terreno baldío de Villa Recondo, partido de La Matanza. El asesinato de Noriega fue la respuesta de las bandas terroristas de ultraderecha y la patronal al accionar de un comando del ERP que por la suya, sin consultar a los trabajadores y a pesar del pedido expreso de PO y la junta interna de que se abstengan, atentó contra el director general de la empresa, doctor Roberto Obeigón, y el jefe de personal, Manuel Martínez, quienes resultaron muertos en la acción.

El asesinato de Fischer, Bufano y Noriega, se inscribe dentro de los crímenes de la Triple A contra la vanguardia militante de la clase obrera y la izquierda, patrocinada por Perón y liderada por su secretario privado y Ministro de Bienestar Social, José López Rega. El objetivo de Perón era disciplinar a balazos a la vanguardia obrera y popular, para imponer el Pacto Social que había firmado junto a la burguesía industrial y los dirigentes de la CGT y poner fin al proceso de insurgencia obrera y juvenil abierto en la Argentina a partir del Cordobazo en mayo de 1969. El ascenso de la clase obrera había quebrado a la dictadura militar de la llamada revolución Argentina y obligado al fin de la proscripción del peronismo, destacando el surgimiento de una corriente clasista en la clase obrera que expresaba una extendida tendencia a la independencia de clase y sectores combativos que se agrupaban a la izquierda del peronismo tradicional y los burócratas sindicales. Luego de la muerte de Perón, bajo el gobierno de Isabel Perón, el accionar de las Tres A se hizo desembozado y buscaba liquidar toda oposición obrera y popular al peronismo derechista en el poder. Es en este periodo donde son asesinados los compañeros de Política Obrera.

El asesinato de Fischer y Bufano luchadores clasistasy militantes trotskistas fue un golpe para todas las corrientes del socialismo revolucionario que centraban su accionar en el movimiento obrero y defendían ideológicamente la independencia política de los trabajadores. El trotskismo, sus distintas organizaciones, fueron uno de los blancos elegidos por las bandas fascistas de la derecha peronista y la burocracia sindical: el “Indio” Fernandez, los compañeros asesinados en la masacre de Pacheco, Cesar Robles y más tarde los compañeros y compañeras asesinadas en la masacre de La Plata, todos ellos del PST, fueron asesinados por su militancia en favor de la lucha de los trabajadores y por la organización independiente de la vanguardia obrera.

El caso Fischer y Bufano permite ver también la trágica concepción política de la izquierda guerrillera, en este caso el PRT-ERP, que intentó llevar adelante una guerra de aparatos, ajena a la organización de los trabajadores y sin importarle la voluntad de los trabajadores y sus dirigentes de base. En junio y julio de 1975 fue la clase obrera la que protagonizando una extraordinaria huelga general obligó a la renuncia del Ministro de Economía Celestino Rodrigo y a que José López Rega debiera irse del país. Habiendo fracasado el peronismo en frenar a la clase obrera los militares preparan el golpe. La política desacertada de la izquierda guerrillera peronista y del ERP no le permitieron forjar una alternativa de dirección para enfrentar lo que vino después, el terrorismo genocida de la dictadura militar inaugurada el 24 de marzo de 1976.

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