Cuando las masas de París liquidaron el derecho divino


El 21 de enero de 1793 el ciudadano Luis Capeto fue guillotinado en París en la Plaza de la Revolución. Más tarde el 16 de octubre del mismo año sera ejecutada su esposa Maria Antonia Josepha Johanna von Habsburg-Lothringen. La ejecución se realizó luego de que un proceso llevado a cabo por la Convención Nacional lo encontrara culpable de crímenes contra el pueblo y de traición para conspirar contra la República francesa. Por iniciativa de los jacobinos, los acusados fueron condenados a muerte tras someterlo a votación aprobándose la ejecución por 387 votos a favor y 334 en contra. El decapitado sera nada más y nada menos que Luis XVI y su consorte María Antonieta de Austria, hija de Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y de la emperatriz María Teresa I de Austria.

El proceso contra Luis XVI comenzó luego de que el 19 de noviembre de 1792 fuera descubierto en la torre del Temple, donde se encontraba detenido el Rey, un armario de hierro, escondite de la correspondencia entre Luis XVI y los soberanos extranjeros a quienes se les pedía su auxilio para invadir Francia y reinstaurar la monarquía derribada.

La toma de la terrible prisión de la Bastilla por las multitudes el 14 de julio de 1789 inicio la revolución burguesa en Francia, sin embargo, las maniobras de la nobleza y la burguesía permitieron subsistir a la monarquía algunos años más. Incluso la Asamblea General aprobó el 10 de octubre de 1789 la nueva titulación de Luis: Louis, par la grâce de Dieu et la loi de l’État constitutionnelle, Roi des Français (Luis, por la gracia de Dios y la ley del Estado constitucional, Rey de los franceses).

Desde el primer momento la monarquía y la nobleza conspiraron contra el nuevo orden que se estaba formando al calor de la Revolución. La noche del 21 de junio de 1791 sera la fecha en que la figura sagrada del Rey sea derrocada en la conciencia del pueblo francés. La tarde del 20 de Junio la familia real emprendió su huida disfrazados desde las Tullerias, en un plan pergeñado por el supuesto amante de María Antonieta, Hans Axel de Fersen. En el camino Luis XVI sera reconocido por el ex empleado de Correos Drouet y junto a uno de sus amigos, Guillaume, se lanzaron a la captura del monarca. En Varennes, Drouet y Guillaume en nombre del pueblo francés, acompañados por un grupo de cinco ciudadanos armados, se tomó la atribución de arrestar al Rey, disfrazado de sirviente, la noche del 21. Esta historia esta excepcionalmente contada en esa magnifica película donde descolla el enorme Marcelo Mastroiani como un viejo y cansado Giacomo Casanova, La Noche de Varennes.

Las conspiraciones de la nobleza y la monarquía habían logrado apaciguar la fuerza de la revolución hasta que el 20 de junio de 1792, la mutitud armada atacó por primera vez las Tullerías. Allí el carnicero Legendre increpó a rey diciéndole: «Señor, tenéis que preocuparos en escuchar, sois un bribón. Siempre nos ha engañado y seguirá haciéndolo. Nuestra paciencia se ha agotado. ¡La gente está harta de sus puestas en escena!» Luis VI fue obligado a ponerse el gorro frigio, símbolo de la revolución y beber vino a la salud del pueblo. Más tarde, el 10 de agosto, una insurrección popular encabezada por los distritos de la Comuna de París liquidaron la conspiración contrarrevolucionaria y obligaron a la Convención a poner fin a la monarquía y declarar la República.

Como escribiera Piotr Kropotkin: “Viendo a Luis XVI en el cadalso, la revolución acabaría de matar un principio que los campesinos habían comenzado a matar en Varennes. El 21 de enero de 1793, la parte revolucionaria del pueblo francés comprendió perfectamente que el punto culminante de aquella fuerza que a través de los siglos había oprimido y explotado a las masas, había desaparecido al fin, y había comenzado la demolición de aquel poderoso organismo que estrujaba al pueblo (…) Desde entonces no ha podido restablecerse en Francia la monarquía de derecho divino (…) La superstición de la monarquía muerta es un beneficio obtenido”.

No es de extrañar que la burguesía francesa que rige un Estado imperialista y colonialista, que hoy usa los lemas de la revolución burguesa: libertad, igualdad, fraternidad como banderas de la islamofobia y el racismo colonialista (banderas que supo olvidar para colaborar bajo el régimen de Vichy con la ocupación nazi) haya borrado de su memoria estas paginas gloriosas, donde la plebe de París impulsada por grandes revolucionarios como Marat, Danton, Robespierre, Hebert, Jacques Roux, asaltaron los cielos de su época para poner fin a un régimen de opresión y crímenes contra el pueblo.

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