Un precursor de los Tinelli


Tuve un novio, muy lindo él, que me contó alguna vez la siguiente historia.

De jovén mi ex novio, pongamosle J., a los veintitantos años era muy amigo del hijo de una figura del espectáculo recientemente fallecida . Su hijo, pongamosle Hugo para darle un aire familiar, y J. solían salir días enteros de gira tomando cocaína, y cuando hablamos de tomar no estamos diciendo unos toquecitos sutiles para mantenerse alertas sino uno lagartos rellenos que dejarían como una flaccida vieja a la mismísima Venus de Milo. Hete aquí que en una ocasión, cuando constataron que la bolsa se terminaba luego de varios días de gira, mi ex novio j. fue encomendado por Hugo a la empresa de ir a su hogar a buscar dinero para seguir embriagados bajos los efectos del clorhidrato. Le presto las llaves del auto y le remarco lo siguiente: -si ves que cuando llegas aparecen dos tipos vestidos de blanco, no te austes son enfermeros de una clinica de rehabilitación que contrato mi viejo para internarme cada vez que me vean llegar.

J. llego al hogar de Hugo y en cuanto vieron el auto, los enfermeros se abalanzaron sobre él, a lo que mi ex, J, re-puesto y paranoico respondió huyendo en el auto hacia donde estaban sus compañeros de juerga.

J. me contaba que su hijo describía como el padre lo internaba a la fuerza, así como se desentendía de todo y se jugaba la recaudación de una semana de alguna obra en un casino de Las Vegas. Todo esto, en los años del pizza con champagne donde lacras sociales se daban la gran vida a costa del literal hambre del pueblo trabajador. La figura fallecida del mundo del espectáculo, que según su hijo relatara a J tenia tabique de platino, además, internaba a su hijo a la fuerza, de la misma manera que lo usaba o se asociaba con él para desfalcar una empresa publica. Es decir su hijo era el complemento de una sociedad económica con el cual hacia y deshacía lo que quería. Pareciera que más que la salud de su hijo le preocupaban los intereses en juego.

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Falleció Gerardo Sofovich y sinceramente, más allá del comprensible dolor de sus familiares, toda la farándula que vomita sus miserias y su falta absoluta de talento o virtudes artísticas como caldo de consumo de los televidentes, salio a rendirle homenaje y ponderar sus virtudes humanas. Los mismos que cuando vivía decían que era un déspota.

En particular Sofovich, siempre me pareció un personaje despreciable. No es que no haya otros, pero él sintetizaba mucho del mundillo de los personajes mediáticos en su persona y fue una de las usinas de la decadente y nauseabunda producción “cultural” del noventismo. Un precursor de los Tinelli.

Todo en él era un despreciable producto de lo más berreta de la cultura menemista que pario la servil burguesía argentina. Su machismo desbocado, su desprecio por la mujer, su posición política-ideológica ultrareaccionaria, su papel como militante del menemismo, por sus productos televisivos, por ser un ladrón que vacío las cajas de ATC, por su apología del maltrato a quien trabajaba con él, por su patética egolatría, por el yenga y corte de las manzanas, pero sobre todo por ser comparsa del Tigre Acosta y los Grupos de Tareas animando fiestas para los genocidas en la ESMA. Sofovich entra en la galería del enemigo a vencer. Ese era el icono fallecido de la sociedad del espectáculo. Por eso festeje cuando mi compañera de trabajo, la referente trans Marlene Wayar, lo humillo en Los 8 escalones, siguiendo sus propias reglas de la trituradora televisiva.

No me gusta festejar la muerte, pero tampoco soy de los que creen que toda vida es sagrada y haya que erradicar la violencia como forma de resolver la lucha de clases. A veces el conflicto es extremo, o la ofensa a vengar es tan terrible que se resume en un ellos o nosotros.

La muerte de Sofovich en particular me dio pie a un chiste negro que seguramente va a caer mal en algunos, pero no puedo con mis ganas: su deceso fue su aporte más genuino a la cultura argentina.

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