El origen de la “fusiladora”


l 9 de junio de 1956, un grupo de civiles y militares peronistas protagonizaron un frustrado levantamiento contra la dictadura de la Revolución Libertadora, encabezada por el General Pedro Eugenio Aramburu y el Contraalmirante Isaac Rojas.

El origen de la “fusiladora”

Facundo Aguirre

Encabezado por el General Juan José Valle y el General Raúl Tanco, el levantamiento fue un intento del nacionalismo militar peronista por retomar el poder.

Concebido como un “putch”, sin participación de las masas, más allá de algunos comandos civiles, su objetivo era provocar una reacción de los militares favorable a Perón.

Los sublevados fueron abandonados a su suerte por el propio Perón y los burócratas peronistas quienes se desentendieron de la sublevación.

Puestos sobreavisos de la inminencia de un levantamiento militar, Aramburu y Rojas habían ordenado el arresto de cientos de sindicalistas y militantes peronistas para restarle base de apoyo a la intentona. Apurados por las circunstancias, Valle y Tanco deciden poner en movimiento la rebelión antes de que fuera tarde.

La señal para lanzarse a la acción se daría con la lectura de la proclama revolucionaria, a las 23 horas del 9 de junio durante las transmisiones de las peleas de box en la noche del sábado en el Luna Park.

El comando encargado de interferir en las transmisiones de radio era encabezado por el coronel José Irigoyen. El equipo radial para lograr el objetivo debía instalarse en la Escuela Técnica N° 5 “Salvador Debenedetti” en Avellaneda. Sin embargo, todos los miembros del comando fueron detenidos por tropas del gobierno sin lograr cumplir su objetivo.

Cuenta la periodista María Seoane que la rebelión abarcaba originalmente “Campo de Mayo, sublevado por los coroneles Ricardo Ibazeta y Eduardo Cortínez; el Regimiento II de Palermo, bajo la dirección del sargento Isauro Costa; la Escuela de Mecánica del Ejército, comprometida por el mayor Hugo Quiroga; el Regimiento 7 de La Plata, responsabilidad de Cogorno y el grupo de civiles, entre otros, que debía operar en Florida, en la calle Hipólito Yrigoyen 4519, donde se reunieron los Lizaso, Carranza, Garibotti, Brión y Rodríguez y Troxler, entre otros. Además, hubo civiles armados y militares que intentaron sublevarse en Santa Fe- Rosario y Rafaela-, Río Negro-Viedma-, para citar algunos.

Excepto en La Pampa, la mayoría de los jefes de la sublevación fueron apresados. Ante el fracaso del levantamiento, el general Tanco se dirige a Berisso para lograr apoyo, inútilmente, y debe luego huir y esconderse. Mientras el general Valle se oculta en la calle Corrientes, en la Capital, en la casa del político mendocino amigo, Adolfo Gabrielli, ante la certeza de que el movimiento había sido delatado y había fracasado”.

La dictadura estableció la Ley Marcial en un decreto que llevó la firma de Aramburu, Rojas, los ministros de Ejército, Arturo Ossorio Arana, de Marina; Teodoro Hartung; de Aeronáutica, Julio César Krause y de Justicia, Laureano Landaburu y ordenó el fusilamiento de sus protagonistas.

Valle y sus seguidores fueron asesinados por orden directa de Aramburu e Isaac Rojas. A ellos Valle les escribió: “Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo”.

El 10 de junio entre las 2 y las 4 de la madrugada son fusilados los detenidos en Lanús. Poco más tarde, cinco civiles serán asesinados en los basurales de José León Súarez, por la policía bonaerense a cargo del teniente coronel Desiderio Fernández Súarez y por mano del comisario Rodolfo Rodríguez Moreno. De los doce originales detenidos, siete huirán intrépidamente, entre ellos el mítico militante de la resistencia asesinado por las Tres A en los setenta, Julio Troxler. Uno de los sobrevivientes, Juan Carlos Livraga, será el “fusilado que vive” a partir del cual Rodolfo Walsh escribió la célebre obra Operación Masacre.

El 12 de junio, Valle se entrega a cambio de que se ponga fin a la represión y se le respetara la vida. Detenido por el furibundo antiperonista, capitán de navío Francisco “Paco” Manrique (quien supo ser diputado alfonsinista en los 80), Valle ingresa con su amigo Gabrielli a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras donde va a ser fusilado.

“Se acabó la leche de la clemencia” declarara en aquellos días el dirigente “socialista” Américo Ghioldi, padre de los Binner y Lifschitz del presente.
La clase obrera rebautizó a aquel gobierno como la revolución fusiladora.

La parábola del peronismo, en el aniversario del levantamiento de Valle, el kirchnerismo enfrenta a la clase obrera que pide por su salario mientras coquetea con las FF.AA, herederas de los fusiladores, encabezadas por un genocida como César Milani.

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