Roberto Levingston: otro enemigo del pueblo que se fue impune


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El último 17 de junio falleció a los 95 años de edad el ex dictador de la autoproclamada Revolución Argentina, Roberto Marcelo Levingston.

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    Levingston llegó a la presidencia de facto siendo un absoluto desconocido para la población. El proyecto de la Revolución Argentina impulsado por las FF.AA. se había hecho del poder luego de derrocar al radical Arturo Humberto Illia en 1966.

    Proclamada como un gobierno refundacional y de largo plazo, la dictadura del General Juan Carlos Ongania fue herida de muerte por esa gran insurrección obrera y popular que fue el Cordobazo de mayo de 1969.

    La “Morsa”, tal el apodo popular que se había dado a Ongania, agonizaba acorralado por la creciente insurgencia obrera y popular, la crisis económica y los intentos del ala liberal del Ejercito encabezada por el General Alejandro Agustín Lanusse, que buscaba conseguir una salida política a la delicada situación nacional.

    El secuestro del General Pedro Eugenio Aramburu por un comando de Montoneros -bautismo de fuego de la organización- el 29 de mayo de 1970, fue la estocada mortal que decidió al lanusissmo a terminar con el gobierno del dictador.

    El 8 de junio de 1970 la Junta de Comandantes en Jefe compuesta por Lanusse, el Brigadier Carlos Rey y el Almirante Pedro Gnavi, destituyo a Ongania y nombro en su lugar a Levingston quien ocupaba el cargo de agregado militar en la Embajada Argentina en Washington y era un verdadero ignoto para el conjunto de la población.

    Según relataban testigos de la época, Levingston debió enviar su C.V. a la prensa escrita de entonces para hacerse conocer. El nombramiento de un desconocido como Levingston respondía a la irresuelta interna militar entre liberales e integristas, agravada frente a la amenaza de la movilización popular.

    El nombrado Presidente estaba llamado a jugar el papel de títere de la Junta de Comandantes, que encabezada por Lanusse buscaba una liberalización económica y una negociación política con el peronismo con el objetivo de operar un desvió de la lucha de clases hacia la institucionalización democrática burguesa.

    Levingston en cambio vio la oportunidad de erigirse como el nuevo jefe político de los militares y perpetuarse en el poder llevando adelante un programa económico de tintes nacionalistas para atraer hacia su figura el apoyo de sectores del peronismo. El emblema de su política económica que elaboro el slogan de “compre nacional” fue Aldo Ferrer, figura reivindicada por el kirchnerismo, de quien supo ser Embajador en Francia.

    A su vez Levingston intento poner fin a la movilización obrera y popular con la represión y el enfrentamiento contra los trabajadores, lo que produjo una serie de paros generales convocados por la CGT con el objetivo de obligar a la dictadura a negociar con Perón, que luego de la muerte de Augusto Timoteo Vandor era encabezada por José Ignacio Rucci. Sin embargo, lo que produjo el final de su dictadura fue el llamado Viborazo del 12 de marzo de 1971.

    Levingston había nombrado como interventor al conservador Camilo Uriburu quien asumió con estas palabras: “Confundida entre la múltiple masa de valores morales que es Córdoba por definición, se anida una venenosa serpiente cuya cabeza pido a Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo”. La respuesta de los trabajdores encabezados por Luz y Fuerza dirigida por Agustín Tosco y el clasismo del SITRAC-SITRAM.

    Estos últimos, ocuparan la localidad de Ferreyra y alredderor de 550 manzanas de la Ciudad de Córdoba, mientras las fuerzas represivas se concentran en el centro de la ciudad, obligando a la renuncia de Uriburu y poniendo fin a los sueños de perpetuación de Levingston quien renuncia el 23 de marzo por un golpe orquestado por la Junta de Comandantes.

    Levingston que fue además durante años jefe de la Inteligencia militar, murió en una cama del Hospital Militar de Palermo, sin haber sido juzgado jamás por los crímenes de la dictadura de la Revolución Argentina, como un orgulloso militar golpista y furibundo anticomunista.

    En una entrevista del 2005 del diario La Nación el fallecido ex dictador aclaraba que en los golpes las FF.AA. nunca estuvieron solas y que contaban con el apoyo de los partidos civiles de la burguesía, desnudando la continuidad entre dictadura militar y democracia burguesa como formas alternativas de dominio de la burguesía argentina: “Los golpes militares han sido siempre realizados con sectores políticos de la oposición que buscaban una alianza. Nunca han sido golpes militares químicamente puros. Lo que pasa es que a lo largo del tiempo los supuestos demócratas tienen la costumbre de querer responsabilizarnos”.

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