La Cruz comunista y el Papa populista


Muchos se preguntan como un Papa como Jorge Bergoglio, hombre de la derecha peronista y colaborador de los genocidas, puede ser quien conduzca un giro de la política vaticana hacia el acompañamiento de gobiernos populistas o progresistas de América Latina, hacia el apoyo diplomático a los Castro para abrir las negociaciones con EEUU o incluso pueda abandonar su anticomunismo visceral para recibir como regalo una cruz comunista.

La respuesta radica en el retroceso social de la Iglesia y la necesidad de recuperar terreno perdido sobre todo en América Latina apoyándose como siempre en aparatos de estado quienes a su vez están dispuestos a dar cabida al líder de los católicos a cambio de la “legitimidad” de contar con el apoyo papal. Si los gobiernos progresistas y populistas aparecieron en su momento como el desvió de una situación de rebeliones populares contra el neoliberalismo, la asistencia del Papa les promete una fuerza de contención extra e históricamente efectiva frente las amenazas de quiebre en el tejido social. El máximo ejemplo de esta orientación es el papel de Francisco como mediador entre Cuba y la Casa Blanca, como doble agente de los intereses de la restauración del capital y de contención a cualquier oposición social a la orientación castrista.

En este contexto, la cruz comunista que Evo Morales obsequio a Francisco, tallada por el sacerdote jesuita español Luis Espinal Camps, que fue asesinado por paramilitares en La Paz en 1980, muestra más una capitulación de los gobiernos populistas y progresistas que un abandono del antiocomunismo visceral que profesan Bergoglio y las jerarquías católicas. Mientras estos últimos pueden utilizar la ofrenda como una cubierta para su utilización conservadora y reaccionaria de algunos postulados del catolicismo progresista; para los gobiernos como el de Evo, expresa su capitulación a ser una fuerza laica y democratizadora en defensa del interés popular, para ser correa de transmisión de los intereses de la Iglesia Católica y de los particulares que siempre han estado al servicio de capitalistas y terratenientes. Es un abandono de la izquierda embarcada en administrar el estado burgués del ateísmo como condición del pensamiento libre y la renuncia a denunciar los crímenes del cristanismo y el oscurantismo religioso. Amén que un regalo del “cielo” para un Papa que fue colaborador del mayor genocidio de la historia argentina. Ciertamente Bergoglio pidió perdón por los abusos católicos contra los pueblos originarios de hace 500 años en el marco de un Estado pluricultural y un gobierno que se reivindica como burgués indigenista. Es como si se hubieran estrechado la mano los descendientes de Tupac Amaru y Torquemada.

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