El PST en la mira de las Tres A. Un debate con la política del “Frente democrático” (Ruth Werner y Facundo Aguirre)


El PST fue una de las primeras organizaciones de izquierda atacada por las bandas criminales de la ultraderecha. A lo largo de 1974 la Triple A atentó contra los locales de esta organización en varios puntos del Gran Buenos Aires, como Beccar, Morón y La Plata, así como en Mendoza, Córdoba, Tucumán y Rosario. El 7 de mayo de ese año, fue asesinado, a manos de una patota de la UOM de Vicente López, Inocencio Fernández, militante del PST y subdelegado de la Fundición Cormasa. Un segundo golpe ocurrirá en Gral. Pacheco, el 29 de mayo. Quince matones de la Triple A tirotearon el local del PST y secuestraron a seis militantes, asesinando posteriormente a tres. Eran Oscar Dalmacio Meza, delegado de ASTARSA, Mario Zidda, dirigente estudiantil de la Escuela Nacional de Educación Técnica, y Antonio Moses, obrero de Wobron. Estos asesinatos fueron bautizados como “la masacre de Pacheco”. El atentado al local de un partido legal, constituía un salto en el ataque fascista y logró repercusión en los medios nacionales. El velatorio se transformó en un gran acto de repudio a las bandas de ultraderecha donde participaron numerosas corrientes políticas. Allí, el dirigente del PST, Nahuel Moreno, planteó que a los golpes de la ultraderecha había que oponer, “las brigadas o piquetes antifascistas, obreros y populares” [1]. Apelaba a la táctica clásica del marxismo en el combate contra los grupos de choque fascistas. Sin embargo, esta posición no será sostenida en el tiempo y la orientación central para oponerse a la Triple A será la del apoyo a la iniciativa de la UCR y el Partido Comunista de peticionar el fin de la violencia ante Perón a través del Grupo de los 8 [2].

Presentamos la primera parte de un artículo donde nos centraremos en criticar la política de acuerdos del PST con el Grupo de los 8 ante la Triple A.

El PST y el Grupo de los 8

El acercamiento del PST al Grupo de los 8 remite a la solicitada frente al golpe policial cordobés conocido como Navarrazo firmada por la Unión Cívica Radical, el Partido Comunista, el Partido Intransigente, el Partido Revolucionario Cristiano, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista Popular, la Unión Del Pueblo Adelante, (UDELPA), la UDELPA Liberación Nacional y el propio PST, que más tarde retirará su firma producto del debate interno. La solicitada, publicada el 22 de marzo de 1974, repudiaba el golpe policial manifestando “no ahorrar actitudes y esfuerzos para mantener y consolidar el proceso de institucionalización del país, en el régimen de la democracia y en la práctica de la convivencia y el diálogo constructivo (…)” [3].

En el Navarrazo las bandas de la derecha peronista y la policía destituyen al gobernador cordobés, Ricardo Obregón Cano, afín a la Tendencia del peronismo, con una asonada que incluyó el ataque a los sindicatos combativos como Luz y Fuerza y SMATA. El golpe fue avalado por Perón y tenía por fin echar a un gobernador legítimamente electo para avanzar en liquidar las posiciones de la izquierda en los sindicatos. Ante estos objetivos la declaración de los 8 era una capitulación que indultaba al gobierno peronista.

El tercer gobierno de Perón, más allá de un funcionamiento formal de las instituciones del régimen democrático burgués, tenía un marcado signo bonapartista represivo. El bonapartismo sui géneris del primer peronismo, que ofrecía una tibia resistencia al imperialismo, dio paso en 1973 a un intento de arbitrar entre las clases con la política del Pacto Social diseñada por su ministro de Economía José Ber Gelbard. Pero el éxito del pacto dependía, en gran medida, de poner fin a la actividad insurgente de la clase obrera. Perón debía lidiar con el proceso iniciado en el Cordobazo y se proponía negociar la posición de la raquítica burguesía nacional frente al imperialismo, derrotando, como moneda de cambio, a la vanguardia de los trabajadores y la juventud. Se basaba en el apoyo masivo de la clase obrera, en una mayoría parlamentaria, en el alineamiento del peronismo con su figura, incluida su ala izquierda, pero fundamentalmente, en la decisión de la burocracia sindical de imponer el orden fabril con el matonaje y en el accionar de las bandas de ultraderecha.

El Grupo de los 8 silenciaba que el Navarrazo y la seguidilla destituyente contra los gobernadores afines a la Tendencia eran promovidos por el propio Perón, que violaba la legalidad democrática para ajustar cuentas con la vanguardia obrera y la oposición interna del peronismo. El mismo Perón, al que el Grupo de los 8 le pedía que ponga fin a la violencia política, había echado por televisión a los diputados de la Tendencia que se oponían a la votación de un nuevo Código Penal más represivo. A ese gobierno la declaración le solicitaba que se sumara a la defensa de la “institucionalidad democrática”.

Ante el debate interno generado por la adhesión a la solicitada y la participación junto al grupo de los 8 en las reuniones con Perón [4], la dirección del PST explicó que Juan Carlos Coral, figura pública del partido, fue al encuentro a hacer “Cinco planteos socialistas al gobierno de Perón”. Estos eran: “1) Parar la mano a la escalada represiva, 2) Parar la mano a la burocracia sindical, 3) Parar la mano a la ley de prescindibilidad, 4) Parar la mano a la explotación y la burla salarial, 5) Parar la mano al imperialismo” [5]. Estos puntos entran en la lógica de exigir a Perón el fin de la escalada represiva que él encabezaba. Pero además la solicitada, que se anclaba en la defensa de la institucionalidad burguesa, poco tenía que ver con los planteos declarados. En un documento posterior, Nahuel Moreno explicará que:

El significado profundo de “los 9” y de sus entrevistas es el de un acuerdo contra los grupos fascistizantes, contra todo intento de golpe de Estado (…) es un acuerdo con partidos burgueses que están en contra que se rompa el estatus quo; están tan en contra de una situación prerrevolucionaria como de una contrarrevolucionaria [6].

Para el PST el Grupo de los 8 o 9 (si se agrega al mismo PST) expresa la existencia de grietas en las alturas que hay que aprovechar para impulsar la unidad de las “fuerzas democráticas”. En su periódico sostenían que “(los acuerdos) giran esencialmente alrededor de dos puntos: defensa de las libertades democráticas (…) amenazadas por los grupos fascistas, y repudio a estos grupos terroristas de derecha” [7]. El PST justificó el acuerdo con la UCR y el PC como un rodeo para que surgieran brigadas de autodefensa. En sus palabras, se trataba de:

…presionar a todos los partidos que repudiaban a todos los grupos de derecha para realizar un acto conjunto. (…) Si logramos imponer la realización, no de uno, sino de una seguidilla de actos (…) nos acercaremos automáticamente a la lucha común en las calles. Cada acto plantea, (…) la necesidad de defenderlo. Esta defensa, inevitablemente, debe surgir de un acuerdo entre los distintos partidos que participen. Si esos acuerdos, por la propia dinámica de los actos, tienden a repetirse con frecuencia, la formación de brigadas antifascistas, comenzará a imponerse como necesidad ineludible de la actividad que planteamos. Ese es el nudo de nuestra estrategia actual frente al peligro fascista y el eje permanente de nuestra política dentro de los 9 [8].

La unidad de acción al decir de León Trotsky es válida “hasta con el diablo y su abuela” [9] y responde al objetivo práctico de desarrollar la movilización, y en el caso de la lucha contra el fascismo, de organizar la autodefensa. El grupo de los 8 no tenía por objeto combatir al fascismo en las calles sino pedirle a un gobierno bonapartista que le ponga freno. No buscaba desarrollar actos y movilizaciones sino fortalecer las instituciones democráticas que eran impotentes para frenar la ofensiva de las bandas fascistas. La lucha contra el gobierno no era el objetivo de la UCR y el PC. El PC había votado la fórmula Perón-Perón y el ministro de Economía José Ber Gelbard era un afiliado secreto del PC. Por su parte la UCR promovía una política afín a la “unidad nacional” impulsada por Perón. En todo caso denunciaba los “excesos” de la Triple A, que no es lo mismo que denunciar al gobierno de la Triple A.

¿Qué hacer ante el Navarrazo?

En febrero de 1974 el Navarrazo buscó sentar las bases de una política que incluía las armas de la guerra civil para dar una dura derrota a la vanguardia en Córdoba y a nivel nacional. Gran parte de la izquierda lo consideró un “anti-Cordobazo”. Una importante cantidad de sindicatos y comisiones internas habían sido sustraídas al control de la burocracia peronista y buena parte de la clase obrera cordobesa, desde Luz y Fuerza, el SMATA, el sindicato de Perkins, el de Prensa, el gremio docente y la UTA, estaban dirigidos o contaban con peso de las corrientes de izquierda, el reformismo de Tosco, el PCR, el peronismo combativo y Montoneros, el PRT-ERP y en menor medida el trotskismo.

La declaración del Grupo de los 8 desnuda la debilidad política del PST que se ubica en el terreno de la defensa de la continuidad constitucional y no en el de la preparación del combate de las organizaciones obreras. Para el trotskismo, la defensa de las libertades democráticas tiene como fin defender a las organizaciones del proletariado, entendidas éstas como las instituciones de la democracia obrera en los marcos de la sociedad burguesa. La lucha contra el fascismo y por la defensa de las libertades amenazadas busca organizar alrededor de las demandas democráticas la lucha de clases, a fin de orientarla contra el capital y su Estado. Explicando su política de “Frente democrático” el PST sostendrá:

¿Frente único obrero con los sindicatos peronistas, únicas organizaciones de masas que existen? Pero ocurre que todo un ‘sector del fascismo’ se nutre de los sindicatos peronistas que a su vez apoyan al gobierno igual que los obreros. Entonces, ¿frente único con los sindicatos peronistas contra los sindicatos peronistas? [10].

El argumento tiene un punto de razón ya que era correcto señalar que la burocracia sindical peronista integraba las bandas fascistas y por lo tanto era impensable un frente único obrero nacional que incluyera a los grandes sindicatos de masas. Sin embargo esta realidad no inhibe la política marxista clásica ante el fascismo. Existía una extendida red de organizaciones obreras locales y a nivel de fábricas, además de las corrientes de izquierda amenazadas por la ultraderecha. Estas fuerzas tenían capacidad de coordinar sus acciones y plantearse el frente único de la amplia vanguardia obrera y la izquierda para promover la movilización en defensa de las libertades democráticas y la autodefensa de la clase trabajadora. Si esto no sucedió se debió a un problema de dirección.

En Córdoba la acumulación de fuerzas de la vanguardia y la izquierda pesaba decisivamente en los sindicatos de masas. La política clásica del frente único y la autodefensa obrera de la provincia era realista y tenía múltiples filos. Por un lado permitía oponer a las fuerzas fascistas de la policía, de las bandas de ultraderecha de los sindicatos y del peronismo, una fuerza social poderosa, que había protagonizado grandes combates de clase. La condición para hacerlo era la de enfrentar decididamente al gobierno de Perón, una política que ni Obregón Cano, ni Atilio López, ni Agustín Tosco, ni René Salamanca, ni los Montoneros estaban dispuestos a asumir.

La agitación del frente único en la vanguardia obrera y la izquierda brindaba la posibilidad de oponer al guerrillerismo, cuya línea era formar un aparato militar separado de las masas, una fuerza armada basada en las organizaciones obreras, revalorizando los piquetes como la base de la milicia proletaria [11]. La formación de un frente único de los sindicatos dirigidos por la izquierda y los sectores combativos, la creación de organizaciones comunes de combate, era una alternativa para desarrollar sobre otra base la lucha de clases y un rodeo para convencer a los obreros peronistas de defender activamente sus organizaciones enfrentando al gobierno. El PST denunciaba correctamente el papel desmovilizador del guerrillerismo y las direcciones reformistas pero a su vez se adaptaba al abstencionismo. El argumento de que estas direcciones no querían organizar el frente único obrero antifascista no invalida la crítica al PST por abandonar la agitación de una política para crear organizaciones de combate de la clase obrera. La exigencia pública a las direcciones reformistas permitía no solo desenmascarar su papel sino avanzar en construir fracciones revolucionarias en los sindicatos más combativos del país para concretar, allí donde estuvieran dadas las condiciones, la organización de la autodefensa.

El Plenario convocado por los metalúrgicos de Villa Constitución en abril de 1974, luego del primer Villazo, planteó la posibilidad de coordinar las organizaciones obreras combativas a nivel nacional contra el Pacto Social y las bandas fascistas. En esta ocasión el PST acertó en exigir a las direcciones convocantes (Tosco, Ongaro, Salamanca) la formación de una coordinadora nacional para unir a la vanguardia obrera. El Encuentro fue boicoteado por Montoneros, que se negaba a enfrentar a Perón. El PC, que influenciaba fuertemente (junto al PRT) a Agustín Tosco, boicoteó la posibilidad de que surgiera una coordinadora para no cerrar las puertas al peronismo de izquierda. Las direcciones convocantes cedieron a la presión de no enfrentar al peronismo y desperdiciaron la posibilidad de que surgiera no sólo una alternativa de dirección a la burocracia sindical sino también de poner en pie organizaciones de combate comunes, política que hubiera permitido golpear a las fuerzas de choque del gobierno de Perón así como desenmascararlo.

El Plenario de Villa Constitución no sucede en cualquier momento del período revolucionario de los 70. El triunfo de los metalúrgicos constituía un abierto desafío al Pacto Social. A semanas del Navarrazo, podía haber sido un punto de inflexión al retroceso de la vanguardia cordobesa, a condición de que todos los actores se hubiesen decidido a golpear juntos contra el Pacto Social y las bandas fascistas. La expulsión de los Montoneros y la defensa de la burocracia sindical que hizo Perón el 1° de Mayo de 1974, a diez días del Plenario, muestra la tragedia de la política de la izquierda reformista.

La política del PST confundía la unidad de acción contra el fascismo con el frente democrático con el reformismo y la oposición burguesa que se proponía rescatar a instituciones impotentes. Fue una renuncia al método de la lucha de clases para luchar contra las bandas fascistas.


[1] Extractos del discurso de Nahuel Moreno:” (…) No queremos la unidad de acción para acompañar nuestro cortejo. ¡La queremos para aplastar al fascismo y para hacer el desfile de la victoria! Nosotros consideramos indispensable esa unidad de acción frente a los enemigos fascistas. (…) empecemos a constituir las brigadas o piquetes antifascistas, obreros y populares, que serán la herramienta con la cual abatamos definitivamente a las bandas fascistas en nuestro país”. Avanzada Socialista 106, 4/6/1974.

[2] El grupo de los 8 estaba constituido por la UCR, el PC, el PI, el PRC, el PDP, el PSP, UDELPA y UDELPA Liberación Nacional.

[3] Solicitada del Grupo de los 8 aparecida en diarios de la Ciudad de Buenos Aires.

[4] Además de la discusión interna el PST recibió críticas de la tendencia mayoritaria del Secretariado Unificado de la IV Internacional, del cual era parte, y del grupo Política Obrera.

[5] Avanzada Socialista 99.

[6] “¿Es ya contrarrevolucionario el gobierno?”, Documentos y análisis del Partido Socialista de los Trabajadores de noviembre de 1974 a fines de 1975. El peronismo en su crisis definitiva. Noviembre, 1974.

[7] Avanzada Socialista 104.

[8] “¿Es ya contrarrevolucionario el gobierno?”, Ídem.

[9] León Trotsky, “El frente Único defensivo. Carta a un obrero socialdemócrata”, CEIP León Trotsky.

[10] “¿Es ya contrarrevolucionario el gobierno?”, Ídem.

[11] “Los piquetes de huelga constituyen las células fundamentales del ejército proletario. (…) Por eso, para cada huelga o manifestación callejera, hay que propagar la necesidad de crear grupos obreros de autodefensa”. León Trotsky, El Programa de Transición y la fundación de la IV Internacional (comp.), Buenos Aires, Ediciones IPS, 2008.

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