La guerrilla en los ‘70: elementos para un balance (Ruth Werner, Facundo Aguirre)


En torno al debate sobre los ‘70 el gobierno de Macri lleva a cabo un claro giro a la derecha. Cambiemos se divide en un ala mayoritaria que busca volver a la “teoría de los dos demonios”; y otra, minoritaria pero intensa, negacionista del genocidio, que culpa a la guerrilla de iniciar una “guerra revolucionaria” contra un gobierno democrático. En estas concepciones el desafío revolucionario se reduce a la acción de la guerrilla. Impugnando por derecha su accionar, se busca condenar la movilización revolucionaria de las masas, minimizada en estos “relatos”. Se borra así la centralidad de los grandes acontecimientos protagonizados por los trabajadores, el movimiento estudiantil y popular y la existencia de una amplia vanguardia obrera y juvenil que sobrepasaba a los sectores encuadrados en la guerrilla.

Por el peso que ocupan las organizaciones armadas en el discurso de los divulgadores del PRO y su papel en los ‘70, es necesario volver sobre el balance estratégico de la guerrilla. Lo hacemos con el respeto que nos merecen sus luchadores caídos, a quienes consideramos equivocados en su estrategia política.

El Cordobazo

El 29 de mayo de 1969 la clase obrera acaudillando al movimiento estudiantil y a sectores populares protagoniza el Cordobazo, una acción histórica independiente de las masas.La semi insurrección abre una etapa revolucionaria que solo será cerrada por el golpe genocida y que incluye fenómenos de lucha de clases y violencia de masas: levantamientos en varias provincias (los “azos”), ocupación de fábricas con toma de rehenes, surgimiento del clasismo, de las “ligas agrarias”, tomas de universidades y edificios públicos, “huelgas salvajes” contra el pacto social de Perón, enfrentamientos con las bandas fascistas de las Tres A, la huelga general política de julio de 1975 contra el gobierno de Isabel Perón. Estos sucesos, podríamos decir parafraseando a León Trotsky que son hitos de “la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”1. En este marco, la guerrilla surge como un actor político importante nutriéndose de la radicalización de sectores de la vanguardia obrera y la juventud estudiantil y plebeya, siendo Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo las organizaciones más importantes.

En los ‘70 la intensa lucha de clases dio lugar a variadas manifestaciones de enfrentamientos violentos entre las clases, que tuvo elementos de una “guerra civil” de baja intensidad, pero nunca se llegó a un proceso de guerra civil abierta. La acción de la guerrilla, por su parte, pasó de ser vista como parte de la resistencia a los gobiernos dictatoriales de la “revolución argentina” a un enfrentamiento de aparatos con las fuerzas represivas bajo los gobiernos peronistas. Luego del golpe, aunque siguió operando, fueron víctimas del genocidio, con una asimetría completa de fuerzas respecto del aparato represivo del Estado terrorista. Mientras los guerrilleros no superaban los 5.000, según datos del período 1977-1979, las FF. AA. contaban con 154.262 efectivos militares, de los cuales el Ejército tenía el 62,59 %, la Armada el 25,28 % y la Fuerza Aérea el 12,13 %2. Eso sin contar las fuerzas policiales y las bandas para estatales de la Triple A que se incorporaron al operativo represivo. El discurso de los militares que definen lo acontecido como “guerra sucia” oculta que el terror genocida se desplegó sobre un arco social y político infinitamente más amplio que la guerrilla. El terror del Estado buscó imponer un disciplinamiento social generalizado sobre la clase obrera y las masas populares, a la vez que aniquilar a sus sectores de vanguardia.

Ante la radicalización política y el ascenso generados por el Cordobazo, la clase dominante buscó erradicar la amenaza revolucionaria. La primera carta fue la de apelar al retorno de Juan Domingo Perón, que concitaba gran apoyo del movimiento de masas y poner fin a la proscripción del peronismo. A partir de la negociación del Gran Acuerdo Nacional, se instrumenta una serie de políticas para desviar el proceso revolucionario. Ya en el gobierno Perón montó una política de “contención”, apelando al Pacto Social para controlar al movimiento de masas, mientras iniciaba con las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina) un ataque a la vanguardia obrera y popular y a las organizaciones guerrilleras, incluyendo la izquierda peronista agrupada en la Tendencia Revolucionaria y Montoneros. Con Isabel Perón y López Rega, aun en los límites de una democracia burguesa degradada y restringida, llegaba al poder un régimen bonapartista abierto, que dará rienda suelta a las Tres A. Pese a los golpes a la vanguardia, el movimiento de masas protagonizará en junio-julio de 1975 un proceso huelguístico que jaqueará al gobierno de Isabel. El peronismo había fracasado en derrotar el proceso revolucionario. La burguesía apelará al golpe de Estado y al genocidio.

En este contexto revolucionario, por el rol que jugó el peronismo y su burocracia sindical, la principal tarea de la izquierda era luchar por la organización política independiente de los trabajadores, para desarrollar hasta el final su auto organización y las tendencias insurreccionales que anidaban en el movimiento de masas. No fue esa la orientación de Montoneros y el ERP.

Montoneros

Montoneros irrumpe públicamente el 29/5/1970 con el secuestro del Gral. Pedro Eugenio Aramburu, cabeza de la revolución “fusiladora” de 1955. Desde su origen, la organización empalma con Perón a quien cree convencer de luchar por la “Patria socialista”. Así detallaban su estrategia:

Tenemos clara una doctrina y clara una teoría de la cual extraemos como conclusión una estrategia también clara: el único camino posible para que el pueblo tome el poder para instaurar el socialismo nacional, es la guerra revolucionaria total, nacional y prolongada, que tiene como eje fundamental y motor al peronismo. El método a seguir es la guerra de guerrillas urbana y rural3.

Durante el gobierno del Gral. Lanusse, Perón alentará a Montoneros a quienes llamará sus “formaciones especiales”. Para el líder eran un instrumento de presión in extremis:

La vía de la lucha armada es imprescindible. Cada vez que los muchachos dan un golpe, patean para nuestro lado la mesa de negociaciones y fortalecen la posición de los que buscan una salida electoral limpia y clara (…)4.

Perón negoció una salida política para desviar la insurgencia obrera y popular hacia la vía electoral. Los Montoneros serán la columna vertebral de la campaña de Héctor Cámpora que llevó al peronismo al gobierno en mayo de 1973.

Montoneros era partidario del “socialismo nacional” planteando que la “contradicción principal” en nuestro país era el enfrentamiento entre “nación y el imperialismo”. Proponían un Frente de Liberación Nacional integrado por

…todos los sectores sociales dispuestos a luchar contra el capital extranjero, desde los pequeños propietarios rurales de las ligas agrarias hasta los empresarios nacionales que estén contra los monopolios, hasta los radicales, socialistas, democristianos y comunistas que efectivamente luchen por la liberación5.

El FreJuLi que llevó al poder a Cámpora era su “modelo”. En ese momento compartían el gobierno la derecha peronista, la burocracia sindical, los empresarios de la CGE y subordinada, la izquierda peronista. Su programa económico se rticulaba alrededor del “Pacto Social”, rubricado por la CGT, diversas cámaras empresariales (de la CGE a la UIA y la Sociedad Rural). El 20/6/1973, la masacre de Ezeiza protagonizada por las bandas de José Ignacio Rucci y José López Rega terminó prácticamente con el gobierno de Cámpora y el romance montonero con Perón. La matanza fue avalada de hecho por el General.

Ya con Perón en el gobierno se inician los golpes que destituyen a los gobernadores afines a la Tendencia Revolucionaria del peronismo. En Córdoba, cuando durante el Navarrazo, la policía y las bandas de la burocracia de las 62 Organizaciones atacaban a la vanguardia obrera y popular, Montoneros no impulsará el frente único obrero apelando a los sindicatos combativos para ejercer la defensa del gobierno de Obregón Cano. Tampoco denunciaron el papel de Perón. La respuesta fue profundizar una guerra de “aparatos” contra la derecha peronista. Ya anteriormente el asesinato de Rucci llevó a Perón a lanzar la línea de aniquilar la “infiltración” en el peronismo6. Bajo el gobierno de Isabel, Montoneros desde la clandestinidad retomará abiertamente las armas y los atentados terroristas.

Durante los gobiernos peronistas Montoneros tampoco enfrentó el Pacto Social, llave maestra para poner fin al ascenso revolucionario, junto a las bandas fascistas. En una situación donde pese a estar prohibidas las huelgas, la vanguardia obrera desde las comisiones internas fabriles protagonizaba rebeliones antiburocráticas para defender sus derechos, su política era la de no chocar con Perón. Después de su ruptura con el gobierno de Isabel nunca dejará su referencia al “programa del 11 de marzo de 1973”, el que llevó al gobierno al FreJuLi.

PRT-ERP

El ERP se funda el 30 de julio de 1970 en el V Congreso del PRT donde definieron que

…las FF. AA del régimen solo pueden ser derrotadas oponiéndoles un ejército revolucionario (…) nuestra guerra revolucionaria adquirirá formas guerrilleras, urbanas y rurales, extendida a distintas ciudades y zonas campesinas, sobre la base de cuya ampliación y extensión política y militar será posible pasar a la guerra de movimientos en el campo y a la constitución de importantes unidades estratégicas en las ciudades (…) el otro principio fundamental de la guerra revolucionaria a aplicar por nuestra Fuerza militar es la ejecución de operaciones militares con una línea de masas, es decir, orientadas hacia la movilización de las masas y su participación directa o indirecta en la guerra7.

En la cita puede verse que el rol de las acciones de masas es auxiliar a la guerra de movimientos en el campo y la formación de unidades estratégicas en las ciudades. En otras palabras, la lucha de clases, las acciones revolucionarias de masas se subordinan a la agenda guerrillera.

Con el peronismo en el gobierno, el ERP fue el primero en romper la tregua militar con el copamiento del Comando de Sanidad (septiembre/73) y la toma del cuartel de Azul (enero/74). Perón venía de arañar el 62 % de los votos en la elección presidencial. En respuesta endureció el Código Penal contra los luchadores obreros y expulsó a los diputados de la Juventud Peronista por TV.

Ante el Pacto social y el accionar de las Tres A era vital impulsar el frente único de las organizaciones de lucha así como formar grupos de autodefensa desde las fábricas para enfrentar los ataques fascistas. En esta situación, los partidarios del PRT-ERP se opondrán junto a Agustín Tosco, a constituir una coordinadora nacional de las organizaciones obreras combativas en el plenario de la UOM Villa Constitución en abril del ‘74 para unir fuerzas contra el Pacto Social. También rechazaban las consignas de autodefensa obrera y popular:

La formación de las milicias de autodefensa, (…), es un problema serio, delicado, que exige una política prudente (…). Los espontaneístas, con su irresponsabilidad y ligereza característica gustan plantear sin ton ni son ante cada movilización obrera y popular por pequeña y aislada que sea, la formación inmediata de milicias de autodefensa. (…) sectores proletarios y populares de vanguardia, plenos de combatividad, pueden caer bajo la influencia de esta hermosa consigna y llegar a la formación apresurada de tales milicias (…) Las milicias de autodefensa son parte esencial en el armamento obrero y popular, constituyen sólidos pilares en la edificación de las fuerzas armadas revolucionarias, pero por su amplio carácter de masas sólo pueden surgir de una profunda y total movilización del pueblo en zonas de guerrilla o zonas liberadas8.

En otras palabras no es la revolución quien hace el ejército, sino el ejército quien hace la revolución. Sustituísmo del movimiento de masas.

Como parte de esta concepción el ERP pondrá parte importante de sus esfuerzos en la creación de un foco rural en Tucumán, la Compañía del Monte Ramón Rosa Jiménez. La idea era lograr una zona liberada, enfrentar al ejército, ser reconocido como fuerza beligerante y eventualmente provocar la intervención directa del imperialismo para generar una guerra patriótica contra el enemigo extranjero. El experimento resultará un rotundo fracaso y será prácticamente aniquilado por el Operativo Independencia. Cuando las energías de la dirección del ERP estaban concentradas en Tucumán, la clase obrera protagonizará la huelga general de 1975, la primera contra un gobierno peronista.

ERP y el FAS

EL PRT-ERP promovía, junto a la construcción del partido y el ejército revolucionarios, la creación de una herramienta política amplia,un frente antiimperialista con una orientación frente populista. En esta perspectiva impulsará el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo):

Básicamente un frente es una unión o alianza de clases para concretar el logro de objetivos que son comunes (…) Esto no quiere decir que el FAS sea ya el Frente de Liberación Nacional y Social que nuestro pueblo necesita. Para ello será necesario un largo proceso. Tendrán que concurrir a la constitución definitiva del Frente los compañeros que actualmente militan en el Peronismo de Base, en Montoneros, JP, Partido Comunista, Juventud Radical y otras corrientes populares.

El PRT-ERP concluía que “el Frente de Liberación Nacional y Social, cuyo embrión en nuestra Patria es el FAS, tiene un carácter estratégico y permanente”9. Ante la crisis terminal del gobierno de Isabel en julio de 1975, el PRT avanzará en esta orientación llamando a imponer una salida política común a Montoneros, partidario de reconstruir el FrejuLi y al PC, partidario del cogobierno cívico-militar.

Enfrentamiento de aparatos

Con la muerte de Perón, en julio de 1974, el enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución se agudizó. En medio de una crisis económica sin precedentes el peronismo intentaba mantener a Isabel en el gobierno y el Pacto Social a los tiros contra una aguda lucha de clases que irá creciendo hasta explotar en junio y julio de 1975. El movimiento obrero protagonizará una extraordinaria huelga general política que expulsará del poder a López Rega y al ministro de Economía, Celestino Rodrigo. Será el principio del fin del peronismo como fuerza de contención.

Los Montoneros tenían mucha influencia vía la Juventud Trabajadora Peronista en las coordinadoras interfabriles que reunían a las fábricas combativas y antiburocráticas de la Capital y el conurbano bonaerense. El PRT-ERP influenciaba en menor medida, su peso central era en Córdoba. Sin embargo la intervención de estas corrientes en los sucesos de junio y julio, fue abstencionista en cuanto a la cuestión del poder, negándose a elevar la lucha por las paritarias a un combate por la caída de Isabel y a desarrollar a las coordinadoras como organismos de doble poder.

Posteriormente, Montoneros se lanzó al copamiento de cuarteles como con el asalto al Regimiento de Infantería de Monte 29, en Formosa (5/10/75). El ex dirigente montonero Roberto Perdía explicaba así la decisión: “El golpe de Estado ya tenía fecha. La idea fue la de conformar una fuerza armada y demostrarle al propio Ejército que teníamos condiciones para operar (…)”10. En similar sintonía el ERP, se lanzará al asalto del Batallón Depósito de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo, en diciembre de 1975. Una aventura que será un duro golpe para la fuerza de Mario Roberto Santucho.

Pasado y presente

La derecha argentina partidaria tanto del negacionismo como de la versión más reaccionaria de la teoría de los dos demonios, hunde sus raíces en los grupos económicos que se hicieron dominantes durante la dictadura y los partidos políticos que fueron cómplices. En nombre de la “reconciliación nacional” y la democracia burguesa como valor supremo, se falsea la historia. Se condena la violencia guerrillera como excusa para impugnar todo tipo de movilización revolucionaria, se busca borrar el accionar de las clases explotadas de la memoria histórica y naturalizar el poder de la burguesía.

Recrear los debates estratégicos del ultimo gran ensayo revolucionario de la clase trabajadora, tiene por fin reconstruir la conciencia de clase de las nuevas generaciones para que la lucha no empiece de cero. Se trata también de recuperar para el pensamiento y acción de las masas explotadas el derecho sagrado a la insurrección contra sus opresores. Nuestra crítica a la guerrilla no está realizada desde una perspectiva pacifista sino partiendo de la premisa que un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo solo podrá ser conquistado con la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y los oprimidos. Para lograr este objetivo es necesaria la construcción de un gran partido revolucionario de la clase trabajadora.

Trotsky, L., prólogo a Historia de la revolución rusa, http://www.marxists.org, 1932.
Centro de Estudios Nueva Mayoría, “Evolución de los efectivos de las FF. AA. (1858-1997)”, Cuaderno 262, Buenos Aires, 1997.
Ver “Montoneros. Documentos internos, resoluciones, comunicados y partes de guerra”, http://www.elortiba.org.
Citado en Pigna, F., “La política en los .70”, http://www.elhistoriador.com.ar.
Bascheti, R., Documentos de la resistencia peronista.1973/1976, Buenos Aires, De la Campana, 1997.
Documento Reservado del Consejo Superior Peronista, 1/10/1973, http://www.elortiba.org.
Citado en Carreras, J., capítulo 7 de Movimientos revolucionarios armados en la Argentina. De los uturuncos y el FRIP a Montoneros y el ERP, 2001, http://www.elortiba.org.
Santucho, M.R., Poder burgués y poder revolucionario, http://www.marxists.org, 1974.
PRT, “Perspectivas del Frente de Liberación”, http://www.archivochile.com, enero, 1974.
Ragendorfer, R., “Perón quiso prepararnos para tomar el poder. Entrevista a R. Perdía”, Tiempo Argentino, 5/5/2013.

Illan Pape: Trump, Israel y el fin de la doctrina de los dos Estados


Reproduzco entrevista del diario Clarín al historiador israelí Illan Pappe. Más allá de sus ilusiones sobre una izquierda burguesa y reformista, señala muy bien el motivo del crecimiento del nacionalismo ultrarreaccionario y advierte sobre los peligros para el pueblo palestino de la nueva doctrina Trump hacia Medio Oriente.  
Ilan Pappe: "El Brexit,como Trump, es consecuencia de los males de la globalización"

 

Ilan Pappe es uno de los historiadores israelíes más críticos del presente de su país y de las acciones en los territorios palestinos. Es además un observador necesario de la realidad mundial. Socialsita tenaz, todo ese panorama se combina en su reflexión. Hace años que decidió un exilio voluntario en Gran Bretaña, donde trabaja como profesor de historia en la Universidad de Exeter.

Son contadas las ocasiones en que este hombre criticado internamente por los gobiernos israelíes, pero aclamado fuera de sus fronteras, viaja a su ciudad natal, Haifa, una de las pocas urbes israelíes donde conviven de forma relativamente pacífica árabes y judíos. En este entorno de convivencia creció el autor de su polémico “La limpieza étnica de Palestina”, una obra ingente con la que Pappe quiso demostrar que la mayoría de los palestinos que abandonaron sus propiedades fueron expulsados por la fuerza y no se marcharon voluntariamente, tal y como recogió durante décadas el relato fundacional del Estado de Israel.

Pappe está preocupado por el destino de la crisis de Oriente Medio debido a la llegada al poder estadounidense de Donald Trump. Esta nueva presencia internacional puede generar un mayor desequilibrio en la región a raíz de sus propuestas que entusiasman a los halcones de la coalición gobernante en Israel. El historiador acaba de estar en Haifa impartiendo su última conferencia: “La izquierda, Israel, Palestina y el Mundo Árabe en 2017”, después de la cual habla con Clarín.

Usted vive en el Reino Unido, que aún sigue siendo miembro de la UE. ¿Cuál es su opinión con respecto a la unidad de Europa si el propio embajador de Trump dice que el nacionalismo destruirá la unidad europea en cuestión de meses?

Creo que hay varias definiciones modernas de nacionalismo, las cuales pueden ser disociadas de la realidad de la economía neoliberal en la que vivimos. El nacionalismo del tipo Trump, (la ultraderechista francesa Marine) Le Pen o (la alianza ultranacionalsita británica) UKIP, prospera cuando el sistema económico arrasa no sólo con la clase obrera, sino también con la clase media-baja. Así que el problema, a mi juicio, es mucho menos ideológico que el hecho de que la gente quiera una Gran Bretaña “independiente” o una América aislacionista. Lo que no quieren es ser dejados atrás económica y socialmente.

¿Ahí es donde radica el problema?

Es en el declive de la socialdemocracia que tiene lugar a partir de la crisis económica y financiera que estalló en 2008, para la que la izquierda no ha encontrado una respuesta. Esto lo aprovechó la derecha para llenar ese vacío con su propia marca de nacionalismo. Ya estuvimos allí antes, en 1930, pero soy optimista. Creo que como sociedad humana aprendimos la lección y esperemos que este dilema extremo que se nos presenta –entre una Europa fragmentada y unos Estados xenófobos– se convierta más adelante en un conjunto de Estados orgullosos que mantengan la unidad como medio para avanzar en la promoción humana y social que aún es posible (por eso en Escocia el deseo de ser independiente va junto con el apoyo de ingreso en la UE).

¿El Brexit es un ejemplo de que Europa, como usted ha mencionado sobre el Holocausto, hace la vista gorda para deshacerse del “problema” de los refugiados?

El Brexit, como Trump, es la consecuencia de los males y deficiencias del sistema de la globalización y capitalización que rige nuestras vidas. Es, ante todo, una voz de protesta de la gente que este nuevo orden económico ha dejado atrás. No es que el Brexit les vaya a ayudar, pero esto lo van a aprender más tarde. El sistema no sabe cómo lidiar con las crisis sociales, y cuando surgen, hay un vacío. La izquierda está desorganizada en muchísimas partes del mundo, y por lo tanto, el vacío lo llenan movimientos políticos xenófobos de extrema derecha que no ofrecen ninguna solución, pero son populares porque culpan a las élites actuales de la inmigración –lo que es algo infundado–, pero apela a la fuerte frustración de la gente y se alimenta de la desinformación sobre el papel de la inmigración y los refugiados en la economía de los Estados.

¿Ese sentimiento de abandono de la gente es el alimento del rechazo a la case política y germen de los nuevos fascismos”?

Como le señalaba, todo se remonta a las lecciones que no aprendimos de la crisis económica de 2008. En vez de buscar en el papel venenoso que bancos, hipotecas y los fondos de inversión juegan en nuestra vida –como mediadores y facilitadores de las poderosas corporaciones multinacionales– se les ayudó para volver sobre sus pasos y jugar el mismo papel negativo que causó que compañías enormes colapsaran y con ella la desaparición de comunidades enteras. El poder principal de tales fuerzas económicas es la deshumanización. Es un poco como matar personas con drones. No ves directamente a tus víctimas hasta que deciden volver con venganza y este es el ascenso hoy de esta derecha en gran parte de Europa.

En América Latina la izquierda democrática ha desaparecido también y ha sido superada por una nueva forma de populismo que está supuestamente inspirado por el socialismo que en casos como los de Venezuela y Argentina, por nombrar solo un par de ejemplos, ha incrementado la crisis social y ha traído una enorme pobreza. ¿A qué le atribuye a este oscurantismo político e ideológico?

La izquierda en América Latina pierde por dos razones, las mismas por las que perdió su poderosa posición en el Oriente Medio de los años 70. La derecha económica e ideológica occidental, liderada por EE.UU., no puede tolerar democracias socialistas exitosas por mucho tiempo. Es malo para los negocios, incluyendo su industria militar y de seguridad. En segundo lugar, el poder te emborracha especialmente si es la gente quien te ha llevado hasta él. El papel de la izquierda es siempre recelar de los líderes carismáticos e intentar en todo lo posible tener un liderazgo colectivo, representativo y auténtico que pueda afrontar el primer reto.

Miembros del ya formado ejecutivo de Donald Trump han propuesto mudar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, modificando una antigua doctrina. El Parlamento local también está preparando una ley para anexionar a Jerusalén territorios como la colonia de Maale Adumim y la llamada área E-1 que lo separa de Cisjordania. ¿Qué otra cosa podemos esperar de estos anuncios?

Es muy difícil de decir. Este hombre es impredecible. Permítame solo señalar lo siguiente: incluso la mitad de lo que él y su gente proponen hacer con respecto a Israel/Palestina ayudará a acabar con la (doctrina internacional para resolver la crisis crónica de Oriente Medio) “solución de los dos Estados” para siempre, crear un estado de Apartheid en Israel y darle lugar a una nueva lucha palestina y a diversas acciones internacionales contra Israel… Así que son malas noticias porque significa más colonización en Israel y en los territorios ocupados, pero la parte buena es que abre el camino para una nueva movilización para crear un Estado democrático en toda Palestina.

En los últimos meses la Autoridad Nacional Palestina ha marcado algunos logros diplomáticos en lo que se llama estrategia de internacionalización del conflicto: la última Cumbre de París o la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando los asentamientos. ¿Cree que esa estrategia va a funcionar a pesar de la llegada de Trump a la Casa Blanca?

Depende de lo que la Autoridad Nacional Palestina quiera hacer. Hay pocoaesperanza de que lidere el movimiento de liberación palestino hacia una nueva era pero aún será capaz de mantener la ley y el orden y ayudar a las luchas locales en Cisjordania. Hacen lo que pueden tanto local como internacionalmente pero hay una necesidad de replantear el proyecto de la liberación de Palestina y adaptarlo a las nuevas realidades sobre el terreno.

Usted dejó Israel en 2007 después de algunos desacuerdos con la Junta de la Universidad de Haifa debido a su apoyo abierto al movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (el movimiento inernacional que llama a no comprar productos fabricados en territorios ocupados palestinos). Sin embargo, sigue regresando a Israel de vez en cuando. ¿Siente que puede expresar sus opiniones aún hoy en su propia casa?

Siempre sienta bien estar en casa, incluso si no puedo trabajar aquí. El activismo no puede hacerse sólo desde el extranjero, así que me alegro de poder ir al terreno. Mis únicas dificultades son que no puedo llegar fácilmente al mundo académico, el sistema educativo o a los medios de comunicación de aquí, pero hay formas alternativas de hacer llegar los mensajes.

Usted es uno de los de los llamados “nuevos historiadores” que re-escribieron de una forma crítica lo que fue el éxodo palestino en 1948 tras el que se creó el Estado de Israel. Sin embargo, pasados unos años, hubo una escisión entre ustedes, girando unos más a la izquierda, como usted o Avi Shlaim, y otros más a la derecha. ¿Qué ocurrió?

Algunas voces críticas en Israel tras el estallido de la segunda Intifada dieron un giro de 180 grados por decirlo así. Sentían que habían ido demasiado lejos criticando a su sociedad, tenían miedo de pagar el precio y de ser llamados “traidores” por lo que decidieron acogerse a la calidez del consenso.

Usted ha dicho: “En el pasado, el antisemitismo consistió en odiar a los judíos por ser judíos”. Ahora desde algunos sectores en Israel se intenta extender esto para decir que cualquier crítica que venga del mundo académico, la prensa o la política sobre lo que se está haciendo también es antisemitismo. ¿Hasta qué punto están teniendo éxito?

Lo suficiente como para intimidar a la élite política, a los medios e incluso a los académicos. Muchos en Israel están del lado de los palestinos pero no se atreven a decirlo en público.

En Israel muchas personas están preocupadas ahora por la manipulación de los medios de comunicación. Ha habido revelaciones de esos manejos. ¿Cuál es su gravedad?

La manipulación de los medios de comunicación a que se refiere no es sobre la ideología o el tratamiento de los palestinos. No hay censura, pero sí auto-censura en cuanto que la mayoría de los periodistas comparten las opiniones y percepciones de los políticos sobre este tema. Hay muy poca predisposición a cuestionar la ideología hegemónica.

Marcelo Benítez: “La existencia del Frente de Liberación Homosexual desmentía que éramos enfermos”


Gran nota. hermosa reconstrucción histórica y política de un luchador y de un movimiento que sento las bases de la lucha por la liberación sexual en Argentina. Me llama la atención que a pesar del papel conservador de la izquierda esta presente en la experiencia y propósitos del FLH. Igual creo que existe una diferencia entre los Montoneros que repudiaron abiertamente al FLH y por ejemplo el PST que prestaba sus locales, pero lo hacia condicionadamente, y aunque abrió las discusiones del feminismo no lo transformo en una actitud política para enfrentar a los prejuicios reaccionarios de la clase obrera. Pero lo que me sale rescatar de esa relación izquierda-FLH es que los militantes del FLH no se concebían solo como militantes de la disidencia sexual sino como parte del proceso político y de lucha de clases que inicio el Cordobazo. El FLH nace de revueltas como Stonwell e insurrecciones populares. Me quede con ganas de saber más como se proceso esa situación en la construcción política y teórica de aquella vanguardia. Queda decir que a pesar de que soy más joven me identifico con Benitez y esa idea de que somos los últimos homosexuales. Basta de buscar ser parte de la sociedad burguesa, busquemos destruirla.

http://www.laizquierdadiario.com/Marcelo-Benitez-La-existencia-del-Frente-de-Liberacion-Homosexual-desmentia-que-eramos-enfermos

Comentario sobre: La imperiosa actualidad de la estrategia


Excelente articulo que historiza, analiza y actualiza los debates sobre la estrategia y la política militar revolucionaria. Me parece interesantisimo el recorrido histórico que marca de los debates militares dentro del marxismo y del salto que pega en manos de Lenin. Pensando en este punto particular, me gustaría acotar que Karl Schmidt no solo reconoce la importancia fundamental de la lectura que hace Lenin de Clausewitz, sino que señala que la respuesta contrarrevolucionaria es apelar a una guerra total contra la revolución donde incluso hay que combatir al partisano con los métodos del partisano, es decir apelando al fascismo y el uso de las fuerzas clandestinas dentro del estado para derrotar a las masas.
Por otra parte el articulo salda cuentas con la concepción foucaltiana de la guerra civil permanente que se basa en el concepto de que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Porque más allá de los mecanismo de la dominación, los mismos tienen una base de clase y una relación de fuerzas determinadas que son la base de la política. Pero me pareció más profunda y lograda la critica a Giorgio Agamben y su teoría del “estado de excepción”. Me parece que toma bien la deshistorización del estado de excepción que hace Agamben autonomizandolo de las situaciones que lo producen, es decir de las condiciones particulares que dan origen a la recurrencia del bonapartismo. Y me parece un acierto porque Agamben historiza profundamente el concepto de estado de excepción y su origen en las medidas excepcionales de la Francia revolucionaria o en el Imperium de Roma, pero lo deshistoriza en su función histórica en las situaciones concretas. También me lleva a una reflexión. Agamben se apoya en su concepción en la definición de Walter Benjamin de que el estado de excepción es la regla. Lo hace precisamente haciendo abstracción de la definición del pensador marxista quien analiza el avance del nazismo, el fascismo y el estalinismo.
Por otro lado, Mao Tse Tung es quien en el campo de la estrategia política plantea la inversión del principio clausetwiziano sobre guerra y política. Y es teoricamente la justificación de las alianzas polícas con el Kuomintang, bajo el supuesto de las necesidades militares de la guerra antijaponesa y posteriormente del bonapartismo estalinista de los partidos ejércitos guerrilleros que sostiene que el poder esta exclusivamente en la punta del fusil, reproduciendo su lógica como forma régimen del Estado surgido de la revolución de 1949.
Considero ésto el aporte fundamental que se complementa con una lapidaria critica a las estrategias de la “nueva izquierda” posibilista y el abandono de la estrategia revolucionaria por parte del pensamiento izquierdista actual.
Felicito a los camaradas por este valioso trabajo que prepara a la nueva generación revolucionaria para resolver el trauma epistemologico sobre la estrategia política y la violencia revolucionaria, que ha producido la ausencia de revoluciones en las ultimas tres décadas.
Adelanto la Introducción del libro “El marxismo del siglo XX y el arte militar”, libro cuyos autores son Matías Maiello y el que suscribe, Emilio Albamonte, que será publicado a principios del 2017 por ediciones IPS.
Prólogo
La imperiosa actualidad de la estrategia
“Aquel que piense que es necesario renunciar a la lucha física, debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne.” (León Trotsky, ¿A dónde va Francia?)
“La victoria de ningún modo es el fruto sazonado de la ‘madurez’ del proletariado. La victoria es una tarea estratégica.” (León Trotsky, Clase, Partido y Dirección)
A principios de la década del 1960, el jurista reaccionario alemán Carl Schmitt, señalaba en su Teoría del Partisano: “Lenin fue un gran conocedor y admirador de Clausewitz. Estudió el libro De la Guerra durante la Primera Guerra Mundial, en el año 1915, de un modo intensivo, extrayendo pasajes en alemán, haciendo notas al margen en ruso con subrayados y signos de admiración que incorporó a su cuaderno de notas, la Tetradka. De este modo, redactó uno de los más extraordinarios documentos de la Historia del mundo y de las ideas.”[1]
Schmitt no es inocente, destaca la relación entre el marxismo y Clausewitz para mostrar el carácter revolucionario del bolchevismo con el objetivo de contraponerle una estrategia conscientemente contrarrevolucionaria. Sin embargo, lo cierto es que la apropiación del pensamiento estratégico será un punto clave para la acción revolucionaria de los bolcheviques y la III Internacional que marcará el curso del siglo XX.
Una afirmación similar pero con el resultado inverso adoptan los teóricos “posmarxistas”, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. En Hegemonía y Estrategia Socialista, destacan la relación entre el marxismo y Clausewitz para impugnar al marxismo revolucionario. “La lucha política –dicen– sigue siendo, finalmente, un juego suma–cero entre las clases. […]. No es exagerado decir que la concepción marxista de la política, de Kautsky a Lenin, reposa sobre un imaginario que depende en gran medida de Clausewitz”[2].
Desde luego, Lenin no fue el primer lector de Clausewitz, ni de los clásicos del pensamiento militar dentro del marxismo, menos aún el primero en sumergirse en el arte de la estrategia y los problemas militares. Tampoco Kautsky y Lenin tenían la misma concepción de estrategia, ni la misma visión de la relación entre lo político y lo militar en el marxismo. Sin embargo, bajo el nombre de Clausewitz, tanto el señalamiento de Schmitt como el de Laclau y Mouffe aluden a un núcleo central del marxismo revolucionario.
Marx y Engels pudieron formarse una amplia visión sobre cuestiones militares. En particular sobre Clausewitz sus primeras lecturas se dan, muy probablemente, en el contexto de las revoluciones de 1848. Pero sus estudios y lecturas van mucho más allá del autor de De la Guerra. Comprenden toda una serie de autores que van desde Maquiavelo hasta Montecuccoli, desde Jomini hasta Chahrmützel, desde Surorov hasta von Hofstetter y Barclay de Tolly, desde Willisen hasta Küntzel y Napier.[3] Engels, por su parte, será especialmente prolífico en este terreno, además de contar con la experiencia personal de los combates militares de 1849 que atravesaron Baden y el Palatinado[4].
A comienzos del siglo XX, dentro de la Segunda Internacional, serán Jean Jaurès y Franz Mehring los primeros en desarrollar obras comprensivas sobre cuestiones militares. El primero con su clásico L’Armée Nouvelle (El Nuevo Ejército) y otros escritos, donde bajo una interpretación en clave de “defensa pasiva” de la obra de Clausewitz, se propone desde una estrategia pacifista combatir el chovinismo, el revanchismo, y el napoleonismo que primaba en las fuerzas armadas francesas de aquel entonces.
En el caso de la obra de Mehring, constituirá una bisagra para la introducción de los temas militares en los debates de la socialdemocracia alemana e internacional. Autor de una amplia obra sobre cuestiones militares compilada en gran parte en los dos volúmenes de Krieg und Politik (Guerra y Política)[5], será uno de los principales introductores de Clausewitz en el marxismo del siglo XX. Así como también de Hans Delbrück, el destacado historiador militar que le fue contemporáneo; sobre el cual volveremos en las páginas de este libro.[6]
A diferencia de Jaurès que se proponía una reforma del ejército francés, Mehring, militante del ala izquierda de la Segunda Internacional, tenía como objetivo sumergirse en el fenómeno de la guerra para desarrollar una comprensión marxista de la misma a partir de las elaboraciones de Engels y de Clausewitz.
Sin embargo, en su amplio abordaje, Mehring no consideró la hipótesis de que la apropiación crítica de la obra de Clausewitz pusiese ser una herramienta para enriquecer el desarrollo de la estrategia revolucionaria en la acción en la lucha de clases. Esta innovación le corresponderá a Lenin en primer lugar, y luego a Trotsky.
Tanto Lenin como Trotsky[7], buscarán en los teóricos militares respuestas a los interrogantes que había dejado planteada la revolución rusa de 1905. El curso hacia la Primera Guerra Mundial no hará más que profundizar aquel interés frente a la renovada proximidad del enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución.
No serán los únicos. Karl Kautsky, como señalan Laclau y Mouffe también participará de aquella apropiación. Pero a diferencia de Lenin y de Trotsky, la estrategia militar era para Kautsky, sobre todo una fuente de metáforas para la política. Como desarrollamos en este volumen, su apropiación de Delbrück y su teoría de las dos estrategias, la “guerra de desgaste” (Ermattungsstrategie) y la “guerra de abatimiento” (Niederwerfungsstrategie), estará al servicio de combatir las críticas de Rosa Luxemburgo a la pérdida del carácter revolucionario de la Socialdemocracia Alemana.[8]
La innovación de Lenin, a partir de sus cuadernos de 1915, consiste en una apropiación crítica de Clausewitz comprensiva de las relaciones entre guerra y política para la estrategia revolucionaria. Esto lo convirtió en el primer intérprete político de De la Guerra, como señala Michael Howard[9], uno de los más prominentes especialistas y traductor de la obra del general prusiano.
Es difícil valorar cabalmente la magnitud de esta innovación para el marxismo. Sus consecuencias fueron amplias y perdurables, en esto tanto Schmitt como Laclau y Mouffe tienen razón. En primer lugar para la conducción de la revolución rusa al triunfo, y luego para desarrollar enormemente el arsenal táctico y estratégico del marxismo revolucionario para enfrentar el desafío de la revolución en las estructuras sociopolíticas mucho más complejas de Occidente.
León Trotsky, retrospectivamente señala al respecto: “La idea de una estrategia revolucionaria se consolidó en los años de posguerra, al principio, indudablemente, gracias a la afluencia de la terminología militar, pero no por puro azar. Antes de la guerra no habíamos hablado más que de la táctica del partido proletario; esta concepción correspondía con exactitud suficiente a los métodos parlamentarios y sindicales predominantes entonces…”[10]
Sobre esta base tuvo lugar uno de los desarrollos más importantes del todo el marxismo del siglo XX. Sin embargo, ni en la historia en general y mucho menos en la historia de las organizaciones revolucionarias se trata de una línea del progreso continuo. Como diría Goethe, para conservar lo que se posee es necesario conquistarlo cada vez de nueva cuenta.
En el camino de recuperar aquel arsenal teórico-práctico para el marxismo revolucionario del siglo XXI nos encontramos ante tres negaciones de la estrategia: una histórica referida a la discontinuidad revolucionaria[11], otra teórica que fundamenta explícitamente el pensamiento “antiestratégico”, y por último, una política que podemos ver en las más recientes experiencias de la lucha de clases. Comenzaremos por la primera.
El devenir de un “trauma epistemológico”
Analizando las consecuencias para el movimiento marxista de la derrota de la Comuna de París en 1871, Robeto Jacoby señalaba que: “Se produjo una especie de trauma epistemológico: no se logró una reestructuración de la teoría de la revolución proletaria en las nuevas condiciones histórico-sociales”[12]. Producto de esta crisis, Jacoby resalta que el problema militar había prácticamente desaparecido de la reflexión hasta los primeros años del siglo XX. Y así fue.
En la actualidad podemos ver puntos de contacto con aquella situación. A ocho años del inicio de la crisis capitalista internacional cruje el andamiaje del orden mundial capitalista que dominó durante los últimos 30 años, quedando simbolizado en la llegada a la presidencia de EE.UU. de Donald Trump. Se suceden toda una serie de nuevos fenómenos políticos -polarización, “neorreformismos” y ascenso de la derecha-, de la lucha de clases -como en Francia en 2016, antes Grecia, en 2011 Medio Oriente y el Norte de África atravesados por la “Primavera Árabe”-, también fenómenos aberrantes como el terrorismo yihadista, en el marco de crecientes tensiones geopolíticas.
Sin embargo, el punto de partida de esta nueva etapa, cuyos contornos comienzan a delinearse, son más de tres décadas sin revoluciones, aunque no exentas de procesos agudos de la lucha de clases (levantamientos, jornadas revolucionarias, etc.), que han marcado el retroceso de la reflexión estratégica. Un efecto similar, aunque sobre la base de fenómenos distintos, al que se dio luego de la Comuna de París de 1871.
Retomando a Jacoby, Pablo Bonavena y Flabián Nievas, traen aquella reflexión sobre el “trauma epistemológico” a la actualidad, haciendo un señalamiento más que pertinente. “El marxismo actual –dicen-, al menos muchas veces, pareciera que se ha vuelto ‘pacifista’. Incluso las organizaciones que abrevan en el leninismo transmiten frecuentemente la misma sensación, sin darse cuenta necesariamente que de esta manera estarían renunciando a las aspiraciones revolucionarias.”[13]
Y agregan, respecto a las causas de este fenómeno: “En los inicios del siglo XXI estamos, en este plano, en una situación análoga a la vivida en aquellos años que siguieron al revés sufrido en la Comuna. El efecto de la derrota de la revolución en el mundo en general y en nuestro país [Argentina] en particular ha erradicado el tema de la agenda marxista.”[14]
Ahora bien, sin duda la derrota del último asenso de la lucha de clases a escala internacional (1968-1981) y la ofensiva capitalista posterior fueron claves, sin embargo el trasfondo es más amplio. En los orígenes del actual “pacifismo”, no solo se encuentran las estrategias de conciliación de clases -de los Partidos Comunistas stalinizados o del “eurocomunismo” posterior- sino también el militarismo de las “estrategias” guerrilleras que bregaron por la construcción de “partidos-ejércitos” en la periferia capitalista.
Esta situación afectó también a las corrientes marxistas referenciadas en Trotsky. La IV Internacional después de la Segunda Guerra Mundial quedó diezmada, entre la persecución del fascismo, el stalinismo y el imperialismo “democrático”. En este marco, se produjo un quiebre en la unidad entre programa y estrategia. El resultado de esta separación fue la adaptación a otras estrategias fortalecidas en la posguerra, la de los Partidos Comunistas europeos, la del nacionalismo burgués, o la guerrilla.
Esta deriva estratégica se profundizó luego de la derrota, y en la actualidad la primacía es del pacifismo y la adaptación a los neorreformismos. Es que a diferencia de la derrota histórica que sufrió el proletariado con la Comuna de París, donde los heroicos comuneros batallaron a muerte contra el ejército francés apoyado por el ejército prusiano, y que sirvió de ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones de revolucionarios, en las últimas tres décadas los trabajadores vieron cómo sus propias organizaciones se les volvían en contra plegándose a la ofensiva neoliberal y a la restauración capitalista en los Estados donde se había expropiado a la burguesía.[15]
Sin duda, para la reconstrucción del marxismo revolucionario en el siglo XXI es necesario, como planteaba Daniel Bensaïd “deshacer la amalgama entre stalinismo y comunismo, liberar a los vivos del peso de los muertos”[16]. Pero no es suficiente, es preciso reestablecer la unidad entre el programa marxista y la estrategia revolucionaria. Solo de esta forma puede recobrar el lugar que le corresponde la relación entre estrategia, marxismo y la cuestión militar.
Este es el objetivo del presente libro. De ahí el abordaje que encontrará el lector sobre la relación entre “posición” y “maniobra”, sobre las tácticas como el “frente único obrero”, el “gobierno obrero”, las complejas relaciones entre defensiva y ofensiva, los desarrollos sobre el “arte de la insurrección” en Oriente y en Occidente, y la subsecuente problemática de las milicias obreras y la política hacía el ejército, así como la experiencia de la propia construcción del Ejército Rojo en la Revolución Rusa, entre muchos otros aspectos.
A su vez, otra parte del presente volumen está dedicada a los problemas de “gran estrategia” o estrategia global, que hacen al desarrollo internacional de la revolución, sin los cuales no puede comprenderse la lucha de estrategias en el siglo XX y la que plantea el siglo XXI. En especial a la teoría-programa de la revolución permanente como puente entre la conquista del poder en Estados particulares y el “fin político” de la lucha por el comunismo a través del desarrollo internacional de la revolución. Un arsenal estratégico que no casualmente se encuentra hoy oculto bajo siete llaves.
Estos son algunos de los temas que abordaremos ligados a los principales procesos revolucionarios del siglo, tanto en “Oriente”, las revoluciones rusas, china, indochina, cubana, como en “Occidente”, muy especialmente en Alemania, pero también Inglaterra, Francia, la revolución española, los procesos en Europa “occidental” a la salida de la segunda posguerra, así como aquellos contra la burocracia stalinista, la llamada “guerra fría”, el ascenso iniciado por el Mayo Francés, y los procesos de finales de los ’80 y principios de los ’90 que concluyeron con la restauración capitalista.
El lector los encontrará articulados en torno a los principales debates que atravesaron al marxismo del siglo XX. Las discusiones entre Kautsky y Rosa Luxemburgo, los desarrollos de Lenin, la gran obra sobre temas militares de Trotsky, abordada conjuntamente con sus desarrollos sobre la revolución en Occidente, así como los de Antonio Gramsci y sus intérpretes actuales. Las principales polémicas entre los marxistas referenciados en Trotsky luego de la Segunda Guerra Mundial como Ernest Mandel, Michel Pablo, Nahuel Moreno, entre otros. Las elaboraciones de Isaac Deutscher y su escuela. Así como también el abordaje de los representantes de otras estrategias, como Mao Tse Tung, Vo Nguyen Giap, o el “Che” Guevara.
Siendo que han pasado tantos años sin revolución, el lector podrá preguntarse si está entonces frente a un libro de historia. Efectivamente hay una historia detrás y es parte de lo que es necesario conocer, pero la respuesta es negativa. Lo que encontrará en estas páginas, es una indagación constante, un contrapunto permanente con los debates y las preguntas que atraviesan hoy al marxismo y a la perspectiva de la revolución obrera y socialista en el siglo XXI.
La guerra sigue siendo un medio para un fin político
Como señalaba Trotsky en polémica con el stalinismo a mediados de la década de 1930: “Aquel que piense que es necesario renunciar a la lucha física, debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne. De acuerdo a la magnífica expresión del teórico militar Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Esta definición también se aplica plenamente a la guerra civil. La lucha física no es sino uno de los ‘otros medios’ de la lucha política.”[17]
Y agregaba: “Es inútil oponer una a la otra, pues es imposible detener voluntariamente la lucha política cuando, por la fuerza de las necesidades internas, se transforma en lucha física. El deber de un partido revolucionario es prever la inevitabilidad de la transformación de la política en conflicto armado declarado y prepararse con todas sus fuerzas para ese momento, como se preparan para él las clases dominantes.”[18]
En este punto nos topamos en la actualidad con la segunda de las negaciones de la estrategia a la que nos queremos referir, que opera en el plano teórico a través de la trivialización de temas como la “guerra civil”, el “estado de excepción”, y más en general de la guerra en sí misma y las cuestiones relacionadas con ella. Su precursor fue Michael Foucault.
Según el filósofo francés, asiduo lector de Clausewitz, era necesario invertir aquella fórmula del general prusiano según la cual la guerra es la continuación de la política por otros medios. Decía Foucault: “Tendríamos, pues, frente a la primera hipótesis -el mecanismo de poder es esencialmente la represión- una segunda hipótesis que sería: el poder es la guerra continuada por otros medios. En este punto invertiríamos la proposición de Clausewitz y diríamos que la política es la guerra continuada por otros medios.”[19]
La inversión foucaultiana, que abordamos en el primer capítulo de este libro, produce una indiferenciación entre la violencia física y moral que borra los conceptos de “guerra” y “paz”. La “paz civil” pasa a ser una simple secuela de la guerra y el ejercicio del poder se identifica con una guerra continua. Paralelamente, el filósofo francés atribuye a la Modernidad el pasaje del apotegma “hacer morir y dejar vivir” al actual “hacer vivir y dejar morir”. Donde el poder moderno reposa en producir y gestionar la vida dando inicio a la era del “biopoder”.
La tesis del biopoder se hace eco del espectacular desarrollo de los mecanismos de control social, que desde su formulación original hasta la actualidad no hicieron más que incrementarse. Sin embargo, tras la omnipresencia de un control uniforme, el planteo de Foucault oculta las asimetrías y las desigualdades sociales, ya sea frente a la enfermedad o frente a la propia vigilancia policial, y por sobre todo, la lógica policial unilateral deja de lado todo antagonismo de clase. Queda borrada toda distinción de las formas de dominación y regímenes políticos bajo la categoría de un totalitarismo todopoderoso.[20]
Este pasaje del poder soberano a la gestión de la vida del biopoder, diríamos que corresponde a la generalización teórica de las condiciones propias de la derrota del ascenso de masas internacional iniciado en 1968. La ausencia de revolución por más de tres décadas, así como la ofensiva neoliberal, fueron terreno fértil para la idea de una “guerra civil permanente” sin guerra civil, es decir, sin oponente. Donde el poder “se ejerce y solo existe en acto”, se trata de “una relación de fuerza en sí mismo”, “es esencialmente lo que reprime”[21].
La consecuencia más importante de estas formulaciones es que, como señalara Perry Anderson: “Una vez hipostasiado como nuevo primer principio […] el poder pierde cualquier determinación histórica: ya no hay detentadores específicos de poder, ni metas específicas a las que sirva su ejercicio.”[22]
La continuación de este derrotero tiene su expresión contemporánea más prolífica en el filósofo italiano Giorgio Agamben. Uno de los ejes de su trabajo gira en torno a la figura de “Estado de excepción”[23], tomando como referencia las elaboraciones de Carl Schmitt, en el cual el soberano está al mismo tiempo, fuera y dentro del ordenamiento jurídico, es el que decide “legalmente” la suspensión del orden legal.
En un sentido similar al que señalábamos con Foucault, podemos decir que Agamben está dando cuenta del fenómeno que atraviesa la política actual, donde se oscurece crecientemente la frontera entre el derecho y el no-derecho, y se legaliza en forma generalizada la arbitrariedad del poder. Tendencias al bonapartismo las denominaríamos en términos marxistas, las cuales a partir de la crisis mundial vemos acrecentarse incluso en los países del centro capitalista.
Sin embargo, también Agamben va más allá, la excepción tiende a transformarse en regla, lo cual pone en cuestión los límites y la estructura del Estado. De ahí que señale que: “La estructura de la excepción […] parece ser […] consustancial con la política occidental”[24]. La consecuencia al igual que en Foucault, es deshistorizar, en este caso el estado de excepción, como una característica permanente de la política occidental opacando sus causas y los objetivos que persigue en la situación determinada.
Esto último de más está decir que es fundamental. Por ejemplo en Francia, el gobierno de Hollande hizo norma del estado de excepción bajo el argumento de combatir al terrorismo. Sin embargo, el país galo no viene siendo solo el epicentro de aberrantes atentados terroristas contra la población civil, sino que en 2016 estuvo atravesado por uno de los mayores procesos de movilización juvenil y obrera desde el Mayo del ’68, y el estado de excepción tiene entre sus principales objetivos disciplinar al movimiento de masas.[25]
A su vez, recientemente el filósofo italiano ha publicado un opúsculo titulado La guerra civil. Para una teoría política de la stasis, como última entrega de su obra Homo Sacer[26]. Dos conferencias que habían sido pronunciadas originalmente en 2001 luego de los atentados del 11S donde arriba a conclusiones categóricas sobre la guerra civil.
“La forma –señala- que la guerra civil ha asumido hoy en la historia mundial es el terrorismo”[27], y agrega: “El terrorismo es la ‘guerra civil mundial’ que inviste de vez en cuando esta o aquella zona del espacio planetario”[28]. Esto vendría a confirmar, para Agamben, el diagnóstico de Foucault de la política moderna como biopolítica, siendo que “el terrorismo mundial es la forma que asume la guerra civil cuando la vida como tal deviene la puesta en juego de la política.”[29]
El concepto de guerra civil mundial tiene larga data, Agamben lo referencia en Schmitt[30] y en Hannah Arendt quién lo formulara en su clásico On Revolution en referencia a la Segunda Guerra Mundial. Ya para aquel entonces, como desarrollamos en el presente libro, se trataba de un concepto problemático que diluía el carácter imperialista de la guerra frente a otras dicotomías como “democracia versus totalitarismo”, con toda la serie de consecuencias estratégicas que se desprenden de ello. Más problemática aún es hoy en Agamben.
En la “guerra civil mundial” de Agamben, como señala Emmanuel Barot, quedan en la oscuridad las guerras actuales que libran los Estados específicos en Medio Oriente y sus objetivos imperialistas, sin las cuales el fenómeno del terrorismo actual, como el Estado Islámico, es incomprensible. Contra aquellas tesis, desde el 2001 cuando el filósofo italiano las pronunció originalmente hasta la actualidad, la implicación de los Estados en este tipo de guerras, no solo por procuración sino en forma directa no ha hecho más que acentuarse. Solo es necesario ver el desarrollo de la guerra en Siria[31], o el derrotero que tuvo la guerra en Ucrania.
La inversión foucaultiana de la fórmula de Clausewitz, el dominio absoluto del “biopoder”, el “estado de excepción” como estructura consustancial de la política occidental, la “guerra civil mundial”, no hacen más que ocultar los objetivos de la dominación y sus detentadores reales, así como el papel del Estado capitalista y los antagonismos de clase en el marco de la actual crisis mundial capitalista.
De esta forma evitan discernir la guerra civil y el conflicto armado en su especificidad. Al teorizar sobre una guerra o una “excepción” indeterminada e identificarlas con la política, terminan oponiéndola a la guerra en toda su dimensión, y así, la continuidad entre política y guerra pierde cualquier significación estratégica.
Se trata de un problema de primer orden para la estrategia revolucionaria, si como señalábamos con Trotsky, es necesario justamente prever la transformación de la política en conflicto armado y prepararse para ese momento como lo hacen las propias clases dominantes.
La negación de la estrategia
Daniel Bensaïd señala en su libro Elogio a la Política Profana cómo luego de la derrota de los procesos que atravesaron Europa a finales de los ’60 (Mayo Francés, Primavera de Praga, etc.) y la primera parte de los ’70 (Revolución Portuguesa) comenzó “un movimiento de retirada y deserción del campo estratégico”[32], encabezado por Foucault y Deleuze.
Foucault proclama que “donde hay poder hay resistencia”[33]. Pero se trata de una idea de resistencia que confirma el repliegue de la cuestión del Estado, que ya no es concebido como el aparato armado especial garante de las relaciones de la dominación capitalista, sino como una relación de poder entre muchas otras. La estrategia, como dice Bensaïd, queda reducida a cero, diluida en una suma de resistencias, sin posibilidad de victoria posible.
Como señala Clausewitz, la defensa absoluta, la pura resistencia, “contradice completamente el concepto de guerra; pues en tal caso, la guerra no sería realizada más que por uno de los bandos”[34]. Y efectivamente en la era del bipoder, para Foucault, el poder pasa a ser “aquello que reprime”. La guerra que se continúa en la política, según su inversión de Clausewitz, es una “guerra” unilateral.
Continuando la zaga del biopoder, Agamben nos presenta el “campo de concentración” como el “paradigma biopolítico de Occidente”[35]. Es un hecho que hoy no solo se trata de la existencia de campos de concentración como el de Guantánamo, sino que vemos la proliferación de aquellos conocidos bajo del eufemismo de “campos de refugiados” que pueblan Europa, donde son detenidos cientos de miles de personas que huyen de la guerra y el hambre. Sin embargo, Agamben avanza hacía la trivialización cuando el “campo de concentración” pasa a ser el emblema de una lógica generalizada de concentración que va desde la seguridad social hasta la arquitectura pasando por las instituciones educativas y deportivas, y que enfrenta el poder soberano a la vida desnuda, sin mediaciones. El poder no tiene frente a él más que la nuda vida.
Este tipo de fatalismo, más o menos resignado convive en la actualidad con teorías que hacen gala de un voluntarismo arbitrario, que podemos ver en autores como Tony Negri o Alain Badiou. Este último bajo la forma del “acontecimiento”, que “abre la posibilidad de lo que desde el estricto punto de vista de la composición de esa situación o de la legalidad de ese mundo, es propiamente imposible”[36]. Se trata de una reacción desde un maoísmo idílico a los acomodamientos sin principios de la “realpolik”. Sobre la base de concebir al comunismo no como un objetivo político sino como una “Idea” con mayúscula a la manera kantiana, rechaza la confrontación real y la prueba de la práctica.[37]
En el caso de Negri, la idea de un “comunismo aquí y ahora” se basa en el embellecimiento de las transformaciones consecuencia del neoliberalismo capaces de ser “constitutiva[s] de sujetos sociales independientes y autónomos”, donde “la contradicción que opone esta nueva subjetividad a la dominación capitalista […] ya no será dialéctica sino alternativa”[38]. Un planteo cuyas raíces más o menos lejanas se remontan al operaismo desarrollado como reacción frente a la burocracia del Partido Comunista Italiano.
En ambos casos se trata de negaciones “voluntaristas” de la estrategia. Sin embargo, tanto la voluntad pura como la potencia, más allá de la teoría se mantienen atrapadas por la realidad de las relaciones de fuerza entre las clases y por las burocracias sindicales, políticas, de los “movimientos”, que no tienen a bien someterse a la hegemonía del “general intellect” o a la “idea reguladora” del comunismo.
Esta realidad, siempre tan prosaica, nos entregó una curiosa fotografía. Tanto el fatalismo de Agamben, como los diferentes voluntarismos de Badiou y Negri, e incluso una parte de la izquierda que se reivindica revolucionaria pero sufre aquel “trauma epistemológico” al que referíamos al principio[39] confluyeron detrás del apoyo electoral al principal fenómeno neoreformista que ha dado la situación hasta el momento: la Coalición de Izquierda Radical griega, más conocida como Syriza.
Esto nos introduce en la tercera negación de la estrategia a la que queríamos referirnos, la más directamente política.
Las situaciones revolucionarias no caen del cielo
Venimos de más de tres décadas sin revoluciones. Más arriba señalábamos algunas de las causas que lo explican. El desarrollo de la crisis capitalista internacional ha cambiado el escenario. Ya se han dado situaciones agudas de la lucha de clases, que son fundamentales para la reflexión estratégica actual. Grecia es un ejemplo, no el único por supuesto. Egipto es otro gran laboratorio, uno más “oriental” que “occidental”, según las categorías políticas de la III Internacional.
En el escenario “oriental” de Egipto, una situación prerrevolucionaria devino en situación contrarrevolucionaria[40]. En el escenario “occidental” de Grecia, los mecanismos de la democracia burguesa resistieron el embate de la crisis y la lucha de clases hasta el momento; claro que con el saldo del hundimiento de los partidos tradicionales y catapultando al gobierno a Syriza.
Ahora bien, las situaciones de crisis profunda que llevan a la lucha de clases no son sinónimo de revolución, y menos que menos de un resultado revolucionario. “Una situación revolucionaria –decía con razón Trotsky- se forma por la acción reciproca de factores objetivos y subjetivos”, y agrega que “no cae del cielo; se forma en la lucha de ciases”.[41] Y en este marco, la actitud de las direcciones del movimiento de masas es el factor subjetivo de primer orden.
El ejemplo griego nos permite ver hoy aquella relación entre factores objetivos y subjetivos de la que habla Trotsky. Pablo Iglesias, principal referente de Podemos, al ser interpelado sobre la transformación de Syriza en un gobierno aplicador de los ajustes de la Unión Europea afirmaba que la formación griega no tuvo otra alternativa que seguir el curso que siguió. Desde luego, al defender a Syriza estaba pensando en el futuro de Podemos en el Estado Español.
“El problema –decía Iglesias- es que todavía se tiene que verificar que alguien desde un estado puede plantear semejante desafío […] si nosotros gobernando vamos a hacer una cosa dura de repente tienes a buena parte del ejército, del aparato de la policía, a todos los medios de comunicación […] tienes a todo contra ti, absolutamente todo. Y un sistema parlamentario, en el que cómo aseguras tú una mayoría absoluta, es muy difícil […] Para empezar habría que haber llegado a un acuerdo con el Partido Socialista.”[42]
Efectivamente aquí se encuentran esbozados sencillamente los dos caminos estratégicos existentes. El primero, el defendido por Iglesias: actuar dentro de los marcos impuestos por la Troika[43] desde un discurso y una “cultura” de izquierda en general. Algo parecido podemos encontrar en el reciente folleto Construir Pueblo[44] de Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, o en Disputar la Democracia[45] del propio Pablo Iglesias. Es decir, el recorrido de Syriza, ya sea con mayores o menores márgenes de maniobra.[46]
El segundo es el de enfrentar a las instituciones de la UE y atacar los intereses capitalistas, que implica prepararse para enfrenta “a buena parte del ejército, la policía, los medios de comunicación”, etc., así como conquistar nuevas formas democráticas de expresión de las mayorías, superiores al parlamentarismo, entre otras cuestiones.
En el primer caso no hay estrategia en el sentido clausewitziano del término, entendida como la utilización de los combates tácticos parciales con el fin de imponer la voluntad al enemigo; o como decía Trotsky, el arte de vencer, de hacerse con el mando. Al contrario, se trata simplemente de administrar lo más benévolamente posible la realización de intereses ajenos, es decir, del capitalismo. Como demostró Grecia, los márgenes permitidos para aquella benevolencia son particularmente estrechos en el marco de la crisis mundial.
El camino de la estrategia no comienza el día del “asalto al Palacio de Invierno”. Tampoco consiste esperar “la crisis final del capitalismo”. El pensamiento mágico no tiene lugar cuando hablamos de relaciones de fuerzas. De ahí el insustituible trabajo de la estrategia, que consiste en la articulación de volúmenes de fuerza para el combate.
En el caso griego podemos ver dos elementos claves donde las direcciones oficiales del movimiento de masas tuvieron un papel negativo fundamental: el Frente Único, es decir, la posibilidad de presentar un frente común de los trabajadores en la acción ante los ataques capitalistas, y la autodefensa necesaria para el desarrollo de la lucha.
El Frente Único defensivo, sin el cual el Frente Único ofensivo y los Soviets son impensables, fue uno de los grandes ausentes durante todo el primer ciclo de lucha de clases que va desde el 2010 hasta 2012, con decenas de huelgas generales, movilizaciones de masas y enfrentamientos con la policía.
Las direcciones sindicales fueron enemigas principales de desarrollar un Frente Único defensivo contra los ataques de los sucesivos gobiernos agentes de la Troika. En el caso de los sectores mayoritarios de la burocracia, con su política de subordinación al PASOK y a otros partidos patronales. Frente a éstos Syriza, sin una influencia significativa en el movimiento obrero, y menos aún una política contrapuesta, no representó ninguna alternativa. En el otro extremo, con una combinación de sectarismo y oportunismo en el caso de la central obrera orientada por el Partido Comunista Griego (PAME) que se negó explícitamente a la unidad en la acción. Cada uno a su manera fue enemigo de que se materialice el frente único necesario para derrotar los planes de austeridad a pesar las más de 30 huelgas generales.
Otro tanto podríamos decir sobre los problemas de la autodefensa. Cómo dice Iglesias, el camino alternativo a la aceptación de los marcos impuestos por la Unión Europea, implica entre otras cosas prepararse para enfrentar a las fuerzas represivas del Estado burgués. Al igual que la mayoría de las cuestiones estratégicas no se resuelven el día de la toma del poder.
Como señala Trotsky, los trabajadores tienen que saber que cuanto más fuerte sea su lucha más fuerte será el contraataque del capital. Según la escala de la lucha y el nivel de enfrentamiento, es la creación de destacamentos obreros de autodefensa, comenzando desde la puesta en pie de piquetes de huelga para una lucha particular hasta la conformación de milicias obreras cuando los enfrentamientos se hacen más agudos.
En el caso griego, la defensa frente los ataques de las bandas neonazis de Aurora Dorada, planteaba en forma embrionaria la cuestión de la organización de la autodefensa. Lo mismo podemos decir de los “piquetes de huelga” en torno a las huelgas generales que se desarrollaron, y sobre todo, si estas hubieran tenido una perspectiva clara de combate, y no de medidas aisladas, lo que hubiera hecho más dura aún la represión.
La “solución” de Syriza a este problema para llegar al gobierno, llevando hasta el final el planteo de Iglesias, fue entregar el control del ejército y la policía a una formación de la derecha nacionalista y xenófoba, ANEL, a través de una coalición parlamentaria y el otorgamiento del ministerio de defensa.
De conjunto, tanto el Frente Único como la autodefensa, eran indispensables para incidir sobre la relación de fuerzas, y por ende para el desarrollo de una situación revolucionaria. De aquí el señalamiento de Trotsky sobre que una situación revolucionaria no surge ex nihilo sino que se construye en la lucha de clases.
La clase obrera y el movimiento de masas en Grecia dieron muestras enormes de combatividad y disposición al combate, muy especialmente entre 2010 y 2012. A pesar de ello, como es evidente, no impuso el Frente Único o desarrolló organismos de autodefensa a pesar de sus direcciones, mostrando que la radicalización que hubo fue ciertamente embrionaria.
Para quién se conforme con este tipo de explicaciones el presente libro carece totalmente de sentido. La discusión puesta exclusivamente en estos términos, por fuera de la acción de las direcciones realmente existentes, de las burocracias políticas y sindicales del movimiento de masas, es la pura negación de la estrategia. Tan ridícula como la pretensión de analizar el resultado de una guerra sin evaluar la estrategia y la táctica de los Estados Mayores.
Como podemos ver en los debates de la III Internacional, desarrollados en el presente libro a partir del contrapunto entre Gramsci y Trotsky, la táctica del Frente Único Obrero parte de la constatación –reiterada constantemente en la historia- del papel central de las burocracias políticas y sindicales –incluidas las reformistas- como garantes de la división del movimiento obrero frente al capital.
De aquí que la constitución del Frente Único, y más aún su desarrollo, es obra de la estrategia. Es decir, depende de la existencia de una organización revolucionaria dispuesta a pelear por él. Es importante aclarar, nuevamente, que no se trata de una proclamación en abstracto, sino de la articulación de determinados volúmenes de fuerza material suficientes para imponerlo, así como para aprovecharlo estratégicamente desarrollando una lucha de tendencias al interior del Frente Único para atraer a sectores de masas hacia una estrategia y un programa revolucionario en base a la experiencia en común.
En el caso griego, sin embargo, solo las direcciones tradicionales, de la burocracia ligada al PASOK o el Partido Comunista, y políticamente Syriza, contaban con fuerzas suficientes para determinar la situación, las cuales utilizaron para boicotear el desarrollo del Frente Único. No hubo una fuerza revolucionaria organizada con peso suficiente en el movimiento obrero para presentar batalla.
Esta configuración resultante, muestra por la negativa el carácter indispensable del trabajo de la estrategia, tanto previamente como durante el proceso, el cual no solo incluyó el desarrollo de los elementos de la lucha de clases que señalábamos antes sino que se plasmó en el masivo pronunciamiento por el No al memorándum de la Troika en 2015.
La miseria de la política sin estrategia
Mucho se ha escrito en torno a Syriza y sus posibilidades de constituir un “gobierno de izquierda” luego de décadas de dominio en Europa de lo que Tariq Ali llamó el “extremo centro”[47] político incluyendo por igual a socialdemócratas y conservadores.
A poco de llegar al gobierno en enero de 2015, el ex-miembro del Comité Central de Syriza y de la ex-Plataforma de Izquierda, Stathis Kouvelakis, sostenía que lo que estábamos viendo era la consecución de la “estrategia de ‘guerra de posiciones’” de Gramsci que, según él, “Nicos Poulantzas y la tradición eurocomunista reformularon como la ‘vía democrática al socialismo’”[48]. A la inversa, tan pronto como en Julio de aquel mismo año se encontraba dando cuenta de “un desenlace completamente desastroso para un experimento político que dio esperanza a millones de personas luchando en Europa como en otras partes del mundo”[49].
Efectivamente, el 6 de julio de 2015, la gran mayoría del pueblo griego votó en un referéndum organizado por Syriza el rechazó a la Troika. En el marco de una campaña de aterrorizamiento internacional protagonizada por todas las fuerzas burguesas, sus gobiernos y sus medios de comunicación, un 61% de los votantes votaron por el NO. Este porcentaje superó el 70% en los principales barrios obreros de la Atenas, y entre los jóvenes rondó el 80%.[50] Mostrando la evolución de la experiencia de las masas con la Troika y sus agentes locales.
La acción de Syriza luego de este pronunciamiento terminó de expresar la bancarrota del neorreformismo. Contra el voto ampliamente mayoritario de la población selló el acuerdo con la Troika. Negándose a atacar la propiedad capitalista, Syriza se convirtió en pocos meses en la administradora “de izquierda” de los planes de austeridad y de un plan privatizaciones sin precedentes, en el marco de una catástrofe social que incluye una tasa de desocupación que ronda el 24%, que asciende en la juventud a más del 46%[51], con un cuarto de la población en la pobreza.
Volviendo a Kouvelakis, y más allá de aquellas consideraciones sobre la “guerra de posición” –un debate que el lector encontrar por demás desarrollado en el libro-, lo cierto es que como representante del ala izquierda de Syriza es expresión de una extendida ilusión de que es posible un carril intermedio entre una estrategia de ruptura decidida con el capitalismo y la gestión –“de izquierda”- de lo existente que veíamos con Iglesias. La misma ilusión que en al interior de Podemos refleja el agrupamiento “Anticapitalistas”.
La explicación de Kouvelakis sobre la evolución de la situación en Grecia y el ascenso de Syriza, es la siguiente: “Los 32 días de huelgas generales, los cientos de miles de personas tomando las calles, no han parado una sola medida de los ‘memorandos’ de austeridad.” Y a renglón seguido agrega: “Un punto de vista político era necesario, esa conciencia fue la que preparó el terreno para el momento de la iniciativa política. Syriza capturó la imaginación de las personas, proporcionando una traducción política que faltaba hasta el momento.”[52]
Es ilustrativo ver cómo concibe el ascenso de Syriza al gobierno como la traducción política de la impotencia en la lucha de clases, que “no ha parado ni una sola medida de austeridad”, y cómo lo hace sin siquiera reparar en ello. Desde esta óptica, a la hora de sacar las conclusiones sobre el fracaso de Syriza, el error fundamental para Kouvelakis fue “pensar que se podría obtener algo negociando con las instituciones europeas en ausencia de un plan b, ausencia cuyas consecuencias están siendo sentidas de manera muy fuerte y devastadora en este momento”[53].
Un “plan b” que no pasaba de la salida del euro acompañada de algunas medidas neokeinesianas sobre la base de una la devaluación monetaria[54], y que buscaba emular “rebotes” económicos como el que se produjo en Argentina bajo el kirchnerismo. Pero Grecia demuestra que el viento en cola que sustentó por una década a los gobiernos “posneoliberales” en América Latina luego de importantes levantamientos de masas, es cosa del pasado en el marco de la crisis mundial.
Para el referente de la ex-Plataforma de Izquierda, la pegunta no es por qué, las más de 30 huelgas generales no lograron nada. Aunque habla de “guerra de posición” en Gramsci, tampoco se pregunta si los trabajadores pudieron presentar un Frente Único defensivo en el combate contra la Troika, ni que hablar de la autodefensa, ya que en este caso defiende explícitamente el acuerdo con ANEL. No se trata de nada de esto, sino de no haber tenido un plan de salida del Euro para negociar más duro con la Troika.
Desde luego Kouvelakis no expresa en este sentido una visión original, sino la de toda una escuela de pensamiento de larga data. “La misión de esta escuela estratégica –decía Trotsky en referencia a otros representantes- consiste en obtener por la maniobra todo lo que solo puede dar la fuerza revolucionaria de la lucha obrera.”[55]
Lo cierto es que el ascenso electoral de Syriza entre 2012 y 2015 fue la traducción de la progresiva impotencia a la que iba llegado la lucha del movimiento de masas, dividido y desgastado por las burocracias sindicales y políticas en decenas y decenas de acciones con un efecto sobre la relación de fuerzas tendencialmente decreciente y finalmente cercano a cero. Esta es la relación precisa si abordamos el problema desde el punto de vista de la estrategia.
En cuanto a la dinámica, es similar a la que Trotsky analizaba para Francia en 1922. “Los Disidentes[56] reformistas –decía- son los agentes del ‘bloque de izquierda’ en la clase obrera. Sus éxitos serán mayores en la medida en que haga menos pie entre los trabajadores la idea y la práctica de un frente único contra la burguesía. Un sector de los obreros, desorientado por la guerra y por la demora de la llegada de la revolución, puede aventurarse a apoyar al ‘bloque de izquierda’ como un mal menor, en la creencia de que no arriesga nada, y por qué no ve otro camino.”[57] Es decir, en situaciones que aún no están marcadas por el enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución, cuanto menor es el desarrollo del frente único contra la burguesía en la lucha de clases, más se fortalecen variantes políticas reformistas de colaboración de clase.
Desde este punto de vista, la dinámica que plantea Kouvelakis, es la inversa a la que podría llevar a un gobierno obrero anticapitalista y antiburgués, ya que la misma depende del más amplio desarrollo del frente único defensivo como base para el pasaje al frente único ofensivo, incluyendo los Soviets o Consejos, como la expresión organizada del Frente Único.
En esta articulación estratégica entre posición y maniobra es en la que se basó la III Internacional para la formulación de la táctica de “gobierno obrero” que tiene como principal característica desarmar a la burguesía y armar al proletariado. En el libro desarrollamos los importantes debates sobre este punto que tuvieron lugar alrededor de la experiencia “occidental” de la revolución alemana de 1923, y que a pesar del escaso estudio posterior, marcaron un punto de inflexión en la reflexión estratégica del marxismo.
El contundente resultado del referéndum contra la austeridad y la Troika constituyó una gran oportunidad perdida para revertir aquella dinámica, para lo cual podría haber cumplido un papel fundamental la táctica de “gobierno obrero”.
Un gobierno obrero en Grecia en 2015, podría haber aprovechado la voluntad que luego expresó el referéndum para imponer medidas de autodefensa fundamentales frente al pasaje a la “acción directa” de los grandes bancos y la Troika mediante la fuga masiva de capitales, que como el propio Kouvelakis señala modificó vertiginosamente la relación de fuerzas[58]. Y sobre esta base implementar el no pago de la deuda externa. Otro tanto podríamos decir respecto al 30% empresas que cerraron y su expropiación bajo control obrero, entre otras medidas.
Desde luego, este tipo de medidas de ruptura con el capitalismo necesariamente implican preparar el combate. El llamado internacional a la más amplia movilización por la anulación de la deuda griega, que no solo Syriza no planteó sino que Podemos desde el Estado Español se pronunció preventivamente en contra[59]. El repudio a la Troika hubiera concitado enorme simpatía en Europa, la que luego se terminó expresando por derecha, por ejemplo, en el Brexit. A su vez, aquel 61% que se expresó por el No al memorándum de la austeridad era la base para la creación de organismos de autoorganización, así como de autodefensa, para poder derrotar la resistencia de los capitalistas y sus fuerzas represivas. Desde luego esto abre a muchos de los problemas estratégicos que desarrollamos en el presente libro: la insurrección, la guerra civil y la extensión internacional de la revolución.
Ahora bien, sin dudas la primera condición para una dinámica de este tipo es la constitución de una fuerza material capaz de influenciar en los acontecimientos y construir una alternativa revolucionaria al neorreformismo, encarnado en Syriza. Sin este objetivo, siguiendo la lógica enunciada por Kouvelakis, la Plataforma de Izquierda que llegó a constituir el 30% de la organización, para mediados de 2015 quedó reducida a su mínima expresión. Pero incluso, quienes de algún modo se lo plantearon, como la Coalición de Izquierda Anticapitalista, Antarsya, principal coalición a la izquierda de Syriza y el PC, carecieron de fuerza material e influencia significativa.
La experiencia griega es una muestra de la necesidad del trabajo de la estrategia para que en los momentos decisivos el resultado no esté definido de antemano producto de la impotencia y/o inexistencia de una alternativa revolucionaria.
La estrategia y el arte de “crear poder”
La disposición a la lucha mostrada por los trabajadores y la juventud griega contrastó con el derrotero de sus direcciones, en primer lugar, la del neorreformismo de Syriza. Podemos se apresta a emular este recorrido en el Estado Español aunque con menor éxito hasta el momento. En ambos casos, la “relación de fuerzas” es transformada en una abstracción de la cual solo se puede dar cuenta. Demuestran más predisposición a alterarla, las derechas como el Frente Nacional en Francia, el UKIP en Gran Bretaña, o el propio Donald Trump en EEUU, entre otros, incluyendo la derecha brasilera que instrumentó un golpe institucional para hacerse del gobierno.
Pero no se trata solo de Syriza o Podemos. Por ejemplo, a finales de 2016, en el marco de la crisis del PT, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) de Brasil con Marcelo Freixo a la cabeza estuvo en la pelea por llegar[60] al gobierno municipal de Río de Janeiro, una de las ciudades más importantes de América Latina, que viene de importantes procesos de luchas docentes, obreras, estudiantiles. ¿Qué hubiera hecho el PSOL de salir victorioso en aquella elección?
Su búsqueda de acuerdos con empresarios, la intención de respetar la Ley de Responsabilidad Fiscal, etc. hacen suponer un camino parecido al de Syriza. Sin embargo, el movimiento que se expresó en la votación de Río, planteaba la posibilidad de un curso alternativo de ruptura con el capitalismo donde la ciudad se transformase en un bastión revolucionario para el resto del país. Desde luego, esta segunda opción nos devuelve a los problemas de estrategia y táctica, a la modificación –y no a la administración- de la relación de fuerzas.
Cuanto más agudos son los procesos de la lucha de clases, más “el desarrollo de las fuerzas -decía Trotsky- no cesa de modificarse rápidamente bajo el impacto de los cambios de la conciencia del proletariado, de tal manera que las capas avanzadas atraen a las más atrasadas, y la clase adquiere confianza en sus propias fuerzas.” Y agregaba: “El principal elemento, vital, de este proceso es el partido, de la misma forma que el elemento principal y vital del partido es su dirección.”[61]
Desde este punto de vista, la experiencia griega, también mostró el rotundo fracaso de las “alas izquierdas” del neorreformismo, que en el caso de Syriza, como decíamos, llegó a representar el 30% de la organización. Según Kouvelakis, la Coalición de la Izquierda Radical griega mostraba un nuevo modelo de partido a seguir, “una organización pluralista, que incluye varios tipos de tradiciones de la izquierda radical, comunistas, trotskistas, maoístas, movimientistas y algunos socialdemócratas de izquierda. Debe ser visto como un proyecto para la recomposición de la izquierda radical.”[62] Pero, lo cierto es que no solo no recompuso a la “izquierda radical” sino que plasmó su rotundo retroceso.
Luego del triunfo del “No” en el referéndum, 15 diputados de la Plataforma de Izquierda votaron a favor del acuerdo con la Troika, bajo el argumento que de lo contrario el gobierno de Tsipras perdería la mayoría. Sus miembros que ocupaban cargos y votaron en contra fueron removidos del gobierno. A pesar de ello y de la represión gubernamental a las protestas contra el acuerdo, la Plataforma de Izquierda continuó en Syriza para romper pocas semanas antes de las elecciones de septiembre de 2015. Su nueva formación Unidad Popular, encabezada por 25 diputados, obtuvo en aquellas elecciones menos del 3% de los votos quedando afuera del parlamento heleno. Toda una postal de su impotencia.
Ahora bien, qué sucedió con los sectores organizados independientemente de Syriza como Antarsya. En una polémica con Stathis Kouvelakis, el dirigente de la corriente internacional referenciada en Socialist Workers Party británico, Alex Callinicos, señalaba: “La última vez que debatimos, Stathis habló de Antarsya, el frente de la izquierda anticapitalista, en el cual participan nuestros compañeros del SWP. Habló de que Antarsya había sido estratégicamente derrotada [en alusión a su falta de influencia en sectores de masas]. Pero para ser honestos ¿qué podemos decir de Syriza hoy? ¿No ha sido estratégicamente derrotada? ¿Qué pasa con la plataforma de izquierda? No creo que la actuación de la plataforma de izquierda […] sea nada de lo que podamos estar orgullosos.”[63]
Evidentemente Callinicos tiene razón en lo que respecta a la Plataforma de Izquierda, sin embargo, no responde al señalamiento de Kouvelakis sobre la debilidad mostrada por Antarsya en el proceso griego[64]. “Aquellos –decía Kouvelakis- que creen en la hipótesis de que ‘los reformistas fracasarán y la vanguardia revolucionaria estará esperando en los flancos para dirigir las masas a la victoria’, están viviendo fuera de la realidad.”[65] Y en esta afirmación hay que reconocer que el representante de la izquierda de Syriza tiene razón.
En este sentido, el presente libro, las problemáticas que aborda, las preguntas que lo motorizan, están ligadas al combate por la construcción de partidos revolucionarios, a nivel nacional e internacional, como parte del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en Argentina y la Fracción Trotskysta – Cuarta Internacional (FT-CI) a nivel internacional. Constituye un intento de sacar lecciones de la historia y de la propia experiencia, tanto de los triunfos como de las derrotas y las frustraciones, en la búsqueda por aprender a articular aquellos “volúmenes de fuerza para el combate” para que, parafraseando a Clausewitz cuando la burguesía eche mano a la espada no terminemos saliéndole al cruce con una ceremonia.
Es lo que intentamos hacer desde la experiencia del PTS como parte del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Argentina[66] -un frente de independencia de clase que sostiene la perspectiva de un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo-. Poner en pie una fuerza material hegemónica a partir de los principales combates y procesos de organización de la clase obrera –así como del movimiento estudiantil y de mujeres- buscando desarrollar fracciones revolucionarias en su interior, mediante la articulación de los diferentes métodos y formas de lucha (la acción parlamentaria y extraparlamentaria, clandestina y abierta, la lucha contra la burocracia, el Frente Único, etc.).
Esto nos lleva a una última consideración de carácter más general, que hace también al sentido del presente libro. Las condiciones subjetivas para el triunfo revolucionario, no se forjan como rayo en el cielo sereno en los momentos decisivos, sino desde los mismos combates cotidianos. En este sentido es útil retomar la formulación de Lawrence Freedman cuando dice que: “la estrategia es el arte político central. Se refiere a lograr más de una situación determinada de lo que ofrecía la relación de fuerzas iniciales. Es el arte de crear poder.”[67]
El marxismo, a diferencia, de planteos como los de Foucault, no invierte la fórmula clausewitziana sobre que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Sin embargo, como desarrollamos en el libro, a diferencia de Clausewitz, su concepto de política, en lo que a las sociedades de clase se refiere, está indisolublemente ligado al concepto de lucha de clases al interior de las fronteras estales, y a su vez tiene un carácter internacional.
Como señala correctamente el filósofo y sociólogo francés Raymond Aron, “En el marxismo de Lenin, el Estado y la ley derivan también de la violencia física más o menos camuflada. Toda paz, en una sociedad de clases, disimula la lucha”[68]. Así es que reserva el concepto de guerra para la violencia física cuando adquiere un papel no solo determinante sino también preponderante. Sin embargo, al interpretar la política en términos de lucha de clases, el enfrentamiento físico también es objeto de análisis en los periodos caracterizados como “de paz”.
Cada lucha seria, ya sea una huelga o conflicto parcial de la lucha de clases, cada enfrentamiento significativo con las burocracias políticas o sindicales, plantea un momento de medición de relación de fuerzas materiales. Del resultado de esos combates, incluso físicos, de la diferencia entre la relación de fuerzas inicial y la posterior, surge el desarrollo de la fuerza propia de un partido revolucionario capaz de encarar los combates futuros.
Por un lado, este proceso, desde luego, comprende triunfos y derrotas, ya que la elección de las condiciones del combate no depende exclusivamente de uno de los actores en conflicto. El trabajo de la estrategia siempre opera sobre las probabilidades, no da garantías de victoria, si así fuera la lucha sería innecesaria. Por otro lado, aquella fuerza propia, no surge de los resultados de los combates en forma automática o espontánea. Como señala el estratega militar norteamericano Edward Luttwak, “la victoria confunde; la derrota educa”[69]. De ahí que parte del trabajo de la estrategia sea el estudio escrupuloso de los combates anteriores, tanto para evitar la “confusión” como efecto de los triunfos, como para extraer las lecciones de las derrotas, cuestión fundamental para los posteriores enfrentamientos.
En estos combates, al contrario de lo que señalan Laclau y Mouffe sobre que la introducción del pensamiento de Clausewitz, no haría más que poner un “límite a la lógica deconstructiva de la hegemonía”, de una hegemonía en abstracto, la importancia de retomar el pensamiento estratégico está directamente relacionada con dar cuenta cabalmente de las fuerzas materiales en las cuales se encarna la hegemonía burguesa al interior de la clase obrera y sus potenciales aliados, y de extraer las consecuencias que se desprenden de ello.
Esto devino cada vez más fundamental desde la segunda mitad del siglo XX que vio el desarrollo sin precedentes de la burocracia política, sindical y de todo tipo en el propio movimiento obrero -así como en los movimientos sociales, de mujeres, estudiantil, etc.-. Lo que se traduce hoy, en el caso de la clase obrera, en que por un lado, nunca en la historia haya estado tan extendida a nivel mundial como en la actualidad y, sin embargo, nunca haya estado tan dividida y fragmentada[70].
La lucha constante contra estas burocracias como garantes de la dominación capitalista es un prerrequisito para la constitución de la clase obrera en clase independiente, y desde luego para la lucha por la hegemonía. Frente a aquellas fuerzas materiales, se trata de “crear poder” también material capaz de encarar los enfrentamientos decisivos.
La victoria es una tarea estratégica
El orden mundial que enmarcó la ofensiva imperialista de las últimas tres décadas, bajo el eufemismo de la “globalización”, se resquebraja paulatinamente al calor de más de un lustro de crisis capitalista internacional. El trabajo de la estrategia para desarrollar aquellas fuerzas materiales no es solo una opción sino una necesidad inmediata.
De su ausencia se desprenden consecuencias cada vez más significativas. En Grecia se demostró como la combatividad del movimiento obrero y popular puede ser dilapidada en manos del neorreformismo. Acontecimientos posteriores como triunfo del Brexit con el xenófobo UKIP como principal vocero, o el ascenso de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. mostraron como ante la ausencia de alternativas independientes la clase obrera termina dividida entre variantes burguesas, con sectores que apoyan a demagogos de derecha, como en las antiguas zonas industriales de la zona del noreste de Inglaterra en el caso del Brexit, o del llamado “Rust Belt” del medio oeste en las presidenciales norteamericanas. Un capítulo aparte merecería el proceso en Egipto, cuyo resultado contrarrevolucionario se encuentra a la vista y tuvo consecuencias sobre la evolución de conjunto de lo que fue la “Primavera Árabe”.
En su momento alertaba Trotsky sobre el peligro de considerar “los grandes combates del proletariado sólo como acontecimientos objetivos, como expresión de la ‘crisis general del capitalismo’ y no como experiencia estratégica del proletariado”[71]. Extraer las lecciones de los procesos que ya se han desarrollado al calor de la crisis son fundamentales para la preparación subjetiva hacía los nuevos enfrentamientos.
La crisis mundial va a seguir dando procesos agudos de la lucha de clases, la cuestión es si esas oportunidades van a abrir paso a la revolución y el socialismo en el siglo XXI o al triunfo de la derecha y eventualmente al fascismo.
Como señalaba Trotsky, en uno de sus escritos tal vez más importantes: “La victoria de ningún modo es el fruto sazonado de la ‘madurez’ del proletariado. La victoria es una tarea estratégica.”[72] Y agregaba: “Si el partido bolchevique hubiera fracasado en esta tarea, no se hubiera podido siquiera hablar del triunfo de la revolución proletaria. Los soviets hubieran sido aplastados por la contrarrevolución y los minúsculos sabios de todos los países hubieran escrito artículos y libros planteando que solo visionarios sin fundamento podrían soñar en Rusia con la dictadura del proletariado, siendo como era, tan pequeño numéricamente y tan inmaduro”[73].
Esta quizá sea una de las principales conclusiones que, a cien años de la Revolución Rusa, nos deja la experiencia del siglo XX para el nuevo siglo que ha comenzado. La misma es el punto de partida del trabajo que el lector tiene en sus manos.
[1] Schmitt, Carl, Teoría del Partisano. Observaciones al Concepto de lo Político, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1966, p. 72.
[2] Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal, Hegemonía y Estrategia Socialista, Bs. As., FCE, 2011, p. 104.
[3] Cfr. Ancona, Clemente, “La influencia de De la Guerra de Clausewitz en el pensamiento marxista de Marx a Lenin”, en AA.VV, Clausewitz en el pensamiento marxista, México, Pasado y Presente, 1979.
[4] Cfr. Claudín, Fernando, Marx, Engels, y la Revolución de 1848, España, Siglo XXI, 1985.
[5] Nos referimos a: Mehring, Franz, Krieg und Politik, Berlin, Verlag des Ministeriums für nat. Verteidigung, 1959-1961.
[6] Especialmente abordado en Mehring, Franz, “Eine Geschichte der Kriegskunst”, Die Neue Zeit Ergänzungsheft Nr. 4, 16 Oktober 1908. Disponible en: sites.google.com/site/sozialistisch… . Cfr. Anderson, Perry, Las Antinomias de Antonio Gramsci, México, Fontamara, 1991.
[7] Cfr. Nelson, H. W., León Trotsky y el Arte de la Insurrección (1905-1917), Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2016.
[8] Cfr. Capítulo 1 del presente libro.
[9] Cfr. Howard, Michael, Clausewitz. A very short introduction, Oxford, Oxford University Press, 2002.
[10] Trotsky, León, Stalin el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin, Bs. As., Ediciones IPS, 2012, p. 131.
[11] Sobre continuidad y discontinuidad revolucionaria, cfr. Albamonte, Emilio, y Maiello, Matías, “En los Límites de la Restauración Burguesa”, en Estrategia Internacional n° 27, febrero 2011.
[12] Jacoby, Roberto, El Cielo por Asalto, p. 27. Editado por la Cátedra “Sociología de la Guerra” (UBA). Disponible en: https://sites.google.com/site/socio…
[13] Bonavena, Pablo, y Nievas, Flabián, La guerra y la revolución. Reflexiones en torno a la conformación de una agenda teórica marxista. VII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales UBA, Bs. As., 2007.
[14] Ídem.
[15] No solo las diferentes burocracias stalinistas o maoístas se pusieron a la cabeza de la restauración en los Estados donde se había expropiado a la burguesía y se transformaron ellas mismas en parte de las nuevas burguesías, sino que fueron, en muchos casos, las implementadoras de los planes del FMI. En los Estados capitalistas, la socialdemocracia, que a partir del estallido de la Primera Guerra Mundial había demostrado en repetidas oportunidades su carácter políticamente contrarrevolucionario, pero había mantenido un papel reformista en lo social, se transformó en agente directo de la ofensiva capitalista como implementadora de las contrarreformas neoliberales. Los Partidos Comunistas siguieron un curso parecido, siendo parte en varias oportunidades de gobiernos “social liberales” en alianza con los PS.
[16] Bensaïd, Daniel, Trotskismos, Madrid, El Viejo Topo, 2007.
[17] Trotsky, León, ¿A dónde va Francia?, Bs. As., Ediciones IPS, 2013, p. 64.
[18] Ídem.
[19] Foucault, Michel, Defender la Sociedad, Bs.As., FCE, 2001, pp. 28-29.
[20] Cfr. Bensaïd, Daniel, Elogio de la Política Profana, Barcelona, Ediciones Península, 2009, p. 69.
[21] Foucault, Michel, op. cit., p. 28.
[22] Anderson, Perry, Tras las huellas del Materialismo Histórico, México, Siglo XXI, 2004, p.59.
[23] Cfr. Agamben, Giorgio, Estado de Excepción, Bs. As., Adriana Hidalgo editora, 2007.
[24] Agamben, Giorgio, Homo Sacer. El Poder Soberano y la Nuda Vida, España, Pre-Textos, 2006, p. 16.
[25] La extrapolación de Agamben contrasta incluso con sus fuentes, tanto con las elaboraciones de un contrarrevolucionario como Carl Schmitt, como con las de Walter Benjamin en su intento de pensar la revolución. En ambos casos, sus reflexiones sobre el estado excepción se encontraban completamente imbuidas de las características de la etapa que atravesó la primera mitad del siglo XX, signada por la guerra mundial y el enfrentamiento directo entre revolución y contrarrevolución.
[26] En las conferencias desarrolla una genealogía de la noción de “guerra civil” (“stasis” en griego) desde la Antigüedad griega hasta hoy, pasando por Thomas Hobbes, teórico monárquico inglés del siglo XVII. Para una crítica al abordaje de “stasis” de Agamben, cfr. Barot, Emmanuel, “¿Estamos en estado de ‘guerra civil mundial’?”, Ideas de Izquierda nº 21, Julio de 2015.
[27] Agamben, Giorgio, Stasis. La Guerra Civile come Paradigma Politico, Italia, Bollati Boringhieri editore, 2015, p. 31.
[28] Ibídem, p. 32.
[29] Ibídem, p. 31-32.
[30] Schmitt utiliza “guerra civil mundial” en forma específica para señalar el desarrollo de la revolución a partir de la Primera Guerra Mundial: “La verdadera enemistad surgió recién de la guerra misma que comenzó como una guerra convencional entre Estados sujetos al Derecho Internacional Europeo y terminó en la guerra civil mundial de la enemistad clasista revolucionaria” (Schmitt, Carl, Teoría del Partisano. Observaciones al Concepto de lo Político, op. cit., p. 130). Tampoco guarda relación con el planteo de Agamben en la actualidad.
[31] Cfr. Cinatti, Claudia, “El mapa de la guerra civil en Siria”, en Ideas de Izquierda nº 33, Septiembre de 2016.
[32] Bensaïd, Daniel, Elogio de la Política Profana, op. cit., p. 163.
[33] Foucault, Michel, Historia de la Sexualidad, México, Siglo XXI, p.116.
[34] Clausewitz, Carl von, De la Guerra, Tomo III, Bs. As., Círculo Militar, 1969, p. 11.
[35] Agamben, Giorgio, Homo Sacer. El Poder Soberano y la Nuda Vida, op. cit., p. 230.
[36] Badiou, Alain, “La Idea de Comunismo”, en AA.VV., Sobre la Idea del Comunismo, Bs. As., Paidós, 2010, p. 23.
[37] Cfr. Bensaïd, Daniel, Resistencias, p. 119
[38] Lazzarato, Maurizio, y Negri, Antonio, Trabajo Inmaterial. Formas de Vida y Producción de Subjetividad, Rio de Janeiro, DP&A editora, 2001, p. 16 (Disponible en http://www.rebelion.org/docs/121986.pdf). Cfr. Castillo, Christian, Estado, Poder y Comunismo, Bs. As., Imago Mundi, 2003.
[39] Agamben, Negri y Badiou, junto con una parte importante de la intelectualidad de izquierda europea, se pronunciaron en apoyo a Syriza, desde una óptica “europeísta” y exigiendo el respeto a la “soberanía popular” dentro de la Unión Europea, afirmando: “nos batimos junto a los electores y los militantes de SYRIZA: no es por la desaparición de Europa, sino por su refundación”. También sectores de la izquierda trotskista como, por ejemplo, el Partido Obrero de Argentina, llamaron al voto por Syriza en aquel entonces, bajo el llamado a constituir un “gobierno de toda la izquierda” al que estaría dado exigirle que rompa con el imperialismo y la Unión Europea, que tome medidas anticapitalistas e “impulse”, nada más ni nada menos, que la conformación de un “gobierno de trabajadores”. Syriza llegó al poder años después pero claramente no para “refundar Europa” -en ningún sentido-, y menos que menos para abrir el camino a un “gobierno de trabajadores”, sino para aplicar la austeridad de la Troika.
[40] La evolución del proceso en Egipto implicaría un trabajo aparte que excede este prólogo. Sobre el tema: cfr. Cinatti, Claudia, “La ‘primavera árabe’ y el fin de la ilusión democrática (burguesa)”, Ideas de Izquierda N° 3, Septiembre de 2013.
[41] Trotsky, León, ¿A dónde va Francia?, op. cit., pp. 80 y 84.
[42] “Fort Apache – ¿Qué pasa con Grecia?”, 8 de Octubre de 2016, en https://www.youtube.com/watch?v=BpKBKQ8lmpI&t=142s
[43] Alusión a tres instituciones: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
[44] Errejón, Íñigo, y Mouffe, Chantal, Construir Pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia, Barcelona, Icaria, 2015.
[45] Iglesias, Pablo, Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis, Bs. As., Akal, 2015.
[46] Martínez L., Josefina, y Lotito, Diego, “Syriza, Podemos y la ilusión socialdemócrata”, en Ideas de Izquierda n° 17 marzo 2015.
[47] Ali, Tariq, Extremo centro, Madrid, Alianza editorial, 2015.
[48] “Syriza y la estrategia socialista – Exposición de Stathis Kouvelakis”, en http://www.democraciasocialista.org/?p=4393, 25 de febrero de 2015.
[49] “Debate Kouvelakis – Callinicos: Syriza en el poder: ¿hacia dónde va Grecia?”, en http://www.democraciasocialista.org/?p=4792, 11 de julio de 2015.
[50] Maiello, Matías, “Triunfo del NO en el referéndum griego: dos paradojas y una disyuntiva estratégica”, en www.laizquierdadiario.com, 6 de julio de 2015.
[51] Datos para noviembre de 2016 según el servicio nacional de estadísticas griego.
[52] “Syriza y la estrategia socialista – Exposición de Stathis Kouvelakis”, op. cit.
[53] “Debate Kouvelakis – Callinicos: Syriza en el poder: ¿hacia dónde va Grecia?”, op. cit.
[54] Bach, Paula, “Syriza: el fin de la utopía reformista”, en www.laizquierdadiario.com, 19 de julio de 2015.
[55] Trotsky, León, Stalin, el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin, op. cit., p.173.
[56] Refiere a la minoría del Partido Socialista Francés (también llamado SFIO, Sección Francesa de la Internacional Obrera) que en la convención de Tours de 1920 se opone a la mayoría, partidaria de la Internacional Comunista que funda el Partido Comunista Francés. Los “Disidentes” rompen y posteriormente refundarán el Partido Socialista.
[57] Trotsky, León, Los Primeros 5 años de la Internacional Comunista, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2016, p. 424.
[58] Cfr. “Debate Kouvelakis – Callinicos: Syriza en el poder: ¿hacia dónde va Grecia?”, op. cit.
[59] Martínez L., Josefina, “Si Podemos llega al gobierno, no perdonaría la deuda a Grecia”, en www.laizquierdadiario.com , 25 de febrero de 2015.
[60] Obtuvo en el balotaje el 41% de los votos.
[61] Trotsky, León, “Clase, Partido y Dirección”, en Escritos sobre la revolución española [1930-1940], Bs. As., Ediciones IPS, 2014.
[62] “Syriza y la estrategia socialista – Exposición de Stathis Kouvelakis”, en op. cit.
[63] “Debate Kouvelakis – Callinicos: Syriza en el poder: ¿hacia dónde va Grecia?”, op. cit.
[64] La conformación de Unidad Popular, no solo dejó plasmada la impotencia del ala izquierda de Syriza, sino que este fracaso estuvo acompañado por parte de las organizaciones que conformaban Antarsya que dejaron la organización para unirse a la UP. Es decir, no solo la debilidad de Antarsya la hizo incapaz de provocar una división progresiva de Syriza, sino que ella misma se debilitó aún más frente quienes se proponían reeditar un Syriza “de los orígenes”. Nos referimos a las organizaciones: la mayoría de ARAN (Recomposición de Izquierda) que era el tercer grupo más grande que formó parte de ANTARSYA, referenciados teóricamente en Althusser, Poulantzas y Gramsci; y a ARAS (Grupo Anticapitalista de izquierda), grupo más pequeños que tiene sus orígenes en el movimiento estudiantil de la década de 1980, con ideología althusseriana. Ambos terminaron por afiliarse a Unidad Popular mostrando la debilidad de los fundamentos programáticos y estratégicos de Antarsya.
[65] “Syriza y la estrategia socialista – Exposición de Stathis Kouvelakis”, en op. cit.
[66] El FIT, está integrado por tres organizaciones que se reivindican trotskytas, el PTS, el Partido Obrero, e Izquierda Socialista. Se ha consolidado como referencia permanente de un sector de masas durante los últimos 5 años y en un acto en un estadio de futbol a finales de 2016 ha movilizado a más de 20 mil personas. Cfr. Castillo, Christian, “El gobierno de los CEO, el ‘decisionismo’ macrista y los desafíos de la izquierda”, en Estrategia Internacional nº29, Enero de 2016.
[67] Freedman, Lawrence, Strategy. A History, New York, Oxford University Press, 2013, p. xii.
[68] Aron, Raymond, Pensar la Guerra, Clausewitz, Tomo II La Era Planetaria, Bs. As., Instituto de Publicaciones Navales, 1987, p. 48.
[69] Luttwak, Edward, Para Bellum. La Estrategia de la Paz y de la Guerra, Madrid, Siglo XXI, 2005, p. 29.
[70] Albamonte, Emilio, y Maiello, Matías, “En los límites de la Restauración Burguesa”, en op. cit.
[71] Trotsky, León, Stalin, el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin, op. cit., p. 133.
[72] Trotsky, León, “Clase, Partido y Dirección”, en op. cit.
[73] Ídem.

Biopolítica


La convalecencia implica el reposo y el reposo una rutina para no ser absorbido por la enfermedad, por la pasividad del descanso obligado. Me siento bien a excepción de una horrible contractura que toma el brazo izquierdo, el hombro, el omóplato.
Aprovecho para hacer múltiples lecturas que pueden no ser ninguna. Lecturas: Memorias de mundos desaparecidos de Victor Serge, Trotsky y la insurrección de Harold Walter Nelson, El corto verano de la anarquía sobre el lider libertario español Buenaventura Durruti. Planeo terminar 2666 de Roberto Bolaño.
Hoy es mi primera salida posta desde el incidente. Voy a ver muestra de dibujos en un local del partido. Me encuentro con gente que me resulta encantadora y balbuceo al igual que gente a quien me gustaría no tener que cruzar. Bebo un poco de cerveza y charlo como sin brujula y perdido. Hermosa intervención de Karina B. obrera de la alimentación que edito la fuerza de los fuertes compilación de cuentos de Jack London. Me gusta su idea de llenarse de buena literatura y de leer con deleite y una visión critica de una socialista curtida en la experiencia de la lucha de clases. Esa idea de que a quienes nos gusta la lectura reconstruimos la misma en imágenes. Cada tanto, aun en un nivel de subjetividad que pareciera decir que seguimos en retirada, aparecen estas joyitas proletarias que nos devuelven la certeza de que nuestra clase da para más. Le cuento a una camarada que del libro me gusta sobre todo el cuento por un pedazo de carne, a quien yo había leído originalmente bajo el titulo comer un bife y cuyo titulo original seria traducido textualmente por un bistec. Me atrapa ese debate interno del personaje quien necesita de la carne para ganar la pelea y cobrar un dinero que le permita acceder a la comida que la dura realidad le niega. Es una lucha perdida de antemano por la supervivencia pero aún así el protagonista lucha como si no tuviera opciones.
Todos me preguntan como estoy, digo sigo vivo y acá es todo lo que importa. Es mi pequeña victoria.

Giorgio Agamben: Guy Debord y la clandestinidad de la vida privada


1. Resulta curioso cómo en Guy Debord una coincidencia de la insuficiencia de la vida privada estaba acompañada por la más o menos consciente convicción de que existía, en su propia existencia o en la de sus amigos, algo único y ejemplar, que exigía ser recordado y comunicado. Ya en Critique de la séparation Debord evoca, como a algo de cierto modo intransmisible, “esa clandestinidad de la vida privada sobre la cual nunca se poseen más que documentos irrisorios”. Y sin embargo, en sus primeras películas y aún en Panégyrique, no cesan de desfilar los rostros de sus amigos uno tras otro, el de Asger Jorn, el de Maurice Wyckaert, el de Ivan Chtcheglov, y finalmente su propia cara, junto a la de las mujeres que amó. Y no sólo eso, en Panégyrique surgen también las casas que habitó, el nº 28 de la via delle Caldeie en Florencia, la casa de campo en Champot, el Square des missions étrangères en París (en realidad el nº 109 de la rue du Bac, su último domicilio parisiense, en cuya sala una fotografía de 1984 lo retrata sentado en un diván de cuero inglés que parecía gustarle).

Aquí se da una contradicción central, que los situacionistas no conseguirán superar, y, simultáneamente, algo precioso que exige ser retomado y desarrollado: tal vez la oscura e inconfesada consciencia de que el elemento genuinamente político consiste exactamente en esta incomunicable y casi ridícula clandestinidad de la vida privada. Puesto que incluso ésta —la vida clandestina, nuestra forma de vida— es tan íntima y próxima, que si tratamos de capturarla apenas nos deja en las manos la impenetrable y tediosa cotidianidad. Pero sin embargo, tal vez sea esta misma homónima, promiscua y sombría presencia lo que custodia el secreto de la política. La otra cara del arcanum imperii en la que naufraga toda la biografía y toda la revolución. Y Guy, que era tan hábil y perspicaz cuando tenía que analizar y describir las formas alienadas de la existencia en la sociedad espectacular, es entonces así tan franco e impotente cuando intenta comunicar la forma de su vida y cuanto intenta mirar a la cara y hacer estallar la clandestinidad con la que comparte el viaje hasta el último momento.

 

2. In girum imus nocte et consumimur igni (1978) abre con una declaración de guerra contra su tiempo y prosigue con un análisis inexorable de las condiciones de vida que la sociedad mercantil en el estadio supremo de su desenvolvimiento instauró sobre la totalidad del planeta. Inesperadamente, en medio de la película, la descripción detallada y despiadada cesa para dar lugar a una evocación melancólica y casi tenue de las memorias y acontecimientos personales que anticipan la intención declaradamente autobiográfica de Panégyrique. Guy recuerda el París de su juventud, que ya no existe, en cuyas calles y cafés tenía fiesta con sus amigos en la búsqueda obstinada de ese “Grial nefasto, que nadie quiere”. A pesar de que el Grial en cuestión, “fugazmente vislumbrado”, pero nunca “encontrado”, tuviera indiscutiblemente un significado político, ya que los que lo procuraban “estarán en condiciones de comprender la vida falsa a la luz de la verdadera”, el tono de celebración, marcado por citas de Eclesiastés, Omar Jayam, Shakespeare y Bossuet, es, no obstante, indiscutiblemente nostálgico y sombrío: “a la mitad del camino de la verdadera vida, estábamos rodeados de una sombría melancolía, que expresaron muchas palabras tristes y burlonas, en el café de la juventud perdida”. De esta juventud perdida, Guy recuerda el desorden, los amigos y los amores (“cómo no acordarme de los encantadores granujas y las chicas arrogantes con quienes habité en esos barrios bajos”), mientras en la pantalla surgen imágenes de Gil J Wolman, Ghislain de Marbaix, Pinot-Gallizio, Attila Kotanyi y Donald Nicholson-Smith. Pero es al final de la película que el impulso autobiográfico reaparece con más fuerza y la visión de Florencia cuando era libre se entrecruza con las imágenes de la vida privada de Guy y de las mujeres con las que vivió en esa ciudad en la década de los 70. Tras esto se ven pasar rápidamente las casas donde Guy vivió, el Impasse de Clairvaux, la rue St. Jacques, la rue St. Martin, una iglesia en Chianti, Champot y, aunque una vez, los rostros de los amigos, mientras se escuchan las palabras de la canción de Gilles en Les Visiteurs du soir: “Tristes enfants perdus, nous errions dan la nuit…”. Y, pocas secuencias antes del final, los retratos de Guy a los 19, 25, 27, 31, y 45. El nefasto Grial, del que los situacionistas partirán en busca, concierne no sólo la política, sino de cierto modo también a la clandestinidad de la vida privada, de la cual la película no duda en exhibir, aparentemente sin pudor, sus “documentos ridículos”.

 

3. La intención autobiográfica estaba, por lo demás, ya presente en el palíndromo que da nombre a la película. Poco después de invocar su juventud perdida, Guy añade que nada expresa mejor el gasto de ello que esta “antigua frase construida letra por letra como un laberinto sin salida, para recordar perfectamente la forma y el contenido de la perdición: In girum imus nocte et consumimur igni, ‘Damos vueltas por la noche y somos consumidos por el fuego’”.
La frase, definida a veces como el “verso del diablo”, proviene, en realidad, según una indicación en cursiva de Heckscher, de la literatura emblemática, y se refiere a las polillas inexorablemente atraídas por la flama de la vela que las consumirá. Un emblema se compone de una firma —una frase o un lema— y una imagen; en los libros que pude consultar, la imagen de la polilla devorada por el fuego surge frecuentemente, nunca asociada en el libro en cuestión sino a frases que se refieren a pasión amorosa (“así el placer vivo conduce a la muerte”, “así tanto amar lleva a la tempestad”) o, en casos más raros, a imprudencia en la política o en la guerra (“non temere est cuiquam temptanda potentia regis”, “temere ac periculose”). En los Amorum emblemata de Otto van Veen (1608), en el contemplar de las polillas que se precipitan en dirección a la flama de la vela está un amor alado, y la firma dice: brevis et damnosa voluptas.
Es probable, entonces, que Guy, escogiendo el palíndromo como título, se compare a sí mismo y a sus compañeros a las mariposas, que amorosa y temerariamente atraídas por la luz están destinadas a perderse y a consumirse en el fuego. En La ideología alemana —una obra que Guy conocía perfectamente— Marx evoca críticamente la misma imagen: “y es así como las mariposas nocturnas, cuando el sol de lo universal se pone, procuran la luz de la lámpara de lo particular”. Tanto más singular es que, a pesar de esta advertencia, Guy haya continuando siguiendo esta luz, curioseando obstinadamente la flama de la existencia singular y privada.

 

4. A finales de los años noventa, en las mesas de una librería parisiense, el segundo volumen de Panégyrique, que contiene la iconografía, estaba expuesto —por casualidad o por intención irónica del librero— al lado de la autobiografía de Paul Ricœur. Nada es más instructivo de esto que comparar el uso de las imágenes en ambos casos. En cuanto a las fotografías del libro de Ricœur retratan al filósofo exclusivamente en el transcurso de convenios académicos, como si no hubiera tenido otra vida fuera de ellos; las imágenes de Panégyrique pretendían un estatuto de verdad biográfica que observara la existencia del autor en todos sus aspectos. “La ilustración auténtica —advierte la corta promesa— ilumina el discurso verdadero… sabremos finalmente entonces cuál es mi apariencia en diferentes edades; y qué tipo de rostros siempre me rodearon; y qué lugares habité…”. Una vez más, a pesar de la evidente insuficiencia y banalidad de sus documentos, la vida —la vida clandestina— está en primer plano.

 

5. Una noche, en París, Alice, tras decirle que muchos jóvenes en Italia continuaban interesados en los escritos de Guy y que esperaban de él una palabra, respondió: “Existimos, debería serles suficiente”. ¿Que quería decir “existimos”? En esos años vivían aislados y sin teléfono entre París y Champot, de cierto modo con los ojos puestos en el pasado, y su “existencia” estaba, por así decir, totalmente aplastada en la “clandestinidad de la vida privada”.
Sin embargo, incluso un poco antes de su suicidio en noviembre de 1994, el título de su última película preparada para el Canal+: Guy Debord, son art, son temps no parece —a pesar de ese su arte realmente inesperado— del todo irónico en su intención biográfica y, antes de concentrarse con extraordinaria vehemencia en el horror de “su tiempo”, esta especie de testamento espiritual reitera con la misma sinceridad y las mismas viejas fotografías la evocación nostálgica de la vida transcurrida.
¿Qué significa entonces “existimos”? La existencia —este concepto fundamental en la filosofía primera de Occidente— tendrá tal vez constitutivamente que ver con la vida. “Ser —escribe Aristóteles— para los vivos significa vivir”. Y, algunos siglos después, Nietzsche precisa: “ser: no tenemos otra representación que vivir”. Traer a la luz —fuera de cualquier vitalismo— el íntimo cruzamiento de ser y existir: ésta es ciertamente hoy la tarea del pensamiento (y de la política).

 

6. La sociedad del espectáculo abre con la palabra “vida” (“Toda la vida de las sociedades en las que reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculo”) y hasta el último momento los análisis del libro no cesan de poner en causa la vida. El espectáculo, donde “todo lo que era directamente vivido se aleja en una representación”, es definido como una “inversión concreta de la vida”. “En la medida en que la vida del hombre se vuelve su producto, tanto más separado está de su vida”. La vida en las condiciones espectaculares es una “falsa vida”, una “supervivencia” o un “pseudo-uso de la vida”. Contra esta vida alienada y separada, es postulado algo que Guy llama “vida histórica”, que surge tras el Renacimiento como una “ruptura alegre con la eternidad”: “En la vida exuberante de las ciudades italianas… la vida se conoce como un goce del paso del tiempo”. Años antes, en Sur le passage de quelques personnes y en Critique de la séparation, Guy afirma de sí mismo y de sus compañeros, que “querían reinventar todo todos los días, volverse jefes y dueños de su propia vida”, y que sus encuentros eran como “señales provenientes de una vida más intensa, que nunca fue verdaderamente encontrada”.
Lo que fuera esta vida “más intensa”, lo que era arruinado o falsificado en el espectáculo o simplemente lo que debe ser entendido por “vida en la sociedad” no es esclarecido en ningún momento; y sin embargo, sería demasiado fácil censurar al autor de incoherencia e imprecisión terminológica. Guy no hace más que repetir una postura constante en nuestra cultura, en la cual la vida no es nunca definida en cuanto tal, sino que es recurrentemente dividida en Bios y Zoé, vida política cualificada y vida nuda, vida pública y vida privada, vida vegetativa y vida de relación, en un modo en que ninguna de las particiones es determinable sino en su relación con la otra. Y es tal vez en última instancia exactamente lo indecidible de la vida lo que hace que ella sea siempre de nuevo decidida singular y políticamente. Y la indecisión de Guy entre la clandestinidad de su vida privada —que, con el pasar del tiempo, debía parecerle más elusiva e indocumentable— y la vida histórica, entre su vida individual y la época oscura e irrenunciable en la que ella estaba inscrita, traduce una dificultad que, por lo menos en las condiciones presentes, nadie se puede eludir de haber resuelto de una vez por todas. De cualquier modo, el Grial obstinadamente procurado, la vida que inútilmente se consume en la flama, no era reducible a ninguno de los términos opuestos, ni a idiotez de la vida privada ni al incierto prestigio de la vida pública, suprimiendo así la cuestión de la propia posibilidad de distinguirlas.
Iván Illich observó que la noción corriente de vida (no “una vida”, sino “la vida” en general) es percibida como “hecho científico”, sin tener ya ninguna relación con la experiencia de lo viviente singular. La vida es algo anónimo y genérico, que puede designar tanto un espermatozoide, una persona, una abeja, un oso o un embrión. De este “hecho científico”, tan genérico que la ciencia renunció a procurarle una definición, la Iglesia hizo el último receptáculo de lo sagrado, y la bioética el término clave de su impotente absurdidad.
Así como en esa vida se insinuó un residuo sacro, la otra, la clandestina, que Guy seguía, se hizo aún más indescriptible. La tentativa situacionista de restituir la vida a política choca con una dificultad posterior, pero no por eso menos urgente.
¿Qué significa que la vida privada nos acompañe como una vida clandestina? Encima de todo, que está separada de nosotros como está un clandestino, y asimismo que es inseparable de nosotros en el modo en que, como clandestino, comparte subrepticiamente la vida con nosotros. Esta escisión e inseparabilidad definen tenazmente el estatuto de la vida en nuestra cultura. La vida es algo que puede ser dividido — y, no obstante, siempre articulado y reunido en una máquina médica, filosófico-teológica o biopolítica. De este modo ni siquiera es la vida privada lo que nos acompaña como clandestina en nuestro breve o largo viaje, sino la propia vida corpórea y todo lo que tradicionalmente se inscribe en la esfera de la llamada “intimidad”: la nutrición, la digestión, el orinar, el defecar, el sueño, la sexualidad… Y el peso de esta compañera sin rostro es tan fuerte que todos procuramos compartirla con otro — y todavía la extrañeza y la clandestinidad nunca desaparecen y permanecen irresolubles hasta en la más amorosa de las convivencias. La vida aquí es verdaderamente como la zorra robada que el niño esconde bajo sus ropas y ni siquiera puede confesar que le rasga atrozmente la carne.
Es como si cada uno sintiera oscuramente que la propia opacidad de la vida clandestina encierra en sí misma un elemento genuinamente político, y como tal por excelencia compartible — y todavía, si lo intentamos compartir, huye obstinadamente a su prisión y no deja sino un residuo ridículo e incomunicable. El castillo de Silling, en el cual el poder político no tiene otro objeto que la vida vegetativa de los cuerpos, es en este sentido la figura de la verdad y, del mismo modo, el fracaso de la política moderna — que es en realidad una biopolítica. Viene a la mente mudar la vida, llevar la política a lo cotidiano — y sin embargo, en lo cotidiano, lo político no puede sino naufragar.
Pero cuando, como sucede hoy, el eclipse de la política y de la esfera pública no deja subsistir sino lo privado y la vida nuda, la vida clandestina, que se vuelve la única dueña del campo, debe, en cuanto privada, publicitarse e intentar comunicar sus propios ya no risibles (y sin embargo tales) documentos que conducen ahora inmediatamente con ella, con sus jornadas indistintas filmadas en vivo y transmitidas por las pantallas a los otros, una tras otra.
Y, no obstante, apenas el pensamiento fuera capaz de encontrar el elemento político que se esconde en la clandestinidad de la existencia singular, apenas, más allá de la escisión entre público y privado, política y biografía, Zoé y Bios, fuera posible delinear los contornos de una forma de vida y de un uso común de los cuerpos, la política podrá salir de su mutismo y la biografía individual de su idiotez.

París: imperialismo y oscurantismo ¿la guerra civil en Francia?


leyendo para aclarar la mente con respecto al escenario mundial después de los atentados en parís y reconociéndome como un aficionado en el analisís político internacional quisiera tirar algunas ideas sueltas.
Isis es un producto directo de la intervención imperialista en afganistan e irak, desprendimiento de al quaeda creado por la cia para combatir a la urss en afganistan. isis es financiado por arabia saudita y emiratos de la península multimillonarios para combatir a irán y utilizado por eeuu que los bombardea quirurgícamente pero los deja hacer contra Rusia e irán. es responsabilidad de la política imperialista en siria.
isis es el producto más genuino de la contrarrevolución que el imperialismo llevo a cabo para derrotar la primavera árabe.
isis es un peligro oscurantista para las masas oprimidas del mundo más que una política para derrotar al imperialismo a quien lo une su papel de fuerza contrarrevolucionaria.
el problema del imperialismo francés es que isis es un polo de atracción para una porción de los 5 millones de árabes que viven en su territorio y son tratados por el estado de derecho galo como basura. Esta es la base material e ideologica del crecimiento del isis.
el ataque en parís que no fue detectado por su inteligencia muestra que el isis tiene una extendida red europea y suponemos francesa capaz de devolver los golpes a la retaliación imperialista dentro del suelo de la nación europea. Me pregunto si seria exagerado hablar de una guerra civil en Francia que divida a los trabajadores y el pueblo pobre sobre bases religiosas y raciales.
Una política de guerra civil es la declaración del estado de excepción por el palacio del elíseo que liquida los derechos democráticos y da rienda suelta a las fuerzas represivas del Estado contra la población civil.
La izquierda revolucionaria tiene que resistir planteando la unidad de la clase obrera internacional y los pueblos oprimidos contra el imperialismo y combatir al oscurantismo reaccionario del isis con la organización socialista de los trabajadores y la juventud.