La noche que me encontré con Bochini (Luciano Di Pietro)


Esa noche de mi inodoro caía agua sin parar. Yo era (y soy) un inútil para todo tipo de reparaciones. Fui a la casa de un amigo a pedir ayuda. El no estaba, me atendió su novia, y me dijo que no me podía venir a ayudar, pero me dio un montón de herramientas. Cabizbajo, las acepté y me dije que tal vez había llegado el momento de aprenderlas a usar. Y mientras me dirigía resignado a mi casa, el encuentro. Al principio pensé que no era cierto, después cuando le tuve más cerca no había dudas : era el mismísimo Bochini. El odiado y maldito Bochini. Cuando era un niño iba seguido a la cancha con mi papá a ver a Racing, y cuando nos tocaba con Independiente perdíamos. Todo culpa de Bochini. Me acuerdo una vez que Racing ganaba dos a cero y perdió tres a dos ; ese día Bochini nos hizo los tres goles, o dos, o uno, no importa, pero nos cagó la vida. Yo era un nene y me hizo llorar. Cuando salía de la cancha y me había calmado un poco, vi a otro nene con la camiseta de Racing que también lloraba y yo me puse a lagrimear de nuevo. Bochini era un monstruo, le arruinó la infancia a centenares o miles de chicos como yo, para los cuales el fútbol era una cosa muy importante. En la escuela me cargaban, por culpa de Bochini. Yo nunca creí en dios, pero si Satanas existía era ese pelado maléfico. ¿Por qué los chicos tenían que sufrir por culpa de ese guanaco ? ¿Qué le habían hecho los chicos a él ? Una vez que fui a la cancha, Racing le ganó a Independiente 2 a 1, pero el monstruo no había jugado, por lo tanto la alegría fue solo parcial. Cerca de mi casa, había una pizzeria que se llamaba « Bochini », a la cual, obviamente nunca entré. Yo le decía a mi papá que no había que ponerle una bomba, sino envenenar la muzzarella así se morían todos los que comían ahí. Mi papá me dijo que quizás el propietario se llamaba Bochini, y no tenía nada que ver, y yo le contesté que si no quería pasar por cómplice y tenía ese apellido, podría haberle puesto su nombre y llamarla pizzeria Carlitos o José, si le dejaba ese maldito apellido era porque le gustaba. Tiempo después, cuando ya era un poco mas grande, y comprendía un poco como se manejaba el mundo, vi al pelado enfermo hacer la publicidad… para la policía. ¡Y después de la dictadura ya nadie podía engañarse sobre el rol de la policía ! Ya no tenía dudas : se trataba de un ser maquiavélico que le quería hacer mal a chicos y grandes. A principios de los ’90 Bochini se retiró e Independiente volvió a ser el club de mierda que se merece, no ganaron prácticamente nada, basta de Libertadores, basta de festejos. Ya era de noche, miré hacia los costados y por la cuadra no pasaba nadie. Miré fijo al monstruo, y le dije : -Maestro, ¿me firma un autógrafo ? Metí la mano en la bolsa y agarré una llave inglesa, calculé el peso y pensé que si le daba en la pelada con un golpe seco lo dejaba frito.

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camporita


El tío campora se iba de putas con los muchachos en madrid. El loco galimba lo acompañaba con algún whisky y con el general tomaba unos jerecitos allá en la puerta de hierro. El tío campora le metía sus dedos en la concha a putas rubias y viejas y su lengua de dentista en esas bocas de dientes careados.

Lopecito en cambio hacia esoterismo y lo convencía al viejo de sus poderes divinos. Y el general le armaba a lopecito el somaten. A los zurditos leña. Leña, leña, leña. Y lastiri con sus corbatas horripilantes, comiéndose a la nena de lopecito, la normita, tan fea ella y el tío campora intercediendo para que lopecito dejara a normita tener un novio en paz (quizás lopectio nunca le perdono al tío el marido de la muchacha)y los jefes de la orga, creyéndose von clausewitz, estrategas del puterio junto al tío, copando el poder, para romper el cerco como si el viejo fuera un boludo mientras los amenaza llamándolos mongo aurelio.

(la patria fusilada

sedimento oseo del subsuelo

cenizas

junto a la bosta de las vacas

del terrateniente

que perón jamás expropio

en el campo las espigas

y en el cielo

-las estrellas-

fraccionaban

cocaína)

-ultimo verso robado a lamborghini-

una ronda de whisky para los muchachos brindaba el tío y la orga cantaba sin comprender que

perón, evita,

la patria socialista.

una noche cualquiera


Una noche cualquiera, bajo una brillante luna cualquiera, en un cielo estrellado no muy diferente de cualquier noche estrellada, Eduardo bebe de a sorbos una fría cerveza Heineken. Esta un poco duro, esta un poco loco, esta un poco triste y un poco abatido, esta también un poco irónico y un poco alegre -tiene una actitud spinoziana, ni reír ni llorar, comprender- esta por ultimo

bastante cansado. Dormir seria un buen premio, aunque dormir liquide el tiempo de la experiencia viva y lo consuma el mundo de los sueños.

Eduardo escucha la calle, se siente apoyado en el ombligo de la noche. No tiene amor ni espanto, de esta manera nada lo una a nadie. No es que Eduardo se sienta ajeno al mundo, todo lo contrario, Eduardo es militante, nada le es ajeno -y agradece a carlitos marx por poder robarle la cita- Mariano Ferreyra le duele en el corazón y su odio contra la sociedad burguesa es genuino y pasional. Pero en esta noche cualquiera, bajo una luna brillante cualquiera, Eduardo esta ganado por el escepticismo, le espanta la condición humana, por su propia condición humana. La libertad tiene el costo del dolor y la soledad, piensa Eduardo. Es un lujo de los que están dispuestos a perder todo. La propiedad y el existo son la esclavitud de la cultura. Son los senos de latex en la maja desnuda. Es el sueño del burócrata de un estado fuerte. A Eduardo lo alienta el zumbido casi imperceptible del derrumbe, el sutil trabajo del topo.

La pasión es la voluntad optimista, el descreimiento la inteligencia escéptica.

Recuerda a Durruti, hay un mundo nuevo germinando en nuestros corazones.

Eduardo goza sus pensamientos bajo la luz de la noche.