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El día de la militancia, al servicio de una política burguesa


El  17 de noviembre el peronismo celebra lo que denomina el día de la militancia, de la militancia peronista, propiamente dicha. Es decir la militancia al servicio de una dirección política burguesa.

En esa fecha, en 1972, Perón retornaba a la Argentina y se refugiaba de la lluvia bajo un paraguas sostenido por José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT y posteriormente uno de los responsables políticos  de la masacre de Ezeiza. En el avión de retorno viajaban junto al General, Isabel –su mujer- y López Rega –su secretario privado- se encontraban una muestra variopinta de los representantes del movimiento, desde Jorge Antonio, pasando por Pino Solanas, hasta Campora y representantes de la Juventud Peronista.

En Argentina aun gobernaba Lanusse y el retorno del General era parte del ajedrez político que se conoció como el Gran Acuerdo Nacional.  Según cuenta la crónica, a pesar de la lluvia y de la prohibición de manifestarse a Ezeiza, miles de militantes peronistas.  También dice la crónica que Perón repartió fierros en el avión por si se pudría todo en el aeropuerto y que cuando el General fue amenazado por una oficial del Ejercito que lo apunto al pecho con su pistola, Lorenzo Miguel , secretario general de la UOM y las 62 Organizaciones y jefe de las bandas gansteriles de la Juventud Sindical Peronista, se interpuso para impedir que disparen sobre su jefe político.

Indudablemente, el retorno de Perón, luego de 17 años de proscripción (donde la simple mención de su nombre –que era denominado como el tirano prófugo- estaba prohibida bajo pena de prisión) y de exilio constituyo una reivindicación de la lucha de la clase obrera y la militancia de base  peronista que luchaba desde la clandestinidad, haciendo huelgas y poniendo caños (como rezaban los viejos cantos de la jótape) contra el régimen libertador desde la resistencia en 1955, protagonizando por ejemplo la extraordinaria huelga y ocupación del Frigorífico Lisandro De la Torre en 1959 y las barricadas del barrio de Mataderos contra el Ejército y la policía. Ese peronismo que encarnaban los obreros fue definido por John William Cooke, como el fenómeno maldito del país burgués, ya que era intragable para el régimen.  Sin embargo, si por militancia englobamos a la dirigencia peronista, esta conspiro permanentemente contra la lucha de los trabajadores y en gran medida contra el mismo Perón,  que a su vez usaba la lucha obrera como prenda de negociación, buscando pactar con el régimen libertador la integración del peronismo sin su líder y sin resarcir las demandas materiales y democráticas de la clase obrera.  Ciertamente que el retorno de Perón se debió a la lucha la clase obrera que protagonizo en mayo de 1969 una semiinsurrección obrera y popular contra Ongania que fue más allá de lo que el peronismo, Perón y su dirigencia predicaban, quebrando violentamente en las calles el poder de los militares y abriendo la senda de la subversión obrera y popular y la independencia política, destacando organizaciones de combate como SITRAC- SITRAM y el clasismo cordobés. En las calles mediterráneas se cantaba “y luche, no deje de luchar, por el gobierno obrero, obrero y popular”.   Es precisamente, frente a este cambio en la subjetividad de franjas del proletariado y su disposición al combate, que la burguesía y los militares deciden el retorno de Perón.  La unidad del peronismo, desde la ultraderecha y la burocracia sindical hasta los Montoneros, era una condición necesaria para llevar adelante esta tarea que permitió el retorno electoral del movimiento al poder en 1973.

Paradojas del peronismo, el día de la militancia peronista celebra como acontecimiento  el retorno de Perón que regresa para evitar el desarrollo de la militancia independiente y hacia la izquierda de la clase obrera y la juventud.  Lo que hizo expulsando a su ala izquierda de Plaza de Mayo, dando vía libre al accionar de la Triple A, fortaleciendo a la burocracia sindical, prohibiendo las huelgas, declarándole la guerra a la vanguardia obrera y popular para mantener el Pacto Social. Fue esta política la que genero las condiciones del golpe genocida del 76. La militancia política de la izquierda peronista fue una de las más golpeadas por la política del peronismo en el poder y posteriormente por la dictadura.

Los militantes k que celebran hoy la unidad el peronismo lo hacen apoyando una política de subordinación a los grupos capitalistas y de cercenamiento de las luchas y de ataque a la organización de los trabajadores.  La nueva generación militante obrera y juvenil tiene que concluir que la militancia política burguesa abre el paso de la reacción aunque se planteé enfrentarla. Hace falta una militancia obrera y socialista independiente de los patrones.

Por primera vez un arrepentido cuenta cómo es la mafia ferroviaria. (Perfil. Diego Rojas)


[ Daniel ] … la verdad es revolucionaria y (…) se encuentra en ella un fragmento que permite atrapar la punta del ovillo, tirar de él y avanzar en la comprensión de este mundo en marcha que es necesario transformar… [Pierre Broué] From: luxsd@hotmail.com Date: Sun, 13 Nov 2011 17:14:46 -0300 Subject: Por primera vez un arrepentido cuenta cómo es la mafia ferroviaria ENTREVISTA EXCLUSIVA Por primera vez un arrepentido cuenta cómo es la mafia ferroviaria José Pérez es quien presentó a Favale y a Pablo Díaz, señalados por el crimen de Mariano Ferreyra. Aquí relata cómo se prepararon los incidentes. Por Diego Rojas 13/11/11 – 04:06 Agresión. Pérez es guardabarreras del Roca. Casi lo matan por negarse a canjear dinero de los gremios en financieras. Hoy teme por su vida y por eso hizo la denuncia. Un clima oscuro atraviesa ciertos enclaves del ferrocarril. Es un mundo paralelo de crimen, patotas y mafias sindicales. En Florencio Varela, un hombre decidió contar en exclusiva a PERFIL los vericuetos de ese universo. Un hombre golpeado y amenazado. El mismo hombre que puso en contacto a Cristian “Harry” Favale, preso y sindicado como el asesino de Mariano Ferreyra, con Pablo Díaz, preso y jefe de la patota que atacó a los tercerizados el 20 de octubre del año pasado. Se llama José Antonio Pérez, de 40 años y de oficio guardabarreras en la estación de Florencio Varela del ferrocarril Roca. Padre de nueve hijos y precoz abuelo. Se lo conoce también con el apodo de “Dinamita”, tal el nombre que se ganó en el ambiente del box cuando peleaba en las categorías liviano y welter junior. Su testimonio aporta datos fundamentales para la causa que investiga el asesinato del militante del Partido Obrero y lo convierte en un testigo clave para desbaratar los argumentos de la defensa de Favale y Díaz. A la vez que señala ese clima oscuro del ferrocarril construido a través de violencia, lavado de dinero y armas de fuego usadas y escondidas. “A Favale lo conocía del barrio, vive a 15 cuadras de mi casa –cuenta Pérez–. A mí me conocen todos. Yo peleaba por acá, me venían a ver. Favale mismo me fue a ver varias veces. El me respetaba a mí y yo lo respetaba a él. Sabía que no era un pibe bueno, pero nos respetábamos porque así son los códigos. Yo le decía ‘Harry’, así lo conocemos por acá. Cada vez que me veía, me pedía: ‘Haceme entrar al ferrocarril’. Yo no sabía cómo. Hasta que tuve que ir a ver a Pablo Díaz”. En los últimos tiempos del Roca los dirigentes del sindicato Unión Ferroviaria adquirieron un poder inédito, al ritmo de los negocios que se desarrollaron en ese ámbito, entre ellos la tercerización. Negocios de los que formaban parte beneficiada. Díaz, máximo referente del gremio en las vías del sur, ostentaba ese poder, que incluía, entre otras cuestiones, la elaboración de listas de nombres postulados para ingresar al ferrocarril. Listas que se poblaban de familiares de los sindicalistas, punteros del Frente para la Victoria y barrabravas. “La siguiente vez que vi a Favale me pidió de vuelta que lo ayudara a entrar al ferrocarril. Entonces le di la tarjeta, le dije que fuera a ver a Díaz, que era el que arreglaba todo. Y le dije que se portara bien. Es medio loquito, así lo conocíamos en el barrio”. Lo fue a ver y arregló. “Un día fuimos con mi señora al Coto de Avellaneda y lo vimos barriendo en la estación del tren. Lo habían contratado y trabajaba para (la empresa tercerizada) Herso. ‘Harry, decile a Díaz que te manden a Florencio Varela, porque todos trabajamos cerca de nuestras casas’, le sugerí. ‘¿En serio?’, me preguntó y me dijo que lo iba a hacer”. También arregló. “La próxima vez que lo vi me dijo que estaba encargado de seis o siete cuadrillas. Era un tipo grande, malo, cualquier empresario lo iba a agarrar para que esté al lado suyo. ‘Portate bien’, le repetí. Pasaron como tres meses cuando lo volví a cruzar. ‘No sigo laburando, voy a juicio’, me contó. Le dije: ‘Pero no seas boludo, te pagan una guita pero no entrás de vuelta al ferrocarril’. ‘No, yo voy a hablar con Díaz’, me respondió. Tiempo después iba con mi señora a la panadería y me tocaron la bocina. Era Harry. ‘Voy a estar adentro del Roca’, me contó. Me dijo que le habían dado 1700 pesos para un trabajo. ‘¿Para qué te pagan eso?’, le pregunté. Me respondió: ‘Para cagarlos a palos a los pibes de Herso’. Me sorprendí y le dije: ‘Pero si vos estabas en Herso’, le dije. ‘No, yo entro al Roca, ya me van a hacer el psicofísico’, contestó. ‘Bueno, manejate, es todo política, es todo jodido’, le dije y nos despedimos. A las dos semanas lo vi en el noticiero. En la pantalla estaba Favale. Era por el pibe que habían matado, por Mariano Ferreyra”. —¿Se enteró de algo más respecto de ese caso? —No. Pero pasó algo extraño. Unos días después de lo que pasó estaba en la barrera. Me tocaron la bocina. Era Mario Galván y otros que me pidieron que entre al auto. ‘Hay quilombo en el Roca’, me dijeron, ‘tenemos una bolsa de armas y queremos pedirte que las tengas en tu casa’. ‘¿Sos loco vos?’, les dije. ‘Van a hacer allanamientos en la casa de (Norberto) Saldaña, en el taller y en Encomiendas (N. de R.: Saldaña es conocido como hombre pesado de Ferrobaires). Nosotros manejamos todo ahí. Guardame las armas en tu casa’, me pidió, pero me negué. Pasaron unos pocos días. Volví a ver a Galván. ‘Ya está. Hicieron el allanamiento. Sabíamos todo nosotros, sabíamos que iban a allanar desde antes’. ‘No me digas esas cosas a mí, yo no ando en nada’, le dije. Después de todo esto, la mujer de Dinamita Pérez recibió una amenaza telefónica. El testimonio de Pérez, que fue contado en la comisaría 3 de Quilmes y en la fiscalía Nº 7, probaría la conexión previa entre Díaz y Favale, relación que ambos niegan, a la vez que señalaría que el barrabrava de Defensa y Justicia fue contratado por el dirigente sindical para actuar como fuerza de choque. La defensa de los imputados plantea que el ataque contra los manifestantes tercerizados tuvo, en cambio, un carácter espontáneo. El episodio de las armas podría dar cuenta del vínculo entre sindicalistas del ferrocarril y la policía, que los habría alertado del allanamiento. Y el cambio de dólares muestra a las claras el funcionamiento de una red de lavado de dinero en el ferrocarril. Aprietes y agresiones para proteger los sucios negocios de los gremios Cuando se le pregunta a José Antonio Pérez por qué ahora relata su situación en el Roca, cuenta una dura historia: —Un día pasó un conocido y me dijo si quería cambiar dólares, que me ganaba unos pesos. ‘Con tu documento y tu recibo de sueldo podés cambiar y te dan 200, 250 pesos’, me dijo. Acepté. Era sencillo. Tenía que buscar la plata en el sector de Encomiendas de Constitución y me daban plata en una riñonera, me llevaban al banco y a casas de cambio a hacer la operación. La primera vez me dieron 30 mil pesos. Nunca había visto tanta plata. Todo lo dirigían Mario Galván, Claudio Salazar, Sebastián Salazar y Norberto “El Gordo” Saldaña. Un día, después de la advertencia de un amigo que me dijo que eso era guita de lavado, me crucé con Galván. Me dijo que fuera a comprar, pero le respondí que no lo iba a hacer más. ‘Andá porque se pudre todo’, me dijo. Entonces fui. Pusieron treinta mil pesos en la riñonera y me dejaron en un banco. Cuando salí no había nadie. Tomé un taxi y guardé los dólares. Cuando bajé, no tenía más la riñonera. Me quería matar, aunque adentro yo sólo había dejado 500 pesos ahí, el resto lo había guardado. En Encomiendas saqué toda la plata y la puse en una mesa. ‘Acá faltan 30 lucas’, me dijo Salazar. ‘No, en la riñonera tenía 500 pesos’, le dije. “No, son 30 lucas. Galván sacó un arma y disparó al lado mío. Ahí sentí un culatazo y me caí. Me empezaron a patear y a golpear, me cubrí la cara por instinto. No podía hablar por la sangre que tenía en la boca. Cuando me pude levantar un poco, uno me dijo: ‘Devolvé la plata porque te vamos a matar a vos y a tu familia’”. Aún hoy tiene una fractura en el pómulo fisuras, cortes y golpes en todo el cuerpo.,_._,___

Los amigos “anarcos” de Cristina (LVO 452)


La reunión de Cristina Kirchner con Barack Obama en la Cumbre del G-20 da cuenta de nuevas señales de buena voluntad de la mandataria hacia los representantes del imperialismo norteamericano. “No se puede pasar por alto el liderazgo de Estados Unidos a nivel global” dijo la presidenta. Lo cierto es que la hegemonía de Washington se encuentra en estado crítico producto de sus traspiés en Medio Oriente y la enorme crisis económica capitalista que tiene en EE.UU. a uno de los principales países afectados, lo que le abrió, además, una severa crisis política interna. Las palabras de CFK, lejos de mostrar “autonomía” frente al imperialismo que oprime a nuestros pueblos (algo que debería ser elemental para un gobierno que se dice “nacional” y “popular”), son una muestra de que el kirchnerismo se ubica en la línea de colaboración de las burguesías cipayas de América Latina. “Es una maravilla estar con una gran amiga mía, y una amiga de EE.UU.” le retribuyó Obama, entre otros halagos. Aunque no se habló del tema, un conflicto clave para la relación de EE.UU. con Argentina es Irán, y Argentina es un aliado privilegiado ya que es la única nación del mundo que puede mostrar “pruebas” contra la república islámica. El dictamen del juez Nissman que sella este acuerdo estratégico entre el gobierno norteamericano y el argentino incluye declaraciones del Mossad, el FBI y la CIA y concluye que Irán fue quien inspiró y financió el atentado contra la AMIA. La cordialidad de la Casa Blanca con CFK responde también al plan de levantar al gobierno argentino como un moderador de cualquier pretensión de Brasil de tener juego propio en la política internacional. Anarquía capitalista Cristina Kirchner deleitó a los “progresistas” de Argentina cuando tomó la palabra en Cannes, en un encuentro empresarial que sesionó en el marco de la Cumbre, para decir que hay que “volver al capitalismo en serio, porque esto que estamos viviendo…no es capitalismo. Esto es un anarco-capitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie”. CFK mistifica al capitalismo queriendo presentar un capitalismo “serio” de los industriales y la producción y un capitalismo “anárquico” de las finanzas y la especulación, cuando en realidad la “anarquía” de la producción es una contradicción inherente al capitalismo, caracterizado por la competencia despiadada entre los distintos grupos capitalistas para aumentar sus ganancias. A los capitalistas los mueve sólo la sed de lucro y no el bienestar de la población. Como muestra la actual crisis mundial, no tienen ningún prurito tampoco en empujar a los Estados nacionales a la bancarrota para defender sus beneficios. Ante esta dramática realidad, el discurso de Cristina opone al “laissez faire” del mercado que predica el neoliberalismo y el capital financiero, la vieja idea peronista de un Estado regulador que evite los conflictos entre las clases y establezca las normas de distribución. Una “comunidad organizada”, dice la “doctrina”, donde reine la armonía entre el capital y el trabajo. Este “intervencionismo estatal” no tiene por fin –ni puede- liquidar la anarquía de la producción y la especulación financiera. Cuando la crisis capitalista ahogue a la sociedad, el Estado va a ser utilizado para el salvataje de los grupos capitalistas y el orden burgués. Aun hoy, en pleno crecimiento económico, más allá de las críticas al capital financiero para la tribuna, la Argentina kirchnerista es un campo más que propicio para la especulación y las ganancias de bancos y empresas. La “intervención del Estado” no es “neutral”, como dicen los K, sino que garantiza las ganancias capitalistas, ya sea vía subsidios o manteniendo las leyes en su beneficio, como las privatizaciones y las reformas anti-laborales de los 90. Basta observar que las entidades bancarias cerraron en 2010 su mejor año de negocios en una década, con un margen de ganancias que ronda los 11.000 millones de pesos. El contraste con el comienzo del milenio es notable: mientras entre 2001 y 2005 los bancos acumularon un quebranto que rondó los $23.600 millones (fuertemente influido por el lastre causado por el colapso de la convertibilidad) en el lustro siguiente embolsaron casi $32.000 millones. Aclaremos también que la fuga de capitales que protagonizan los especuladores de la banca, y del “capital” productivo, fundamentalmente de las empresas multinacionales, sólo han recibido como respuesta del gobierno tibias medidas, cuando por lo menos unos 7.000 millones de dólares ya salieron del país sólo en los dos últimos meses. A esto hay que sumar los dólares que envían de remesas de utilidades las firmas extranjeras a sus casas matrices, cerca de 29 mil millones desde 2007 al 2010. Nuevamente nos encontramos con que el discurso “nacional y popular” de los K ha sido la cobertura del saqueo de las riquezas producidas por el país por parte del capital extranjero sin que se haya tomado la más mínima medida “intervencionista” que impida la sangría. Subsidios y privatizaciones menemistas Los anuncios sobre el recorte de subsidios a las empresas abrieron un debate nacional en torno al aumento de las tarifas de los servicios públicos. Como ya hemos dicho desde La Verdad Obrera, los recortes que promueven los K responden a la necesidad de hacer “caja” previendo el impacto de la crisis mundial en la economía argentina. El presidente de la Cámara Empresaria del Autotransporte de Pasajeros, Daniel Millaci, advirtió que si se recortaban los subsidios al transporte público el boleto debería rondar los 4 pesos y que lo “razonable” sería ubicar su valor en torno a los $2 o $ 2,50, en línea con lo que se paga en las principales ciudades del interior. Un “tarifazo” que afectaría directamente al pueblo pobre y trabajador. Una discusión similar se está dando por el traspaso del Subterráneo de la esfera de la Nación al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con la consiguiente amenaza por parte del inefable Rodríguez Larreta de aumentar el boleto si no reciben los recursos correspondientes para el funcionamiento del servicio (ver nota en página 3). Los amigos del gobierno siempre han defendido los subsidios como un mecanismo para evitar el aumento de las tarifas mientras que, en general, la derecha opositora ha considerado que su existencia impidió un “sinceramiento” y que los precios “reales” deberían estar determinados por el mercado. La posición kirchnerista parte de encubrir las privatizaciones menemistas financiando con dineros del Estado al capital extranjero y grupos económicos locales que tienen en sus manos el manejo de los servicios públicos privatizados. En la misma sintonía, el gobierno “nacional y popular” le garantiza a Repsol la explotación del yacimiento descubierto en Loma La Lata en Neuquén, cuando se calcula que el hallazgo transformará a Argentina en uno de los principales exportadores de petróleo. Desde el Frente de Izquierda hemos venimos sosteniendo, durante la campaña electoral, que hay que reestatizar las empresas de servicios y transportes públicos privatizadas y ponerlas bajo control de los trabajadores y comités de usuarios. El PTS, junto a los compañeros trabajadores del periódico militante Nuestra Lucha, impulsamos agrupaciones clasistas que, en especial, en los gremios de servicios, como el transporte del subte o ferroviarios, en las empresas telefónicas y aeronáuticas, pelee por recuperar los sindicatos de la mano de la burocracia para imponer este programa de independencia obrera para que la crisis la paguen los capitalistas. ——————————————————————————– Un burócrata todo servicio En su viaje a la Cumbre del G20 la presidenta llevó de acompañante nada menos que a Gerardo Martínez, secretario general de la UOCRA. Martínez no es sólo un hombre ligado íntimamente a la Cámara Argentina de la Construcción, un sector patronal ardientemente cristinista acostumbrado a recibir jugosos subsidios oficiales. El burócrata millonario fue además entregador de compañeros considerados “subversivos” por el régimen militar cuando revistó como “agente secreto” en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército durante la última dictadura. Pero estos antecedentes poco parecen importarle a la jefa del gobierno de los “derechos humanos”. La importancia de Martínez reside en que es una pieza clave en el plan oficial de desbancar a Hugo Moyano de la Jefatura de la CGT. El mandamás de la UOCRA, en acuerdo con Cristina, se ha colocado contra la avanzada “destituyente” de los “gordos” que quieren que el camionero se vaya ya mismo, manifestando que Moyano tiene que culminar su mandato en junio y hasta podría presentarse a la reelección. Lo que no está claro es si Martínez se va a erigir él mismo como candidato a Secretario General de la central obrera o apoyará a alguna de las otras candidaturas en danza, como la de Antonio Caló de la UOM. Para el cristinismo el ciclo moyanista está terminado. Lo que quiere es una burocracia central más dócil y con menos juego propio que el que puede tener Moyano al estar al frente de gran parte de los gremios del transporte, capaces de paralizar el país. Con esta movida, entre CFK y Martínez buscan garantizar una “transición ordenada” hacia una nueva conducción más de derecha elegida en el Congreso de la CGT a realizarse en junio y, mientras tanto, disciplinar al camionero para que impulse los topes salariales en la próxima ronda de paritarias. Todas las alas de la burocracia sindical se han constituido en un freno para la lucha de los trabajadores por sus demandas y la defensa de sus derechos. Hay que fortalecer al sindicalismo de base y a las comisiones internas combativas, desarrollando agrupaciones clasistas y antburocráticas que se planteen recuperar las organizaciones de los trabajadores para la lucha de clases, como hacemos desde el PTS y la corriente Nuestra Lucha. RW y FA