Julio César Strassera: hombre de hojalata con un traje gris


http://www.laizquierdadiario.com/Julio-Cesar-Strassera-hombre-de-hojalata-con-un-traje-gris

Murió Julio Cesár Strassera, y toda la batería mediática de la burguesía argentina y de la fracasada Unión Cívica Radical ya está canonizándolo como un héroe de la democracia. Poco importa que Strassera haya asumido como fiscal en los tiempos del genocidio y jurado su lealtad a los ideales de la Justicia por las Actas del Proceso de Reorganización Nacional.

Strassera va a ser reivindicado como el fiscal del Juicio a las Juntas, el Nüremberg argentino, que al igual que el original europeo fue una de las grandes farsas argentinas, donde nueve de los cabecillas de la dictadura fueron condenados, dejando libres e impunes a miles de represores y desde ya sin tocar un pelo de sus cómplices civiles. Qué se podía esperar de la UCR, que supo ser golpista de la primera hora, prestó cientos de funcionarios a los militares y que en boca de su líder Ricardo Balbín llamó a aplastar a la guerrilla fabril. Amén de que en base al prólogo del libro Nunca más, redactado por ese camaleón político que era el escritor Ernesto Sábato, el Juicio a las Juntas es la concreción jurídica de la nefasta “teoría de los dos demonios”, que iguala la infantil violencia guerrillera y la legítima autodefensa obrera y popular con el terrorismo de Estado.

Strassera fue la cara judicial del alfonsinismo, que tiene en el Juicio a las Juntas su máxima justificación democrática, olvidando siempre que el más que centenario partido en el poder bajo el mandato de Raúl Alfonsín promulgó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, dejando en las calles a miles de genocidas. Todos estos fueron capítulos de un pacto de impunidad que incluyó al Partido Justicialista y al resto de los partidos del régimen.

Strassera acompañó como la sombra al cuerpo la trayectoria del radicalismo alfonsinista y toda su impotencia y cobardía. En el juicio a los jerarcas militares, cuando el expresidente se presentaba como la versión criolla de la socialdemocracia, el progresismo de entonces, al igual que el de ahora, justificaba su decisión de salvar a la inmensa mayoría de los genocidas por el todavía latente peligro del partido militar, temerosos, como buenos leguleyos, de que fuera la movilización popular la que saldara cuentas con ellos. En la fase del alfonsinismo de apoyatura de los proyectos conservadores, cuyo punto de partida fue el Pacto de Olivos con Menem a fines del 93, Strassera fue como candidato de la UCR en lista a convencional constituyente por la Ciudad de Buenos Aires. En el 2003, Strassera se afilió al partido fundado por Leandro Alem, luego del sangriento final de la Alianza y De la Rúa. En el 2006 fue el abogado defensor de Aníbal Ibarra en el juicio político que terminó con su Gobierno luego de la tragedia de Cromañón.

En síntesis, funcionario judicial procesista, partícipe de un salvataje a los genocidas y sus cómplices, candidato de la UCR pactista con el menemismo, defensor del responsable político de un régimen corrupto que costó la vida de más de ciento noventa jóvenes, charlatán de feria del republicanismo gorila argentino. Hombre de hojalata con un traje gris, un Nisman sin glamour del radicalismo, Strassera tiene todos los pergaminos para ser ungido como un héroe de la democracia burguesa argentina.

Rafecas desmiente a Nisman y da oxígeno a CFK


El juez Daniel Rafecas desestimo la denuncia de de Alberto Nisman y la imputación de Gerardo Pollicitas, por “inexistencia de delito” referido al supuesto encubrimiento del terrorismo irani por Cristina Fernández de Kirchner. El fiscal podría apelar la decisión ante la Cámara Federal.

 

En su dictamen Rafecas desestimó las denuncias contra contra la Presidenta, el canciller Héctor Timerman, el diputado Andrés Larroque, Luis D’Elía , Fernando Esteche, Jorge “Yussuf” Khalil y el ex juez federal Héctor Yrimia. Para el juez “no hay un solo elemento de prueba, siquiera indiciario, que apunte a la actual Jefa de Estado respecto -aunque sea- a una instigación o preparación (no punible) del gravísimo delito de encubrimiento por el cual fuera no sólo denunciada sino también su declaración indagatoria requerida”.

En su resolución Rafecas se pregunta: “¿Cómo puede un instrumento jurídico que nunca cobró vida constituir un favorecimiento real, una ayuda material concreta prestada –en este caso- a prófugos de la justicia argentina?”. La denuncia de Nisman que Pollicitas retomo se basa en dos hipótesis: una es que el Memorándum de entendimiento con Irán que llamaba a constituir una “Comisión de la Verdad” constituía una concesión al Estado iraní acusado de ser la mano detrás del atentado contra la AMIA a cambio de favorecer el intercambio comercial y que como contraparte el gobierno argentino iba a pedir el levantamiento de las circulares rojas de Interpol contra los acusados iraníes (alguno de ellos figuras importantes del régimen teocrático). Frente a esto el juez afirma que: “La primera, [la «Comisión de la Verdad»], porque el presunto delito nunca se cometió. Y la segunda [«baja de las notificaciones rojas»], porque la evidencia reunida, lejos de sostener mínimamente la versión fiscal, la desmiente de un modo rotundo y lapidario, llevando también a la misma conclusión de la inexistencia de un delito”. La otrahipótesiss en que se basa la denuncia Nisman-Pollicitas es la existencia de una diplomacia paralela. En su fallo Rafecas la rechaza bajo el argumento que: “A lo largo de las miles de líneas de conversaciones escrutadas durante varios años, no surge una sola mención, una sola referencia, una sola gestión, una sola participación, ni del Canciller argentino, ni de absolutamente nadie de la cartera que conduce. No hay una sola vez en la que la Cancillería argentina aparezca envuelta en lo que Nisman denominó la ‘diplomacia paralela de facto’”.

Desde La Izquierda Diario, basándonos en los dichos y políticas del oficialismo, desde el apoyo irrestricto a las acusaciones armadas por la CIA y la Mossad de Nisman, hasta los dichos de Ronald Noble jefe de Interpol en defensa de la actitud del Gobierno argentino con respecto a las circulares rojas, sostuvimos que la causa Nisman contra el gobierno era un armado de un sector de la justicia y los servicios de inteligencia locales e imperiales para condicionar el final del gobierno de CFK y al gobierno por venir. El juez nos lo confirma al afirmar que: “Si hay algo que surge del resultado de las escuchas, es que Timerman, y en definitiva, la ‘diplomacia real’, lejos de ser un aliado de estos individuos, eran justamente el rival a vencer, a derrotar, a torcerle el brazo”. Ciertamente lo que para nosotros constituye una muestra del cipayismo del gobierno kirchnerista que hizo suya la hipótesis fabricada por la CIA, para el juez explica la inexistencia de delito.

El fallo de Rafecas es una cuota de oxígeno necesario para un kirchnerismo que a lo largo de la crisis desatada por la denuncia de Nisman y su posterior y aún no develada muerte, venía contra las cuerdas. La resolución del juez deja sin sustento a Pollicitas (un fiscal íntimamente relacionado al PRO, desestima la denuncia de Nisman (como no nos cansaremos de decir un títere, encumbrado por el kirchnerismo, de los espías locales y de la inteligencia norteamericana e israelí) y a los fiscales que organizaron el 18F quienes asocian la muerte del fiscal a su denuncia contra el gobierno. Llegando a alimentar hipótesis de medios imperialistas que se trata de un crimen cuya mano es Irán o sectores de la inteligencia vinculados a Milani y el kirchnerismo. Por último, el fallo le permite al gobierno sostener que era la mano negra del Partido Judicial era la que estaba operando para conspirar contra su continuidad.

Rafecas recordemos es un juez afín al gobierno y su fallo demuestra la división de la casta oligárquico-judicial. Rafecas fue acusado en su momento por la oposición por su actuación el el caso Ciccone donde está imputado Amado Boudou.

La primer respuesta de la oposición al fallo fue de la aliada del PRO, la chaqueña Elisa Carrió: “La designación de Wado De Pedro, actual miembro del Consejo de la Magistratura, seguramente es producto de haber negociado con el juez Rafecas para que no investigue a Cristina y para que desestime la denuncia del fiscal Nisman y de la acusación de Gerardo Pollicita, ya que este estaba acusado ante el Consejo por el gobierno por su actuación en el caso Ciccone”. Para la diputada esto confirma desde el gobierno “están organizando un autogolpe”.

Lo cierto es que la maraña de encubrimiento sobre las verdaderas responsabilidades del atentado a la AMIA y la muerte de Nisman sigue vigente ya que las instituciones represivas, de inteligencia, políticas y judiciales del Estado argentino están colonizadas y dirigidas a defender intereses de clase y antinacionales ajenos a las mayorías populares. Sigue planteado exigir la apertura de los archivos de la ex SIDE y una Comisión investigadora independiente para acceder a la verdad de lo sucedido.

Partido judicial y partido militar


http://www.laizquierdadiario.com/Partido-judicial-y-partido-militar

Desde La Izquierda Diario hemos definido que el 18 de febrero planteo el primer gran desafío de masas del “partido judicial” hacia el kirchnerismo.

Mientras que para nosotros la idea de “partido judicial” está ligada a la de corporación que representa los intereses de clase para erigirse como freno del bonapartismo kirchnerista y un árbitro de la situación, frente a la debilidad de la oposición burguesa. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner también ha apelado a la misma noción para advertir de que se trata de una corporación golpista, asimilándola a la noción de partido militar, para subrayar que se trata de una nueva forma de golpismo de una casta que el gobierno amparó y utilizó en un pasado reciente lleno de complicidades mutuas.

El partido militar

Ciertamente la utilización de la categoría de “partido judicial” obliga a compararla con el antecedente histórico de la intervención política de la casta militar.

El partido militar fue un actor central de la política argentina, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, que se erigió como árbitro de la disputa interburguesa y garante de la proscripción política de la clase obrera (y el peronismo).

El partido militar a partir de la Revolución Libertadora de 1955, fue la avanzada de la ofensiva del imperialismo yanqui en Argentina. Como tal, actuó como árbitro de la situación cada vez que la irrupción de la clase obrera ponía en peligro la estabilidad burguesa frente a la debilidad de los gobierno civiles del régimen que fracasaban en su intento de poner freno a la lucha de clases o amenazaban con poner fin a la proscripción del peronismo, que era la dirección política reconocida por la clase obrera.

El partido militar no era homogéneo y en alguna ocasión dirimía sus disputas en las calles como en abril de 1963 cuando azules y colorados se enfrentaron violentamente para dirimir la disputa por la dirección de las FF.AA. Resumiendo: la clave del partido militar era que cumplía el papel de árbitro, dando golpes de estado que ponían fin a interregnos civiles generalmente con el apoyo de los mismos partidos que participaban del interregno civil. El golpe de Juan Carlos Ongania de 1966 contra el radical Arturo Illia fue el proyecto corporativo más ambicioso del partido militar, ya que se planteaba como un cambio completo de régimen político y no como una suspensión momentánea de la Constitución. El Cordobazo de mayo de 1969 puso fin a los sueños corporativos de Ongania y terminó con el régimen proscriptivo inaugurado por la Revolución Libertadora. Mientras que la dictadura genocida de 1976, que puso final al ascenso obrero y popular del Cordobazo que el peronismo no pudo detener con el accionar de las bandas fascistas de las Tres A, fue el final sangriento de un partido militar que se rindió cobardemente frente al imperialismo en la guerra de Malvinas.

Similitudes y diferencias

Al igual que el partido militar, el partido judicial es la representación política de una casta burocrático-oligárquica que avaló todos los golpes militares desde 1930 y en su composición actual es herencia del genocidio llevado a cabo por la casta militar entre 1976 y 1983. La democracia burguesa argentina restaurada en 1983 jamás intentó seriamente siquiera una reforma de la Justicia. El poder judicial argentino no solo cobijó a funcionarios heredados por la dictadura sino también a jueces y fiscales venales que en los ’90, bajo el imperio del menemismo, eran nombrados en servilletas de papel por el poder político. Fue la casta judicial la que dio legalidad a la entrega nacional, las privatizaciones y la destrucción de los derechos de los trabajadores. Una casta de corruptos millonarios que, como muestra el caso Nisman, fue colonizada por los servicios de inteligencia también herencia directa de la dictadura.

El kirchnerismo pactó con la casta judicial quien le permitió controlar la Corte Suprema de Justicia, lo que fue presentado como la gran reforma judicial, y cuando intentó ir más allá en ella, fracasó abiertamente. Durante años los Kirchner contaron con el beneplácito de los funcionarios de la Justicia, hasta que la ruptura con el campo en el 2008 llevó a la división de la burguesía, al enfrentamiento con Clarín y, más tarde, con los aires del fin de ciclo, empujando a un realineamiento que fraccionó a la casta judicial. Esta es una diferencia sustancial con el partido militar que, por su propia naturaleza verticalista, mantenía una dirección definida, mientras que el partido judicial, por ahora, solo representa a un sector del aparato judicial. Por su lado el kirchnerismo aún cuenta con su propia fracción agrupada en Justicia Legítima, aunque con el agravante de que si se concreta el retiro de Zaffaroni pueda perder su influencia en la Corte Suprema.

Ciertamente, a partir de las denuncias de Alberto Nisman y su muerte aún no aclarada, la seguidilla de causas abiertas contra el gobierno muestra que la fracción opositora del aparato judicial se erige como árbitro frente a la debilidad y atomización de una oposición burguesa incapaz de generar un movimiento social masivo en su apoyo. Más que el aliado golpista de la oposición la casta judicial, se presenta como la abanderada moral de la derecha argentina.

A diferencia de Honduras en el 2009 y Paraguay en el 2012, la corporación judicial no es el instrumento de un golpe blando, como denuncia el kirchnerismo, sino de un intento por desgastar al gobierno para debilitarlo en extremo de cara a las elecciones del 2015, y para condicionar al próximo gobierno que suceda al de CFK.

En síntesis, el partido judicial, al igual que el partido militar, se levanta como representación corporativa de uno de los aparatos del Estado capitalista que frente a la debilidad de los partidos de la burguesía, se plantea como garante último y referente moral del régimen burgués. Al igual que los militares, el partido judicial es la representación de una casta de corruptos millonarios, servicios de inteligencia y agentes del imperialismo, y los intereses particulares de los distintos grupos capitalistas. A diferencia del partido militar, el partido judicial no representa –aún- la voluntad mayoritaria de su casta y como tal no puede ser la cabeza de playa de un golpe blando, pero sí una vanguardia activa en el desgaste del kirchnerismo, marcando la agenda de los gobiernos por venir. Los socialistas debemos advertir que por los intereses de clase que defiende y su programa funcional al encubrimiento en la causa AMIA en consonancia con el imperialismo, el partido judicial es un peligro para los intereses democráticos de la clase obrera y el conjunto de la nación oprimida.

La izquierda es la única fuerza que plantea una política independiente de las fracciones burguesas en pugna. Lo hicimos en nuestros planteos de disolución de los servicios de inteligencia y de Comisión investigadora independiente frente a la crisis abierta por la causa AMIA y la muerte de Nisman. Pero también somos los únicos que tenemos un programa para terminar con la casta corrupta oligárquico judicial, luchando por retomar, mediante la movilización popular independiente, las tradiciones más radicales de la revolución francesa, patrimonio de los movimientos democráticos y socialistas, planteando la elección de jueces y fiscales por sufragio universal, la revocabilidad frente al incumplimiento, el salario igual al de un docente y los juicios por jurados populares. Bajo estas bandera, entre otras, la izquierda va a marchar este 24 de marzo.

La técnica de un crítico en trece tesis. (Walter Benajmin)


I. El crítico es un estratega en el combate literario.

II. Quien no pueda tomar partido, debe callar.

III. El crítico nada tiene que ver con el exégeta de épocas artísticas pasadas.

IV. La crítica debe hablar el lenguaje de los artistas. Pues los conceptos del cénacle son consignas. Y sólo en las consignas resuena el grito de combate.

V. La ‘objetividad’ deberá sacrificarse siempre al espíritu de partido cuando la causa de combate merezca realmente la pena.

VI. La crítica es una cuestión moral. Si Goethe no comprendió a Hölderlin ni a Kleistm ni a Beethoven y Jean Paul, esto no atañe a su comprensión del arte, sino a su moral.

VII. Para el crítico, sus colegas son la instancia suprema. No el público. Y mucho menos la posteridad.

VIII. La posteridad olvida o enaltece. Sólo el crítico juzga en presencia del autor.

IX. Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases. Cuanto menos se lo haya estudiado, mejor. Sólo quien pueda destruir podrá criticar.

X. La verdadera polémica aborda un libro con la misma ternura con que un caníbal se guisa un lactante.

XI. El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico. En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en el combate de los espíritus.

XII. El arte del crítico in nuce: acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las consignas de una crítica insuficiente malbaratan el pensamiento en aras de la moda. XIII. El público deberá padecer siempre injusticias y, no obstante, sentirse siempre representado por el crítico.

La épica de los paraguas


La “épica” de los paraguas de la clase media despierta el fervor de opositores y corporaciones mediaticas antikirchneristas. Una marcha silenciosa -el silencio es salud, predicaba la dictadura- que baño de multitudes a una cabecera de fiscales y la jueza Arroyo Salgado y las hijas de Nisman, de riguroso luto, un negro que iba muy bien con la Argentina blanca exaltada en su silencio.

Fotografía: Lucia Prieto

Una postal, en Córdoba y Callao bajo la lluvia, una columna de paraguas avanzaba desde Santa Fe hacia Congreso sobre la senda exclusiva de los colectivos y respetando rigurosamente los semáforos. Patético. Pareciera ser que el retorno al imperio de la ley y la sacralidad de las instituciones de la justicia esta al orden del día. Claro esta siempre y cuando se trate de respetar la ley que protege la propiedad privada y permite negrear, despedir sin causa, estafar a los más débiles o expropiarles sus pocas pertenencias en nombre de la libertad de empresa.

Lo presiento en pequeños actos cotidianos. Vivo en un edifico de la zona de Congreso, donde los propietarios de clase media alta (del tipo que se movilizó a Plaza de Mayo), prefieren convivir con un nazi confeso, que dado vuelta casi incendia el edificio, antes que soportar a dos putos fumadores de marihuana, supongo que la diferencia esta en que los últimos le restamos valor a su propiedad.

El alma bella (expresión que tomo de Juan Dal Masso que a su vez toma de Hegel) de Alberto Nisman podemos decir que es tan oscura como el luto de Arroyo Salgado. En una reciente nota de la Revista Anfibia 24 fuentes judiciales sostiene que Nisman era un hombre de estrechos vínculos con la inteligencia criolla, y, cito textual: “Un ex compañero de Nisman y dos jueces federales se animan a decir (protegiéndose siempre en el off the record) que Nisman era “un agente” de inteligencia. Cuando se los interroga para que definan con precisión a qué supuesto servicio reportaba, dos de ellos aseguran que a la central norteamericana, la CIA. Mientras que la tercera fuente lo considera un agente del Mossad, el servicio secreto israelí”.

Fíjese bien que no se trata de especulaciones sino de fuentes de quienes compartían el mundillo judicial con el fiscal. Es decir no se trataba solo de su estrecha colaboración con un criminal colaborador del genocidio que el kirchnerismo puso a su lado como Stiuso, sino que era un hombre de estrechos vínculos con fuerzas de inteligencia imperiales. Por si no alcanzan los Wikileaks para poner blanco sobre negro a quien respondía el fiscal. Lo que lleva a la siguiente conclusión: si su amo era la inteligencia norteamericana e israelí, si trabajaba para ellos ¿como se puede reivindicar en su figura la lucha por la independencia de la justicia que se reclamaba en la convocatoria de la marcha como condición de la democracia republicana?. Este Nisman fue el mismo hombre que en la causa por el copamiento al cuartel de La Tablada, encubrió la desaparición de los militantes Ruiz y Diaz apresados con vida por los militares y nunca más vueltos a ver. Preguinto nuevamente: ¿como se puede reivindicar en Nisman el derecho a la vida y el fin de todo encubrimiento?.

La “épica de los paraguas” se va a presentar como la de la civilidad ciudadana contra las manifestaciones más violentas y menos educadas de la lucha de clases y las movilizaciones populares. Ciertamente, quienes portaban sus paraguas nunca encontraron su voz negada, los que cortan la Panamericana, hacen huelgas o marchan al centro político por sus demandas postergadas sólo lo pueden hacer irrumpiendo en la vida publica de una forma tal que rompen todos los marcos de la legalidad burguesa. A ellos las balas de goma y los gendarmes caranchos. Lamentablemente la acción del kirchnerismo y la burocracia sindical ha puesto un dique de contención sobre los trabajadores y el pueblo pobre a los que se le niega la voz y la lucha de clases entre explotadores y explotados sigue siendo de baja intensidad lo que hace que sea entre fracciones de la burguesía y las clases medias acomodadas las que ocupen el centro de la disputa política.

El kirchnerismo opone a la “épica” paragüera, la épica nacional y popular, tan berreta como la primera. Y lo dijimos mil veces, si Nisman y Stiuso existieron como factor político fue porque el kirchnerismo les dio aire, pacto con ellos en algún momento, como las conspiraciones de la CIA y la Mossad, permitio que las clases medias altas y la burguesía impusieran la agenda del orden y la normalidad. Que ahora se presenten como victimas de una conspiración de las corpopraciones es porque las corporaciones fueron empoderadas por el kirchnerismo, como en el caso de Nisman y Stiuso. Agréguenle un vicepresidente ladronzuelo proveniente de la UceDe y el relato se derrama como el agua de la lluvia bajo las alcantarillas.

Nisman y el bronce o el republicanismo de Puerto Madero


El intento de elevar al bronce la figura de Alberto Nisman, no solo es de mal gusto sino que habla a las claras del barro que cubre a las llamadas instituciones de la república y el republicanismo. Ojo, el fracasado bonapartismo cristinista también busca elevar al plano de la épica a una presidente y un ex presidente cuya función ha sido salvar a un régimen político que supo destruir los derechos de los trabajadores y entregar el patrimonio publico, cuando la movilización popular lo repudiaba en las calles en el 2001/2, rescatar al peronismo como fuerza de contención social luego de haber sido el agente de los planes neoliberales y fracasar en el intento de construir una burguesía nacional con los subsidios del Estado. El merito burgués del kirchnerismo es que hoy el nivel de la lucha de clases sea demasiado bajo y eso hace que las alternativas de esta crisis política se sucedan en los escenarios montados por las fuerzas del régimen entre acusaciones cruzadas y pescado podrido de la inteligencia criolla.

Nisman en todo caso es un recordatorio de la épica berreta del kirchnerismo. El suicidado fiscal supo ser quien señalara al Estado argentino, con la mira señalada por la CIA y la Mossad, que Irán era el responsable del atentado a la AMIA. El hombre que vivía en un departamento millonario en la torre Le Parc, fue acompañado por Néstor Kirchner quien le facilito la colaboración del ahora conspirador Stiusso e hizo de la acusación de Nisman discurso en las tribunas internacionales.

El problema es que cuando cambio la actitud de la Casa Blanca hacia Irán, CFK y Nisman separaron caminos. El fiscal siguió fiel a su dependencia de los servicios internacionales, a los que rendía cuentas, y la presidenta creyó estar protegida en el giro de Obama cuando impulsaba el Memorándum. La épica berreta del kirchnerismo choca contra las rocas subterráneas de los fiscales que respondían a la embajada norteamerciana y por los servicios secretos del genocidio (a los cuales no se privo de usar en provecho propio para espiar trabajadores como con el Proyecto X).

Usando el latiguillo reaccionario del medio pelo de mal gusto porteño, en un país en serio a un tipo que rinde cuentas a una potencia extranjera, en lugar de elevarlo al bronce se lo tendría que llamar vende patria. Y a un gobierno que lo acompaño durante años, como mínimo, cipayo. Pero ciertamente, el republicanismo argentino, vertebrado por una oligarquía con olor a bosta en sus botas como decía Sarmiento, nos tiene acostumbrados a transformar en figuras sagradas a genocidas, saqueadores, ladrones e inútiles.

Ahora bien, Nisman representa para el republicanismo anti-k la esencia de la división de poderes, la santidad de la institución de la Justicia. Una institución que oligárquica y corrupta, heredada del genocidio y el menemismo, colonizada por intereses de mafias y servicios de inteligencia. Nisman es un ejemplo, podríamos decir que fue independientemente del Ejecutivo nacional tanto como que era un servil empleado de las agencias de inteligencia del imperialismo. El republicanismo espera que sea la Justicia la que tarde o temprano salde cuentas con el kirchnerismo y más que golpe blanda, como advierten los K, que hoy por hoy sea el instrumento que liquide el poder de resistencia del FPV y haga cada vez más escasas sus posibilidades de continuidad política.

Homenajear a Nisman y marchar por él, es una farsa reaccionaria. La torre de Le Parc, donde murió el fiscal, es el nuevo santuario de los valores institucionales. Curiosamente José Pedraza, aliado K hasta el vil asesinato de Mariano Ferreyra, también vivía en un millonario departamento del barrio al igual que el vice presidente Amado Boudou. La República de Puerto Madero da cobijo a santos y pecadores.

Nisman: el Estado bajo sospecha


http://www.laizquierdadiario.com/Nisman-el-Estado-bajo-sospecha

La muerte del fiscal Alberto Nisman y la extendida sospecha de que se trató de un asesinato o suicidio inducido por algún sector de los servicios de inteligencia es el marco de una actual crisis nacional de gran envergadura, que sacude al poder político. Es el Estado argentino, heredado del genocidio, el que debe sentarse en el banquillo de los acusados.

Hay dos hipótesis que dividen al oficialismo y a la oposición sobre de dónde vendría la orden para acallar al fiscal. La del kirchnerismo apunta a Diego Lagomarsino y a la mano de Antonio “Jaime” Stiuso, sector de los servicios de inteligencia heredado de los tiempos del genocidio, que está directamente vinculado a la CIA y el Mossad. Para la versión oficial, el supuesto crimen sería parte de una conspiración destituyente que busca un golpe blando contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Para la oposición derechista -incluidas las corpos mediáticas- y para un sector del imperialismo, el suicidio del fiscal responde a una operación de la inteligencia argentina dirigida por el general César Milani (tal como insinúa Elisa Carrió) o por sectores proiraníes, o directamente de la inteligencia iraní. El objetivo sería mantener el encubrimiento a favor de Irán en lo referente al atentado a la AMIA. En las dos hipótesis enfrentadas hay un denominador común: es el Estado, a través de sus funcionarios políticos y judiciales y sus servicios de inteligencia, el protagonista de una trama criminal.

En la hipótesis kirchnerista el gatillo pareciera ser Lagomarsino, y el cerebro, Stiuso. Esta versión se apoya en que el fiscal Nisman, tal cual lo reveló Wikileaks, respondía directamente a las órdenes de la embajada norteamericana, y la investigación estaba en manos de los servicios de inteligencia digitados por la CIA y el Mossad, interesados, por cuestiones de política internacional, en culpar a Irán del atentado a la AMIA. El kirchnerismo confiesa aquí que su apoyo irrestricto a Nisman en la causa AMIA, la delegación de la investigación en manos de Stiuso y el libre accionar de la inteligencia extranjera en nuestro país se transformaron en política de Estado. La investigación de Nisman, como lo han denunciado reiteradamente Memoria Activa o APEMIA, entre otros, era una cortina de humo que encubría la conexión local donde se sospecha estuvo metida la mano de obra de la SIDE y de las Policías criollas. Es decir que durante diez años, al menos, el kirchnerismo avaló el encubrimiento de nichos mafiosos y criminales del Estado para poner la investigación al servicio de los intereses geopolíticos de una potencia imperialista y de su gendarme en Medio Oriente. Recordemos que cuando el ministro del Opus Dei en el Gobierno de Néstor Kirchner, Gustavo Beliz, se enfrentó a Stiuso, fue la cabeza de aquel la que rodó en favor del espía. El giro del Gobierno argentino con el “Memorándum”, creyéndose un adelantado en una política más dialoguista con el régimen iraní, enemistó a Nisman y al Gobierno, y los despidos en la Secretaría de Inteligencia que dejaron sin trabajo a Stiuso terminaron con el idilio de diez largos años. En esta hipótesis el Estado es cómplice de una banda mafiosa de empleados del genocidio y de los servicios de inteligencia internacionales, que se han dado vuelta al verse amenazados.

La hipótesis opositora de la derecha, alimentada y apoyada por sectores del Partido Republicano estadounidense y de la derecha sionista (empezando por el Estado de Israel), que se oponen a los alineamientos internacionales de la actual Casa Blanca, señalan al kirchnerismo y a los iraníes como los interesados en acallar al fiscal. En el caso de la diputada Carrió, versión que apoyan de alguna manera The Telegraph, The Washington Post y el Financial Times, se apunta directamente contra la SI y César Milani, otro hombre del genocidio rescatado por el oficialismo. Mientras que en la versión de Patricia Bullrich Luro Pueyrredon y de ciertos medios imperialistas como el Wall Street Journal se señala directamente a los iraníes -y a sus aliados argentinos- como los que están detrás de la muerte del fiscal. El cuentito de la derecha habla de una zona liberada por los custodios y de un intento por acallar las denuncias de Nisman contra el Gobierno y su supuesta complicidad con el terrorismo. En esta versión de la historia la responsabilidad criminal del Estado está dada por la conducción política del mismo y por la utilización de los recursos estatales en encubrir la voladura de la AMIA. En esta rama de la política burguesa deberían ser la CIA y el Mossad los que abiertamente investiguen lo sucedido.

Al referirse a la “certeza jurídica” y la posibilidad de llegar a la verdad, el filósofo Giorgio Agamben escribió que “en nuestro sistema de derecho, la responsabilidad de un crimen debe ser certificada a través de una investigación judicial. Si esta se vuelve imposible, la responsabilidad de un delito jamás se podrá asegurar como cierta. Se hace como si todo fuera claro y acaba siendo borrado el principio jurídico según el cual nadie es culpable antes del juicio. Las teorías conspiracionistas que acompañan invariablemente a este tipo de acontecimiento se alimentan de la deriva seguritaria de nuestras sociedades occidentales, que arroja un velo de sospecha encima del trabajo político-judicial”. En las sospechosas circunstancias de la muerte de Nisman, y más aún en el atentado a la AMIA, esta imposibilidad de arribar a la verdad de los hechos se ve agravada por la génesis del genocidio, que es el sello de nacimiento de la restauración de la democracia argentina en 1983.

Las discusiones sobre Stiuso y la ex-SIDE o sobre el papel de Milani en Tucumán, que el kirchnerismo quiere ocultar, demuestran que el Estado argentino que llevó a cabo un genocidio contra la clase obrera y el pueblo pobre en 1976 fue rescatado por la restauración democrática de 1983. El pacto entre el PJ y la UCR le garantizó la impunidad a los genocidas y a sus cómplices civiles, la continuidad del aparato de Estado y del poder judicial y la permanencia del personal burocrático-represivo de la dictadura. Estos últimos son los nichos de genocidas protegidos por la democracia argentina. Al igual que con Jorge Julio López, son la mano oscura que mece la cuna del crimen. De un lado y del otro del arco político patronal y judicial las relaciones con oscuros personajes de inteligencia (solo por nombrar algunos, el “Fino” Palacios, Fernando Pocino, Juan José Álvarez, Gerardo Martínez), o los vínculos con viejos participes de la dictadura, muestran que en treinta y dos años de democracia el aparato estatal jurídico-represivo y los nichos del genocidio siguen en pie. Las apelaciones a la democracia de los políticos que se sirven de los servicios de inteligencia de la dictadura dan vida a la gran sentencia del gran revolucionario Auguste Blanqui: “Le ruego que me diga qué es entonces un demócrata. Estamos ante un término vago, trivial, sin acepción precisa, un término elástico”.